Doce alimentos potencialmente tóxicos por pesticida

La agrupación Environmental Working Group publica su lista anual con los alimentos naturales más propensos a contener altos niveles de pesticida; la opción orgánica resulta la única segura para evitar esta sutil intoxicación

Históricamente el comer frutas y verduras resultaba una estrategia alimenticia completamente sana. Sin embargo desde que se popularizó hace algunas décadas el uso de pesticidas y demás químicos en el cultivo de estos alimentos esta opción dejó de ser completamente saludable. La exposición de nuestro cuerpo a este tipo de substancias nocivas puede provocar, a mediano y largo plazo, una eventual intoxicación que traerá consecuencias negativas para nuestra salud.

El consumo de alimentos orgánicos resulta una manera aparentemente segura de evadir estos peligros alimenticios. Sine embargo, tomando en cuenta el alto costo de algunos de los alimentos orgánicos, resulta importante enfatizar en que existen diversos productos que son cultivados orgánicamente, en comunidades que así lo hacen desde hace siglos o milenios, y que no necesariamente portan el mítico sello de garantía orgánica. En este sentido te invitamos a que consideres también esa opción, lo único incomodo o difícil resulta llevar a cabo una investigación para comprobar que dichos alimentos son efectivamente cultivados sin uso de pesticidas y agroquímicos. Esta dificultad se evita buscando el famoso sellito, aunque también tendrá un impacto significativo en tu gasto mensual. Suponemos que es el precio de la “comodidad”.

Este año la lista de los 12 productos naturales potencialmente riesgosos por el popular empleo de pesticidas en su cultivo, esta integrada por:

1) Apio: su delgada capa provoca que absorba los agroquímicos a una profundidad que luego resulta casi imposible eliminarlos.

2) Duraznos: su pie también resulta altamente absorbente a los 62 agroquímicos que suelen utilizarse en su cultivo

3) Fresas: cuando no es temporada generalmente son importadas de países lejanos que para reducir costos ignoran las normas de salubridad.

4) Manzanas: se emplean cerca de 52 pesticidas distintos en su cultivo.

5) Mora azul: también son de las favoritas de los agroquímicos con 52 sustancias nocivas detectadas en diversas pruebas.

6) Nectarinas: junto con los duraznos y manzanas son las frutas de árbol más “peligrosas”.

7) Pimiento morrón: su delgada piel los hace vulnerables a una absorción profunda de pesticidas.

8) Espinaca: Nueva en la lista de Environmental Working Group se emplean en su cultivo hasta 48 distintos agroquímicos nocivos.

9) Col rizada: a pesar de su fortaleza para combatir naturalmente plagas, los cultivadores de esta especie emplean, quizá por ignorancia, diversos pesticidas.

10) Cereza: con cerca de 42 pesticidas diversos empleados en su cultivo, aparentemente las que son cultivadas en Estados Unidos suelen mostrar mayores niveles de toxicidad.

11) Patatas: uno de los alimentos más consumidos en el mundo esta expuesto al uso de 37 pesticidas distintos durante su cultivo.

12) Uva: el cuidado en el cultivo vinícola muchas veces es, torpemente, traducido en el uso de innumerables agroquímicos.

Para finalizar este listado es importante también recalcar que no hay mejor gasto o inversión posible que aquel que realices en función de tu salud y bienestar, y que no hay mejor manera de llevar esto que la autosuficiencia, es decir, aprovecha ese viejo patio o ese pequeño jardín lleno de flores ornamentales para cultivar al menos un porcentaje de los alimentos naturales que consumes, de esta manera te alimentarás saludablemente sin que ello necesariamente implique mayor estrés para tus finanzas personales.



Así de fácil puedes distinguir si la fruta y verdura que compras es transgénica u orgánica

Es mucho más fácil de lo que podrías creer, y haciéndolo te ahorrarás un coctel de transgénicos y pesticidas.

Las efectos de los transgénicos sobre la salud humana no son todavía del todo claros. Apenas dos generaciones han estado expuestas a esta ingeniería genética en los alimentos. Pero lo cierto es que la multinacional Monsanto comenzó a usar discrecionalmente esta tecnología, sin molestarse en verificar antes sus consecuencias.

