10 películas para reconectar con la raíz indígena de América

Miradas al cine indígena desde documentales, ficción y denuncia, que pretenden devolver la voz a los pobladores ancestrales de América.

La colonización de los pueblos indígenas del continente americano nunca terminó. ¿Pero cuál es el punto de vista de quienes ya habitaban estas tierras antes de la llegada de los europeos? El cine indígena, ya sea hecho por descendientes de naciones originarias o que plantea a los indígenas como eje del relato, ha servido como herramienta de emancipación para contar muchas de estas historias silenciadas.

El relato de los indígenas en el cine (desde la mirada occidentalizada) les ha dado tradicionalmente el lugar del “buen salvaje”, o bien del ingenuo ignorante, en fin, del subordinado que no tiene voz para contar su propia historia. Por fortuna, cada vez es mayor el acervo de documentales, cortometrajes y largometrajes de ficción en los que el cine indígena no ofrece solamente una mirada interesante para el antropólogo o el especialista sino para una nueva audiencia, cuya historia y cuyo mundo no pueden permitir seguir silenciando su raíz autóctona.

Este es apenas un pequeño recuento de algunos ejercicios cinematográficos que desde la denuncia por la defensa del territorio, el recuento de tradiciones orales o la ficción misma, retratan una realidad más rica y diversa que la que solemos observar en las marquesinas comerciales. La apuesta es que América no fue “descubierta” una vez por los colonizadores españoles, sino que es un proceso vivo en el que unos a otros nos descubrimos y redescubrimos en nuestras diferencias y semejanzas.

 

El maíz en tiempos de guerra

Este documental dirigido por Alberto Cortés narra las historias de familias de naciones huichol, mixe y tzeltal y su relación con el maíz. La semilla fundamental de la alimentación en América se vuelve una cuestión política frente al olvido gubernamental y los intereses del crimen organizado.

 

Riu, lo que cuentan los cantos

Pablo Berthelon sigue la historia de María Elena Hotus, narradora oral de Rapa Nui, en los días en que le traspasa las canciones tradicionales a su hija. La historia de la isla de Rapa Nui con Chile ha sido silenciada y violenta, por lo que este filme es un puente hacia una nueva relación con las nuevas generaciones a través de la música.

 

My Name Is Kahentiiosta

La reconocida documentalista Alanis Obomsawin, de la nación abenaki, relata la historia de una joven mohawk. Kahentiiosta fue arrestada durante la crisis Oka de 1990, cuando los mohawk fueron obligados a dejar sus tierras, mientras el gobierno de Quebec negaba su identidad al no reconocer sus nombres tradicionales.

El abrazo de la serpiente

Basada en los diarios de un botánico en la selva amazónica, El abrazo de la serpiente es un homenaje a los ríos y pueblos tikuna, Kubeo, huitoto y ocaina, además de un relato de iniciación y magia. Esta película del 2015 fue dirigida por Ciro Guerra, y fue el primer filme colombiano en ser nominado a los Premios Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

La abogada del pueblo

Conchita es una mujer de Tehuacán, Puebla, que viaja por los pueblos de la sierra norte de Veracruz para llevar asesoría jurídica a comunidades lejanas, lo que la hace enfrentarse a la burocracia mexicana y a distintas situaciones que ponen en riesgo su propia vida. Dirigida por Alan Villarreal.

 

Tlali Nantli

Un breve cortometraje de Ramiro Nava Muñoz, filmado en la comunidad de Acatlán, Chilapa de Álvarez, donde Yolanda Joaquin Damiano y su hija, Mayra Itzel Sánchez Damiano, hablan de su relación con la tierra y la comida, y sobre la vida en comunidad.

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Maliglutit

Maliglutit, del realizador inuit Zacharias Kunuk, es una readaptación del western clásico de 1956 The Searchers, dirigido por John Wayne. En esta película se narra la historia de un padre que busca vengarse por el secuestro de su esposa.

 

Huicholes: Los últimos guardianes del peyote

Un poderoso documental que narra la lucha del pueblo wixárika por la defensa de sus tierras sagradas en Wirikuta, Patrimonio de la Humanidad amenazado desde hace años por la industria minera

 

Pájaros de verano

Dirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra (de quien hablamos en este artículo más arriba), es la historia de un período en Colombia llamado “bonanza marimbera”, cuando el clan wayúu se involucró en el comercio ilegal de cannabis.

El pib

Un cortometraje escrito y dirigido por Miguel Ventura Herrera con un final absolutamente inesperado acerca de la celebración de la vida y la muerte, así como las celebraciones que la acompañan en el contexto maya.

 

* Imagen principal: fotograma de “Riu, lo que cuentan los cantos”



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Los indígenas nos abren las puertas a una cosmogonía de infinita riqueza a través del cine. Y ahora puedes verla de forma gratuita.

Los indígenas, habitantes de un mundo de indómita belleza y sabiduría, han permanecido relativamente alejados de los procesos de modernización desde hace siglos. Esto les ha permitido salvaguardar las invaluables tradiciones y símbolos que les dan identidad, así como mantener en esencia sus propias formas de organización social.

Pero aunque las sociedades indígenas tienen su propio tiempo y espacio, su propio ritmo, esto no las imposibilita para hacerse de nuevos conocimientos y prácticas. Por eso es que en la escena del séptimo arte ha irrumpido el cine indígena, dirigido y producido por habitantes de los pueblos originarios alrededor del mundo desde hace décadas.

