Salud y Naturaleza: un blog sobre salud y alimentación de Andrés Sierra en Ecoosfera

Andrés Sierra presenta su colaboración en Eccosfera: Salud y Naturaleza; un esfuerzo por recuperar la provechosa unión entre lo natural y el ser humano, los alimentos y la salud, la información y las elecciones correctas.

Durante miles, mejor dicho, millones de años, la alimentación constituyó uno de los fundamentos de la salud homínida y humana. Con la revolución neolítica (vida sedentaria, domesticación de plantas y animales), se produjeron grandes cambios en  la  alimentación y los hábitos de vida humanos, mismos que tuvieron expresión en la aparición de nuevos patrones de salud/enfermedad a lo largo  y ancho de la existencia de las civilizaciones urbanas.

Más recientemente, la revolución industrial impactó de forma vertiginosa  y global todos los procesos de producción y consumo alimentarios.

A partir del siglo XIX, pero sobretodo en el siglo XX, hemos asistido a un cambio radical en las técnicas agrícolas: monocultivo a gran escala, uso masivo de pesticidas y fertilizantes, empobrecimiento de los suelos, etc.); en la industria: desarrollo masivo de “objetos comestibles” que difícilmente podemos llamar alimentos, masificación de la comida rápida, producción y consumo intensivo de alimentos refinados (de alto índice glucémico), consumo masivo de aditivos alimentarios (varios de los cuales han resultado ser nocivos), uso intensivo de hormonas y antibióticos en la crianza industrial de animales, obtención de aceites  con altas temperaturas y con hexanos, lo cual genera las nocivas grasas trans;  paralelamente hemos empobrecido la calidad nutricional  y disminuido el consumo de frutas,  verduras y otros alimentos de origen vegetal, etc.; y en casa, hemos aceptado todos estos cambios y olvidado el papel fundamental de una alimentación equilibrada para el cuidado de la salud.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que hemos sido partícipes y testigos del cambio ecológico más drástico que ha experimentado especie alguna en la historia de la vida en el planeta, salvo quizás —de ser cierta la hipótesis— la repentina extinción de los dinosaurios.

¿Cuál ha sido el resultado de esta transformación de nuestra alimentación a manos de la industria moderna (sin mencionar muchos otros factores que han contribuido en el mismo sentido)?

La masificación de las enfermedades crónico degenerativas.

En México , por ejemplo, el 70% de la población adulta sufre de sobrepeso u obesidad, el 30% de la población infantil también, la enfermedad cardiovascular es ya la primera causa de muerte en nuestro país, el 10% de la población sufre de diabetes, el cáncer va en aumentoy…

Es evidente que esta crisis de la salud mundial no puede resolverse ni con fármacos, ni con cirugías. Aunque su venta constituye un gigantesco negocio,  y, precisamente por ello, ha sido la respuesta predilecta del sistema ante la gran crisis sanitaria mundial, no tienen más que una función paliativa, y de hecho, su uso masivo e indiscriminado forma parte de  esta enorme crisis ecosanitaria. 

Como siempre,  la respuesta ha surgido de la mano de la catástrofe : cambiar para bien nuestros hábitos de vida. Enseñanza atesorada por las Medicinas Tradicionales de todos los pueblos ancestrales, cuyos saberes hemos estado recuperando intensamente en décadas recientes, y no sólo para el cuidado  de la salud humana, sino también para la del planeta todo.

Hace 2400 años Hipócrates  nos señalaba el camino: “ Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Creo que nunca hemos estado tan lejos y al mismo tiempo, paradójicamente, tan cerca de dicha sentencia. Lejos, pues jamás había tenido lugar  en la historia de la humanidad, qué digo, ¡ni siquiera en la historia de la vida en nuestro planeta¡, un hecho tan  aberrante: comer para enfermar. La modernidad ha encarnado en negativo la demostración de la tesis hipocrática: la masificación de una alimentación artificializada y antifisiológica ha causado estragos en la salud mundial. Y, al mismo tiempo, afirmo, nunca tan cerca, pues la reacción vital y cada ves más rica y diversa de la población ha sido retomar el camino hipocrático: comer (y vivir) bien para estar saludables. De ahí el resurgimiento y auge de todas las medicinas tradicionales y complementarias.

Pero no sólo, y con esto me acerco al cometido de esta columna: a lo largo de los siglos  XIX y XX, la ciencia moderna logró comprender la función nutricional de los alimentos,  y más recientemente nos ha permitido dilucidar, en parte, su función medicinal: la identificación de los famosos fitoquímicos no deja lugar a dudas: nuestros alimentos  (los verdaderos alimentos, no se confunda usted, querido(a) lector(a)), contienen cientos de sustancias químicas que no son nutritivas, pero protegen la vida y la salud de múltiples formas. Los fitoquímicos (hasta ahora se han identificado unos 2000) ,presentes en los vegetales y en los alimentos fermentados, nos protegen contra las enfermedades crónico degenerativas.

El retorno a lo natural, acompañado hoy del saber científico, abre la puerta a la fusión de los saberes ancestrales y modernos, creando la base para una medicina más humana, agradable y eficiente.

Sin embargo, no hay que olvidar que mucho del cambio por venir en esta área de la salud depende de nuestras elecciones como consumidores. Por fortuna, cuando del cuidado corporal se trata, nuestras acciones y elecciones individuales tienen un impacto decisivo y prácticamente inmediato en las tendencias de nuestra salud. No podemos decir lo mismo para la crisis ecológica planetaria, que requiere el concierto de todos los pueblos y naciones para ser resuelta.

