Muchos sueñan con salir de viaje a las playas de las Bahamas, al gran Cañón de Colorado, a las montañas del Himalaya. Pero no sólo ahí se pueden encontrar maravillas naturales. Las hay en todo lugar, en toda ciudad, a cada paso, en los árboles, en el pasto, en el cielo, en las nubes. Sólo hay que saber detenerse y mirar.

 

El cielo estrellado

Pocos espectáculos como el cielo: las estrellas, el cambio de la luna, las nubes nocturnas. Y aunque está a disposición de todos, muy pocas personas se detienen a mirar hacia arriba. Tú mismo(a), ¿cuándo fue la última vez que contemplaste la luna? ¿Sabes en qué fase está?

Si vives en medio de rascacielos, un día tómate un descanso: vete lo más lejos posible de las luces, espera unos 10-15 minutos a que tus ojos se acostumbren a la oscuridad y contempla cómo el tapiz negro se llena de puntos blancos. Piensa en cuántas estrellas, cuántos sistemas solares, cuántas galaxias existen afuera. El humano es un ser diminuto frente a toda esa inmensidad.

El suelo

Nuestra tierra se ha movido durante millones de años. Es resultado de terremotos, del movimiento de placas y continentes, de explosiones volcánicas. Tal vez el suelo donde vives está hecho de lava ya fría, el fondo de un lago ya seco, de grava, o de arena. Disfruta los matices de los distintos puntos por donde pisas. O la próxima vez que tomes tu bicicleta, fíjate dónde el camino es de subida o bajada.

Las aves

La próxima vez que regreses de un largo día de trabajo, pasa por un parque o un lugar arbolado. En el momento de la puesta del sol, las familias de aves buscan un lugar para dormir, por lo que se arremolinan en los árboles. Disfruta el concierto de cientos de voces.

También, cuando es temporada de migrar a tierras más cálidas, goza observando las figuras que trazan las alas en el cielo.

 

La primavera, el otoño

Para aquellos en el hemisferio sur, la primavera comienza en el tercer cuatrimestre del año. Toma un camino que cruce por un parque o camellón y contempla cómo, poco a poco, las flores brotan en los árboles, en los arbustos y caen a las calles. Además, conforme pasen los días la tierra empezará a entibiarse.

En ese momento inicia el otoño para los que viven en el hemisferio norte. La tierra se pinta de colores cobrizos y las calles se cubren de hojas secas que truenan a cada paso. 

No hay excusa. El mundo, en cualquier parte del globo, es hermoso y tiene tanto que ofrecernos… Sólo es cuestión de saber contemplar.