Nueva York destinó más presupuesto a la lucha contra el terrorismo que a la prevención de desastres naturales

Lejos de carecer de recursos, la ciudad de Nueva York está sufriendo uno de los desastres ambientales más críticos de su historia. ¿Realmente las autoridades estaban preparadas para ello?

Para Nueva York estos días serán algunos de los más críticos en su historia. El huracán Sandy ha azotado sus costas, lo que se traduce en devastación y pérdidas millonarias. ¿Qué tan preparados están los gobiernos de los países y las ciudades para hacer frente a estos fenómenos?

De acuerdo a Douglas Hill, miembro de Storm Surge Research Group de la Universidad Stony Brooke, las autoridades de la ciudad de Nueva York carecen de un sentido de preocupación. “En vez de planificar qué hacer en caso de una inundación”, como dijo Hill, los esfuerzos se deberían en centrar en nuevas tecnologías que prevengan los desastres productos de huracanes, como, por ejemplo, compuertas para impedir el paso del agua hacia la isla.

Una de las preocupaciones que imperan hasta el momento es el Bronx y Sunset Park. Estas zonas de la ciudad cuentan con enormes frentes de agua con plantas de fabricación de productos químicos, centro de almacenamientos de petróleo y estaciones de transferencia de basura. A menos que los materiales estén protegidos, los residentes podrían ser alcanzados por aguas contaminadas por estos productos.

Un estudio del 2004 muestra una posible solución: barreras marinas móviles. Estas podrían construirse las zonas bajas de Manhattan, zona más amenazada por fenómenos como Sandy. Sin embargo, la colocación de este sistema costaría alrededor de unos $10 mil millones de dólares. Aunque, en comparación a los daños a consecuencia de estos fenómenos, esta cantidad no resulta una barbaridad.

Después del 9/11, Nueva York se ha convertido en bunker contra ataques terroristas, incluso sus medidas han atentado contra la libertad de los ciudadanos, pero, por otro lado, está el cambio climático y el ascenso del nivel del mar. ¿Quién realmente se ocupa de ello?

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Por descontento ciudadano, legisladores se retractan de favorecer a las refresqueras en México

Los diputados votaron disminuir un 50% el impuesto de 1 peso por cada litro, pero los senadores revocaron este intento considerado un evidente impulso por favorecer a la industria.

Foto:huffingtonpost.es

La semana pasada el descontento ciudadano, sobre todo en redes sociales, se hizo notable cuando los diputados aprobaron disminuir los impuestos a las bebidas azucaradas en México. Por primera vez, en el último año, había descendido hasta un 6% el consumo de refrescos y bebidas azucaradas en el país, y ello como resultado de un impuesto especial de 1 peso aplicado por cada  litro .

Muchas personas argumentan que este tipo de medidas en realidad no hacen un impacto significativo en la venta y compra de alimentos, sin embargo, las cifras apuntan a que, por primera vez en décadas, no solo dejó de crecer sostenidamente la venta, disminuyó también el consumo.

Por ello, organizaciones sociales como la Alianza por la Salud Alimentaria iniciaron una campaña en contra de la medida para disminuir los impuestos a estas bebida, aprobada sobre todo por diputados del PAN y del PRI. Finalmente, aún pese al enorme poder de estas transnacionales, los senadores decidieron no modificar los impuestos.

Cuando se trata de corporaciones tan poderosas, es muy difícil aplicar medidas en contra de sus ventas, dado el gran poder que tienen y el lobby que hacen con los políticos. Hace un año que comenzó a aplicarse la medida, muchos se sorprendieron, e incluso el impuesto ha sido aplaudido por diarios como The New York Times.

Los argumentos para reducir el impuesto eran en realidad muy débiles, como el del prirista Estefan Chidiac. Según él, al reducir los impuestos, las corporaciones encontrarían incentivos para desarrollar bebidas menos azucaradas.

Desde su implementación se ha demostrado que el impuesto ha tenido un efecto positivo en el consumo de bebidas azucaradas, logrando una disminución en el consumo de estas bebidas en un 6% en promedio en los hogares mexicanos y llegando hasta 12% en diciembre 2014. Según Inegi, el impuesto disminuyó el consumo en alrededor del 7%, ya que indica que el crecimiento anual en estas bebidas venía siendo de 3.4% y se presentó una reducción de 3.8%. – apunta un comunicado de la Alianza por la Salud Alimentaria.

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

 

Autor: Ana Paula de la Torre
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional