Bellezas naturales que en 50 años probablemente ya no existan

Irremediablemente estas maravillas naturales han sido devastadas por el calentamiento global, y el daño aún continúa… Recomendamos que al menos visites una de ellas porque los científicos esperan que algunas desaparezcan en su totalidad.

Mientras el nivel del mar aumenta, los glaciares se deshielan y los desiertos consumen territorios cercanos, todo ello por el calentamiento global, aún quedan destinos paradisíacos que hay que conocer antes de que desparezcan. Según datos de científicos y evidencias que así lo demuestran, ésta será la última generación que tenga acceso a estas maravillas naturales.

Parque Nacional Los Glaciares

Hace 100 años, existían más de 150 glaciares en todo el parque, para el 2005, sólo quedaban 27, y para el 2030 se espera que desparezcan todos. Muchas de las especies que allí habitan necesitan las heladas aguas para sobrevivir, y si éstas se extinguen, los animales también.

Venecia, Italia

En el 2009, el nivel del agua alcanzó los 130 centímetros. Durante las últimas décadas, Venecia se hundido poco a poco, y la frecuencia de estos hundimientos aumenta cada año, dejando la pregunta de cuánto tiempo más permanecerá por encima del agua.

Gran arrecife coralino

Su tamaño es tan sorprendente, que se puede observar desde el espacio, pero el cambio climático se está encargando de exterminarlo. Lo que tomó 8 mil años en formarse, está desapareciendo a un ritmo estrepitoso.

Desierto de El Sahara

Los científicos estiman que su crecimiento es de 0.5 kilómetros por año, por lo que se espera que a este ritmo, termine por consumir toda la parte norte de África, alterando todo el medio ambiente del continente.

Las islas Maldivas

Esta región del planeta es la más baja del mundo, lo que se traduce que con el aumento del nivel del mar, estas islas serán la primera masa terrestre habitada que será engullida totalmente por el mar.

Patagonia

Esta hermosa y virgen región del planeta está siendo severamente alterada por el cambio climático, sus glaciares están retrocediendo y derritiéndose a una velocidad inesperada. No desaparecerá totalmente, pero sí se verá afectada en demasía.

[MNN]



Sólo el 23% de la naturaleza del planeta es virgen (protejamos lo que nos queda)

Un estudio señala que la mayor parte de nuestro planeta se ha modificado bajo el influjo de las industrias humanas. Ahora está en nosotros proteger lo que queda de la naturaleza.

Hubo un momento en la historia de este planeta en que el verdor se extendía más allá de lo que nuestra mirada podía ver. Hoy en día, sólo el 23% de nuestro planeta es tierra virgen. ¿Qué ha ocurrido con el resto?

Un nuevo estudio publicado en la revista Nature ha encontrado que el 77% de la tierra y el 87% del océano han sido modificados por la industria humana. Los edificios, carreteras, minas y cultivos del hombre se extienden a lo largo de todos los ecosistemas del planeta. En el océano, las zonas libres de contaminación y de la industria pesquera ya sólo se concentran en el Ártico.

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La expansión humana está terminando poco a poco con los lugares salvajes, y el panorama es preocupante. La gran mayoría de los territorios vírgenes que aún conserva nuestro planeta están repartidos en tan sólo cinco países: Rusia, Canadá, Australia, Estados Unidos y Brasil. Sin embargo, es crucial que todas las naciones del mundo cooperen para conservar los últimos vestigios de naturaleza. 

 

¿Por qué es tan alarmante esta noticia?

A pesar de que ciertas alteraciones han sido necesarias para la evolución de las sociedades humanas, pensar en un planeta sin zonas salvajes es renunciar a las miles de especies animales que se refugian en ellas. Tampoco hay que olvidar que estas áreas son nuestra principal arma contra el cambio climático. Absorber lo último que queda de naturaleza sería catastrófico para la Tierra.

Los pasos que tomen las naciones que contienen el resto de los ecosistemas intactos en nuestro planeta serán cruciales para garantizar un futuro sustentable. Ahora más que nunca, urge regularizar las industrias mineras y pesqueras y limitar la expansión de megaconstrucciones.

Los autores del estudio proponen que se impulse un tratado internacional al estilo del Acuerdo de París (que toma acción contra el cambio climático) para prevenir más destrucción. Globalmente es una estupenda idea, pero, ¿qué podemos hacer nosotros?

Diariamente sufrimos los estragos de la expansión industrial acelerada, en especial quienes habitamos en las grandes ciudades. La falta de árboles ha envenenado cada vez más el aire, lo cual a la larga causará todo tipo de enfermedades. Las emisiones de CO2 producidas por las industrias alimenticias también contaminan, y no hablemos de los residuos de plástico que eventualmente terminan en nuestros estómagos.

