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Aaron Escobar

Una historia verdaderamente épica de amor por la naturaleza es la que Pedro Maugura ha protagonizado. Nacido en Mozambique y con una voluntad a prueba de balas, este personaje, a quien seguramente Gaia tiene rankeado en un lugar especial, comenzó desde pequeño a gestar una comunión entrañable con la naturaleza: “Aprendí a amar a los árboles porque mi padre no tenía dinero ni para darnos pan. Todo lo que comía me lo daban las plantas”.

Tras culminar su carrera universitaria partió a Kilimanjaro, en Tanzania, donde implementó una novedosa solución para adaptar cultivos a tierras ubicadas sobre laderas. A partir de entonces ha inaugurado en una docena de países múltiples proyectos de reforestación, participando activamente en cada uno de ellos y acumulando una enorme cantidad de cautivadoras aventuras. Además, nuestro héroe orgánico implementa talleres educativos en distintas comunidades para combatir la deforestación y recordarles su primigenia empatía con la naturaleza.

“La mamá cuando va a dar a luz necesita una sombra con la que resguardarse del sol, el recién nacido una cuna de madera en la que descansar y en el final, en la muerte, un ataúd será nuestro último cobijo. Los árboles son la vida”, fue la respuesta de Maugura, acuñando así una especie de elegante koan, cuando el presidente de su país le preguntó hace 6 años por qué plantaba árboles.

Y por si alguien dudase de la capacidad para inspirar que tiene este hombre, basta constatar que muchas personas, incluidas aquellas que antes se dedicaban a la tala ilegal de árboles, han terminado por unirse a su causa. “Muchos de los que antes eran mis enemigos son ahora colaboradores que me ayudan en los viveros. En nada llegaré a la cifra de haber plantado en mi vida 100 millones de árboles, llevo ya 97 millones”, dice Maugura. Y aunque aún le falta plantar 3 millones de árboles para llegar a los 100, decidimos mencionar esa cifra en el título de esta nota como un homenaje a la voluntad de Maugura, la cual parece garantía suficiente para adelantar que pronto consumará su heroica meta.