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Una mirada virgen de la tierra: fotografías que sugieren retomar la naturaleza como deidad

En una era de descubrimiento, donde los hallazgos ya no son confesados en diarios de viajes, la maravilla de contemplar los paisajes parece haberse perdido. Hoy en día, el recorrer las tierras en busca de nuevos lugares resulta una tarea más próxima a la taxidermia que a la aventura: el paisaje se fotografía, para disecarse por siempre.

Las montañas y lagos ya no son aquellas deidades que maravillaban a los hombres y mujeres en la antigüedad. Y aunque, su belleza y misticismo nunca nos han abandonado, es el ojo humano el responsable de su desencanto, de la falta de profundidad con la que observa su alrededor. Tanto el cielo, como la tierra y el agua, son un diamante en bruto que nunca se rompe.

Por eso es que, el redescubrimiento de nuevos territorios es siempre mirar la naturaleza como por vez primera. Este es el caso de las fotografías de Reuben Wu, que sugieren retomar la mirada virgen con la que alguna vez se observaron los campos –el firmamento–, y, de alguna manera, invitan a retomar la creencia en la tierra como deidad. 

La manera en que Wu retorna los paisajes en deidades es a través de la fotografía. Al recorrer nuevo parajes que parecen nunca antes visitados, realiza el papel de los primeros hombres y mujeres en la faz: el redescubrimiento de la vida a través de los pasos. Los ojos de Wu son una ventana al mundo, donde nada se le escapa, y queda maravillado. La afición de redescubrir en la naturaleza su orden mágico y sublime no es arbitrario. Durante muchos años, el ser humano le rindió tributo a las montañas, los lagos y ríos. El recorrido que hace Reuben Wu es tan solo un intento de reconectarse con la tierra. 

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El uso de una paleta de colores tanto cálida como fría en sus imágenes, denota la relación que Wu tiene con el mundo: su visión de la naturaleza es un híbrido. Por un lado, en cada uno de sus viajes y descubrimientos, encuentra la vitalidad y el calor que alguna vez se observó en un valle, roca o lago. De allí el uso de tonalidades rojas y naranjas, que recuerdan el fulgor de la primera llamarada de fuego que hizo el hombre.

Por otra parte, Reuben también es consciente de quién es frente a la tierra. Su mirada, después de todo, es parte de una tradición que ha colocado al ser humano a veces como antagonista de la fauna. Por eso la precariedad, la distancia y relajamiento que puede denotarse en el uso de colores como el azul cobalto o el gris.

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Aún así, la distancia con la que maneja estos tintes también es un reflejo del apego del orden cósmico, sobre todo del color azul, que siempre remite al agua. Sin duda alguna, la belleza y la inmensidad de la tierra es un descubrimiento que Reuben Wu ha vuelto a hallar. Y gracias a esto, no sólo ha logrado crear arte a partir del espacio, y mostrar la majestuosidad con la que una vez se vieron los campos, también ha vuelto, en cada una de las personas que ven sus fotografías, un creyente. 

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*Fotografías:  Reuben Wu

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