La pérdida de estos ecosistemas va más allá de la salud física. Es necesario luchar activamente contra tanta devastación. Recordar que existen formas de arrasar con el cambio climático desde nuestro lugar, pero que también es necesario tomar postura como ciudadanos que encauzan decisiones a través de sus gobiernos. Si bien la industria privada y las instituciones gubernamentales toman las decisiones, la última palabra es nuestra. Votemos en favor de la información fundamentada, del ciudadano activo. Hagámosle saber al otro, a nuestros hijos… Eliminemos la ignorancia.

Es lo mínimo que podemos hacer para asegurarnos de que las siguientes generaciones (o inclusive la nuestra) puedan tomar un respiro de aire fresco y contemplar las áreas salvajes en todo su esplendor originario.



Factores contaminantes que afectan a las ballenas

Varias especies de cetáceos se encuentran en grave peligro de extinción a causa de las actividades industriales humanas. La regulación de éstas es la única manera de disminuir el daño hecho.

* Por: Valeria Jasso Rodríguez

 

Hasta hace poco tiempo, el hombre creía que debido a la inmensidad y profundidad de los océanos, podía verter basura y sustancias químicas en cantidades ilimitadas sin que esto tuviera consecuencias, incluso tenían un eslogan: La solución a la contaminación es la dilución”. Botello (2009) expone que el mar cubre el 71% de la superficie de la Tierra, tiene 2.7 kilómetros de espesor (promedio) y 1,400,000 kilómetros cúbicos que se distribuyen en toda la superficie terrestre. La magnitud de estas cifras ha contribuido al mito de que el mar tiene una capacidad de dilución infinita y que, por lo tanto, puede servir como un gigantesco vertedero para todos los desechos producidos por el hombre. Este mito estaría justificado si los desechos se dispersaran y diluyeran instantáneamente, pero en el mar los procesos físicos no actúan tan rápido, de manera que en algunas zonas los desechos se pueden acumular y, en consecuencia, dañar al medio.

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La contaminación marina se define como:

la introducción, directa o indirecta, de sustancias o energéticos en el medio marino, la cual acaba por dañar los recursos vivos, poner en peligro a la salud humana, alterar las actividades marinas, entre ellas la pesca y reducir el valor recreativo y la calidad del agua del mar

(Joint Group of Experts on the Scientifics of Marine Pollution, 1972)

Aunado a esto, factores como el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono, la sobreexplotación de los recursos marinos, las alteraciones de los sistemas costeros y oceánicos, y la contaminación química y acústica, son algunas de las amenazas a las que están sometidas las poblaciones de cetáceos alrededor del mundo.

El Centro de Conservación Cetácea expuso en 2002 que la contaminación ambiental producida por las actividades humanas afecta directamente a todas las especies marinas. Si dichas amenazas se consideran a manera individual, éstas son preocupantes tanto para las poblaciones de ballenas en la actualidad como para el futuro de los océanos en general. Este ensayo analiza el efecto directo que tienen los contaminantes derivados de las actividades humanas en el océano sobre los cetáceos más vulnerables.

Siglos atrás, todas las especies de ballenas grandes, excepto la ballena franca pigmea, se cazaron sistemáticamente en el Atlántico Sur. En algunas épocas, especialmente entre los siglos XVII y XIX, los cetáceos fueron víctimas de la cacería más indiscriminada, reflejándose ello en la reducción de sus poblaciones. Debido a esto, la Comisión Ballenera Internacional prohibió la caza comercial de cetáceos en 1986 para evitar su extinción, a pesar de que países como Japón lo continúan haciendo bajo la polémica justificación de “caza científica”.

Hoy en día, de las 83 especies de ballenas que existen en todo el mundo, las especies más amenazadas son:

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae)

Ballena boreal (Balena mysticetus)

Cachalote (Physeter macrocephalus)

Beluga (Delphinapterus leucas)

En cuanto a la contaminación marina, diferentes formas de contaminación invaden los mares.

 

Contaminación sónica

La contaminación sónica es el primer factor que más afecta a las poblaciones. Esto se debe a que los mamíferos marinos son criaturas altamente orientadas por los sonidos, y al ser expuestos a grandes niveles de ruido, las ballenas y los delfines sufren daños en su audición, e inclusive, otras formas de daño físico y psicológico. Actividades tales como la exploración petrolífera y de gas, la construcción de plataformas petroleras, los sonares activos y las pruebas militares con explosivos, el uso de aparatos acústicos para ahuyentar a los mamíferos marinos de las redes de pesca y de los criaderos de peces, los experimentos marinos que causan grandes niveles de ruido y el creciente nivel de ruido de motores de barcos pueden tener consecuencias severas y de debilitamiento a largo plazo en las ballenas, son todas fuentes de contaminación para estos mamíferos.

