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Meditando en el laboratorio (monje tibetano relata su experiencia con la ciencia)

En los últimos años la ciencia ha empezado a estudiar prácticas como la meditación y el yoga para entender los beneficios  que producen. Por otro lado, pese a los grandes avances que se han realizado en los últimos años en términos científicos, la cultura occidental sigue sin entender del todo qué es la conciencia y cómo es que surge –hay quienes creen que puede reducirse a un epifenómeno del cerebro, y otros quienes consideran que la conciencia se extiende al mundo, más allá de la materia.

En Oriente la cosa es distinta, se tiene un soporte milenario para el entendimiento de la conciencia, si acaso no tan efectivo en desarrollar tecnología. El método principal que ha desarrollado Oriente para investigar la conciencia es la meditación. Es por esto que aplicar técnicas propias de la neurociencia a la meditación resulta sumamente interesante, en un esfuerzo por tender un puente entre civilizaciones, casi como sincronizar los dos hemisferios del cerebro humano.

Una de las personas que se han sometido a pruebas electroencefalográficas o de resonancia magnética durante la meditación es el monje tibetano Mingyur Rinpoche. Este monje autor del libro “The Joy of Living”, fue parte de un grupo piloto que fue conectado a aparatos MRI que registraron sus ondas cerebrales al tiempo que meditaban. Se les pidió a los meditadores que se concentraran en cosas como la composición o la alerta en el presente y que luego dejaran de concentrarse para medir los estados base.

Mingyur Rinpoche relata que en un principio los científicos creyeron que la máquina no estaba funcionando bien debido a la inusual aparición de ondas gamma. Luego, un poco en tono de broma, le dijeron que estaba loco, ya que sólo se habían observado patrones de ondas gamma similares en personas con alguna enfermedad mental (lo que nos lleva a reflexionar sobre la tenue línea que quizás divide la iluminación y la locura).

Aunque no se pueden formar conclusiones de los resultados, los datos sugieren que la meditación es capaz de modificar el cerebro. Esta neuroplasticidad provocada por la relajación está ligada a estados benéficos para la salud, particularmente mejorando el funcionamiento del sistema inmune.

Los científicos no creen en la iluminación, pero Mingyur Rinpoche, que de niño conoció al brillante biólogo chileno Francisco Varela,  rápidamente afirma que se ha beneficiado del estudio de la ciencia, particularmente en su entendimiento de lo que es el vacío.  Haciendo eco del Dalai Lama, recomienda a la ciencia estudiar a practicantes tibetanos que meditan antes de morir, ya que pueden llegar a estados mentales inéditos y quizás aumentar su entendimiento del elusivo fenómeno de la conciencia.

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