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7 personas que dejaron todo para irse a vivir a la naturaleza

Una magia especial reside detrás de pensar en abandonarlo todo y vivir en la naturaleza. La idea –ya de por sí descabellada para esta época– resulta atractiva para todo aquél espíritu inquieto que ha deseado, incontables veces, renunciar a lo que el mundo moderno ofrece. Y en esa profunda búsqueda de otras opciones de vida, conecta con la idea primigenia de sus orígenes orgánicos y la posibilidad de regresar a  habitar un mundo natural.

En épocas actuales, han existido muchos valientes que han llevado al nivel de filosofía la idea de abandonarlo todo. Viajeros que han vagado hasta encontrar su lugar en el mundo, o bien, han sabido exactamente a dónde quieren ir. Tal vez por un sentido autómata de rechazo hacia lo que como seres humanos no nos pertenece, o quizás, el hecho de sentirse suficientemente sofocados por la modernidad sea que estos hombres han decidido internarse en el mundo orgánico para llevar una vida, aunque para nada fácil, muy reconfortante en compañía de la naturaleza.

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Montañas, selvas o sierras son los lugares en donde estas siete personas han decidido erigir su hogar. Se trata de ejemplos inspiradores de trabajadores, artistas y poetas que juntaron suficientes razones y suficiente valentía para lanzarse a lo desconocido. Ellos desmontan el mito de que aquellos que se apartan de la vida moderna son antisociales, eremitas o locos, y nos demuestran la complejidad y el sacrificio que aureolan la decisión de salirse de un sistema global, para involucrarse en el propio.

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Henry David Thoreau

Este escritor abandonó muy joven su casa familiar en Concord para vivir a las orillas de la laguna Walden. Conecta decisión buscaba indagar en los problemas de la vida moderna y probar su propia reacción al hallarse alejado del ambiente citadino de los Estados Unidos del siglo XIX. “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente sólo para hacer frente a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía que enseñar y no descubrir, al morir, que no había vivido”, escribió en Walden.

Paul Gauguin

Gauguin fue un pintor post-impresionista. Su estilo, considerado como primitivista y pastoral, era un reflejo de su amor por lo natural. En 1891, frustrado por la falta de reconocimiento y la pobreza, se escapó de la civilización europea y su artificialidad. Pasó mucho tiempo en la Polinesia francesa, en Tahiti, donde se cree que se casó con una joven nativa, trasladándose después a las Islas Marquesas, un sitio más primitivo que Gauguin buscaba como inspiración. Las pinturas de esa última etapa están repletas de la exoticidad inherente a los habitantes de la Polinesia.

Mick Dodge

Este hombre tiene hasta un documental en National Geographic mostrando su asombroso caso. Él se fue a vivir al bosque de Hoh de la Península Olímpica, en el Estado de Washington, hace 25 años. Quería dejar de usar zapatos, y por eso se fue y construyó su casa entre las ramas de los árboles en aquel bosque. Pero su decisión no significó el aislamiento: Mick encontró en una comunidad de montañeses el contacto humano necesario; lo que no significa que no pueda andar descalzo como le gusta.

Timothy Treadwell, el “Grizzly Man”

Muchos lo conocen porque el cineasta alemán, Werner Herzog, consideró su caso tan fascinante que lo hizo sujeto de uno de sus documentales. Tim Treadwell fue un naturalista amateur y guerrero ecológico que vivió entre osos grizzli del Parque Nacional Katmai. Vivir en Alaska por 13 años rodeado de osos fue la forma de Treadwell de huir de las frustraciones de su carrera actoral y de su adicción a las drogas y al alcohol. Pero, las desiciones valientes no eximen las leyes de la naturaleza, y Treadwell finalmente fue atacado junto a su novia por un oso, lo que ocasionó la muerte de ambos.

Romayne Wheleer

Compositor, músico, pintor y poeta. Un hombre altruista que dejó su vida en Viena y sus viajes a grandes capitales del mundo como pianista para adoptar una vida que iba mucho más acorde a su filosofía, una que creía inexistente hasta que visitó la Sierra Tarahumara en México.

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Llegó en 1980 y se estableció en el precipicio del cañón de Batopilas, nombrando a su estudio de música el Nido de Águila. “Aquí mis raíces se han hundido, aquí soy parte de la naturaleza, mi vida tiene una razón”, ha dicho en entrevista el veterano pianista, que define a la sierra como un lugar donde se vive “para los demás” y donde todos son uno.

Aníbal Pireda

Este hombre argentino cultivó su cuerpo para poder realizar los viajes que quería. Tomó su adorada bicicleta y recorrió la Argentina en busca de una tierra húmeda donde asentarse. Antes de eso fue guardavidas, profesor de yoga y músico, cosas a las que ahora, a sus 50 años y ya establecido en la selva paranaense, sigue practicando. Actualmente es guardaparques de Misiones, un sitio al que él ayudo a dar vida, convirtiéndolo en un paraíso rodeado de enormes árboles y plantas frutales.

Angelo Valkenborgh

Su matrimonio no funcionó y se convirtió en nómada. Para este joven belga, esa decisión no fue fácil, pues su gusto por vivir al aire libre lo hizo internarse en el helado bosque siberiano, en la búsqueda de una vida autosuficiente dentro den ecosistema rudo e inhóspito. Valkenborgh ha dicho que pasará una década viajando por Canadá, Siberia y Alasaka. Su vida nómada puede ser seguida en Instagram y en su blog, pues de lo poco que llevó consigo fue un celular que recarga con la luz solar para no perder por completo el contacto con la humanidad.

*Imágenes: 1, 4 y 6) Instagram – Angelo Valkenborgh

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