Beber agua embotellada mata al planeta

El consumo de agua embotellada es uno de los hábitos más dañinos al medioambiente; además te cuesta en promedio 200% más de lo que realmente vale este recurso potable

Alguna vez platicábamos en este blog la falsedad implícita en la típica imagen publicitaria de una niña ataviada con outfit deptortivo que bebe plácida y pseudo saludablemente una botella de agua, como si realmente le importara su salud personal y el bienestar del medioambiente. Sin embargo, se ha comprobado que el consumo de agya embotellada es uno de los peores hábitos para la salud del planeta. Esta industria, además de ser altamente nociva pare el medioambiente te vende su producto a un costo promedio que rebasa en un 200% el costo real del agua potable, ya incluido un margen razonable de ganancia.

Se ha comprobado que la industria del agua embotellada, en su mayoría ligada a las transnacionales refresqueras consume millones de barriles de petróleo en la producción de los envases, esto sin considerar los costos ambientales de la transportación regional de estos productos. Además, muchas de estas compañías se han distinguido por comprar miles de manantiales alrededor del mundo para proveerse del líquido vital, marginando a las comunidades locales de diversos países de poder aprovechar estas fuentes de agua que por antiguedad, y sentido común, les pertenecen, o que al menos deberían de tener un acceso prioritario a ellos. Tal es el caso de Coca Cola Company, la cual para abastecer su marca de agua Ciel en México y algunos países de centroamérica, ha adquirido decenas de manatiales en la zona del sureste mexicano, en los estados de Chiapas, Yucatán, y Quintana Roo.

Por si no fueran suficiente los anteriores argumentos, las botellas de plástico deshechadas, entre las cuales las de agua son bastante populares, contribuyen significativamente a la acumulación de basura en el mundo, y por cierto una buena parte de ellas termina alimentando el bizarro vórtice de plástico en el Oceáno Pacífico. Y a pesar de todos estos factores las grandes compañías proyectan en el público, en un gesto bastante cínico, la imagen de que beber su agua embotellada representa uno de los hábitos más saludables y ecológicamente comprometidos.

De acuerdo con la investigación de Annie Leonard plasmada en el micro documental “La historia del Agua Embotellada”, pieza que incluimos al final de este artículo, el 30% del agua que se vende dentro de botellas de plástico con etiquetas vistosas y millonarias campañas de marketing, proviene del grifo.  En otras ocasiones se ha comprobado que la verdadera calidad del agua “industrial” resulta menor al agua que proviene del sistema de tuberías. De acuerdo con la misma fuente, el 80% de los envases terminan en rellenos sanitarios y no sólo no serán reciclados sino que tradarán siglos en desintegrarse.

Afortunadamente en los últimos tres años han tomado fuerza diversas campañas e iniciativas que denuncian los verdaderos efectos del consumo de agua embotellada. En Canadá se organiza anualmente el “Día sin tomar agua en botella”, movimiento dedicado a concientizar a la población sobre las consecuencias de esta práctica. Mientras que en una ciudad de Australia, se ha probido por completo el consumo de este producto luego de comprobarse los costos medioambientales que ocasionaba. En Paris el gobierno local instaló una fuente de agua con gas en el que las personas pueden ir a abastecerse en forma gratuita para incentivar la cultura de reutilizar envases y evitar la compra cotidiana de agua embotellada. En San Francisco, el propio alcalde Gavin Newsom, decretó una prohibición para adquirir este producto con dinero público por considerarlo un gasto inecesario y perjudicial para el ambiente.

En Ecoosfera te sugerimos que si vives en un país en el que el agua de grifo es aceptable, recurras a esta fuente para abastecerte durante el día. En caso contrario puedes recurrir a diversos métodos naturales de purificación de agua, desde hervirla, hasta alternativas como la purificación utilizando nopal (un tipo de cáctus), u otras muchas variedades que pronto compartiremos aquí. Esperamos que este sea un frente más en la lucha por desplatificar nuestra polimérica sociedad.

¿Y después de leer estas líneas, aún crees que te ves muy cool y saludable bebiendo agua embotellada?



Hallan microplásticos tóxicos en agua embotellada proveniente de México y otros países

Se encontró que 90% de las botellas tiene estas partículas, que se adhieren al agua que bebemos.

En la actualidad, gran parte del agua que consumimos en áreas urbanas es embotellada. Se trata de una forma de consumir el agua que hace algunas décadas habría sido considerada inútil, pues en muchos países era –y sigue siendo– posible tomar agua del grifo, pues ésta es potable.

Lamentablemente, el agua embotellada se impuso como una necesidad debido, por un lado, a la desinformación, y por el otro, al nulo mantenimiento de las tuberías en muchos países. Es el caso de México, donde el mercado del agua embotellada comenzó en 1991 tras los brotes de cólera que se presentaron en algunas entidades del país, y siguió creciendo debido al temor tanto a las bacterias como a los materiales nocivos con los que se construyeron las tuberías, como el asbesto cancerígeno.

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Resulta paradójico, no obstante, que la solución a los problemas del agua potable sean las botellas de plástico, que además de ser altamente contaminantes, han probado ser sumamente nocivas para la salud humana. A otras investigaciones al respecto se suma un nuevo estudio, realizado por la Universidad Estatal de New York y revisado y sustentado por la World Health Organization, el cual reveló que de 259 botellas de plástico, el 90% contenía pequeñas partículas de plástico.

