Narsaq, fue alguna vez uno de los pueblos más grandes del sur de Groenlandia, sus habitantes vivieron por años de la pesca. Sin embargo, debido al cambio climático, los crustáceos y otros peces han emigrado al norte, en busca de aguas más frías.

Muchos habitantes han perdido su forma de ganarse la vida. El hielo es demasiado delgado como para soportar los trineos de perros u otros transportes. En una década, la población se ha reducido a sólo 1500, y las tazas de suicidios se han disparado.

Por otro lado, el descongelamiento ha abierto paso a nuevas tierras. Se han descubierto depósitos de minerales y gemas. Debido a ello, se piensa rehacer la economía en del país en base a los recursos minerales, y si todo sale de acuerdo a los planes, lograr una independencia económica (aún reciben 500 mil millones de dólares al año de Dinamarca).

Numerosas compañías locales e internacionales planean explotar los recursos de la tierra. “Para mí, no me importa si toda la capa de hielo desaparece”, dice Ole Christiansen, jefe de la compañía mineras más grande en Groenlandia. “Mientras se derrite hemos encontrado nuevos lugares con muy atractiva geología”.

Las compañías y el gobierno planean construir nuevos caminos, nuevos puertos, plantas procesadoras y expandir el pequeño aeropuerto de Narsaq, hoy amenazado a cerrar por falta de tráfico.

Sin embargo, no todos están convencidos de los beneficios de la minería: “por supuesto que ayudará a la economía local, y a toda Groenlandia, pero no estoy segura si será buena para nosotros”, dijo Dorothea Rodgaard, una local: “Estamos preocupados por la pérdida de la naturaleza”.

Es difícil cambiar de tajo toda la forma de vida de cientos de personas, y más cuando se basa en costumbres milenarias. Además, es necesario que antes que se comiencen a tocar las tierras, se dejen en claro leyes que protejan el medio ambiente y que establezcan límites: ¿hasta qué punto se podrá escarbar?, y ¿qué elementos se pueden sustraer?

[NYT]