Astrónomos descubren planeta hecho de diamantes

Lucy en el cielo con diamantes debe vivir en este “súper-planeta”, a 40 años luz de nuestro Sistema Solar, en la constelación de Cáncer y compuesto, al menos una tercera parte, por diamantes.

Lucy en el cielo con diamantes debe vivir en este “súper-planeta”, a 40 años luz de nuestro Sistema  Solar, en la constelación de Cáncer y compuesto, al menos una tercera parte, por diamantes.

Astrónomos han descubierto un planeta similar a la tierra pero compuesto por esta piedra preciosa. Se encuentra a 40 años luz de nuestro Sistema Solar, orbita una estrella llamada 55 Cancri, en la constelación de Cáncer.

El radio del planeta mide el doble que el de la Tierra, pero su masa es ocho veces mayor, lo que la convierte en una “súper-Tierra”. Orbita a hiper-velocidad, por lo que un “año” dura sólo 18 horas. Además su temperatura llega a hasta 2,150 °C, lo que anula toda posibilidad de que exista agua líquida y, por ende, vida.

Sin embargo, el estudio publicado en Astrophysical Journal Letters estima que al menos una tercera parte del planeta puede estar compuesta por diamantes, y el resto por grafito, hierro, silicones y silicatos.

“Por contraste, el interior de la Tierra es rica en oxígeno, pero pobre en carbón, menos de 0.1% de su masa”, dice Kanani Lee, un geólogo de Yale y co-autor del estudio.

Es la primera vez que los astrónomos han identificado un planeta de diamantes, aunque ya se había teorizado sobre su existencia por un tiempo.

[Independent]



El encanto melancólico del equinoccio de otoño: símbolos, rituales y significado

Este 22 de septiembre será el equinoccio de otoño, y te proponemos aprovecharlo para reconectar con el cosmos.

No ha habido nada más importante –y esto es vigente en nuestros días– que el movimiento del sol en relación con la Tierra: los solsticios y los equinoccios son momentos que rigen la vida natural.

Pero además, el conocimiento humano de estos sucesos cósmicos (la astronomía y, con ella, la astrología) modifica las propias relaciones humanas, lo que puede constatarse en cientos de expresiones culturales que hay en torno a los eventos astronómicos. Así, el cosmos rige la totalidad de nuestra existencia. 

Los equinoccios son momentos para reflexionar en torno a esa idea, y reconectarnos con el encanto especial –y a veces melancólico– que tienen las fechas en las cuales suceden las maravillosas sincronías entre el sol y nuestro planeta.

Este 22 de septiembre será el equinoccio de otoño en el hemisferio norte, a las 22:54 UTC.

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Este evento marca el principio del otoño y un momento de equilibrio en el cosmos. Por eso, en torno al equinoccio (literalmente “noche igual”, aequus-nox) suceden todo tipo de rituales y festividades, pues además de representar la transición, son un instante de equilibrio en la incesante lucha de fuerzas entre la oscuridad y la luz.

Durante el equinoccio de otoño (que aunque se festeja durante días enteros, en realidad dura un instante) el sol cruza la línea celeste del ecuador, que es la división imaginaria que divide a nuestro planeta. Así, la Tierra se parte con precisión en dos mitades: una de luz y otra de tinieblas. La duración del día durante este suceso habrá sido la misma que la de la noche; pero el resto de las noches en el hemisferio norte comenzarán a ser más largas a partir del equinoccio de otoño y hasta el invierno.

Todo esto hace del equinoccio de otoño un portentoso suceso energético, con una ligera carga de melancolía debido a que implica despedir al verano –una época de luz y flores–.

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Nancy Holt

 

Simbolismo y rituales en torno al equinoccio de otoño

Para las culturas mayas conocidas, esta época marcaba el inicio de las cosechas. Así lo devela la arquitectura de templos y edificios, la cual estaba milimétricamente sincronizada con el paso de la luz en este día del año, creando juegos de sombras que simbolizaban la importancia ritual que le daban al equinoccio las civilizaciones mayenses.

En otras culturas, la oscuridad es la fuerza a la cual se le rinde tributo durante esta época definitoria. En la mitología pagana (donde el equinoccio es llamado Mabon, o “segunda cosecha”), los rituales giran en torno al tributo a las tinieblas venideras, así como al necesario ahorro de energía que se debe priorizar –por razones simbólicas, pero también físicas y naturales–.

Esto tiene una expresión actual: los neopaganos druidas, herederos de la sabiduría filosófica y astrológica de la Europa céltica, hacen rituales de agradecimiento por las cosechas y de preparación para la oscuridad venidera, recibiendo los equinoccios en el mítico Stonehenge.

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El equinoccio de otoño es también un momento de conexión cíclica con la muerte, la cual estará presente en la naturaleza durante el otoño –en el marchitar paulatino de hojas y flores–. De hecho, en el budismo japonés se cree que el reino de la muerte está en el Occidente, que es donde el sol se pone. Por eso, tanto el equinoccio de primavera como el de otoño simbolizan las transiciones de la vida en Japón. Los días previos al equinoccio de otoño se visita las tumbas de los ancestros en este país.

 

Reencantar la existencia mediante el ritual

Es innegable, tengamos creencias esotéricas o no, que el movimiento cósmico nos impacta y provoca cambios físicos y psíquicos en nosotros. Durante el equinoccio de otoño estaremos menos expuestos a la luz del sol; como se ha comprobado, esto nos hace perder energía y afecta nuestro ánimo.

Por eso es importante reencantar la existencia con motivo del equinoccio de otoño, creando nuestros propios rituales en torno a esta fecha melancólica.

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Magdalena Lutek

Intenta ponerte en contacto con tu energía: si vives en México una buena idea puede ser ir a un baño temazcal, para que hagas consciente tus niveles energéticos y sepas cómo conducirte durante el otoño y el invierno.

Procura también encontrar un momento para meditar y reflexionar: los equinoccios son períodos de transición donde algunas tareas se concluyen y otras apenas comienzan. Los ritmos en la vida deben cambiar, acorde incluso a los ritmos circadianos, así que date un tiempo para pensar en lo que viene.

Recuerda que el equinoccio será exactamente a las 22:54 UTC. En la mayor parte de México el evento astronómico ocurrirá a las 17:54, pero si vives en una zona con otro huso horario puedes usar un convertidor digital para saber a qué hora esperar el equinoccio de otoño.

 

 * Imagen de portada: Magdalena Lutek



El universo estaría incompleto sin ti

Para ser hombres y mujeres conscientes del universo, hay que aceptar una realidad cósmica fundamental: todo está interconectado.

La postura holística dice que el universo entero está en el interior de la mente humana y que a la vez, la mente humana es parte de la mente que es energía o luz universal. Para ser hombres y mujeres conscientes del universo hay que aceptar una realidad cósmica fundamental: todo está interconectado.

John Muir, uno de los primeros ecologistas modernos y gran caminante de la naturaleza, escribió lo siguiente:

El universo estaría incompleto sin el ser humano; pero también sería incompleto sin la criatura transmicroscópica más pequeña que habita más allá de nuestros ojos y conocimiento ocultos.

Por lo tanto, la naturaleza no se manifiesta como un conjunto de componentes combinados, predecibles e independientes, sino como un campo vibracional: un gran organismo vivo.

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“Yo… un universo de átomos… un átomo en el universo”, escribió el físico ganador del Premio Nobel, Richard Feynman, en su poema en prosa sobre la evolución. La base para la filosofía de Feynman era que las divisiones de la vida son artificiales y arbitrarias.

Sobre la interconexión del universo, la bióloga evolutiva Lynn Margulis señaló que: “El hecho de que estamos conectados a través del espacio y el tiempo muestra que la vida es un fenómeno unitario, sin importar cómo expresemos ese hecho”.

Precisamente, ese dinamismo orgánico del planeta en el que vivimos es el que mejor expresa la realidad de la naturaleza como un todo, incluyendo en ella al ser humano; un proceso que incluye lo espiritual-psíquico y lo físico.

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Perspectiva de nuestro universo

Desde esta perspectiva, la experiencia del ser humano en relación con la naturaleza se liga a la experiencia de totalidad, tema recurrente en las teorías del campo unificado que propone la física cuántica. Incluso, la física cuántica concuerda con el taoísmo en que no sólo nuestras vidas individuales, sino la vida del universo y del cosmos con su infinidad de espacios, tiempos y materias, son olas que aparecen y desaparecen en el océano de la luz infinita.

Desde la física cuántica, el comportamiento de la energía en forma de luz (onda, pensamiento) transforma las experiencias visibles, tangibles, observables, de la materia (partícula, átomo). La energía en forma de luz sigue creando el mundo a cada instante.

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Carl Sagan también afirmaba que, como todas las criaturas, estamos “hechos de materia estelar”. Y no son los científicos, sino los poetas y escritores, los que mejor pueden captar ese sentido de reverencia terrenal, desde el relato de Virginia Woolf sobre la visita a Stonehenge hasta la crónica de Hans Christian Andersen sobre haber escalado el Vesubio.

Una reveladora sensación de interconexión, descrita por Muir en su libro Nature Writings:

Cuando contemplamos todo el globo como una gran gota de rocío, rayada y salpicada de continentes e islas, volando por el espacio con otras estrellas todas cantando y brillando juntas como una sola, el universo entero aparece como una tormenta infinita de belleza.

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Una forma bella de crear la unión entre ambas partes, una amistad recíproca, y no esperar que la naturaleza esté al servicio permanente del hombre y de sus necesidades y caprichos. Así como la ola es al océano, los seres vivientes somos energía en constante transformación o, como decían los antiguos sabios taoístas, las diminutas briznas que danzan en la hoguera de la eternidad.