Granjas citadinas en Tokio

El grupo de arquitectos ON Design Partners desarrolla una hermosa granja citadina que, además de ser funcional, decora el lugar en el que se encuentra, dándole un vida a dicho espacio.

La densidad poblacional en Tokio es, a menudo, un impedimento para que áreas verdes se desarrollen y crezcan en esta enorme  ciudad.

El despacho de arquitectos ON Design Partners rompió con esta tendencia, realizando un pequeño pero provechoso espacio en el que es posible cosechar frutas y legumbres en del bullicio tokiota.

La granja citadina consiste en una enorme caja de cristal donde crecen vegetales que son cosechados con esmero para posteriormente ser cocinados en un restaurante adyacente a la granja.

La creación de ON Design Partners no debería ser considerada simplemente un jardín común y corriente; detrás de su construcción existe un extenso proyecto que se planeó meticulosamente para que la caja de cristal se adecuara, sin afectaciones, a la perfección en el espacio que se le tenía asignado.

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Dibuja un árbol y conocerás el universo: esto es el ‘rakugaki’

Para el diseñador japonés Bunpei Yorifuji, dibujar no se trata de hacerlo bien. Descubre el porqué.

Encontrar los dibujos de la infancia, ya sea por accidente o porque tus padres los presumen, es un momento mágico que puede provocar alegría y nostalgia. Al mirarlos, ¿quién no ha extrañado a su niño interior del pasado? Esa máquina de historias y dibujos de personajes en mundos fantásticos. ¿Cuántas personas dejaron de hacerlo, ante las críticas de su profesor de arte sobre la falta de realismo?

Pero para el diseñador e ilustrador japonés Bunpei Yorifuji (1975), dibujar es decir lo que piensas. Es una forma de dar vida a tus ideas y entrenar la imaginación. No se trata de talento innato, de estilo, ni de hiperrealismo, sino de interpretación. 

Dibujar significa observar dentro, y fuera de nosotros (…) Lo que nos interesa o nos mueve.

Estas y otras ideas están incluidas en su libro Rakugaki: Cómo potenciar la imaginación a través del dibujo (Blackie Books, 2017).

 

 

Con ejercicios muy sencillos, el ilustrador japonés se convierte en un guía del rakugaki, término japonés que podría traducirse como “grafiti” o “garabato”. Algo así como “dibujo hábil y rápido”. En palabras del autor, es:

(…) el dibujo más pequeño con que se puede representar el universo más grande que existe.

El rakugaki permite ver las cosas desde otro punto de vista. Dibujar se trata de interpretar y no de copiar, de dar vida a mundos imaginarios través de las líneas.

Tomemos un árbol como punto de partida. Normalmente dibujamos el tronco, el follaje y el pasto base. Pero esto es sólo una “ínfima parte de lo que podemos dibujar”, dice el autor. El ser humano tiene distintas visiones de su realidad. Puede dibujar el árbol a través de la clorofila de sus hojas (visión microscópica), sus raíces bajo la tierra (estructural), o incluso el árbol a través del tiempo (visión temporal).

O mejor dicho:

No se trata de simplificar una forma al plasmarla, sino más bien integrar en una línea sencilla posible las experiencias, conocimiento de lecturas, sensaciones y la propia imaginación.

El dibujo ha sido importante para la ciencia y las artes. Los dibujos de Leonardo da Vinci fueron sumamente importantes para sus creaciones finales, y la esencia en el trabajo de Pablo Picasso o Keith Haring.  

Keith Haring

Cat, de Picasso

 

En el caso de Bunpei Yorifuji, el dibujo es el inicio de todo. Y algunas veces, puede ser la mejor manera de decirle algo al mundo. ¿Qué te parece?

 

Rakugaki: Cómo potenciar la imaginación a través del dibujo (Blackie Books, 2017)

Autor: Alex GR


Las granjas verticales de LED podrían terminar con el hambre (¿y dejar a millones sin empleo?)

¿Existirá un mercado dispuesto a comprar vegetales de alto costo producidos por robots?

Las granjas verticales en entornos urbanos llevan haciendo ruido desde hace algunos años, pero hasta el momento su implementación a gran escala (paradójicamente) no ha rendido frutos. Sus ventajas parecen numerosas, pero también sus desventajas.