¿Por dónde empezar?. El primer paso es  informarnos. Salud y Naturaleza representa una pequeña contribución en ese sentido. A lo largo de nuestras contribuciones (de aparición quincenal), compartiremos información tradicional y científica sobre el uso nutricional y terapéutico de los alimentos. Y a propósito de ese tema central, seguramente tendremos ocasión de compartir información sobre diversos tópicos concernientes al universo de la Medicinas Alternativas, Complementarias y Tradicionales.

Agradezco al equipo de Ecoosfera la oportunidad de llevar esta información a todos sus lectores.

 


Andrés Sierra es licenciado en Etnología. En 1983,  por necesidades de cuidado de su propia salud, se acercó a las Medicinas Alternas. Desde entonces se ha dedicado  al estudio, la práctica y  la enseñanza de la Medicina Natural, con especial énfasis en  el uso curativo de los alimentos.

Ha participado en numerosos programas de radio, y ha impartido múltiples cursos y diplomados en la materia.

Actualmente funge como subdirector académico de la  Licenciatura en Medicinas Alternativas y Complementarias, impartida en la Escuela de Estudios Superiores en Medicinas Alternativas y Complementarias MASHACH en la ciudad de Puebla, y dirige el Centro Naturista “Naturalmar” en esa misma ciudad.

Contacto: saludynaturaleza@live.com

Autor: Andres Sierra
Andrés Sierra es licenciado en Etnología. En 1983, por necesidades de cuidado de su propia salud, se acercó a las Medicinas Alternas. Desde entonces se ha dedicado al estudio, la práctica y la enseñanza de la Medicina Natural, con especial énfasis en el uso curativo de los alimentos. Ha participado en numerosos programas de radio, y ha impartido múltiples cursos y diplomados en la materia. Actualmente funge como subdirector académico de la Licenciatura en Medicinas Alternativas y Complementarias, impartida en la Escuela de Estudios Superiores en Medicinas Alternativas y Complementarias MASHACH en la ciudad de Puebla, y dirige el Centro Naturista “Naturalmar” en esa misma ciudad.


El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.



¿Cómo limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales? (Consejos prácticos)

Aplicando estos consejos puedes ser parte del cambio a una sociedad sin tóxicos y evitar el consumo de químicos en frutas y vegetales.

Tus vegetales y frutas pueden estar relucientes y hermosos, sin que sucumbas al uso de pesticidas tóxicos. Limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales es parte del cambio de una sociedad sin tóxicos, y una responsabilidad compartida que puede lograrse con pequeñas acciones. 

 

¿Por qué es necesario limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales?

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Los pesticidas son necesarios para evitar las plagas que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), afectan a entre un 25 y un 35% de la cosecha mundial. El problema es que los químicos de los pesticidas se adhieren a las frutas y verduras que comemos e, ingeridos en grandes cantidades, pueden ser muy dañinos para la salud.

Lo más recomendable es consumir productos orgánicos. No obstante, te damos algunos consejos prácticos por si necesitas otra opción para limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales.

Estos consejos  te ayudarán a eliminar desde insecticidas hasta ceras que se usan para que brille la fruta:

Remoja en bicarbonato y vinagre

Esta opción te ayudará a eliminar gran parte de las sustancias tóxicas. Coloca un recipiente lleno de agua y agrega una cucharada de bicarbonato y otra de vinagre. Deja remojar las frutas y vegetales.

Utiliza vinagre de manzana

Basta con diluir un vaso de vinagre de manzana en 1 litro de agua y lavar los alimentos con esta mezcla para limpiar las frutas y los vegetales de los pesticidas que contienen.

Elimina hojas externas dañadas

Las bacterias que causan enfermedades crecen más rápido en las hojas en mal estado. 

Rechaza las secciones con hongos

Retira las áreas de frutas y verduras con hongos, cortes, heridas o zonas dañadas y demasiado maduras.

Utiliza un cepillo de dientes

Otra forma de limpiar las frutas y los vegetales es utilizando un cepillo de dientes. Frótalos suavemente, de modo que los residuos y las suciedades se eliminen por completo. 

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Vinagre y sal

Mezcla un vaso de vinagre con medio litro de agua con sal. Después introduce el alimento en la mezcla y deja que repose durante 30 minutos.

Retira la piel de frutas y vegetales

Aunque muchos nutrientes están en las cáscaras, también es la parte que más es afectada por los pesticidas. Limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales puede ser más fácil de lo que crees.

Vinagre, bicarbonato y limón

Remoja en agua, con una parte de vinagre por cuatro de agua. Agrega ¼ de taza de bicarbonato y el jugo de un limón. Remoja mínimo 20 minutos. 

Lava hierbas en manojos pequeños

Lava las hierbas como el apio, el perejil, la menta o el cilantro en pequeños manojos, y da vuelta a cada una hasta que todas las ramas queden limpias.

Desinfecta con extracto de toronja y bicarbonato

Mezcla 20 gotas de extracto de semillas de toronja con una cucharada de bicarbonato de sodio, una taza de vinagre blanco y una taza de agua. Diluye y vierte la mezcla en un rociador.