Cambio climático, ¿realidad o teoría de la conspiración?

Puede resultar totalmente increíble, pero un gran número de la población mundial aún no se percata de las transformaciones que el planeta ha sufrido debido al cambio climático.

Cuando se habla de teorías de la conspiración, el tema en sí trae consigo un halo de misterio y quizá hasta de morbo. A lo largo de la historia de la humanidad han existido muchos mitos acerca de la llegada del hombre a la luna, de la caída de las Torres Gemelas y, recientemente, del cambio climático.

Resulta increíble la comparación entre todos estos sucesos, pero una nueva investigación, que se publicará en la revista Psychological Science, ha encontrado una relación entre el rechazo de las teorías de la conspiración y el cambio climático.

Una encuesta realizada entre mil lectores de distintos sitios web relacionados con el cambio climático, demostró que las personas que creen en las teorías de la conspiración, son más propensas a creer que el cambio climático es una realidad muy lejana y casi inexistente.

El estudio reveló que aquellos que apoyaron la teoría de que el 9/11 había sido un atentado planeado por el gobierno estadounidense, también eran más propensos a rechazar hechos científicos que demostraban de manera fehaciente el cambio climático.

No se trata sólo de creer o no en el cambio climático, sino de que la conciencia y la sensiblidad en en estos temas es más importante que cualquier otra prueba científica. Resulta contradictorio que se le dé más credibilidad a una teoría sin fundamento alguno, que a cientos de miles de pruebas que comprueban que el cambio climático es una realidad.

El estudio sugiere que estos temas deben ser tratados como entidades científicas que, afortunadamente, pueden ser vistas desde distintos puntos de vista: el sociológico, político y social, con la finalidad de que el cambio climático finalmente penetre en la mayoría de los terrícolas.

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De lo emocional a lo político: cómo afecta el cambio climático a la humanidad (Cortometraje 📽️)

Una niebla silenciosa y densa… Este cautivador documental intenta comprender exactamente qué está en juego cuando hablamos de cambio climático.

El cambio climático es una niebla densa; un cúmulo invisible de gas que nos recubre, pero que percibimos como lejano e invisible. Tendemos a relacionarlo con capas de hielo que se derriten a miles de kilómetros y escenarios posapocalípticos que no llegaremos a ver, pero su amenaza difusa persiste.

¿Cómo medir la magnitud de esta niebla? Y, más importante, ¿cómo detenerla? En The Measure of a Fog (La medida de la niebla), un cautivador documental sobre el cambio climático, Ian Cheney nos habla justamente de cercanía. Para entender la magnitud del calentamiento global, hay que dejar de pensarlo como un lejano mal augurio y fijar la mirada en terrenos reales, pero insospechados.

Sabemos que la ciencia lleva la batuta en este tema: sus estadísticas y predicciones dirigen este conflicto de la especulación a los hechos. Lo imprevisible es que, detrás de las gráficas, se oculta también un conflicto moral. Pero los efectos verdaderamente devastadores del cambio climático no se verán hasta las próximas generaciones, y en un mundo que gira en torno a ciclos cada vez más breves, es difícil que nuestra compasión se extienda más allá de algunos años.

¿Cómo pensar en las personas que heredarán una Tierra extraña que aún no logramos separar de la ficción?

El rostro emocional del cambio climático también entra en cuestiones económicas. Los países en vías de desarrollo llevan, desde este calificativo, la pesada carga del progreso. Esta idea de crecimiento desenfrenado depende, en gran parte, del uso excesivo de combustibles fósiles.

Para cambiar esta estructura económica habría que modificar la estructura mental que dibuja el progreso como una línea recta hacia el infinito.

No será fácil abrirse paso entre esta niebla, pero para Cheney, es posible arrojar luz sobre esa incertidumbre contando historias como la suya. Si nos ponemos a pensar en qué nos queda de las generaciones pasadas, si las reducimos a su expresión más pura, encontraremos dos cosas: arte y pensamiento.

Para las futuras generaciones, pero sobre todo para las de este presente, las historias que contemos y reproduzcamos sobre el calentamiento global nos ayudarán a esparcir la urgencia del cambio.

Las soluciones para este complejo conflicto no serán inmediatas. La obra de Cheney no tiene la pretensión de resolverlo, sino de encontrar patrones que nos permitan discernir esta niebla y dar sentido a sus contornos.

Acá los links para encontrar la serie de cortos completa:

Distance”, “Carbon”, “Energy”, “Geoengineering”,  “Politics” y “Ethics”.

Si quieres saber cuáles de tus hábitos contribuyen al cambio climático, visita también este enlace.



El oasis convertido en desierto: imágenes de un mundo post calentamiento global (📸)

En “Forgotten Dried Land”, el fotógrafo Mohammad Baghal Asghari documenta la sequía que ha devastado los campos de Irán durante los últimos 30 años.

Los últimos 30 años han sido terribles para los pobladores de la provincia de Kermán, en Irán. Una región que alguna vez fue rica gracias al cultivo de palma y donde el agua no había escaseado, se convirtió poco a poco en un desierto debido a la escasez de agua y malas prácticas de cultivo.

 

El fotógrafo Mohammad Baghal Asghari realizó esta serie titulada Forgotten Dried Land (La tierra seca olvidada) para documentar la vida de los pobladores de Kermán, la cual puede leerse como una escalofriante profecía de un mundo cada vez más caliente.

Varias son las razones de la ruina de Kermán: la sequía fue provocada por una falta de lluvia extrema, lo que secó los pozos y acabó con los cultivos de palma y pistache; los granjeros utilizaron químicos en los cultivos, lo cual agravó la erosión de la tierra y no se logró recuperar la producción ni las exportaciones del pasado, además de que la ganadería se hizo insostenible. Desde entonces, más de 20,000 hectáreas de cultivo se han convertido en desierto.

El calentamiento global solamente aceleró las duras condiciones de sus pobladores, muchos de los cuales han intentado hacer tomas de agua ilegales, lo que está penado por el gobierno iraní. Ante esto, la ONU ha declarado a Irán como una zona de “escasez de agua”.