4 jóvenes africanas diseñan máquina que convierte la orina en electricidad

4 jóvenes africanas presentaron en Lagos, Nigeria, el prototipo de una máquina generadora de energía eléctrica a partir de la orina. Lo más sorprendente, tres de ellas tienen sólo 14 años y la cuarta tiene 15 años de edad.

Sí, así como suena. 4 jóvenes africanas presentaron el prototipo de una máquina generadora de energía a partir de la orina. Lo más sorprendente, tres de ellas tienen sólo 14 años y la cuarta tiene 15 años de edad.

Cada año en Lagos, Nigeria, se organiza el movimiento Maker Faire Africa. En la edición de este año, causó sensación el aparato de Duro-Aina Adebola, Akindele Abiola, Faleke Oluwatoyin y Bello Eniola.

Con sólo un litro de orina (la mitad de lo que produce un ser humano diariamente), el generador proveerá 6 horas de electricidad. El proceso consiste en separar el hidrógeno de laafric orina y en utilizarlo para dar energía al generador. El amonio y la urea, provocan que sea más fácil separar el hidrógeno de la orina (y por eso no se usa el agua como una fuente de energía).

Sin embargo, este generador requiere una gran alimentación de energía para echar a andar. Aún no se puede instalarlo en los baños de los hogares y esperar a que se obtenga electricidad para dar luz a las casas.

De todos modos, las 4 jóvenes se merecen un gran reconocimiento por su visión y trabajo (y aún más por haberlo realizado con un presupuesto muy limitado). Han dado un paso muy importante en el camino de la energía verde.

 [Co.EXIST]

 



Una flor para la naturaleza: minas de carbón abandonadas serán ahora fuente de energías limpias

En una vuelta de tuerca asombrosa, minas abandonadas se transformarán en granjas de energía solar para suplir a la anticuada industria energética del carbón.

Las minas de carbón abandonadas están siendo transformadas en granjas de energía solar alrededor del mundo. En ellas –y en sus alrededores– se instalarán cientos de paneles fotovoltáicos, los cuales se beneficiarán de ventajas adicionales que la infraestructura de las minas les proveerán. Se trata de un gran salto hacia el cambio de mentalidad, que comienza por deconstruir la idea de los lugares que más contaminación ejercen en el planeta, como es el caso de las minas, y termina por dotar a estos espacios de un novedoso significado, que en esencia devuelve a las civilizaciones un concepto fundamental para la supervivencia: la sustentbilidad.

No deja de ser paradójico –y hasta cierto punto, poesía a partir de la decadencia–: de donde se extraía la materia prima del combustible más contaminante (la cual produce la menor cantidad de energía y la mayor cantidad de contaminación por kilogramo) se producirán ahora miles de watts de energías limpias.

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Países como China, Alemania y Gran Bretaña están realizando proyectos de granjas solares para reactivar los terrenos abandonados de las minas, donde no obstante el fin seguirá siendo el mismo: dotar de energía eléctrica a las ciudades. En Huainan, China, la más grande de estas nuevas granjas solares ha echado a andar, y se espera que para mayo de 2018 brindará electricidad a casi 100 mil hogares.

Alemania, que ocupa el tercer lugar en instalación de paneles fotovoltáicos en el mundo, también está trabajando para convertir una mina de carbón con medio siglo de historia en una planta de energía renovable. La planta alimentará 40,000 hogares con energía de paneles solares y turbinas eólicas. La mina de carbón, ubicada en el noroeste del país, se cerrará el próximo año para dar seguimiento a este proyecto sustentable. 

En Estados Unidos –que ocupa el cuarto lugar en instalación de estos mismos paneles–, Berkeley Energy Group planea convertir una mina a cielo abierto en una planta de energía solar que podría producir entre 50 y 100 MW de energía para 2018.

Así, estos países transforman las lúgubres minas abandonadas, aprovechando su profundidad y sus túneles para volverlos gigantescos dispositivos de almacenamiento para contener energía renovable.

Estas minas no dependen sólo de los días despejados

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La energía solar depende, sobra decirlo, del Sol. Pero las minas resultan una insospechada solución a la dependencia de éste para proveer electricidad, haciendo posible acumularla para brindar electricidad las 24 horas. Esto es gracias a que los profundos pozos de las minas serán aprovechados por plantas de bombeo hidráulico, lo que permitirá almacenar la energía recolectada por los paneles. En el caso de la granja solar de Huainan, se han instalado paneles fotovoltaicos flotantes en el lago artificial contiguo a la mina, lo que supone ventajas adicionales, como menor evaporación y un mantenimiento más sencillo, así como el la utilización de agua que de otra forma no podría reciclarse.

Aunque todavía en 2012 estaba en cuestionamiento si estos proyectos funcionarían, las iniciativas alemanas, chinas e inglesas han mostrado ser fructíferas. Muy pronto, estas granjas solares podrían reemplazar a toda producción contaminante de energía, como la del gas shale.

 

Un dato interesante es que, para 2022, se planea que las fuentes de energía renovable crezcan en un 43% en todo el mundo. Esto equivale a la mitad de capacidad energética necesaria para revertir el uso de carbón.