Actualmente existen decenas de directores y cientos de filmes que componen una creciente colección de cine indígena (incluidas animaciones), que nos permite transitar los territorios desconocidos de una cosmogonía milenaria y fascinante. Además, para el mundo del séptimo arte estas narrativas alternativas han sido como una bocanada de aire fresco, que viene a renovar las a veces gastadas narrativas a las que estamos acostumbrados.

Por si fuera poco, este cine indígena no es sólo una íntima mirada a su mundo, sino que funciona también como válvula de escape de todas las problemáticas que enfrentan actualmente las comunidades y que a través de estas producciones podemos conocer de primera mano. Así, las cámaras empoderan a los pueblos originarios, haciéndolos sujetos activos que redefinen sus relaciones entre ellos y el exterior. El cine indígena se convierte, así, en una potente herramienta de emancipación al tiempo que de creación.

 

Cine indígena en línea

Lo mejor es que mucho de esta nueva mirada que nos ofrecen estas producciones podrá consultarse en la extensa biblioteca de cine indígena en línea lanzada por el National Film Board of Canada, una legendaria productora que ahora está trastocando las relaciones que el mundo de lo audiovisual tiene con los indígenas y su increíble cine. Esta maravillosa compilación cuenta además con un buscador, desde el cual se puede encontrar cine indígena por nación, por director o por tema.

El cine indígena demuestra que la creatividad no tiene fronteras de ningún tipo, y que no hay límites –ni siquiera tecnológicos– que la puedan superar. Pero mejor descúbrelo por ti mismo y sorpréndete de lo que sucede cuando los mundos se encuentran.



Por qué todos deberíamos celebrar que Guillermo del Toro y la fantasía hayan triunfado

El Oscar a la mejor película de este año reconoce la genialidad de Guillermo del Toro y, también, el valor de la fantasía en nuestros tiempos.

Si no hubiésemos jugado con la fantasía, jamás habría nacido una obra creativa.

La deuda que tenemos con la imaginación es incalculable.

Carl G. Jung

La película La forma del agua (The Shape of Water, 2017), del mexicano Guillermo del Toro, fue la gran triunfadora en los recientes Premios de la Academia. Pero más allá de la película en sí, o de su genial autor, este triunfo es también, y quizá antes que del resto, para el reino de la fantasía. Esto es algo que todos debiéramos agradecer.  

La fantasía también conduce a la verdad. Muchas veces no la tomamos como debe ser. Ahora en esta ceremonia es muy bello para mí. Una de las cosas más ricas es la fabulación y la posibilidad de soñar mundos, fábulas, parábolas para momentos difíciles.

Le quiero decir a todos quienes están soñando en la parábola de utilizar la fantasía para contar historias sobre la realidad del mundo actual, que pueden lograrlo; esto (su premio) es una puerta, crúcenla y entren.  

En su ensayo “On Fairy-Stories”, J. R. R. Tolkien propone al ejercicio de la fantasía como el máximo arte: “La fantasía es, creo, no una forma baja de arte sino una más alta, de hecho la forma más pura posible, y por lo tanto (cuando se logra) la más potente”.

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¿Por qué debemos celebrar un triunfo de la fantasía?

En una realidad dominada por algoritmos, selfies y la simulación de conocimiento, la fantasía emerge como un absoluto bálsamo. Ya diversas voces se han alzado para abogar por una “reencantamiento” de la realidad, es decir, recuperar literalmente el encanto en nuestras vidas y en nuestra forma de relacionarnos con el mundo, tarea en la cual la fantasía se presenta como inmejorable herramienta.

Lo anterior podría implicar incontables beneficios, desde a nivel neuronal, para ayudarnos a hackear los malestares mentales de la época –por ejemplo el estrés o la ansiedad–, hasta favorecer una reconexión con la naturaleza, con sus fuerzas y recursos, los cuales, por cierto, alguna fueron sagrados.

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La fantasía, tal vez paradójicamente, nos permite intimar con la realidad: entablar lazos empáticos, incluso amorosos, con ella. La relación con un espacio o un objeto (digamos, un árbol) con los que hemos fantaseado –es decir, llevado a posibilidades que rebasan sus roles establecidos por medio de un ingrediente narrativo– se vuelve mucho más entrañable que con aquellos que simplemente registramos de acuerdo a los cánones de la realidad tradicional.

Fantasear no sólo nos conmina a explorar los límites de una realidad convenida sino a jugar con ellos y, con un poco de suerte, a expandirlos. Si consideramos que como especie estamos frente a retos monumentales –incluida nuestra supervivencia– parece justificado afirmar que cualquier vehículo que encause nuestra creatividad, así como la búsqueda de respuestas inéditas a interrogantes milenarias, es hoy más importante que nunca.

 

Buen momento para practicarla…

Hoy la fantasía está, con Guillermo del Toro como embajador, de fiesta. Ojalá que este reconocimiento hollywoodense no sea más que el comienzo de un proceso de su revaloración entre nosotros; hasta se antojaría pensar en ella como una suerte de obligación cívica. En todo caso, ¿qué mejor forma de revalorar la fantasía que practicándola?