Tráfico marítimo en Sri Lanka es causa y escenario de la muerte de ballenas azules

Embarcaciones que transitan por Sri Lanka, en la India, terminan con la vida de ballenas azules. Organizaciones se unen para que esta masacre termine en cuanto antes.

Ya no hay duda de que el ser humano es el mayor depredador del resto de sus cohabitantes en la Tierra. Para muestra de ello es la caza furtiva de ballenas azules en la India.

Ya sea por la caza furtiva o por los efectos colaterales de las navegaciones, decenas de ballenas están acaeciendo año con año.

Este problema se presenta principalmente en Sri Lanka, donde la población de ballenas es más grande y las regulaciones para navegar son casi nulas. Esto, aunado al poco estudio científico de la zona, incrementa de manera sustancial el número de muertes de estos mamíferos.

Las ballenas que no perecen aún, han sido vistas a unos 24 kilómetros de Sri Lanka, al parecer en busca de un refugio seguro y en busca de alimento que les garantice  su subsistencia.

Investigadores aseguran que los barcos son los encargados de asesinar a estos animales; incluso se han documentado casos en los que la crueldad de las imágenes es tan cruel, que muchas personas, al mirar esto, automáticamente terminan ayudando a las ballenas azules.

“Me temo que las ballenas están siendo acosadas ​​por los barcos, los cuales podrían afectar el libre desplazamiento de las ballenas por los mares indios”, dijo Asha de Vos, un investigador de ballenas.

En 2009, Sri Lanka dio por terminados 25 años de guerra civil, esto impidió que científicos e investigadores tuviesen acceso al estudio de las especies marinas que habitaban en la zona, pero fue por la década de los 90 cuando una nueva óptica proyectó la vida de estos animales: una maravillosa especie se estaba revelando ante millones de personas que apenas estaban despertando de un conflicto armado que los abstrajo de la naturaleza del lugar en el que viven.

Desde hace tres años, Asha de Vos inició un proyecto en el que, con ayuda de distintas organizaciones civiles y del gobierno, pretende detener la muerte de las ballenas azules. Por su parte sólo queda esperar una respuesta del gobierno que regule las navegaciones en esta zona. mientras tanto ella sigue investigando a las ballenas azules como sólo ella lo sabe hacer.

[NYTIMES]



8 razones para nunca ir a SeaWorld

Gracias al acceso a información, hoy en día nos podemos enterar de las atrocidades que hace SeaWorld para dar shows con orcas y ganar millones. Estas son 8 razones para nunca, nunca regresar allí.

1. Muertes prematuras

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Las orcas salvajes tienen una esperanza promedio de vida de 30 a 50 años; su máximo estimado es de 70 años para las hembras y 100 para los machos.  EL promedio de vida de orcas en cautiverio es de sólo 9 años, y las orcas de SeaWorld rara vez llegan al promedio de 30 años de sus familiares libres.

 

2. Son ballenas asesinas, ¿o no?

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En el océano, a pesar de haber compartido el océano con los humanos por siglos, sólo ha habido un reporte confiable de una orca lastimando a un ser humano. En cautiverio, debido al estrés involucrado, las orcas han atacado y matado a tres humanos desde 1993 y muchos más han sido heridos.

 

3. Aletas dorsales colapsadas

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Todos los machos en cautiverio tienen las aletas dorsales colapsadas, probablemente porque no tienen espacio para nadar libremente y son alimentadas con pescados muertos, lo cual no es natural para ellas. SeaWorld apunta que esta condición es común, mas sin embargo en el océano rara vez se ve una situación así, de no ser porque el cetáceo está herido o enfermo.

 

4. Tanques

Orca tank at SeaWorld San Diego, 2011.

SeaWorld confina a ballenas que a menudo viajan 160 km al día en el océano, así que, para ellas, el tanque es equivalente una tina de baño. Tendría que nadar la circunferencia de la alberca principal 1,900 veces en un día para nadar la misma distancia.

