El océano Antártico, el más prístino de todos, ya tiene restos contaminantes

Anteriormente se pensaba que el océano Antártico era uno de los más puros y limpios; hoy en día comienza a ser depósito de basura: investigadores han encontrado fragmentos de plástico en sus aguas.

Los primeros rastros de residuos de plástico se han encontrado en este océano que, hasta ahora, había permanecido como uno de los más limpios y prístinos.

El hallazgo se produjo después de un viaje de dos años y medio por distintas zonas oceánicas como el Atlántico, el Pacífico, el Antártico y el Índico, que tenía como finalidad investigar ecosistemas marinos y la biodiversidad de estas regiones ante el cambio climático.

“Siempre supusimos que se trataba de un medio ambiente no contaminado, poco tocado por el ser humano. El hecho de encontrar  plástico es una señal del alcance que los seres humanos podemos tener”, dijo Chris Bowler, coordinador científico de Tara Oceans.

Las muestras tomadas de cuatro distintas estaciones de la Antártida y del Océano Antártico revelaron  rastros de plástico a una medida de aproximadamente 50.000 fragmentos por kilómetro cuadrado – una tasa comparable a la media mundial. Aunque la contaminación por plásticos es habitual en los océanos del mundo, los niveles encontrados en el Océano Antártico están 10 veces abajo que el promedio mundial.

Los científicos creen que los restos de plástico provienen de África, América del sur o Australia.

El impacto de contaminantes plásticos en los océanos ha sido ampliamente estudiado. Desgraciadamente, los peces y las aves consumen con regularidad estos desechos que, en ocasiones, terminan matándolos. Además, los plásticos liberan lentamente toxinas que irrumpen en la cadena alimenticia.

Probablemente la botella de PET, que utilizaste hace un mes, puede ser alguno de los restos hallados ¿Estas preparado para tomar acción en pro del océano Antártico?

[Guardian]



“El océano está roto”, relato de un marinero en su viaje al mar

El marinero aun está tratando de asimilar el horror que encontró en su último viaje en barco.

El marinero Ivan Macfayden relata la colosal desilusión que experimentó en su último viaje por lo océanos de Australia, Osaka, Japón, Nueva Guinea y Estados Unidos. Un testimonio devastador sobre cómo los mares están siendo destruidos por el hombre… Y nadie parece estar haciendo nada al respecto.

“Fue el silencio lo que hizo a este viaje distinto de todos los anteriores”, apuntó Macfadyen para el Herald, y continúa:

El viento todavía azotaba las velas y chiflaba en las escotas. Las olas aún rompían contra el casco de fibra de vidrio. Y había muchos otros sonidos… Pero lo que faltaba eran los alaridos de los pájaros que, en viajes previos, habían rodeado al barco. Los pájaros faltaban porque los peces faltaban.

Exactamente diez años antes, el marinero Macfadyen había veleado exactamente el mismo curso desde Melbourne hasta Osaka, y lo único que tenía que hacer para pescar era tirar una línea con carnada.

“Esta vez, en esa gran porción del océano, el total de peces que pescamos durante 28 días fueron dos”, apuntó. “Sólo la desolación del océano rodeó nuestro barco mientras recorríamos un mar fantasma”.

Después de esto, al norte del ecuador, arriba de Nueva Guinea, los marineros vieron un gran barco pesquero trabajando en un arrecife a la distancia.

Estuvo ahí toda la noche y todo el día. Y en la mañana nos dimos cuenta que habían mandado un bote de motor hacia nuestro barco. Obviamente me preocupé. Estábamos desarmados y los piratas están por todas partes en esas aguas. […] Pero no eran piratas, o al menos no en el sentido convencional. El bote llegó a nosotros y los malayos nos ofrecieron cinco bolsas de azúcar llenas de pescado. Era pescado bueno, grande, de todos los tipos. Algunos estaban frescos, pero algunos evidentemente habían estado en el sol por algún tiempo.

Les dijimos que no podíamos comer todo ese pescado, sólo éramos dos, sin lugar donde almacenar todo eso. Sólo se encogieron de hombros y nos dieron que los tiráramos por la borda. Que eso es lo iban a hacer de todas maneras.

Nos dijeron que esa sólo era una pequeña fracción de la pesca del día. Que ellos sólo estaban interesados en el atún y que para ellos todo lo demás era basura.

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Macfadyen pensó en todos los barcos como ese, que se están acabando el océano poco a poco. Con razón el mar está muerto. Con razón sus líneas con carnada no pescaron nada. No había nada qué pescar. La historia continuó empeorando mientras avanzaban desde Osaka a San Francisco.

Cuando dejamos Japón, se sintió como si el mar estuviera en sí muerto. Casi no vimos cosas vivas. Vimos una ballena que estaba dando vueltas en la superficie con lo que parecía un gran tumor en su cabeza. En mi vida he recorrido muchas millas en el océano y estoy acostumbrado a ver tortugas, delfines, tiburones y grandes parvadas de aves de caza. Pero esta vez, por 3 mil millas náuticas no había nada vivo que ver.

En lugar de vida había basura en volúmenes impresionantes. Parte de ello era el debris del tsunami que atacó a Japón hace un par de años. La ola levantó una cantidad inconcebible de cosas y las llevó al mar. Y ahí siguen, en todas partes a donde volteas.

