Los humanos son solo una rama en el Árbol de la Vida (INFOGRÁFICO)

Esta gráfica es resultado de un proyecto en línea. Muestra los 3,500 millones de años de evolución de la vida en la Tierra en una elegante espiral de colores. Denota el origen y extinción de las especies. Y señala al ser humano como sólo una ramita que puede borrar el resto del árbol.

Esta gráfica del Tree of Life web project y del diseñador Leonard Eisenberg muestra los 3,500 millones de años de evolución de la vida en la Tierra en una elegante espiral de colores.

La disposición de cada reino es en orden cronológico de izquierda a derecha. Encontrarás la historia de cada origen y cada extinción.

Por ejemplo, la gran extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, que resultó en el inicio del dominio de los mamíferos, está marcado con un hueco blanco entre las ramas.

¿Los humanos? Ocupamos sólo una de las pequeñas y últimas ramas. Y aún así, somos lo suficientemente peligrosos como para borrar por completo el resto del árbol.



El árbol más grande del mundo también es un bosque mitológico en la India

Thiammamma Marrimanu es tan grande que parece un bosque, y en su espesor confluyen lo terrenal y lo divino, la muerte y el renacimiento.

Se trata de un árbol, pero por su frondosidad maravillosa y su increíble extensión (de sorprendentes 19 mil metros cuadrados) es considerado un gran bosque.

Se trata del Thimmamma Marrimanu, un baniano que se encuentra en la reserva de Eshwaramala en Kadiri, India, y que ostenta el record Guinness como el espécimen arbóreo más grande del mundo. Sus más de 4300 raíces aéreas se extienden de manera apabullante, y en ellas los habitantes de la villa Gutibayalu cuelgan sus rezos en forma de lazos. Y es que además de ser éste un árbol especial por su tamaño, el baniano es de por sí un símbolo nacional de la India, siendo considerado por los hindúes como un ser sagrado, y por los budistas en específico como un árbol con poderes curativos y mágicos, ya que sus hojas y frutos tienen propiedades medicinales.

Los hindúes sostienen la creencia mitológica de que estos árboles son lugar de reposo para una triada divina. El dios de la creación, Brahma, se encuentra en las raíces, mientras que en su tronco mora Krishna y, finalmente, Shiva, dios de la muerte y el renacimiento, se posa levemente en ambos dioses en forma de hojas. Además de punto de encuentro y fusión divina, los banianos como Thimmamma son una prosa sobre las contradicciones de la naturaleza, representando una metáfora sobre el leve equilibrio de la vida.

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Y es que se trata de un árbol peculiar: sus semillas caen en las oquedades de otros troncos, creciendo y expandiendo sus raíces en ellos hasta que se arraigan en el suelo como troncos, independizándose de los árboles que les dieron hospedaje y dejándolos muertos por asfixia. Esto hace que su crecimiento sea descendente, yendo del cielo a la tierra, aunque algunas raíces ascienden en busca de los rayos solares, lo que hace a los banianos expandirse en todas direcciones en un viacrucis caótico y contradictorio de enramados.

Así escriben los banianos esta prosa de contradicciones ramificadas, donde lo nuevo mata a lo viejo y el desarrollo va de arriba hacia abajo, contrario a casi toda forma orgánica de vida conocida. No obstante las contradicciones, para la religión hindú los árboles simbolizan una fuerte conexión del ser humano con la naturaleza, con la cual debe mantenerse la paz y la armonía, por lo cual plantar árboles es mantener en su lugar el alma de la naturaleza y, con ello, mantener la continuidad de las almas en la tierra. Además, sentarse cerca de un baniano implica liberar la mente, ya que permite realizar una conexión más profunda con el alma de la naturaleza que ahí se manifiesta.

El origen del baniano Thimmamma Marrimanu

Thimmamma fue una mujer hindú del siglo XV que se inmoló junto con su marido al morir éste. Su sacrificio dio vida a este baniano sagrado, el cual creció justo en donde se encontraba la pira funeraria, y que durante cinco siglos se expandió hasta ser lo que es hoy: el árbol más grande del mundo. 

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Además, debajo de sus ramas se mantiene un templo que es punto de encuentro de masivas peregrinaciones y de fiestas, como la que se lleva a cabo en el mes phalguna (entre febrero y marzo) en homenaje al dios Shiva. Así, la religión y el culto por la naturaleza se funden en una danza en honor a la muerte y al renacimiento debajo de las ramas de este enorme árbol que ha visto desfilar a cientos de personas (y a muchas mujeres que van con Thimmamma en busca de fertilidad). Por eso los pobladores de Gutibayalu cuidan meticulosamente de este baniano, colocando pilares para sostener sus miles de ramas y supervisando su crecimiento, pues es símbolo de todo lo más adorado por ellos.

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*Referencias: The discovery of a gigantic banyan – Documentary
The Tree Spirits: Thimmamma Marrimanu

*Imagen principal: BBC

 



Escucha la sinfonía de la vida de un árbol (VIDEO)

La pregunta que surge de este instrumento es la historia que un árbol, ¿qué tiene que contarnos después de años, quizá siglos, de vivencia?

Las artes y la naturaleza son partes indispensables en la vida del ser humano; pues son dos elementos que llegan hasta la profundidad de las dendritas de nuestras neuronas cerebrales. Sin embargo pocas son las ocasiones que al juntarlos, se alcanza un nivel de interconexión que facilita la comprensión de la unidad histórica entre ambos. Un ejemplo de estas contadas ocasiones es la creación del artista Bartholomäus Traubeck, quien desarrolló una pieza que captura el paso del tiempo y lo traslada a un territorio musical: una tornamesa que lee las líneas y texturas de los anillos del os árboles. 

La pregunta que surge de este instrumento es la historia que un árbol, ¿qué tiene que contarnos después de años, quizá siglos, de vivencia? La edad de los árboles se descubre al interior de sus troncos en forma de anillos, las cuales se forman y se acumulan pasando los años de vida: fuerte y hermoso, con surcos y deformaciones que ostenta la resiliencia “de años flacos y años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas” (Hermann Hesse).

El resultado, además de conmovedor, es una sinfonía de la vida, implacable, coherente, hermoso, cuyo compositor es la naturaleza misma. Conócelo: