¿Cuáles son los animales más longevos de la Tierra?

En un ejemplo máximo de supervivencia, estos animales llegan a vivir, en algunos casos, hasta 200 años. Se trata de las especies más longevas del mundo animal.

Por diversos factores, el promedio de vida en los seres humanos aumenta año con año. Actualmente la cifra de una vida plena se traduce en 78.5, pero esto no es algo presumible si se compara con el número que algunas especies del reino animal llegan a alcanzar. Por ejemplo, hace unos días un pájaro celebró su cumpleaños 79 y un reptil se convirtió en padre a los 111 años de edad. ¿Alguna duda?

Estas especies, además de su innegable belleza natural, poseen una fuerte anatomía que les ayuda a hacer frente a los peligros con que se enfrentan cotidianamente.

Ballena azul

 

Gracias a su baja temperatura corporal, este enorme mamífero puede alcanzar la increíble cantidad de 2oo años de edad.

 

Cacatúa

En cautiverio, estas aves pueden vivir de 40 a 60 años. En el zoológico Brookfield, en Chicago, habita un ejemplar que arribó a las instalaciones en 1934.

 

Tortuga gigante

Para un ser humano, llegar a 100 años de vida es un gran reto, para las tortugas no es gran cosa, ya que éste es su promedio de vida. La semana pasada, el último de este ejemplar murió en las islas Galápagos a los 115 años.

 

Pardela

Esta ave, en promedio, vive sólo 15 años, pero un ejemplar de esta especie posee el Record Guinness por estar viva a sus 51 años y por haber volado más de 800 millones de kilómetros.

Gorila africano de lomo blanco

Su año de vida promedio es de 50 años, pero en cautiverio existe uno llamado Colo que ha alcanzado los 55 años en un muy buen estado de salud. Incluso algunos de sus cuidadores han muerto antes que el enorme primate.

 

Tuatara

Este reptil es nativo de Nueva Zelanda y puede vivir más de 100 años. ¿Qué es lo más sorprendente de esta especie? En el 2009,  un tatuara macho pudo procrear una cría a la edad de 111 años de edad.

 

Elefante asiático

El promedio de vida del elefante asiático es de 60 años, pero se tiene registro que el más antiguo de estos alcanzó la edad de 86 años. En 2003 murió en el zoológico de Taipei. Durante la Segunda Guerra Mundial, este elefante llevó suministros al ejército japonés en las selvas de Myanmar.

[HUFFINGTONPOST]



La verdadera (y trágica) historia de Jumbo, el elefante de la película “Dumbo”

Alcohólico, explotado y abusado por sus cuidadores, Jumbo llegó a ser una celebridad del siglo XIX, antes de que su historia llegara a manos de Disney (y hoy, de Tim Burton).

El clásico de Disney, Dumbo (1941), está basado en un cuento infantil escrito por Helen Aberson en 1939. A raíz de la versión live action realizada por el afamado director Tim Burton, la verdadera historia del elefante de carne y hueso en que se basa nos da una visión más real y descarnada de cuánto hemos avanzado en cuanto a los derechos de los animales. 

Según el documental de la BBC Attenborough and the Giant Elephant (2017), la historia comienza en Abisinia (hoy Etiopía, en África) en 1862, cuando unos cazadores capturaron un pequeño elefante de 2 años y medio, luego de matar a su madre. Le pusieron por nombre “Jumbo”, que en suajili significa “hola”.

La travesía de Jumbo lo llevó a París, y pocos años después a Londres, donde abundaban los elefantes asiáticos pero los africanos eran toda una rareza. Sin embargo, Jumbo estaba muy enfermo y se pensó que no viviría mucho. Esto fue hasta que entró a su vida Matthew Scott, una figura difícil de juzgar.

Scott cuidó a Jumbo a lo largo de ese tiempo, e incluso durmió en su jaula durante meses, lo que produjo un vínculo importante entre el cuidador y el elefante. Debido a su naturaleza social, el elefante creó un apego con Scott, que se hizo indispensable tanto para Jumbo como para los dueños del zoológico.

Londres amaba a Jumbo, “el elefante amable”: los niños paseaban sobre su lomo y la gente le regalaba pasteles y le daban monedas a Scott para acercarse al paquidermo. Sin embargo, el comportamiento de Jumbo cambió durante su adolescencia: destrozaba la bodega donde lo mantenían cautivo, y Scott no encontró otra solución para tranquilizarlo que darle a beber whisky.

Durante la siguiente década, Scott y Jumbo se hicieron celebridades, mientras el buen cuidador exigía más y más dinero al saberse indispensable para que el espectáculo siguiera en pie. Scott mantuvo en secreto la ingesta de whisky del animal, lo que aunado a los pasteles debió de haber dañado seriamente su dentadura y su sistema digestivo, según investigaciones forenses posteriores.

 

Jumbo viaja a América

Los dueños del zoológico de Londres decidieron vender a Jumbo al empresario estadounidense P. T. Barnum, creador de los freak shows ambulantes modernos, antes de que su errático comportamiento provocara una tragedia mayor. Jumbo fue recibido con gran júbilo en Estados Unidos, y fue utilizado junto a otros 20 ejemplares para mostrar la “solidez” del recién inaugurado puente de Brooklyn, en Nueva York.

Pero el estatus de celebridad de Jumbo era aún más sólido, y las constantes giras en tren, de ciudad en ciudad, le permitieron estar en contacto con otros elefantes, lo que mejoró su comportamiento y tal vez le permitió pasar algunos años felices.

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Barnum pagó el equivalente a 200,000 euros actuales por llevar a Jumbo a Estados Unidos

La historia llega a su fin un día de 1885, cuando el circo ambulante de Barnum llegó a Saint Thomas, en Canadá. La historia que contó el empresario fue que una noche, cuando se preparaban para meter a los animales en sus jaulas, un pequeño elefante llamado Tom Thumb paseaba por las vías del tren, sin notar que una locomotora se dirigía a toda velocidad hacia él. Se dice que Jumbo protegió con su cuerpo al bebé y murió en el acto.

Sin embargo, las historias verdaderas no eran el fuerte de Barnum. Según el documental de Attenborough, el empresario inventó esa historia para seguir lucrando con Jumbo luego de su muerte. En realidad, el elefante sí fue alcanzado por una locomotora mientras los demás animales subían a otro tren, pero el tinte heroico en realidad sería la última de una serie de mentiras y engaños que ocultaban el triste trato que recibían los animales del circo de Barnum.

Probablemente, también los constantes paseos sobre su espalda dañaron sus articulaciones. De acuerdo con los investigadores, el esqueleto del elefante al morir parecía el de un ejemplar mucho más anciano, y en realidad tenía 24 años, mientras que la esperanza de vida de un elefante africano en libertad puede rozar los 70 años.

Barnum había pagado por Jumbo el equivalente a 200,000 euros actuales, así que estaba decidido a exprimir su inversión, incluso después de que el animal murió. Vendió su esqueleto e hizo que un grupo de taxidermistas preservaran su cuerpo. Éstos encontraron una última sorpresa en el estómago: 300 monedas que Jumbo había aspirado a través de la trompa.

Hoy en día, la palabra “jumbo” es sinónimo de algo gigantesco, en gran parte gracias a la gigantesca visión (y falta de ética) de los cuidadores de animales. Helen Aberson cambió el nombre del elefante a “Dumbo” para darle un efecto más atractivo para los niños (dumb quiere decir “tonto”), pero pocos saben que la historia comenzó un día triste en que un pequeño elefante fue separado de su madre y llevado a la “civilización” occidental.

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Hoy en día, las leyes son mucho más severas con los circos y zoológicos que en la época de Jumbo

Por fortuna, los derechos de los animales cobran paulatinamente mayor fuerza en todas las legislaciones del mundo. Los circos con animales, así como los zoológicos, enfrentan una crisis desde hace años debido a los esfuerzos de los ambientalistas y protectores de animales, que han creado conciencia sobre la dura vida de los animales en cautiverio. No obstante, la historia de Dumbo, el elefante volador, sigue siendo un clásico indiscutible del cine, que seguramente dará mucho más de qué hablar.



Esta es la primera especie extinta de 2019 😐

Era el único ejemplar vivo de su especie en Hawái.

Una especie más de este planeta ha llegado a la extinción. Los científicos de la Universidad de Hawái presenciaron este 1o de enero el fin del Achatinella apexfulva, o caracol hawaiano.

Este caracol llevaba 14 años viviendo en el plantel de la universidad. Su nombre era George, en honor a una tortuga de las Galápagos cuya muerte también dio fin a su especie. 

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La extinción de George es una muestra emblemática del problema que azota a los ecosistemas de Hawái. Antes, la variedad de criaturas emparentadas con George era increíblemente diversa: 750 especies de moluscos solían habitar en la isla.

Ahora, según la revista National Geographic, el 90% de los moluscos hawaianos está extinto. 

El caracol hawaiano cumplía una función importante en este ecosistema. Habitaba en los árboles y se alimentaba de los hongos que crecían sobre sus hojas, ayudando a mantenerlos libres de enfermedades. 

Por más pequeña que una pérdida así pueda parecer, especies como la de George realmente cumplen un papel ecológico fundamental: descomponen el material sólido que queda en la tierra después de la erosión y ayudan a regenerarla. 

Que un ejemplar del caracol hawaiano siguiera vivo tras décadas de peligro crítico demuestra el poder de resiliencia de la naturaleza; pero ésta tiene un límite.

Las especies animales han hecho lo posible por adaptarse a las perturbaciones de su hábitat. Comprender sus ritmos y procurar su supervivencia es una tarea que ahora recae en nosotros

 

* Imagen destacada: Sustainability Times