De acuerdo al Consejo de la Defensa de los Recursos Naturales (1999), la explotación marina ha aumentado el nivel de ruido del océano desde la Revolución Industrial. De hecho, se estima que entre 1950 y mediados de la década de los 70, el ruido generado por actividades humanas en las costas y mares ha elevado el nivel de ruido ambiental del océano en 10 decibeles.

 

Residuos sólidos

Más allá de la contaminación acústica, los cetáceos se encuentran también expuestos a otros tipos de contaminación. El segundo en importancia serían los residuos sólidos como bolsas, espuma y otros desechos vertidos en los océanos desde tierra o desde barcos en el mar que acaban siendo con frecuencia alimento de mamíferos marinos, peces y aves que los confunden con comida, con consecuencias a menudo desastrosas. Las redes de pesca abandonadas permanecen a la deriva durante años, y muchos peces y mamíferos acaban enredados en ellas. En algunas regiones, las corrientes oceánicas arrastran billones de objetos de plástico en descomposición y otros residuos hasta formar remolinos gigantescos de basura.

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Cambio climático

En 1997, IWC dedujo que la temperatura en la Antártida aumentará más que en otras regiones del planeta, con la posible excepción del Ártico. Sin embargo, los registros de De la Mare, W. K., sugieren que la masa de hielo antártico ha disminuido un 25% entre 1950 y mediados de 1970, lo que significa una reducción de masas de hielo durante el invierno, pudiendo tener esto impactos negativos en la disponibilidad de alimento de la cadena alimenticia.

 

Contaminación química

En 1998, la Agencia Ambiental Europea publicó que, solamente en 1995, la producción mundial de productos químicos alcanzó 400 millones de toneladas. La situación es preocupante si se considera la falta de monitoreo e información sobre estos productos, su nivel de concentración en el aire, agua, sedimentos, suelos, especies y alimentos, y sus efectos están literalmente contaminando los tejidos de las ballenas. La HIS sospecha que algunas muertes y encallamientos de ballenas son causados por fallas del sistema inmunológico, resultado de la exposición de tejidos; otros productos tienden a acumularse en el cerebro, órganos vitales y grasa de los animales, y su efecto es acumulativo a través de la cadena alimenticia.

Recientes análisis de ADN indican que la venta de carne de ballena en los mercados asiáticos, obtenida a través de la denominada caza científica, ha posibilitado un activo tráfico ilegal de especies de ballena protegidas actualmente por la CBI y la CITES. Desde 1986, más de 1,000 toneladas de carne ilegal destinadas al mercado japonés han sido confiscadas. La reapertura del comercio de productos de ballena podría incrementar las operaciones de caza pirata y las oportunidades de comercializar ilegalmente carne y productos de especies protegidas, como la ballena de Bryde o Minke, entre otras.

Las soluciones viables para detener la declinación de la industria pesquera son aliviar la presión sobre las poblaciones de peces capturados y eliminar la sobreexplotación actual. Cualquier sugerencia distinta es sólo un intento de la industria pesquera de evadir su responsabilidad en la desaparición de los recursos pesqueros, evitar tomar las medidas necesarias para la recuperación de las poblaciones de peces sobreexplotados y promocionar internacionalmente la reapertura de la caza comercial de ballenas.

En conclusión, las investigaciones muestran que las regulaciones en cuanto al manejo de desperdicios químicos y otros contaminantes, al igual que la contaminación sónica y la pesca masiva, no tienen ningún impacto en quienes las practican alrededor del mundo. Para las diferentes poblaciones de cetáceos, estas y demás actividades humanas hacen que la recuperación sea mínima o casi nula y algunas especies estén al borde de la extinción. Quizá con el paso del tiempo, lejos de encontrar una solución o ver una mejoría, los cetáceos afectados hayan utilizado diferentes rutas migratorias, hayan desarrollado nuevas enfermedades y algunas especies hayan desaparecido.

 

Bibliografía

Botello, A. V. (2009). Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, UNAM. Recuperado de: http://www.posgrado.unam.mx/publicaciones/ant_omnia/23/07.pdf.

Conf 9.24 de la CITES. Recuperado de: http://www.cites.org/esp/resols/9/9_24.shtml.

De la Mare, W. K. (1997). Abrupt mid-twentieth-century decline in Antarctic sea-ice extend from whaling records. Nature, vol. 389. Pp. 57-59.

EEA/UNEP. (1998). Chemicals in the European Environment: Los Doses High Stakes? Report by the European Environment Agency/Unites Nations Environment Programme.


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Mathews-Amos y E. A. Benson. (1999). Turning Up the Heat: How Global Warming Threatens Life in the Sea. Report prepared by the Marine Conservation Biology Institute
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P. A. Fair y P. R. Becker (2000). Review of Stress in Marine Mammals. Journal of Aquatic Ecosystem Stess and Recovery, no. 7. Pp. 335-354.

The Natural Resources Defense Council. (1999). Sounding the Depths: Super-tankers, Sonar and the Rise of Undersea Noise.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.