Documental revela los daños al medio ambiente por mala alimentación

Shelley Lee Davies realizó un documental que plantea distintos caminos para un planeta más armonioso a través de la alimentación.

Una alimentación sana es el pilar más importante de una vida saludable, en la que el alimento es un nutriente y no un motivo de enfermedad. Basada en esta premisa,  Shelley Lee Davies realizó Planeat, un documental que retrata el impacto ambiental de una dieta rica en proteína animal y los beneficios de una dieta vegetariana.

Uno de los principales descubrimientos de Lee en este documental fue el trabajo del pionero en ciencia ambiental, Gidon Eshel, quien plantea que una dieta rica en proteínas provenientes del pescado, res, pollo, cerdo, y sus derivados, tiene un grave impacto ambiental. Según el científico, el efecto invernadero se reduciría considerablemente si los humanos suprimiéramos de la dieta sólo la carne roja, incluso más que si todos tuviésemos un auto híbrido.

Tras años de estudios, Eshel también descubrió que las llamadas “zonas oceánicas muertas” son producto de escurrimientos de nitrógeno y fosfato que las prácticas ganaderas traen consigo. Además, su investigación lo llevó a otro hallazgo: una dieta vegetariana consume la mitad de tierra que una basada en proteínas animales. Al mismo tiempo, hay una gran cantidad de alimento desperdiciado en la crianza de las reses: más de la mitad del total de cultivos en el mundo se utiliza para alimentar al ganado.

No sólo Eshel tiene una inclinación por la dieta vegetariana en pro del medio ambiente. Rajendra Pachauri, presidente del Grupo Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU, ha exhortado a la gente a  no consumir carne por un día, a fin de reducir las emisiones de carbono.

Finalmente, Lee asevera que las acciones en pro del planeta repercuten de manera positiva en la salud del ser humano (y viceversa), ya que todo los seres estamos conectados en este transitar que llamamos vida.

PLANEAT.co.uk Trailer from planeat.co.uk on Vimeo.

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Ya agotamos todos los recursos naturales renovables del 2018 (Estudio)

Ecologistas advierten que este 1o de agosto, la población mundial habrá consumido más recursos naturales de los que la Tierra puede regenerar en todo el año.

Todavía queda la mitad del año y ya le debemos al planeta lo que hemos agotado. Este miércoles 1 de agosto se acabaron todos los recursos naturales renovables que el planeta tenía para el 2018. La fecha más adelantada en 46 años, según un cálculo de Global Footprint Network, una ONG.

Para explicarlo mejor, esta ONG hace una analogía: es como si este año los seres humanos hubiéramos vivido de nuestro salario desde el 1o enero hasta el 1o de agosto (7 meses), pero a partir de entonces y hasta el 31 de diciembre nos veremos obligados a vivir a costa de romper nuestras alcancías y endeudarnos con nuestra tarjeta de crédito o pidiendo préstamos al banco.

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En un video compartido por Global Footprint Network, Nicolas Hulot, ministro de la Transición Ecológica y Solidaria de Francia, afirma:

Es decir, si quisiéramos darle el tiempo a la naturaleza de regenerar los recursos como el aire, el agua, los peces o los suelos agrícolas de calidad, deberíamos cambiar radicalmente nuestro consumo porque vivimos a crédito y corremos el riesgo de sufrir una escasez de recursos.

En el 2017, el Día de Sobrecapacidad (o Sobregiro) de la Tierra (Earth Overshoot Day) ocurrió el 2 de agosto, justo 1 día después de la fecha anunciada para el 2018. La fecha, que anteriormente se conocía como Día de la Deuda Ecológica, se estableció desde 1971. Ese año, la ONG lo marcó el 21 de diciembre.

 

¿Qué puedes hacer hoy para recorrer la deuda?

Actualmente, la humanidad utiliza los recursos equivalentes a 1.7 planetas y se estima que, para el 2020, la demanda a los ecosistemas de la Tierra excederá en un 75% lo que la naturaleza puede regenerar.

 

Consume menos carne (aplaza tu deuda 6 días)

Si los seres humanos reducen 50% del consumo de carne y reemplazan esas calorías con una dieta vegetariana, el Día de Sobrecapacidad de la Tierra se recorrería al menos 6 días. Comer menos carne puede ser la acción más certera contra la crisis ecológica (aquí te explicamos por qué).

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Energía renovable (aplaza tu deuda más de 3 meses)

Reducir al menos un 50% de los componentes de carbono podría recorrer 93 días (más de 3 meses) el Día de Sobrecapacidad de la Tierra. Puedes revisar el caso de Costa Rica, que pone el ejemplo y demuestra que reconectar a las sociedades modernas con la naturaleza es posible.

 

En las ciudades (aplaza tu deuda 12 días)

Si los seres humanos alrededor del mundo redujeran el uso de automóviles en un 50% y 1/3 de los tramos fueran ocupados por transporte público y el resto por bicicletas o peatones, se podría recorrer 12 días la deuda ambiental. Revisa el caso de Singapur, que conduce el futuro hacia una sociedad sin autos.

 

Debemos comenzar a hacer que los límites ecológicos sean fundamentales para nuestra toma de decisiones y utilizar el ingenio humano para encontrar nuevas formas de vivir bien, dentro de los límites de la Tierra.



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.