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Macfadyen y su hermano encontraron nudos gigantes de cuerda sintética, hilo de pecar y redes; millones de pedazos de espuma de polietileno; manchas de petróleo y aceite; postes de luz con todo y cables que fueron arrancados por el tsunami; botellas de refresco; contenedores gigantes flotando en la superficie; una chimenea de una fábrica; y mucho más cosas. Tantas que no podían encender su motor por miedo a enredarse con algo si lo hacían.

Estábamos serpenteando alrededor de toda la basura. Era como velear en un pozo de basura.

De regreso en New Castle, Ivan Macfadyen aún está tratando de asimilar el horror que vivió en su viaje. “El océano está roto”, dijo.

Reconocer este problema es una tarea vasta, y parece que ninguna organización o gobierno tiene interés en hacer algo al respecto. Macfadyen planea convocar a ministros del gobierno, esperando que ayuden. Más inmediatamente se acercará a los organizados de competencias marítimas de Australia para que enlisten marineros en un plan internacional que utilice marineros voluntarios para monitorear el debris de la vida marina.

 



Diez tips para ayudar al océano desde tu casa

Aunque no vivas cerca del mar, te sorprendería saber cómo la mayoría de las cosas que haces y consumes lo afecta. Te ofrecemos diez tips para ayudar a su conservación y regeneración desde tu casa.

Tristemente, el océano es el mayor receptáculo de casi toda la basura del mundo. Es en gran medida por ello, además del calentamiento global y la pesca desmedida, que sus ciclos vitales están colapsando. Pero todos podemos ayudar, aunque no vivamos cerca del mar. A continuación algunos consejos para ayudar a su conservación y crecimiento.

1. Compra alimentos del mar sustentables

Asegúrate que los alimentos marinos que consumes sean sustentables. El programa Monterey Bay Aquarium Seafood es un gran recurso para saber qué especies son las mejores en cada temporada.

2. Minimiza tu basura

Desafortunadamente mucha basura termina en los océanos del mundo, donde potencialmente puede tomar millones de años en desintegrarse. En el Océano Pacífico hay unos bancos gigantes de bolsas de basura, y mientras la basura lentamente se desintegra, los animales se la comen y reducen su posibilidad de procrear, o simplemente mueren.

3. Reduce tu uso de electricidad

Investigadores aseguran que la demanda de energía es una de las partes responsables del cambio climático. Considera contactar a un electricista para instalar aparatos de eficiencia energética; deja tu auto en casa si puedes y busca renovaciones ecológicas para tu casa. Al reducir tu demanda de energía ayudaras a bajar tus gastos y ayudar al medioambiente.

4. Cuida de la playa

Si eres tan suertudo como para vivir cerca del mar, ¿por qué no regalarle algunos días del año? Participa en una limpieza grupal o en un programa de conservación de playas. También puedes simplemente recoger toda la basura que encuentres a tu paso y dejarla en un basurero para que no se la lleve el mar.

5. Compra cosméticos, joyas y demás accesorios que sean amigables con el mar

Aléjate del coral, productos hechos con conchas o caracoles u otros materiales que sean parte de la explotación del océano.  En lugar de eso puedes explorar el mundo de opciones recicladas que existen. Ten cuidado con el escualeno, un compuesto orgánico comúnmente derivado de los tiburones, aunque también puede derivarse del aceite de olivo. Y ya que esta en eso, evita los empaques de plástico muy aparatosos: busca envolturas naturales o sustentables.

6. Cuidado con el fertilizante

Cuando cuides tu jardín ten cuidado con los fertilizantes. Si aplicas demasiado, no llegará a tus plantas; llegará a una escorrentía que eventualmente entrará al océano, causando un problema conocido como “contaminación de nutrientes”, que lleva a lo que se conoce como “zonas muertas” en el océano que son lugares repletos de brotes de alga que ahogan cualquier otra clase de vida marina.

7. Ya que estás en eso, considera volver orgánico tu jardín

Si estas usando pesticidas, herbicidas y otros químicos en el jardín, considera un cambio. Esos químicos son malos para el jardín, malos para el ambiente, malos para tus mascotas y malos para ti. Y al igual que los fertilizantes, cuando se van en el agua terminan contaminando los acueductos y llegando al océano. Comprométete a hacer el cambio e investiga todos los productos orgánicos que existen para los mismos efectos que los químicos.

8. Vuélvete no-tóxico en casa

Busca productos de limpieza que no tengan ingredientes tóxicos o ahorra dinero usando productos de cocina como el vinagre para limpiar. Estarás haciendo tu parte en evitar que los químicos se vayan al caño y a los sistemas de agua. Asegúrate que tu plomería esté en buenas condiciones también, especialmente si vives en la costa donde se drena directamente al mar.

9. Si vas de vacaciones al mar, demuéstrale un poco de amor 

Trata de visitar los lugares respetuosamente. Y si tienes tiempo, trata de limpiar el océano de basura y monitorear el nacimiento de tortugas para que lleguen a salvo al agua.

10. Tira responsablemente toda la basura peligrosa

Quizá tengas un poco de pintura que te sobró de pintar un cuarto, o baterías viejas, o medicamentos caducos. Asegúrate de recolectarlos responsablemente y tirarlos en los lugares específicos para ellos. Recicla también tus teléfonos y computadoras viejas regalándolas a alguien o regresándolas a la tienda de dispositivos eléctrónicos.

[MNN]