Nazis sabían del movimiento de los continentes antes que el resto del mundo

Hace unas décadas, la teoría de la deriva continental se consideraba disparatada, y a su autor, chiflado. Los únicos que aceptaron la teoría fueron los nazis. He aquí la historia.

Una gran rama del movimiento nazi fue dedicada a la ciencia. Se dice que Estados Unidos construyó sus armas atómicas con base en los estudios de los científicos nazis. Dentro de los conocimientos en los que se adelantaron al resto del mundo fue la deriva continental.

Todo comenzó con un meteorólogo y astrónomo llamado Alfred Wegener. Aunque no era un experto en geología, propuso las bases del movimiento de los continentes.

Por años se le despreció, se pensó que estaba chiflado y que su trabajo era pseudociencia. No le importó: reunió evidencia, corrigió detalles y estableció 6 posibles mecanismos para explicar la deriva de los continentes. Finalmente se embarcó en una expedición hasta Groenlandia, donde falleció.

Tiempo después, su propuesta encontró aceptación entre los nazis.

En el artículo “And Yet They Do Move”, el escritor  K. von Philippoff  defendió las ideas de Wegener y mostró cómo América y Europa cada vez se encontraban más alejados. Además, encontró que eso explicaba las diferencias geológicas y biológicas de las especies de ambos continentes.

Así fue cómo unos de los más grandes villanos de la Historia se adelantaron en al menos el campo de la geología.

[disinfo]

 



Viajar a través del hielo: una odisea por Groenlandia para presagiar nuestro futuro climático

El hielo de Groenlandia es una cápsula del tiempo que podría servirnos para predecir el futuro del cambio climático.

El hielo de Groenlandia es un hielo mítico. No sólo cubre el 80% de la isla –lo que convierte a esta capa en la segunda más grande del mundo– sino que sus más de 1,000 kilómetros de altura y su espesor de hasta 2 kilómetros lo convierten en una especie de cápsula del tiempo.

Para los científicos, el hielo de Groenlandia es un gran laboratorio. Llegar a él no es fácil, pues deben transportarse de manera tradicional por las llanuras heladas de este país, y dependen de guías y trineos para ello. Aunque la asombrosa velocidad con la que se está derritiendo el hielo en Groenlandia hará que otras formas de transporte sean necesarias para estudiarlo, como demostró la reciente fotografía de los trineos que atravesaban un fiordo derretido.

Es precisamente la estridencia del cambio climático la que ha hecho a Jon Gertner, autor del libro The Ice at the End of the World, interesarse aún más en el hielo de Groenlandia. Según Gertner, el estudio de este hielo prehistórico y de los gases y minerales atrapados entre sus capas podría ayudar no sólo a desentrañar los misterios geológicos de la Tierra, sino también a predecir el futuro de la actual crisis climática.

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Así, adentrarse en Groenlandia es una especie de odisea entre lo chamánico y lo científico. O, si se quiere, puede convertirse en una especie de narrativa sci-fi, con viajes en el tiempo incluidos. Pero, ¿exactamente por qué?

Según dijo Gertner para Big Think:

Si miras atrás en la historia, de alguna manera ofrece la oportunidad de estudiar la única capa de hielo que queda en el hemisferio norte –la otra está en el sur, en la Antártida–, pero además ofrece a algunos científicos la oportunidad de mirar al pasado. Porque el hielo, según muchos científicos, es deposicional, es decir, crea una especie de registro de todo lo que cayó en la nieve.

Podríamos pensar “muy bien, tiene nieve vieja”, pero es más que eso. En realidad retiene gases antiguos que contienen registros de erupciones volcánicas pasadas. Y una forma en la que empezamos a acceder a esa información, porque realmente es información, fue perforando el hielo.

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¿Cómo se hace del hielo una “bola de cristal”?

Las capas de hielo de Groenlandia han sido estudiadas desde los años 30 del siglo pasado, según Gertner. A partir del estudio de la densidad de bloques de hielo desenterrados en este territorio, estos científicos pudieron adivinar su edad, descubriendo que a mayor profundidad el hielo es más antiguo. Pero ahora se puede estudiar el hielo de Groenlandia con ayuda de la tecnología. Así, los científicos pueden saber cómo eran las atmósferas antiguas y las temperaturas de hace 1,000 años. Pero, según Gertner, esto también puede explicar por qué las cosas han cambiado como han cambiado.

Podríamos decir: “Ok, gran cosa, puedes averiguar cuáles eran las temperaturas hace 1,000 años”. Pero eso no es sólo una pieza trivial de información. Porque no es sólo diciéndonos cómo eran las temperaturas sino, quizá, ¿qué cambió? Esto explica partes de la historia que no hemos entendido.

Para este periodista y científico, el hielo de Groenlandia podría ayudarnos a saber mejor a qué nos estamos enfrentando en materia geológica y, sobre todo, a entender la parte natural de la crisis climática. Ésta ha sido poco estudiada, pero sin duda juega un papel –aunque sea secundario– en la actual debacle. Como sea, este hielo antiguo es también una bella forma de entender que el futuro no puede predecirse, pero el pasado siempre ayudará a echar pistas al respecto. Sólo que, en el caso del hielo de Groenlandia, hay que estudiarlo antes de que sea demasiado tarde.

 

* Imágenes: 1) guidetogreenland.com; 2) Goodreads; 3) Ginny Catania



“Glaciares fantasma” protegen paisaje antiguo de Groenlandia

Un paisaje antiguo cerca de Upernavik, en Groenlandia, ha estado custodiado por glaciares que van y vienen sin causar ningún daño a las rocas y, por lo mismo, lo han preservado intacto durante miles de años.

Un paisaje groenlandés, formado cuando los hombres estaban descubriendo el fuego, ha sido protegido de la erosión y destrucción desde que los “glaciares fantasma” lo recorren constantemente.

Estos glaciares son denominados así porque, a diferencia de los glaciares comunes que permanecen en un solo lugar erosionando la base rocosa del paisaje, estos van y vienen y se deslizan por la superficie del paisaje. En un estudio llevado a cabo por el geólogo Lee Corbett de la Universidad de Vermont, se encontró que “los glaciares fantasma van y vienen, dejando muy poca evidencia de su presencia”. Esto es, han estado visitando el paisaje durante más de 1 millón de años y no han causado ningún cambio en su forma, al contrario, lo han protegido para que siga igual.

Esta gentil fantasmagoría ha conservado este paisaje como uno de los más antiguos del planeta Tierra y, también, uno de los más bellos.