En la última década hemos visto una notable aceleración en la entrada a la pubertad por parte de la población infantil, especialmente la femenina. Hace 10 años los doctores y padres de familia se mostraban preocupados ante la temprana edad en la que las niñas comenzaban la pubertad en comparación con decadas anteriores. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la sección especializada en pediatría del LA Times, confirma que desde 1997 hasta la fecha se ha duplicado el promedio de niñas que entran a la pubertad a los 7 años.

A pesar de haber reportado la noticia, los grandes medios, como es el caso del diario angelino, prefieren no preguntarse acerca de la posible razón que podría estar propiciando este extraño aceleramiento en el desarrollo de las niñas. No obstante, desde hace años se ha denunciado el frecuente uso de hormonas en alimentos considerados parte de la dieta básica, tales como huevos, pollo, queso, salmon, carne de res y muchos otros, lo cual podría tener significativas consecuencias para la salud humana, entre ellas, la distorsión del desarrollo fisiológico de los niños.

Otras versiones apuntan a que este efecto también podría ser provocado por algún agente químico o contaminante específico que actualmente pulula en la atmósfera y que antes no existía. Lo cierto es que este nuevo estudio confirma científicamente un desequilibrio en el crecimiento y desarrollo de las futuras generaciones. Y si tomamos en cuenta que el consumo es el mayor pulso cultural de las últimas décadas, habría que analizar a detalle las prioridades y prácticas de la industria alimenticia, para no tener que preguntarnos quien podría ser señalado como culpable de este preocupante fenómeno.