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Aunque está comprobado que nuestro sistema digestivo descompone el ADN mutante de los transgénicos como si se tratase de cualquier otro alimento, lo cierto es que evitar consumir alimentos modificados es lo mejor que podemos hacer ante la incertidumbre que generan.

Además, lo que sí se sabe con certeza es el efecto nocivo que el herbicida de Monsanto, RounUp, tiene sobre la salud humana. Este herbicida, que provoca cáncer y malformaciones en recién nacidos, es usado sobre los cultivos cuyas semillas han sido modificadas para ser resistentes al glisofato. El objetivo es optimizar la producción y poder usar herbicidas y pesticidas a mansalva sin dañar los cultivos. Pero todo esto, otra vez, en detrimento de nuestra salud y del ambiente.

Otra buena razón para evitar los transgénicos es porque están poniendo en riesgo la diversidad natural de cultivos como el maíz, que en países como México es más que un alimento: es un cohesionador cultural. Por si fuera poco, el “monopolio” de los cultivos queda en manos de Monsanto y otras cinco empresas, lo que está desgastando los ciclos naturales y a las culturas que viven de la agricultura, así como atentando contra la soberanía alimentaria de naciones en vías de desarrollo.

Por eso esta vez te hablaremos de cómo eludir a toda costa las frutas transgénicas.

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Mark Lobo

La cuestión no es dejar de consumir frutas. Al contrario, porque se ha demostrado lo importantes que son sus aportes nutricionales para nuestra evolución. Pero si quieres obtener todos sus beneficios sin ningún efecto secundario de por medio, tienes que saber escogerlas.

Esa etiqueta que siempre remueves de la fruta sin ver… ¡es la clave!

De entre los alimentos, las frutas son las que más fácilmente podemos diferenciar entre orgánicas, modificadas o convencionales. Esto es gracias a las etiquetas que suelen estar pegadas en ellas y que a veces solo removamos sin siquiera echar un vistazo. Estas etiquetas han sido usadas desde 1990, y son una forma de hacer más fácil la clasificación de la fruta por precios.

Por eso en inglés esta etiqueta se conoce como PLU Code: Price Look Up. Y se le llama “código” porque consta de 4 ó 5 dígitos que forman un sistema de clasificación más claro de lo que podrías creer. A través de él puedes saber cómo fue sembrado el producto, si fue rociado con herbicidas o pesticidas y si contiene preservativos.

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Es orgánica:

Cuando consta de 5 dígitos que comienzan con el número 9, querrá decir que tienes en tus manos una fruta 100% orgánica.

Es convencional:

Cuando el código consta de 4 dígitos, sin importar con qué numero comience, querrá decir que tienes en tus manos una fruta cultivada de manera convencional. Esto quiere decir que no es orgánica pero, en teoría, tampoco modificada. Eso sí: sin duda fue rociada con pesticidas (aunque no con RoundUp)

Es modificada:

En cambio, si consta de 5 dígitos que comienzan con el número 8, querrá decir que tienes en tus manos una fruta modificada genéticamente con ingeniería, y que seguramente fue rociada con RoundUp y muchos pesticidas.

¡Pero cuidado…!

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Lo malo es que cada vez hay menos frutas cuya etiqueta comience con el dígito 8.

Y no porque no sean modificadas, sino porque las multinacionales evitan ponérselo a propósito, a sabiendas que los consumidores no queremos comprar alimentos modificados. Y como el etiquetado no es ninguna medida obligatoria sino meramente técnica, pueden hacerlo sin que nadie haga nada.

Por ello es mejor que evites también las frutas que están marcadas como “convencionales”, pues son éstas los que pueden ser “modificadas encubiertas”. En ese sentido es importante no comprar cultivos exportados que empiecen con el dígito 4. Porque en frutas como las manzanas, por ejemplo, casi siempre que se lee USA su etiqueta empiezan con 4 (es decir, rara vez son libres de transgénicos). Así que mejor intenta comprar fruta orgánica que sea de tu país.

Si por alguna razón es inevitable que compres la fruta de cultivo convencional, es importante que sepas cuales frutas y verduras tienen menos pesticidas, para que en caso de no poder comprar orgánicos te expongas lo menos posible a estos tóxicos químicos. Y ten en cuenta que siempre hay manera de remover los pesticidas de manera rápida y natural.



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.