Científicos capturan CO2 del aire y lo convierten en petróleo

Parece que se ha dado un gran paso en el camino a la energía limpia, en la guerra contra la crisis de energía.

Una pequeña compañía inglesa ha producido los primeros litros de petróleo a partir de las partículas de dióxido de carbono en el aire. Air Fuel Synthesis in Stockton-on-Tees ha producido 5 litros de petróleo desde Agosto, cuando utilizó los aparatos de su refinería para capturar estos componentes de la atmósfera y mezclarlos con vapor de agua.

 “Suena muy bien para ser cierto. Pero es cierto. Lo están haciendo, he estado ahí y lo he visto. Es una pequeña planta piloto que captura el aire y extrae CO2, basado en principios básicos y conocidos”, dijo Tim Fox, director de los departamentos de energía y medio ambiente del  Institution of Mechanical Engineers en Londres.

“Hemos tomado dióxido de carbono del aire e hidrógeno del agua y tomamos estos elementos en petróleo”, dijo Peter Harrison, el jefe de la compañía.

Este proceso, donde se toman las partículas que llegaron al aire por la combustión  de fósiles y que provocan el efecto invernadero, parece ser el Santo Grial de la economía verde.

El proceso aún está en una etapa de desarrollo. Necesita energía eléctrica para que funcione el mecanismo, pero la compañía espera en pronto adecuarlo para que se alimente de energías verdes, como del aire o agua.

Además, aún no es un proceso eficiente: cuesta 640.84 dólares el capturar una tonelada de dióxido de carbono. Se espera que unos años se construya una planta que produzca una tonelada de petróleo al día y se convierta en una operación a nivel comercial.

[Independent]

 



Escocia ya genera mucho más energía limpia de lo que todos sus hogares necesitan

Escocia ha adoptado una actitud ejemplar en la generación de energía verde. La pregunta es: y el resto, ¿cuándo?

Mientras muchos países siguen apostando por los hidrocarburos (y ello a costa del planeta), otros como Escocia se han volcado a las energías limpias. Durante la primera mitad de 2019, los escoceses generaron suficiente energía como para abastecer las necesidades de casi 4.5 millones de hogares por 6 meses. Esto es el doble de los que hay en el país. 

Casi 10 millones de “horas megawatt” se generaron aquí en el primer semestre de 2019, la mayoría a través de molinos de viento. Recordemos que las condiciones meteorológicas de esta isla son ideales para cosechar el viento, por eso la apuesta eólica de Escocia. Así, cada país debería considerar las mejores alternativas para generar energía de acuerdo a sus particularidades geográficas.

Curiosamente, Donald Trump, quien es dueño de campos de golf en suelo escocés, criticó fuertemente la presencia de los molinos en el paisaje. Incluso presentó una demanda contra la apertura de una granja eólica. Por suerte, el gobierno local no escuchó al ahora presidente de Estados Unidos, y siguió su plan. Pocos años después, estos son los resultados.

Evidentemente aún faltaría toda la energía que requiere la actividad industrial y comercial, entre otras. Pero de acuerdo con su plan, para 2030 Escocia estará generando la mitad de toda la energía necesita. Es decir, con un plan sensato, y bien diseñado, de migración a energías limpias, realmente es posible (a corto o mediano plazo) que un país transforme su relación con este recurso.

De hecho, según una investigación, para 2050 casi todo el planeta podría estar funcionando con energía renovable. Casos como el de Escocia sin duda resultan inspiradores e, idealmente, ponen presión en otros gobiernos. A fin de cuentas, está claro que para alcanzar cualquier meta razonable a favor del planeta se necesita voluntad política, privada y social. 



Concebir la energía eléctrica como derecho humano: una lección indígena

En Bolivia la energía eléctrica ya no es un servicio, sino un bien común al que todos podrán acceder.

Para los aymaras ­–la principal comunidad indígena de Bolivia– existe una relación profunda entre el mundo invisible y el mundo visible. Al primero le llaman ukhu pacha y al segundo kay pacha. La energía pertenece al mundo invisible e intangible, al ukhu pacha, y es el alimento del espíritu, o ayju. Este mundo invisible, donde se mueven las fuerzas energéticas, está lleno de poderosos simbolismos, y es el que provee de un equilibrio a las relaciones entre las comunidades y la naturaleza, propias del mundo visible o kay pacha.

