¿Cual es el mejor purificador de agua en el mundo?

La perfección tecno-orgánica del cactus conocido como nopal (Opuntia ficus-indica), ha demostrado ser un filtro altamente eficiente para limpiar el agua y purificar sus toxinas; es un recurso accesible, natural, y muy efectivo

Al menos desde principios del siglo XIX, sino es que desde muchos años antes, las comunidades indígenas en México han utilizado al cactus conocido como nopal (Opuntia ficus-indica) para purificar el agua que beben. Resulta que ahora, doscientos años después, estudios científicos han demostrado que la baba o goma de esta cactácea podría ser el más natural y eficiente purificador de toxinas en el agua.

Frente a la necesidad de hallar métodos prácticos de aquapurificación, considerando que la mayoría de los mecanismos empleados por las sociedades “desarrolladas” son insuficientes por la complejidad de su uso y mantenimiento. Investigadores de la Universidad del Sur de Florida, en Tampa, realizaron pruebas con muestras de agua combinada con grandes cantidades de sedimento o altos niveles de bacterias Bacillus Cereus. El resultado fue que al ser filtrada a través de la baba o goma del nopal, las partículas del sedimento se unieron precipitándose al fondo del recipiente y las bacterias se combinaron y fijaron, eliminando más de un 98% de ellas.

Norma Alcantar, responsable de la investigación, afirma que cualquier persona podría hervir una rebanada de nopal para extraer la goma y posteriormente utilizarla como filtro purificador de agua. “La amplia presencia del cactus, su accesibilidad, y su aceptación cultural, lo convierten en una alternativa atractiva de materia natural para tecnologías de purificación de agua” afirma Alcantar.

El proceso de preparación resulta sencillo, el mecanismo es absolutamente natural y por lo tanto ambientalmente amigable, y el costo es prácticamente gratuito ya que este cactus crece en muchos países alrededor del mundo y su precio es siempre considerablemente bajo:

– Corte o adquiera algunas pencas de nopal (Opuntia ficus-indica)

– Rebane una de ellas y colóquelas al interior de un recipiente con agua hirviendo

– Recolecte con una cuchara la baba o goma que se desprende de los trozos al ser hervidos.

– Vierta la goma en una recipiente

– Vierta un litro de agua en el mismo y espere a que los sedimentos sean filtrados y las bacterias neutralizadas

Via New Scientist



El agua proviene del espacio exterior y es más antigua que el sol y la luna

El agua habría llegado a la Tierra en forma de hielo, mucho antes que la luna se formara y el sol se enfriara.

El astrónomo Carl Sagan decía que la Tierra es “un pálido punto azul” en un rincón perdido de la Vía Láctea. Ese azul característico de nuestro planeta se debe al 70% de agua que lo conforma. Pero, aunque parezca increíble, los científicos aún no saben a ciencia cierta de dónde vino el agua, o incluso si es que el agua es nativa del planeta Tierra.

Una de las últimas teorías al respecto afirma que “nuestra” agua en realidad llegó en forma de hielo, a bordo de asteroides que colisionaron contra el naciente planeta Tierra durante el eón Hádico en la primera fase de la era Precámbrica, hace unos 4.6 mil millones de años.

Esto implicaría que el agua de la Tierra es más antigua que el sol de nuestro sistema solar.

La autora de esta teoría es la doctora Natalie Starkey, geoquímica de la Universidad de Edimburgo y de la Open University, quien describió en un nuevo artículo de la prestigiosa revista New Scientist la investigación que llevó a cabo con muestras del núcleo y el manto terrestres.

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Según Starkey, las rocas del centro de la Tierra contienen pequeñas bolsas de gas, las cuales funcionan como “cápsulas de tiempo” para saber cómo era la atmósfera hace miles de millones de años. Mediante un espectrómetro de masa de precisión, la doctora Starkey y su equipo lograron separar y medir los isótopos de oxígeno en muestras de rocas terrestres y lunares, con el objetivo de buscar las evidencias de agua más antiguas.

Al comparar las muestras de roca lunares y terrestres, se dieron cuenta de que ambas están hechas de los mismos componentes, lo que refuerza la teoría de que la luna se formó al desprenderse un fragmento de la Tierra durante una colisión con otro cuerpo celeste.

Sin embargo, el verdadero descubrimiento llegó cuando los investigadores dedujeron que el 70% del agua de la Tierra ya estaba presente antes de la colisión que formó la Luna.

Para Starkey y su equipo, estos descubrimientos sólo abren la puerta a nuevas interrogantes:

Esto nos lleva a la sorprendente conclusión de que el agua de nuestro planeta no solamente es más antigua que la luna. [El agua] debe venir del espacio interestelar, lo que significa que es más antigua que el sol mismo. Es difícil desentrañar cómo sobrevivió al entrar al Sistema Solar. Pero una vez que has eliminado lo imposible, te lleva inevitablemente a esta conclusión.

Tal vez el futuro de nuestro planeta (así como la respuesta a los inminentes problemas que enfrentaremos con la escasez imperiosa de agua) dependa de comprender el pasado del agua, así como su origen interestelar. No cabe duda de que el agua, así como la vida que es posible gracias a ella, es un milagro.



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.