¿Semillas modificadas genéticamente o agricultura orgánica?

Dos de los métodos de cultivo más hablados del momento son las semillas modificadas genéticamente para resistir a plagas, para evitar pesticidas, para garantizar el producto, o la agricultura orgánica que tampoco usa pesticidas y que retorna a los métodos tradicionales de cultivo.

Dos de los métodos de cultivo más hablados del momento son las semillas modificadas genéticamente para resistir a plagas, para evitar pesticidas, para garantizar el producto, o la agricultura orgánica que tampoco usa pesticidas y que retorna a los métodos tradicionales de cultivo.

Numerosos estudios han mostrado que la agricultura orgánica, practicada correctamente, puede duplicar o triplicar los productos de las técnicas convencionales. Es un mito que la agricultura mecanizada y modificada genéticamente (GMO, por sus siglas en inglés) maximiza los resultados por hectárea o que es necesaria para alimentar el hambre mundial. Los GMO tienen consecuencias desastrosas.

Cada “solución tecnológica” acarrea nuevos problemas no anticipados: por ejemplo, la resistencia a herbicidas y pesticidas, cada vez surgen plagas y malas hierbas más fuertes y que necesitan mayor tecnología para ser superados. También, los GMO provocan daños a la salud, están eliminando las millares de especies naturales, crean dependencia en los precios internacionales, etcétera.

Ya sabemos que los métodos actuales de agricultura y de su distribución no están sirviendo. Esta crisis alimenticia nos llama a cambiar de métodos a unos más tradicionales. Estas tradiciones no sólo incluyen conocimiento agronómico, sino estructuras sociales que permitan su circulación.

En lugar de que exista un sistema que promueve los patentes, los beneficios exclusivos para unos pocos, mejor volver a prácticas antiguas. Por ejemplo, la de las sociedades tradicionales, que resguardan y comparten las semillas. Es volver a un contacto con la Tierra: la Tierra es de todos, por qué no compartir sus semillas y sus frutos.

[Guardian]

 



Enfermedades que podrías evitar si dejas de consumir alimentos genéticamente modificados

¿Qué enfermedades podrías ahorrarte llevando una dieta libre de alimentos genéticamente modificados?

Necesitamos ser conscientes de qué tipo de alimentos consumimos, sobre todo si son vegetales, aquellos que casi nunca cuestionamos. Sus efectos en nuestro organismo pueden ser negativos o positivos acorde al cultivo, estos son: antiguos, híbridos u organismos modificados de manera genética. 

Tanto los antiguos como los híbridos se caracterizan por ser una selección realizada por los propios agricultores. Sin embargo, cuando se trata de los alimentos genéticamente modificados, estos son completamente desarrollados en laboratorios, es decir, son plantas artificiales. Además, es bien sabido que son menos nutritivas e incluso nocivas para el ser humano en muchas formas. Entre algunos de los males que causa está la creación de tumores y cáncer. Ante este panorama poco alentador, solo nos resta procurar consumir alimentos que no estén modificados, y contribuir a encausar una realidad cada vez más sana.

En este enlace te contamos cómo evitar este tipo de productos.

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Debido a la creciente necesidad de consumir alimentos sanos y libres de cualquier modificación, se han empezado a realizar investigaciones serias para promover el consumo de lo orgánico. Un ejemplo es el estudio de la International Journal of Human Nutrition and Functional Medicine®, la cual sugiere que, realizar una dieta libre de alimentos modificados genéticamente, podría reducir muchas enfermedades en un alto porcentaje. 

Acorde a la investigación referida, esta es la lista de padecimientos, cuyos porcentajes de aparición se reducen gracias al consumo de alimentos libres de cualquier modificación genética:

1.- Problemas Digestivos (85.2%)

2.- Baja energía (60.4%)

3.- Sobrepeso u obesidad  (54.6%)

4.- Dispersión (51.7%)

5.- Alergia a comidas   (50.2%)

6.- Cambios de humor, como ansiedad o depresión (51.1%)

7.- Memoria, concentración (48.1%)

8.-  Dolor de articulaciones (47.5%)

9.- Alergias por temporada (46.6%)

10.- Sensibilidad al gluten (42.2%)

11.- Insomnio (33.2%)

12.- Enfermedades en la piel (30.9%)

13.- Problemas hormonales (30.4%)

14.- Dolor musculoesquelético (25.2%)