Esta rica cosmovisión ancestral es la que está moldeando toda una nación. Porque Bolivia es hoy un país dirigido en su mayoría por indígenas, los cuales se han adaptado de maneras muy resilientes y originales a las dinámicas de la vida contemporánea, sin dejarse absorber por nociones incompatibles con sus creencias.

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Así, las concepciones religiosas, éticas y productivas de los indígenas bolivianos están transformando muchas nociones. Incluso están redefiniendo la manera como nos relacionamos con “servicios” como la energía eléctrica.

Porque los pueblos indígenas en Bolivia han hablado: la energía eléctrica debe ser un derecho humano y formar parte del buen vivir.

Desde 2009 existe una nueva constitución en el país andino, la cual fue el resultado de un largo proceso constituyente en el que la sociedad se vio realmente representada. En la nueva constitución del Estado Plurinacional se estableció a la energía eléctrica, junto con otros servicios básicos, como un derecho humano.

Pero esto ha pasado de la tinta a ser una realidad concreta: los costos del bien común energético han bajado tanto que la tarifa eléctrica en Bolivia es la más baja de Sudamérica.

Y es que desde 2006 –y tras algunas dificultades técnicas– se implementó la Tarifa Dignidad: un decreto que logró que sectores marginados –sobre todo rurales– pudiesen acceder a un consumo eléctrico de 70 kWh por casi la mitad de la tarifa que se había mantenido hasta entonces. Es decir: más energía a menor precio. Desde entonces la cobertura ha crecido un 20%, pues en 2005 ésta alcanzaba sólo al 70% de la población.

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Ahora, 90% de los bolivianos cuentan con energía eléctrica.

Y se prevé que para 2025, el 100% de la población cuente con el bien común eléctrico.

Aún hace falta incrementar la producción de megavatios sin que eso implique subir los costos, así como fomentar que la energía eléctrica no dependa de ninguna fuerza económica, de manera tal que su abasto no se vea afectado por ninguna crisis. Por eso, otro objetivo será diversificar la matriz energética, pasando de la producción de energías subterráneas –a base de carbón– y de termoeléctricas, a energías sustentables como las eólicas y solares; esto como parte de una agenda que priorizará también el combate a la crisis climática.

Esto es expresión, una vez más, de una cosmovisión milenaria: porque para los aymaras la tecnología tiene que ser más orgánica, siguiendo los ritmos de la naturaleza y no de la eficiencia económica

La ONU reconoció a Bolivia como país líder en inversión en energía eólica.

Se espera que para 2030, el 80% de la energía provenga de fuentes renovables.

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La radical lección de los indígenas bolivianos es que la energía no puede ser una mercancía, y ni siquiera sólo un subsidio, como se ha insistido en las economías neoliberales. Se ha comprobado que algo tan fundamental como la energía eléctrica no puede dejarse en manos del azar –o en términos técnicos, de los flujos del precio y la demanda–, sino que debe ser gestionado por el Estado y la sociedad.

Es así que la energía tiene que considerarse un bien común y un derecho al que todos deben tener acceso. Porque la nuestra es una cultura de la energía desde tiempos inmemoriales. Y en la actualidad, es gracias a su forma eléctrica que hemos podido reproducir nuestra existencia con una facilidad extraordinaria, cambiando nuestra forma de trabajar, de alimentarnos e incluso acelerando el aprendizaje colectivo a través de la tecnología.

Y a algo así no se le puede poner precio. No se puede comerciar con la energía eléctrica, pues al hacerlo estamos comerciando con la necesidad de la gente. Porque hoy, quien no cuenta con acceso a la energía eléctrica se vuelve una especie de exiliado de la sociedad: a quien se le niega la energía eléctrica se le está marginando e incluso violentando, colocándosele en desventaja frente a otros.

Por eso, y una vez más con su ejemplo vivo, los pueblos indígenas están iluminando el camino hacia la sociedad del futuro.

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.