Estudio comprueba que las plantas mantienen una vida social

Las plantas mantienen un comportamiento mucho más sofisticado del que imaginamos e incluso forman modelos sociales

Por milenios el hombre ha formado sociedades con las plantas, entablando una relación alimenticia, medicinal y visionaria alrededor de estas. Entendiendo, en los casos más sensibles, que las plantas pese a no tener cerebro, si  parecen tener una especie de inteligencia o espíritu que permite una comunicación. Y pese a que esto parte de una intuición profunda y una experiencia, que aunque subjetiva, es repetible y constante en todas las culturas, en occidente la comunicación y sociabilidad de las plantas ha sido relegado al ámbito de la psuedociencia y el pensamiento mágico.

Sin embargo, estudios científicos recientes  parecen demostrar que las plantas son seres sociales capaces de reconocerse entre sí y modificar su comportamiento según la especie con la que interactúan. La bióloga de la Universidad de McMaster Susan Dudley descubrió que  la planta Impatiens pallida, dedica una menor cantidad de energía a crecer raíces cuando está rodeada de otras especies de y de su familia. Mientras que  esta especie, en presencia de plantas que no están relacionadas genéticamente, crece sus raíces lo más rápido que pueda. Dentro del cómodo perímetro de la familia, la Impatiens pacientemente se relaja y deja que sus familiares también se expandan en el suelo. Esta podría ser una clara señal de que las plantas son capaces de reconocer a sus similares, una característica que en los animales hace que éstos no sólo provean para sí mismos, sino procuren para sus zoofraters.

La capacidad de reconocimiento parece detonarse a través de un químico que se desprende en la raíces y es seguramente parte de una programación genética, lo cual valdría para reparar antes de que empecemos a hablar de conversaciones entre plantas, a la manera, por ejemplo, que entre humanos se comenta sobre el clima del día de hoy. Sin embargo hay que recordar, que existen más formas de comunicación que solamente el lenguaje humano, algunas de ellas más íntimas y precisas. “Tal vez antes pensábamos que sólo los humanos eran capaces de hacer ciertas cosas, o los vertebrados, o los animales”, dijo uno de los científicos involucrados en el estudio. “Las plantas son capaces de comportamientos mucho más sofisticados de lo que asumimos”.

Nota cortesía de Pijama Surf

Más información: Wired



Las plantas son inteligentes: no tienen cerebro, pero pueden recordar y escuchar

La insólita inteligencia silvestre te sumirá en reflexiones existencialistas.

El ser humano es psicocéntrico. Para nuestra especie todo gira alrededor del cerebro, órgano que aloja la inteligencia y que sofistica nuestros sentidos y percepciones. También es desde este órgano, por lo menos para la ciencia y la filosofía moderna, de donde surge la conciencia. Incluso, un estudio reciente plantea que existe una zona del cerebro que alberga la espiritualidad.

El cerebro es fascinante, no cabe duda. Pero esta concepción psicoéntrica ha justificado por siglos muchas ideas negativas y peyorativas: por ejemplo, que los animales son “inferiores” al ser humano, lo que nos ha hecho olvidar que aliviar el sufrimiento animal es un imperativo ético. Pero la ciencia contemporánea no sólo ha demostrado la lúcida inteligencia de muchos animales –y defendido que sí tienen conciencia–; también ha demostrado que las plantas, aunque no tengan cerebro, tienen grados de inteligencia –y por ende, un tipo de conciencia– realmente insólitos.

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Monica Gagliano, blogger de Scientific American, ha realizado muchos estudios, experimentos e investigaciones cuya única conclusión posible es que las plantas son inteligentes. De ellos habla en el podcast Smarty Plants, de Radiolab, y comprueba estas dos insólitas capacidades de la inteligencia silvestre:

 

Las plantas oyen

Gagliano hizo un experimento con reproductores de música, bocinas y una planta. Un reproductor tocaba un sonido de agua grabado previamente, y otro estaba en silencio, pero emitía ondas. Gagliano comprobó que la planta se movía lentamente hacia el reproductor que emitía el sonido de agua. Esto, según Gagliano, no significa que puedan escuchar, pero sí que sienten de alguna forma los sonidos a través de los pequeños pelos de sus raíces y reaccionan en consecuencia. Es por esto, quizá, que cuando le hablamos mal a una planta tiende a morir.

