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Si no regresamos al campo y a la siembra, nunca vamos a terminar con la obesidad

Nuestra forma de vida actual está cada vez más lejos de la auto-sustentabilidad; sin embargo, estamos aprendiendo que, si seguimos delegando nuestros actos de supervivencia más básicos como la alimentación a las grandes corporaciones y a los gobiernos, los grandes problemas sociales, como la mala salud, seguirán creciendo. Podemos actuar contracorriente y cambiar el rumbo de nuestras comunidades.

El panorama actual de la obesidad en México

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A pesar de los programas de salud y las campañas de prevención, la obesidad en México sigue aumentando, especialmente en las zonas rurales. Gracias a datos de la Encuesta nacional de salud y nutrición, realizada por el INSP, sabemos que la prevalencia de sobrepeso y obesidad ha crecido, por lo menos 5.8% en mujeres y 6.4% en hombres, ambos mayores de 20 años. Y ese no es el único de nuestros problemas: la diabetes, sólo en zonas rurales de la región sur ha aumentado el 10.2%.

Por otro lado, los niños sufren de desnutrición y se ha notado un patrón de pasar de ese estado al sobrepeso, al alcanzar la edad adulta. Esto quiere decir que un porcentaje grande de la población rural está constantemente sufriendo problemas de salud ligados a sus hábitos de nutrición.

Las causas detrás del aumento de la obesidad en zonas rurales

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¿Y por qué no podemos solucionarlo, a pesar de que hemos sido conscientes de esto, por lo menos, en la última década? Héctor Ochoa, que trabaja como coordinador del departamento de salud del Colegio de la Frontera Sur, identifica tres causas que no están siendo atendidas: hay un abandono del campo, hay una carencia general de alimentos saludables en las zonas rurales y el sistema de salud está fallando en atender y prevenir enfermedades crónicas ligadas a la nutrición.

Por otro lado, los alimentos industrializados que son adictivos, poco nutritivos y dañinos para la salud son muy baratos y cada vez más fáciles de conseguir. Julieta Ponce, especialista en nutrición, afirma que los programas de inclusión social, como PROSPERA, están haciendo las cosas más difíciles, porque la gente se gasta el dinero que recibe en los alimentos para los que le alcanza: la comida procesada.

Volver al campo

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Julieta Ponce dice: “Los jóvenes ya no siembran.” Y aunque volver al campo es la respuesta evidente, porque significaría poner la producción de alimentos en nuestras manos y, así, tendríamos acceso a comida saludable, el asunto es mucho más complicado. Los estilos de vida que persigue la juventud mexicana se relacionan poco con la vida del campo y no se puede forzar a la población a modificar sus intereses. Lo que sí podemos hacer es incentivar la producción campesina. Para empezar, hay que cambiar los hábitos alimenticios propios. La obesidad también ataca en la urbe y a nadie le hace daño comer más saludable. Por otro lado, vale la pena consumir alimentos producidos localmente y comprarle directamente a los agricultores. A mayor demanda, mayor se hará la oferta y el campo aún puede consolidarse como una fuente de empleo para muchos. Y si te quieres involucrar más: llévate el campo a tu casa. Tú puedes armar tu propia hortaliza, no importa si vives en un departamento citadino y, es cierto: representa un esfuerzo extra, pero es lo mínimo que tienes que hacer para cambiar las cosas.

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