15.- Enfermedades autoinmunes (21.4%)

16.- Eczema  (20.8%)

17.- Problemas cardiovasculares y de presión sanguínea  (19.8%)

18.-  Asma  (14.8%)

19.- Problemas menstruales (13.1%)

20.- Diabetes  (10.6%)

21.- Otros problemas mentales  (7.9%)

22.- Baja de peso (6.5%)

23.- Cáncer (4.8%)

24.- Enfermedades del hígado  (4.5%)

25.- Infertilidad (3.8%)

26.-  Espectro de autismo (2.6%)

27.- Alzheimer (2.4%)

28.- Parkinson  (1.4%) 

 

Los beneficios de una dieta libre de alimentos modificados genéticamente parecen una prueba factible. Y si el estudio está en lo cierto, la disminución de varias de estas enfermedades representaría un gran hallazgo para la ciencia, pero sobre todo para quienes no sabemos lo que estamos comiendo. Y aunque los porcentajes de esta investigación no llegasen a ser certeros, no cabe duda que siempre es mejor consumir libre de transgénicos.  

 



El cultivo de maíz transgénico está poniendo en riesgo al alimento básico de la dieta mexicana

Estudio de la UNAM demuestra que casi todos los productos fabricados con este grano contienen secuencias genéticas de maíz transgénico, lo que pone en riesgo al alimento base de la dieta mexicana.

En muchos países de latinoamérica el maíz es básico para la dieta tradicional y cotidiana, pero en México, este alimento es vida. Casi todas las delicias gastronómicas de este territorio se construyen alrededor del sabor y las propiedades del nutritivo grano. Además, su importancia va mucho más lejos: en México representa a una cultura, a sus tradiciones y mitos originarios.

Mientras que el consumo de maíz es muy alto y no con vistas a disminuir en el futuro próximo, la producción de su versión transgénica está poniendo en peligro a las múltiples variantes nativas. Esto representa un problema muy grande, no nada más en términos de biodiversidad y sustentabilidad ambiental, también en términos sociales: el abandono al campo y el detrimento del consumo de maíz nativo afectan a la economía local y reducen la posibilidad de conseguir autosuficiencia alimentaria.

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Un estudio del Instituto de Ecología y el Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM, dirigido por Elena Álvarez-Buylla, publicado en Agroecology and Sustainable Food Systems demuestra que el 90.4% de las tortillas consumidas en México contienen secuencias de maíz transgénico; lo mismo para el 82% de los productos derivados, como tostadas, harinas, panecillos, etc. Lo verdaderamente preocupante, es que la producción de maíz transgénico en México está suspendida y no se permite; sin embargo hay cultivos que estaban experimentando con la planta, lo que explicaría estos datos.

El propósito específico del maíz transgénico -producido principalmente el laboratorios estadounidenses- es resistir a diversas plagas y tolerar un herbicida llamado glifosato. La resistencia a plagas depende de una toxina que es peligrosa, pues no solo mata a las plagas del maíz, también a otros insectos que no deberían sufrirlo. Por otro lado, no sabemos con certeza las consecuencias de que los humanos consumamos estas toxinas. Además, como se recuerda en el estudio, el glifosato ha sido ligado al cáncer y no se recomienda consumirlo.

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La buena noticia es que las tortillas de maíz nativo, sembrado por campesinos, producidas de manera local y artesanal, con masa nixtamalizada, contienen menos secuencias genéticas ligadas al maíz transgénico. En ese sentido, su consumo es mucho más confiable. El problema es que a través de la polinización y corrientes de aire el maíz transgénico ha contaminado al nativo y es así como las secuencias transgénicas logran filtrarse en las nuevas generaciones de maíz nativo. La versión transgénica es endeble y depende de la existencia de la planta original; si esta desaparece el maíz podría extinguirse para siempre.

Lo que podemos hacer es preocuparnos por incentivar el consumo de maíz local y no sólo de sus variantes más populares. En México hay maíz de todos los colores y cada uno tiene sus particularidades y valor simbólico propio. Se trata, además, de no permitir que la tradición campesina que está dedicada a la producción de maíz desaparezca. La vuelta a la milpa y la lucha contra los transgénicos son pilares para promover que el territorio alcance capacidad para alimentar a su propia gente, sin ponerla en riesgo y protegiendo un patrimonio natural que también es sustento de la identidad.

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