 

Las plantas recuerdan

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Utilizando un ejemplar de Mimosa púdica, una planta muy sensible, Gagliano comprobó la capacidad de esta planta de recordar y adaptarse. La Mimosa tiene un curioso mecanismo, que ha fascinado por años a los biólogos: la curiosa forma en la que cierra sus hojas para defenderse de los predadores. Gagliano construyó una caja con la cual podía aventar la planta desde una silla sin ocasionarle ningún daño. Cuando abría la caja, la planta tenía sus hojas plegadas, en defensa de lo que le estaba ocurriendo. Pero después de que Gagliano la tiró decenas de veces, la Mimosa dejó de plegar sus hojas: sabía que era una situación anormal, pero había comprobado que no implicaba peligro alguno.

 

¿Cómo es que las plantas son inteligentes si no tienen cerebro?

Existen muchos otros avances que han demostrado la inteligencia silvestre. Sólo que ésta funciona de una manera peculiar, y por eso ha sido tan difícil de comprender por nosotros. Porque el  tiempo-espacio es experimentado por las plantas de una manera diametralmente opuesta a la nuestra. Como dice Gagliano:

Las plantas no se mueven de A hacia B, sino que crecen de A hacia B.

Y su cerebro no está arriba, en sus hojas, sino abajo, en sus raíces.

En los bosques, los científicos han llamado Wood Wide Web, o el “Internet de los árboles” a la inteligencia colectiva de los árboles. Gracias a sus raíces, los árboles pueden comunicar un montón de cuestiones e intercambiar diversa información. Debajo de la tierra es el lugar en el cual las especies vegetales suelen concentrar sus funciones cognitivas, activadas gracias a los diminutos pelos que tiene cada una de sus raíces. Esto, a decir de muchos científicos, es el universo neuronal de las plantas.

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Según Gagliano, es también por las raíces que las plantas pueden “escuchar” y recordar. También se ha comprobado que tienen algo similar al sistema nervioso: un sistema que genera una luz fascinante y que funciona para comunicar. Pero aún queda mucho por averiguar sobre las principales funciones y capacidades de la inteligencia silvestre.

No cabe duda de que para comprender a las plantas y a cualquier otra especie, tenemos que hacer un ejercicio de “descentralización”. Dejar de pensar que la inteligencia sólo depende del cerebro y, más aún, dejar de pensar que la inteligencia sólo puede ser como nosotros la concebimos. Comprender el mundo natural depende, sobre todo, de nuestra imaginación.



Descubren que las plantas poseen una especie de sistema nervioso de luz (Video)

La interconexión de una planta, su comunicación interna, actúa de forma similar al sistema nervioso del ser humano y se expresa por medio de luz.

Las plantas jamás dejarán de fascinarnos. No importa si es desde una perspectiva sensorial, científica, poética o metafísica, a cambio de prestarles una mínima atención ellas garantizan el encantamiento.

Recientemente se comprobó que estos seres manejan una suerte de lenguaje lumínico entre ellos, es decir, se comunican por medio de la luz. Este recurso lo utilizan particularmente como señal de alarma frente a un peligro, de manera similar a lo que ocurre con nuestro sistema nervioso.

En una investigación realizada por un equipo de la Universidad de Wisconsin-Madison se documentó la existencia de destellos de luz que recorrían una planta. Estos destellos son detonados como respuesta a un estímulo determinado y viajan a una velocidad inconcebible –tal y como sucede todo el tiempo en el cerebro humano–.

Los investigadores lograron documentar cómo una señal lumínica recorría en forma de onda la planta luego de que un insecto, una catarina, comenzaba a devorar una de sus hojas. 

“Sabemos que existe este cuadro sistémico de señalización, y si lastimas en un punto el resto de la planta detona sus respuestas de defensa. Pero hasta ahora no sabíamos lo que había detrás de este sistema”, dice Simon Gilroy, quien encabezó el estudio. Al parecer, el glutamato, un neurotransmisor muy común en el reino animal, es el encargado de generar esta onda de luz. 

Lo que vemos en el video a continuación es apenas un atisbo de las sofisticadas redes de comunicación que entablan las plantas, consigo mismas y con otros ejemplares –por cierto, hasta hace no mucho, las plantas eran consideradas por la ciencia como seres cuasi inertes–.