“Tienen que salir de sus hogares. La tierra está contaminada”: esta fue la orden que cientos de pobladores recibieron en 2012 por parte del gobierno en un pueblo ubicado al oeste de Hungría. La medida fue tomada después de que peligrosos agentes tóxicos fueron esparcidos por el lugar.

Para la mala fortuna de los habitantes de este pueblo, nueve personas murieron y el lugar estuvo de luto.

Semanas después, poco a poco comenzó a notarse que las casas, el mobiliario urbano, las avenidas y los paisajes naturales comenzaron a teñirse de color granate.

Tras leer la noticia en un periódico, el fotógrafo español Palíndromo Mészáros se dirigió a Hungría para dar testimonio del caso. El resultado son estas imágenes que muestran la magnitud del hecho. Desde el suceso, los habitantes del pueblo miran su ciudad roja como una huella que sólo el tiempo, y quizá el clima, puedan borrar.