Vegetación desértica, una muestra de supervivencia

Las imágenes del desierto parecen ser infinitas, como aquel efecto que produce el mar, pero inclusive en este clima tan extremo, la vegetación se manifiesta.

El desierto: calor, sequía, arena y más arena… Mirar al horizonte en tan difícil ecosistema es sentirse atrapado en una enorme jaula hirviente. Al no ser que te puedas encontrar una de estas plantas que, aunque sea poco, te dé la esperanza de que no todo está perdido y que tienes salvación.

Estas plantas también podrían ser una metáfora de la depresión en la condición humana: la desértica vida a veces golpea, haciéndonos perder toda pizca de esperanza, pero finalmente, a pesar de que todo los embates, la lucha por vivir continúa.

Este pequeño arbusto fue descubierto en el desierto de California en lo que parece ser un lago seco. A pesar de la esterilidad del suelo, esta especie encontró una fuente que le provee agua.

Dentro de las grietas del desértico territorio de Utah, esta planta con flores amarillas fue hallada representando un verdadero oasis.

 

Este es una prueba de una Yuca Soaptree. Difícilmente puede apreciarse en cualquier parte del mundo, pero afortunadamente germinó en las arenas del White Sands National Park.

 

Las arenas blancas del desierto de México vuelven a dar una muestra que en su superficie mineralizada es capaz de gestarse una vida vegetal que le dé color al paisaje.

El desértico paisaje de Arabia Saudita es el testigo de que esta curiosa planta extiendas sus tallos, dejándolos reposar en el marrón de su arena.



Perderse en el desierto para perder el miedo: lecciones del Sahara, cortesía de Antoine de Saint-Exupéry

Una experiencia al filo de la psicodelia llevó a este aviador a conocer la verdad de la tierra y del hombre.

Noches aéreas, noches del desierto… Son ocasiones singulares que no se ofrecen a todos los hombres.

Antoine de Saint-Exupéry

El desierto es un lugar de imbatibles espejismos, de áridos delirios, y uno que otro oasis que deviene verdad. Por eso, bien puede ser el lugar en el cual recobrar la humanidad perdida. Eso lo convierte en un ecosistema peculiar, que evoca ambiguos placeres, y en el cual nada está dicho ni definido. Es un espacio que no presupone nada, y sólo perdiéndose en él es como puede conocérsele.

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Leah Kennedy

Fue en el desierto del Sahara donde Antoine de Saint-Exupéry se reencontró consigo mismo. Ahí, acarició una verdad que no comprendía del todo:

Me he visto perdido, ha querido tocar fondo en mi desesperación y, una vez aceptada la renuncia, he conocido la paz. Me parece que es en esos momentos cuando uno se encuentra consigo mismo y se transforma en su propio amigo.

¿Es necesario perderse en el desierto para perder el miedo? Quizá sí, porque nuestro miedo más acérrimo nace de profundas escisiones: de la naturaleza, de la comunidad. Y de la tierra. Por eso, nos dice el filósofo de la vida cotidiana:

La verdad no es lo que se demuestra. Si en esa tierra, y no en otra, los naranjos echan sólidas raíces y se llenan de frutos, esa tierra es la verdad de los naranjos.

Así es también la verdad para el hombre cuando camina sobre territorios indómitos como el Sahara: cuando se pierde en el desierto, como Antoine de Saint-Exupéry y su mecánico, André Prevot, quienes se estrellaron en el desierto libio el 30 de diciembre de 1935.

Sólo contaban con medio litro de café en un termo pulverizado, 1/4 de vino blanco, un racimo de uvas, una naranja y una aferrada esperanza de que podrían encontrarlos. Pero los hombres no llegaron: Prevot y Saint-Exupéry los tuvieron que encontrar –real y metafóricamente–, y sólo tras caminar decenas de kilómetros.

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De esta experiencia que auguraba una muerte segura surgiría la inspiración para Le petit prince, la más icónica novela de Saint-Exupéry, un hombre a quien su oficio lo hizo filósofo. Un hombre que usó su avión como un medio para encontrar la verdad campesina del mundo.

En las memorias tituladas Terre des hommes, Saint-Exupéry no sólo narraría esta experiencia psicodélica en el Sahara, sino que intentaría bosquejar lo que ser aviador de Aéropostale le había enseñado sobre el ser humano. En las últimas páginas de este trabajo autobiográfico, concluyó parte de sus reflexiones con una verdad inconmovible:

[…] si ha parecido que quería empujaros a admirar en primer lugar a los hombres, he traicionado mi objetivo. Lo que es en primer lugar admirable es la tierra que los ha fundado.

Con la garganta degollada por una sed que embriaga, con la desesperación a flor de piel por caminar sin llegar a ningún lado, con la imaginación desparramada que a falta de espejismos los inventa a cada paso, así deliraban en el Sahara Saint-Exupéry y su mecánico, entre pozos ficticios y árabes nómadas fantasma. Ambos llegaron a maldecir su suerte y odiar ese territorio salvaje donde no llovía.

Pero poco a poco, como se muestra en Terres des hommes, Saint-Exupéry comulgó con el desierto y develó sus verdades. “He querido mucho al Sahara”, rememora con melancolía en el texto: “He pasado noches en territorio rebelde”.

Así se reencontró a él y a todos los seres humanos. Perderse en el desierto lo hizo perder el miedo, y lo dejó ver al hombre desnudo sobre la tierra y sin temor a la intemperie.

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Esto hacen tus plantas cuando no las ves (🎥)

¿Te has preguntado qué hacen las plantas cuando no les prestas atención?

No olvidemos algo: las plantas son seres vivos. Tienen mecanismos de defensa ante el daño, y la capacidad de adaptación que es inherente a toda la naturaleza. Sabemos que se abren al sol para recibir energía y también cierran sus hojas, pero, ¿qué tanto se mueven en realidad?

Según un video publicado por houseplantjournal en Instagram, las plantas se mueven, y mucho. El clip muestra a dos ejemplares caseros -una oxalis y una marantra- grabados a lo largo de 1 día, y el resultado es fascinante. 

Sus hojas ondulan, vibran y se balancean como si quisieran hacer un llamado. Al observar su baile, no queda ninguna duda de que son seres llenos de vitalidad, aunque su ritmo difiera del nuestro.

Míralas moverse:

¿No te dan ganas de ponerle un poco de música a tus plantas?