Las botellas provenían de nueve países: México, EEUU, China, Brasil, India, Indonesia, Líbano, Kenya y Tailandia, y todas eran de marcas bien posicionadas en el mercado.

Los microplásticos son diminutas partículas de plástico desprendido de las botellas. Los investigadores encontraron en promedio 10 de estas partículas por cada litro de agua, y otras 314 partículas que asumen que podrían ser de plástico, pero que no pudieron identificar.

Según los científicos, los microplásticos podrían provenir del proceso de embotellamiento, o incluso desprenderse de las tapas al abrir la botella.

La preocupación principal respecto a estas partículas es que puedan liberar químicos nocivos para la salud y que debido a su tamaño puedan viajar por el tracto gastrointestinal y propagarse en el resto del cuerpo. Incluso, señalan los investigadores, las micropartículas podrían pasar hacia el sistema límbico cerebral y adherirse a los ganglios linfáticos, mismos que pueden desarrollar cáncer.

Ante toda esta evidencia y lo que pudiera descubrirse en un futuro, nuestro papel como consumidores es permanecer atentos. Y sobre todo, no olvidar que el agua potable es un derecho, y que en países como México ningún hogar debería estar comprando la absurda cantidad de mil 500 litros de agua embotellada al año. Es una tarea ciudadana (y necesaria) abogar por óptimas condiciones para beber agua, que no impacten a nuestra salud ni al planeta.



Botellas de agua vs. Agua del grifo: ¿cuál es la mejor opción para consumir en México?

“La vieja desconfianza y el temor histórico promueven la desinformación sobre el agua potable. Los consumidores no tienen confianza en el agua potable que reciben.”

Cada hogar en México compra alrededor de 1 500 litros de agua embotellada al año, de acuerdo con un estudio realizado en 2016 por la firma Kantar WorldPanel. Esto a pesar de que en el Artículo 115 de la Constitución Mexicana se establezca que “todos los municipios del país están obligados a entregar agua potable”, para beber, bañarse, drenaje, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. 

Se trata de un negocio multimillonario, la de las aguas embotelladas. A diferencia de lo que sucede en otros países, en donde las botellas de agua son una mercancía gourmet para un estilo de vida, en México se consumen como un artículo básico y de primera necesidad. Pese a que académicos y múltiples organizaciones no gubernamentales explican que los mexicanos no las necesitan. 

De acuerdo con los datos de la revista Forbes México, el negocio de 66 500 millones de pesos anuales comenzó con un brote de cólera en la década de los 90. Fue en el año de 1991 que un mensaje gubernamental informó que la comunidad de San Miguel Totolmaloya, en el Estado de México, reportaba el primer episodio de una epidemia de cólera. Surgió un miedo a enfermarse severamente, pese a que la tasa de mortalidad fue de 0.04 por ciento de cada 100 habitantes y un total de 34 defunciones durante 1991. 

Ahora, tras décadas de ese fenómeno, los mexicanos dejaron de beber agua del grifo: el miedo a enfermarse continúa como una tradición cultural. En vano fueron los mensajes gubernamentales con advertencias para hervir el agua y tomar otras medidas preventivas, como comercializar los primeros garrafones de vidrio con “agua purificada” mediante la marca Electropura –hoy Epura–. En palabras del director del Programa de manejo, uso y reuso del agua –Pumagua– de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM–, “Han convertido el cuidado de la salud en un elemento de venta”, pese a que el 50 por ciento de las muestras de las marcas de botellas de agua que se vendían en la década de los 90, no cumplía con los requerimientos de salud necesarios para su consumo. Por su lado, Raúl Pacheco-Vega, Investigador y catedrático del Centro de Investigación y Docencia Económica –CIDE–, “Se convirtió en la salida fácil. Se incrementaron las campañas de transnacionales, que invirtieron mucho dinero para vender las botellas en México y dar paso al debilitamiento de la infraestructura.”

Por esta razón, empresas como Danone, Coca-Cola y Pepsico concentran ahora el 64 por ciento del mercado nacional que incluye agua gasificada, embotellada y de manantial. Para Pacheco-Vega, una “manera de debilitar al proveedor estatal, y favorecer a las empresas, ha sido a través de la transferencia de recursos de los estados a municipios, donde el dinero no llega y permite a los privados acaparar la demanda que debería aliviar los gobiernos municiales. […] Ha sido una serie de acciones concertadas entre diferentes actores: el gobierno federal, mercadotecnia agresiva de transnacionales, desidia de gobierno y el cambio en los patrones de consumo. La culpa es de varios.” Por ejemplo, en el caso de Coca Cola FEMSA –KOF–, la empresa paga 2 600 pesos por cada una de las 46 concesiones de explotación de aguas subterráneas al año, y obtiene ganancias por 32 000 millones de pesos: “Esta falta de proporción de pago por los derechos de explotación y utilidades revela cómo el sector político privilegia los intereses del sector económico por encima de los derechos fundamentales. Es un círculo vicioso con intereses que se oponen.”

En otras palabras, el agua en México es potable y bebible. Desgraciadamente, “la vieja desconfianza y el temor histórico promueven la desinformación sobre el agua potable. Los consumidores no tienen confianza en el agua potable que reciben.”