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Pero en el 2017 Plenty entró al mercado, con la promesa de hacer bien lo que otros en el pasado no pudieron.

En esencia, parece que Plenty está haciendo todo bien: cuenta con un financiamiento estimado en unos $200 millones de dólares, sus vegetales ya son usados en restaurantes de fama mundial, apuesta a mejorar el proceso de producción de alimentos con inteligencia artificial automatizada casi por completo y además, al utilizar tecnologías libres de tierras, producirá muchos menos desechos, no utilizará pesticidas y una sola granja puede generar más de 2,250 millones de toneladas de verduras al año.

¿Suena demasiado bien? Tal vez es demasiado bueno para ser verdad. Veamos ambas caras por separado:

 

Lo bueno

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Como dijimos antes, las granjas verticales no son una idea nueva, sino que llevan años en desarrollo. El director general de Plenty, Matt Barnard, es un inversionista y agrónomo que hizo su doctorado en cultivos verticales.

Los cultivos funcionan así: cada granja se sitúa cerca de un centro urbano de alta población; por dentro, está formada por hileras de torres de 7 metros de altura, y a diferencia de los cultivos en anaquel de otros competidores, se utiliza la gravedad para hidratar las plantas de arriba hacia abajo. No se usa ningún tipo de tierra, y las plantas crecen en botellas plásticas recicladas. Toda el agua es recolectada y reciclada.

La iluminación de estos cultivos proviene de poderosas lámparas LED, cuyo costo ha bajado cada vez más en los últimos años, por lo que las emisiones contaminantes también disminuyen. En las instalaciones hay miles de cámaras y sensores infrarrojos que miden parámetros de temperatura, humedad y crecimiento, lo que en el futuro permitirá refinar aún más el proceso y evitar desperdicios.

Sus promotores afirman que pueden crecer cualquier tipo de verduras con este método, excepto las que requieren raíces profundas o que crecen bajo tierra, como las leguminosas, papas o camote; tampoco crecerán árboles frutales. Por ahora se han concentrado en distintas variedades de lechuga, albahaca, kale y hojas de mostaza.

Las instalaciones de Plenty en San Francisco ya cuentan con la certificación orgánica, además de que al abrir plantas en cada ciudad del mundo, también serán locales, por lo que los costos de transporte y almacenamiento se reducirán. Esto sin contar que la compañía planea que los vegetales estén disponibles para los consumidores en cuestión de horas (en lugar de semanas) tras haber sido cosechados, lo que garantiza que lo que comas será sumamente fresco y no habrá pérdida de su valor nutricional. La compañía planea abrir una granja vertical en las afueras de cada ciudad del mundo que cuente con más de 1 millón de habitantes: unas 500, según los estándares actuales de población.

Financieramente, también parece ser un buen negocio: Plenty afirma que puede tener lista una granja vertical en 30 días con un retorno de inversión de 3 a 5 años, en lugar de 20 a 40 años, como las granjas tradicionales.

Según una entrevista con Barnard, la agricultura es un “problema de optimización gigante”, debido a la cantidad de variables que entran en juego: agua, semillas, nutrientes y una gran cadena humana de producción. Los cultivos tradicionales dañan la tierra de muchas maneras, y las cadenas de distribución (en forma de transportes) contaminan y utilizan espacio de almacenamiento.

Para el empresario y agrónomo, Plenty “es [la forma de agricultura] más eficiente en términos de la cantidad de capacidad productiva por dólar invertido. Punto”.

 

Lo no-tan-bueno

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Uno de los inversionistas de Plenty es Jeff Bezos, a quien tal vez recuerdes por ser el fundador de Amazon, y también el hombre más rico del mundo.

Luego de que compañías como PodPonics se declararan en bancarrota en el 2016, la floreciente industria de los cultivos verticales pareció quedar como una promesa fallida, o como un motivo decorativo demasiado costoso en los edificios que los adoptaron.

Por una parte, el costo de instalación de las granjas verticales es altísimo. Empresas como Freight Farms estiman que cada una de sus instalaciones cuesta unos $85 mil dólares, sin contar los costos de ponerla a funcionar. Este monto es mayor que el de las granjas tradicionales, además de que, con el tiempo, el valor de la tierra tiende a aumentar.