La industria de la energía solar está creciendo en todo el mundo, con esfuerzos paralelos de países como la India, donde se encuentra el parque solar más grande del planeta. Además, se sabe que ha crecido en un 50% desde principios de siglo hasta ahora, y se espera que crezca mucho más, con iniciativas como las de estas “minas solares” que, más allá del futuro favorable que le depara a cientos de ciudades, está  acordando con la naturaleza un propósito bellísimo, la sustentabilidad de todos los seres vivos. 

 



Los millennials podrían salvar al mundo (y estas son las cosas que más les importan)

Esta generación es, sin duda, más de lo que se dice de ella.

Los millennials son esos jóvenes nacidos entre 1982 y 2004 que actualmente tienen entre 13 y 35 años. Son, por así decirlo, la juventud moderna; quienes van a transformar el mundo hacia el próximo paradigma. Pero, hay quienes afirman que dicho término no existe, como es el caso de la socióloga Almudena Moreno quien hace énfasis en que el concepto no tiene rigor académico alguno. Sin embargo, detrás se halla toda una teoría generacional que vale la pena conocer. 

Los creadores del término millennial fueron los historiadores Neil Howe y William Strauss, que utilizaron por vez primera el término en su libro Millennials Rising: The Next Great Generation. Howe y Strauss defienden el uso de una teoría generacional para entender la forma de actuar de los distintos grupos juveniles dependiendo la época en que hayan vivido. Y aunque no se trata de una teoría superpuesta en datos duros, más sí en estadísticas generacionales, su hipótesis puede ser de mucha ayuda, ya que cada generación es marcada por distintas cuestiones sociales –lo que es clave cuando queremos saber cómo actúan grupos amplios bajo determinadas circunstancias de vida y por qué–.

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Los millennials son, no obstante, esos jóvenes a los cuales ha sido muy fácil criticar, pero más allá de cualquier análisis superfluo, lo cierto es que son herederos de un mundo muy complicado. Sus padres son pertenecientes a la llamada generación x (o generación 13, según la teoría de Howe y Strauss), misma que heredó un mundo lleno de conflictos cuyo distintivo fue el fin del Estado de bienestar (aquel que garantizaba ciertos derechos sociales), lo que limitó sus posibilidades de desarrollo y los convirtió en una generación un tanto oscura y decadente.

Pero contrario a esa generación, que quizás cabría definir como nihilista, los millennials son mucho más propositivos, a pesar del panorama, en tanto sus posibilidades lo permitan. Cierto es que nacieron cuando despuntaba la era de la información, lo cual ha devenido en severas adicciones a los gadgets y la tecnología. Pero cierto es también que son muy conscientes de problemáticas mundiales y actúan en pro de solucionarlas.

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Lo anterior se demuestra en la tercera encuesta anual realizada por el World Economic Forum’s Global Shapers (que se dedica a hacer mediciones a escala mundial sobre los jóvenes y sus perspectivas). Realizada por más de 130 mil jóvenes de 187 países, esta encuesta arrojó que los millennials están preocupados más que nada por el medio ambiente, pero en mayor o menor medida lo están por muchas otras cuestiones sociales de gran importancia:

  1. Cambio climático / destrucción de la naturaleza  (48.8%)
  2. Conflictos a escala mundial / guerras (38.9%)
  3. Inequidad (30.8%)
  4. Pobreza (29.2%)
  5. Conflictos religiosos (23.9%)
  6. Competencia y transparencia gubernamental / corrupción (22.7%)
  7. Seguridad alimentaria y de agua (18.2%)
  8. Falta de educación (15.9%)
  9. Seguridad y bienestar (14.1%)
  10. Falta de oportunidades y empleo (12.1%)

Además de estos reveladores datos, los millennials han demostrado que son capaces de tomar acciones concretas en casos concretos, como en el caso del sismo del 19 de septiembre de este año ocurrido en México, donde cientos de jóvenes se organizaron, ya sea desde sus instituciones educativas o con sus propios medios, para salir al rescate de las víctimas y damnificados. Y las redes sociales a las cuales están tan enganchados, resultaron un canal de comunicación idóneo, mismo que facilitó la organización de brigadas de rescate y entrega de acopio.

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A la vez, su preocupación ante la crisis medioambiental también ha devenido en acciones concretas: los millennials han cambiado drásticamente los hábitos de consumo que sus padres les enseñaron. Dejando de usar, por ejemplo, suavizante para ropa u optando por no comer alimentos de origen animal, ayudando a bajar (o por lo menos a no volver más grandes), los índices de contaminación. Estas acciones, además, serán punto de arranque de las generaciones futuras, quienes tendrán mejores hábitos de consumo desde pequeños.

Pero más allá de la etiqueta de millennial (con la cual muchos no se identifican), quizás, estos jóvenes sean el comienzo de verdadero nuevo paradigma, liderado en suma, por una más reforzada conciencia. Pero, para llegar a ello, esta generación y las próximas, tal vez deberán profundizar en sus determinaciones generacionales y hacer una autocrítica a ciertos hábitos, como a su uso de la tecnología, misma que además de contaminante también podría contribuir paradójicamente a la involución. Vale la pena observar las cosas positivas de las nuevas generaciones; impulsarlas, potenciarlas, y en vez de incurrir en una crítica insulsa hacia ellos, voltear a ver lo que estos jóvenes y niños se están dando el valor de pensar y materializar, todo a fin de contribuir a la mejora de nuestra sociedad y planeta.