 

5. Peleas

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Las orcas que no son compatibles son forzadas a vivir juntas en pequeñas albercas. La ansiedad resultante y la tensión causada causan peleas entre ellas. En libertad, las orcas tienen fuertes vínculos sociales que duran toda la vida, sus reglas sociales prohíben la violencia seria entre ellas, y cuando ocurren peleas, encuentran espacio para huir. En cautiverio no hay a donde irse, lo cual resulta en heridas y muerte.

 

6. Dieta de cerdo y huesos de vaca

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En cautiverio, las orcas no pueden pescar y obtener agua de sus presas, así que SeaWorld les da gelatina, una sustancia que no es natural para ellas, en un intento de hidratarlas. Una orca puede llegar a comer 40 kg de gelatina, proveniente de huesos de vaca y del cerdo, lo cual atenta para su salud en general y probablemente tiene que ver con su promedio cortísimo de vida.

 

7. Se rompen los dientes para tratar de escapar

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Las orcas en cautiverio muerden barras de hierro y de concreto como resultado del estrés, la ansiedad, el aburrimiento, y a veces para tratar de salir de sus claustrofóbicos tanques. Al hacer esto se rompen los dientes y los cuidadores tienen que curarlos sin anestesia.

 

8. Asuntos de familia

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Las orcas son animales sociales que viven en grupos estables de 10 a 15 cetáceos. En algunos grupos, las crías se quedan con sus madres para siempre. En cautiverio, las orcas son forzadas a vivir con orcas de otras unidades familiares que hablan un lenguaje completamente distinto que ellas, y constantemente las mueven a distintos sitios para que se reproduzcan y den presentaciones.

Las orcas sufren mental y físicamente sólo para llenar los bolsillos de SeaWorld. Pero todos podemos ayudarlas. La capacidad de ello está en nuestras manos con el lanzamiento del documental Blackfish, y una demanda reciente en contra de SeaWorld. Únete a la lucha contra la crueldad al no ir a este establecimiento nunca más.

 

También en Ecoosfera: ¿De dónde sacan los delfines con los que nadas en Playa del Carmen y Cancún?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



La Corte Internacional ordena a Japón detener su matanza anual de ballenas

La conservación de la ballena se anota una victoria importante contra la matanza y captura de los cetáceos por parte de Japón, país que hasta ahora estaba autorizado para matar anualmente 900 de estos mamíferos marinos.

En una decisión histórica que ha sido celebrada por miles de ambientalistas y millones de personas, la Corte Internacional de Justicia ordenó a Japón una suspensión a la matanza de ballenas. A pesar de que en 1986 se había decretado una prohibición contra esta práctica, Japón había logrado cobijarse alegando que utilizaba las ballenas como objeto de investigación científica, lo cual, a pesar de lo dudoso de su argumento, le permitía cazar un cierto número de cetáceos cada año. Desde 2010 el gobierno australiano había denunciado que buena parte de las ballenas terminaba en el mercado y no en el laboratorio, pero no fue hasta ahora cuando se activó la suspensión.

Peter Tomka, quien preside la corte en la Haya, determinó que Japón no acreditó las pruebas necesarias para validar su matanza de ballenas en aguas de la Antártida –bajo el programa llamado Jarpa II–, y por lo tanto está obligado a suspender inmediatamente dicha actividad.

La evidencia no establece que el diseño y la implementación de este programa sean razonables en relación a lograr sus supuestos objetivos (científicos). La corte concluye que los permisos especiales concedidos a Japón para la matanza, captura y procesamiento de ballenas bajo el programa Jarpa II no se están aplicando con fines científicos.

Hasta ahora Japón estaba autorizado para matar 850 ballenas de minke común (Balaenoptera acutorostrata), también conocida como ballena enana, y 50 ballenas de aleta (Balaenoptera physalus), a pesar de que esta última especie se encuentra en peligro de extinción.