Durante miles, mejor dicho, millones de años, la alimentación constituyó uno de los fundamentos de la salud homínida y humana. Con la revolución neolítica (vida sedentaria, domesticación de plantas y animales), se produjeron grandes cambios en  la  alimentación y los hábitos de vida humanos, mismos que tuvieron expresión en la aparición de nuevos patrones de salud/enfermedad a lo largo  y ancho de la existencia de las civilizaciones urbanas.

Más recientemente, la revolución industrial impactó de forma vertiginosa  y global todos los procesos de producción y consumo alimentarios.

A partir del siglo XIX, pero sobretodo en el siglo XX, hemos asistido a un cambio radical en las técnicas agrícolas: monocultivo a gran escala, uso masivo de pesticidas y fertilizantes, empobrecimiento de los suelos, etc.); en la industria: desarrollo masivo de “objetos comestibles” que difícilmente podemos llamar alimentos, masificación de la comida rápida, producción y consumo intensivo de alimentos refinados (de alto índice glucémico), consumo masivo de aditivos alimentarios (varios de los cuales han resultado ser nocivos), uso intensivo de hormonas y antibióticos en la crianza industrial de animales, obtención de aceites  con altas temperaturas y con hexanos, lo cual genera las nocivas grasas trans;  paralelamente hemos empobrecido la calidad nutricional  y disminuido el consumo de frutas,  verduras y otros alimentos de origen vegetal, etc.; y en casa, hemos aceptado todos estos cambios y olvidado el papel fundamental de una alimentación equilibrada para el cuidado de la salud.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que hemos sido partícipes y testigos del cambio ecológico más drástico que ha experimentado especie alguna en la historia de la vida en el planeta, salvo quizás —de ser cierta la hipótesis— la repentina extinción de los dinosaurios.

¿Cuál ha sido el resultado de esta transformación de nuestra alimentación a manos de la industria moderna (sin mencionar muchos otros factores que han contribuido en el mismo sentido)?

La masificación de las enfermedades crónico degenerativas.

En México , por ejemplo, el 70% de la población adulta sufre de sobrepeso u obesidad, el 30% de la población infantil también, la enfermedad cardiovascular es ya la primera causa de muerte en nuestro país, el 10% de la población sufre de diabetes, el cáncer va en aumentoy…

Es evidente que esta crisis de la salud mundial no puede resolverse ni con fármacos, ni con cirugías. Aunque su venta constituye un gigantesco negocio,  y, precisamente por ello, ha sido la respuesta predilecta del sistema ante la gran crisis sanitaria mundial, no tienen más que una función paliativa, y de hecho, su uso masivo e indiscriminado forma parte de  esta enorme crisis ecosanitaria. 

Como siempre,  la respuesta ha surgido de la mano de la catástrofe : cambiar para bien nuestros hábitos de vida. Enseñanza atesorada por las Medicinas Tradicionales de todos los pueblos ancestrales, cuyos saberes hemos estado recuperando intensamente en décadas recientes, y no sólo para el cuidado  de la salud humana, sino también para la del planeta todo.

Hace 2400 años Hipócrates  nos señalaba el camino: “ Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Creo que nunca hemos estado tan lejos y al mismo tiempo, paradójicamente, tan cerca de dicha sentencia. Lejos, pues jamás había tenido lugar  en la historia de la humanidad, qué digo, ¡ni siquiera en la historia de la vida en nuestro planeta¡, un hecho tan  aberrante: comer para enfermar. La modernidad ha encarnado en negativo la demostración de la tesis hipocrática: la masificación de una alimentación artificializada y antifisiológica ha causado estragos en la salud mundial. Y, al mismo tiempo, afirmo, nunca tan cerca, pues la reacción vital y cada ves más rica y diversa de la población ha sido retomar el camino hipocrático: comer (y vivir) bien para estar saludables. De ahí el resurgimiento y auge de todas las medicinas tradicionales y complementarias.

Pero no sólo, y con esto me acerco al cometido de esta columna: a lo largo de los siglos  XIX y XX, la ciencia moderna logró comprender la función nutricional de los alimentos,  y más recientemente nos ha permitido dilucidar, en parte, su función medicinal: la identificación de los famosos fitoquímicos no deja lugar a dudas: nuestros alimentos  (los verdaderos alimentos, no se confunda usted, querido(a) lector(a)), contienen cientos de sustancias químicas que no son nutritivas, pero protegen la vida y la salud de múltiples formas. Los fitoquímicos (hasta ahora se han identificado unos 2000) ,presentes en los vegetales y en los alimentos fermentados, nos protegen contra las enfermedades crónico degenerativas.

El retorno a lo natural, acompañado hoy del saber científico, abre la puerta a la fusión de los saberes ancestrales y modernos, creando la base para una medicina más humana, agradable y eficiente.

Sin embargo, no hay que olvidar que mucho del cambio por venir en esta área de la salud depende de nuestras elecciones como consumidores. Por fortuna, cuando del cuidado corporal se trata, nuestras acciones y elecciones individuales tienen un impacto decisivo y prácticamente inmediato en las tendencias de nuestra salud. No podemos decir lo mismo para la crisis ecológica planetaria, que requiere el concierto de todos los pueblos y naciones para ser resuelta.

¿Por dónde empezar?. El primer paso es  informarnos. Salud y Naturaleza representa una pequeña contribución en ese sentido. A lo largo de nuestras contribuciones (de aparición quincenal), compartiremos información tradicional y científica sobre el uso nutricional y terapéutico de los alimentos. Y a propósito de ese tema central, seguramente tendremos ocasión de compartir información sobre diversos tópicos concernientes al universo de la Medicinas Alternativas, Complementarias y Tradicionales.

Agradezco al equipo de Ecoosfera la oportunidad de llevar esta información a todos sus lectores.

 


Andrés Sierra es licenciado en Etnología. En 1983,  por necesidades de cuidado de su propia salud, se acercó a las Medicinas Alternas. Desde entonces se ha dedicado  al estudio, la práctica y  la enseñanza de la Medicina Natural, con especial énfasis en  el uso curativo de los alimentos.

Ha participado en numerosos programas de radio, y ha impartido múltiples cursos y diplomados en la materia.

Actualmente funge como subdirector académico de la  Licenciatura en Medicinas Alternativas y Complementarias, impartida en la Escuela de Estudios Superiores en Medicinas Alternativas y Complementarias MASHACH en la ciudad de Puebla, y dirige el Centro Naturista “Naturalmar” en esa misma ciudad.

Contacto: saludynaturaleza@live.com