Anatomía medioambiental de nuestro planeta

Infografía nos muestra el estado de evolución positiva o de franca decadencia que muestran algunas de las variables medioambientales más relevantes para entender la actual situación de nuestro planeta

En la era de la información uno de las formas más precisas y accesibles de organizar data alrededor de un fenómeno particular son las infografías. Estos diagramas permiten una síntesis visual, estética, y amigable de grandes cantidades de información alrededor de un eje temático. Tal es el caso de esta pieza que analiza el estado de algunas de las variables más importantes para entender la situación medioambiental del planeta.

Energía, atmósfera, biodiversidad, status del ozono, bosques, agua potable, océanos, y gobierno, son los pilares temáticos de esta radiografía planetaria. A través de colores y tonos que van del amarillo al rojo en el caso de los indicadores negativos, siendo el rojo el más crítico, y de azul obscuro a azul claro las variables que denotan una tendencia benéfica, siendo el azul más claro los rubros de mayor optimismo.

Gracias a esta infografía nos damos cuenta que las áreas más alarmantes son las condiciones atmosféricas y el estado de los oceános. Dos áreas en la que la depredación medioambiental del ser humano han impactado en forma contundente con consecuencias ciertamente negativas. Por otro lado en materia de gobierno (legislaciones pro ambientales y políticas verdes) la tendencia parece mostrarse esperanzadora, así como en energía y en cuestiones relacionadas a la capa de ozono. Finalmente en los rubros de bosques y agua potable aparentemente la información actualizada disponible no es muy abundante ya que en varios subtemas se indica con color gris que no hay data suficiente para definir la tendencia.

La información es en sí conciencia, pero solo al ser combinada con la acción se transforma en verdadero conocimiento. Por ello en Ecoosfera te invitamos a adoptar las medidas necesarias, a través de sencillos y cotidianos hábitos que en suma pueden representar un verdadero cambio en nuestra relación con el enrono natural y con los recursos de nuestro planeta.

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Ya agotamos todos los recursos naturales renovables del 2018 (Estudio)

Ecologistas advierten que este 1o de agosto, la población mundial habrá consumido más recursos naturales de los que la Tierra puede regenerar en todo el año.

Todavía queda la mitad del año y ya le debemos al planeta lo que hemos agotado. Este miércoles 1 de agosto se acabaron todos los recursos naturales renovables que el planeta tenía para el 2018. La fecha más adelantada en 46 años, según un cálculo de Global Footprint Network, una ONG.

Para explicarlo mejor, esta ONG hace una analogía: es como si este año los seres humanos hubiéramos vivido de nuestro salario desde el 1o enero hasta el 1o de agosto (7 meses), pero a partir de entonces y hasta el 31 de diciembre nos veremos obligados a vivir a costa de romper nuestras alcancías y endeudarnos con nuestra tarjeta de crédito o pidiendo préstamos al banco.

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En un video compartido por Global Footprint Network, Nicolas Hulot, ministro de la Transición Ecológica y Solidaria de Francia, afirma:

Es decir, si quisiéramos darle el tiempo a la naturaleza de regenerar los recursos como el aire, el agua, los peces o los suelos agrícolas de calidad, deberíamos cambiar radicalmente nuestro consumo porque vivimos a crédito y corremos el riesgo de sufrir una escasez de recursos.

En el 2017, el Día de Sobrecapacidad (o Sobregiro) de la Tierra (Earth Overshoot Day) ocurrió el 2 de agosto, justo 1 día después de la fecha anunciada para el 2018. La fecha, que anteriormente se conocía como Día de la Deuda Ecológica, se estableció desde 1971. Ese año, la ONG lo marcó el 21 de diciembre.

 

¿Qué puedes hacer hoy para recorrer la deuda?

Actualmente, la humanidad utiliza los recursos equivalentes a 1.7 planetas y se estima que, para el 2020, la demanda a los ecosistemas de la Tierra excederá en un 75% lo que la naturaleza puede regenerar.

 

Consume menos carne (aplaza tu deuda 6 días)

Si los seres humanos reducen 50% del consumo de carne y reemplazan esas calorías con una dieta vegetariana, el Día de Sobrecapacidad de la Tierra se recorrería al menos 6 días. Comer menos carne puede ser la acción más certera contra la crisis ecológica (aquí te explicamos por qué).

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Energía renovable (aplaza tu deuda más de 3 meses)

Reducir al menos un 50% de los componentes de carbono podría recorrer 93 días (más de 3 meses) el Día de Sobrecapacidad de la Tierra. Puedes revisar el caso de Costa Rica, que pone el ejemplo y demuestra que reconectar a las sociedades modernas con la naturaleza es posible.

