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La obra de Cornelia Konrads: acabando con el embrujo del tiempo

Cornelia Konrads (1957, Alemania) descubre lo que yace detrás del velo de Māyā (ilusión), donde el tiempo y el espacio son flexibles, donde todo lo solido deja de ser real y se transforma, al mismo tiempo en que se derrumba el imperio de la razón. 

Abordando las concepciones del Land Art, Cornelia lo lleva a otro nivel transformando el espacio y alterando la percepción del tiempo en el espectador, le coloca en el entorno derruido armónicamente; un árbol fraccionado que parece construirse, o destruirse frente a nuestros ojos, un puñado de varas atravesando un tronco, una casa que se hunde en el suelo, y así lo que crea es materia en transformación, en acción suspendida por una capsula temporal, que no es otra cosa más que el deseo, y el poder creativo del artista. 

Sus obras lo mismo se encuentran en una galería que una caminata por el bosque. Son reflexiones sobre la tierra y sus constantes cambios, son acciones naturales suspendidas, una imagen poética cristalizada en pleno vuelo, un regalo profundo del arte para quien busca destruir las leyes de la física. 

Las instalaciones y objetos que crea son también sorprendentes, un verdadero gusto para quien busca una sazón inspiradora, en el muchas veces frívolo arte contemporáneo. Obras dotadas de carisma que incitan a la reflexión, al deseo más puro en el que se encuentra albergada aquella nota olvidada de la infancia, en la que se pide que la gravedad no exista para poder volar. 

El juego es una característica indisociable del arte, en él cabe el pretexto de descubrir creando, imaginando paisajes alterados por la mano que armoniza las creaciones del hombre con la naturaleza, como lo hace Cornelia Konrads, que como hechicera, termina con la maldición del tiempo acelerado y del arte efímero.       

 

*Imágenes: Cornelia Konrads ©

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