Por otro lado, la comida producida por este método también es muy costosa. Se estima que el gasto puede duplicar el del mercado orgánico actual. Claro, seguramente será la mejor lechuga que has probado en tu vida, pero no es viable para cualquier tipo de consumidores.

Otra de las críticas en contra de las granjas verticales es que reemplazan el único insumo gratuito de la agricultura (la luz solar) por lámparas artificiales. Aunque algunas empresas han planteado la posibilidad de usar paneles solares para echar a andar las operaciones, ¿no es un poco contradictorio utilizar energía solar para hacer luz artificial que tiene la misma función que el sol en la fotosíntesis?

 

¿El fin de los granjeros?

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Sin embargo, el problema más grande para crear la utopía de las granjas verticales urbanas recae en el factor humano. Las compañías se dieron cuenta de que para competir en el mercado de la agricultura actual no bastaba con hackear los campos para cultivar verticalmente, sino que gran parte de los cultivos no pueden ser recogidos por máquinas.

No obstante, en San Francisco, Plenty ya utiliza pequeños robots llamados Schleppers, capaces de trasplantar los delicados brotes de un lado a otro, tarea difícil para los humanos, debido a que las torres de plantas están muy cerca unas de otras. El costo de una grúa para que un trabajador realice tareas simples como plantar, inspeccionar, dar mantenimiento o cultivar, se reduce dramáticamente con el uso de Schleppers. A pesar de ahorrar en espacio y potencialmente también en costos de distribución, las granjas verticales necesitan trabajadores: después de todo, esos robots deben ser monitoreados.

Plenty podría darle la vuelta a este problema con el uso de inteligencia artificial capaz de mejorar gracias a las cámaras y sensores instalados, además de recoger la cosecha y almacenar información acerca de cada cultivo para seguir haciéndolos más eficientes en el futuro.

Plenty ha respondido que, si sus planes de abrir granjas verticales cerca de los grandes centros urbanos se hacen realidad, esto no sólo aumentará la disponibilidad de vegetales frescos y libres de pesticidas de manera masiva, sino que también creará cientos de empleos especializados.

El problema, nuevamente, es que la agricultura tradicionalmente ha dado empleo no a cientos, sino a millones de personas en labores poco especializadas y de temporada. Como en revoluciones industriales anteriores, unos pocos operadores regularán las máquinas que harán el trabajo de cientos de trabajadores manuales.

De lo anterior resulta claro que los cultivos verticales no terminarán con la hambruna en el mundo, al menos en un corto plazo. Lo que es posible hacer a este respecto probablemente recae en promover el consumo responsable y evitar el enorme desperdicio de alimentos. Pero los cultivos verticales, como el nuevo mercado de moda, están lejos de desaparecer.

 

Torres verdes operadas por robots

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Y no se trata sólo de Plenty: si esta compañía no fuera exitosa por alguna razón (y vaya que parece blindada contra los fracasos), otras compañías surgirán, y tarde o temprano aparecerá el problema de la automatización para hacerlas eficientes.

A pesar de que las granjas verticales den empleo solamente a personal capacitado, estos profesionales van a requerir un gran esfuerzo de capacitación: no sólo se trata de aprender a cultivar, sino de inventar soluciones a problemas nuevos a medida que se presentan.

Si todos estos problemas se resuelven a tiempo, no cabe duda de que las granjas verticales tienen un increíble potencial para proveernos de alimentos sanos y deliciosos, comenzando por las ciudades; esto no significa que ello no pueda realizarse a escalas más pequeñas, incluso domésticas, lo que podría ayudar a aliviar el hambre a nivel mundial.

Los procesos eficientes harán que la comida esté disponible para más gente a menor costo. Pero el problema de producción de comida se convertirá en un problema laboral y, en última instancia, político. ¿Qué pasará con los empleos de millones de trabajadores agrícolas, de distribuidores, de operadores de maquinaria, de transportistas, que dependen de las condiciones actuales de la agricultura? ¿Cómo van a convertirse en consumidores de los productos generados en las granjas verticales?

Una solución a esto puede ser el ingreso básico universal. La idea es sencilla: si la automatización va a terminar con los trabajos como los conocemos, pero los procesos productivos serán más y más eficientes, cada persona debe tener derecho a recibir una cantidad de dinero periódicamente, para hacer frente a los costos de la vida.