 

En las ciudades (aplaza tu deuda 12 días)

Si los seres humanos alrededor del mundo redujeran el uso de automóviles en un 50% y 1/3 de los tramos fueran ocupados por transporte público y el resto por bicicletas o peatones, se podría recorrer 12 días la deuda ambiental. Revisa el caso de Singapur, que conduce el futuro hacia una sociedad sin autos.

 

Debemos comenzar a hacer que los límites ecológicos sean fundamentales para nuestra toma de decisiones y utilizar el ingenio humano para encontrar nuevas formas de vivir bien, dentro de los límites de la Tierra.



Botellas de agua vs. Agua del grifo: ¿cuál es la mejor opción para consumir en México?

“La vieja desconfianza y el temor histórico promueven la desinformación sobre el agua potable. Los consumidores no tienen confianza en el agua potable que reciben.”

Cada hogar en México compra alrededor de 1 500 litros de agua embotellada al año, de acuerdo con un estudio realizado en 2016 por la firma Kantar WorldPanel. Esto a pesar de que en el Artículo 115 de la Constitución Mexicana se establezca que “todos los municipios del país están obligados a entregar agua potable”, para beber, bañarse, drenaje, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. 

Se trata de un negocio multimillonario, la de las aguas embotelladas. A diferencia de lo que sucede en otros países, en donde las botellas de agua son una mercancía gourmet para un estilo de vida, en México se consumen como un artículo básico y de primera necesidad. Pese a que académicos y múltiples organizaciones no gubernamentales explican que los mexicanos no las necesitan. 

De acuerdo con los datos de la revista Forbes México, el negocio de 66 500 millones de pesos anuales comenzó con un brote de cólera en la década de los 90. Fue en el año de 1991 que un mensaje gubernamental informó que la comunidad de San Miguel Totolmaloya, en el Estado de México, reportaba el primer episodio de una epidemia de cólera. Surgió un miedo a enfermarse severamente, pese a que la tasa de mortalidad fue de 0.04 por ciento de cada 100 habitantes y un total de 34 defunciones durante 1991. 

Ahora, tras décadas de ese fenómeno, los mexicanos dejaron de beber agua del grifo: el miedo a enfermarse continúa como una tradición cultural. En vano fueron los mensajes gubernamentales con advertencias para hervir el agua y tomar otras medidas preventivas, como comercializar los primeros garrafones de vidrio con “agua purificada” mediante la marca Electropura –hoy Epura–. En palabras del director del Programa de manejo, uso y reuso del agua –Pumagua– de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM–, “Han convertido el cuidado de la salud en un elemento de venta”, pese a que el 50 por ciento de las muestras de las marcas de botellas de agua que se vendían en la década de los 90, no cumplía con los requerimientos de salud necesarios para su consumo. Por su lado, Raúl Pacheco-Vega, Investigador y catedrático del Centro de Investigación y Docencia Económica –CIDE–, “Se convirtió en la salida fácil. Se incrementaron las campañas de transnacionales, que invirtieron mucho dinero para vender las botellas en México y dar paso al debilitamiento de la infraestructura.”

Por esta razón, empresas como Danone, Coca-Cola y Pepsico concentran ahora el 64 por ciento del mercado nacional que incluye agua gasificada, embotellada y de manantial. Para Pacheco-Vega, una “manera de debilitar al proveedor estatal, y favorecer a las empresas, ha sido a través de la transferencia de recursos de los estados a municipios, donde el dinero no llega y permite a los privados acaparar la demanda que debería aliviar los gobiernos municiales. […] Ha sido una serie de acciones concertadas entre diferentes actores: el gobierno federal, mercadotecnia agresiva de transnacionales, desidia de gobierno y el cambio en los patrones de consumo. La culpa es de varios.” Por ejemplo, en el caso de Coca Cola FEMSA –KOF–, la empresa paga 2 600 pesos por cada una de las 46 concesiones de explotación de aguas subterráneas al año, y obtiene ganancias por 32 000 millones de pesos: “Esta falta de proporción de pago por los derechos de explotación y utilidades revela cómo el sector político privilegia los intereses del sector económico por encima de los derechos fundamentales. Es un círculo vicioso con intereses que se oponen.”

En otras palabras, el agua en México es potable y bebible. Desgraciadamente, “la vieja desconfianza y el temor histórico promueven la desinformación sobre el agua potable. Los consumidores no tienen confianza en el agua potable que reciben.”