Manglares: el impacto humano y sus consecuencias

Los bosques de mangle son humedales constituidos por vegetación especialmente adaptadas a entornos de salinidad e inundación

Por: Alexis Domínguez Liévano

En México se tienen graves problemas de deforestación y pérdida de ecosistemas vitales para muchas especies de plantas y animales. La importancia que tienen los ecosistemas naturales está en la riqueza de sus recursos y en los servicios ambientales que ofrecen (Cortina et al., 2007). Parte de esta riqueza nacional la conforman los manglares, esenciales en el desarrollo y el funcionamiento de las zonas costeras (Herrera et al., 2014).

Desgraciadamente, no se le ha dado el seguimiento adecuado a la conservación de estos bosques. México y Brasil presentaron las tasas más elevadas de deforestación en términos absolutos (FAO, 2005). Estos países se encuentran entre los que cuentan con las zonas más extensas de manglares.

Desde la década de 1980, una de las causas de alteración a gran escala en los manglares de Asia, el Caribe y América Latina ha sido por la acuicultura y la infraestructura turística (FAO, 2005). Este ensayo tiene como objetivo analizar la problemática asociada al impacto antropogénico en los manglares y las consecuencias en los bienes y servicios que proveen estos ecosistemas. Comenzaré por describir la importancia de los manglares en la línea de costa. Después mencionaré la perturbación causada en los manglares.

Los bosques de mangle son humedales constituidos por vegetación especialmente adaptadas a entornos de salinidad e inundación (Herrera et al., 2014), diversificando el espacio y ofreciendo arribo a un gran número de especies de macro-invertebrados (Félix et al., 2011). De esta manera, y para nuestro interés, son fuente y origen de las pesquerías en las ribereñas y de los recursos alimenticios, actúan como zonas de protección y/o amortiguamiento frente a tormentas y huracanes y, estabilizan la línea de costa evitando su erosión, entre otros (León et al., 2001).

Desafortunadamente, no se ha sabido apreciar y gestionar la importancia ecológica, social y económica de los manglares, al estar sometidos a una degradación sistemática y acelerada durante las últimas décadas (Del Alba y Reyes, 1998). Es cada vez más común que los mangles estén sujetos a grandes tensiones por causa del crecimiento acelerado de las actividades turísticas como el de las actividades de acuacultura industrial (Batllori y Febles, 2007). Por otro lado, parte de la pérdida de la flora también se debe a causas naturales. Por ejemplo, en septiembre del año pasado en la Reserva de la Biosfera de Dzilam en Yucatán, se incendiaron 500 hectáreas de vegetación según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), viéndose amenazado el manglar. En Baja California Sur, tan solo en la porción sur de la Ensenada de La Paz, se ha perturbado aproximadamente el 10% de las casi 26,000 ha de manglar (Acosta-Velázquez et al. 2007), debido al desarrollo costero, que involucra el crecimiento urbano como la construcción de infraestructura turística (Mendoza et al. 1984). Esto ha impactado en la reducción u obstrucción del intercambio de agua entre los esteros y lagunas con el mar, teniendo afectaciones en la supervivencia de los manglares, al igual que la provocación de diferentes transformaciones ambientales (Llinas-Gutiérrez et al. 1982).

La gestión integral de los manglares juega un papel fundamental por sencillas razones; si los manglares están en buen estado, nos pueden proveer servicios de elevado valor, que van desde los elementos de seguridad alimentaria y recursos para un crecimiento económico favorable, un desarrollo turismo sustentable y sobre todo, la protección de la línea costera (PNUMA, 2015). Traduciéndose en el mediano plazo, en un manejo y aprovechamiento sustentable de los manglares.

Actualmente en el país, se siguen suscitando casos de cambio de uso de suelo en las costas en busca de un “desarrollo económico” con beneficio de particulares. Un ejemplo es el caso de Tajamar, donde se ha comprometido la flora y fauna del lugar. El proyecto inmobiliario llamado Malecón Tajamar en Cancún, Quintana Roo, fue planeado por la FONATUR desde hace más de 16 años, quien aseguró haber cumplido con los requerimientos ambientales y autorizaciones vigentes previstos por la Ley. Por su parte, la SEMARNAT da la autorización en materia de impacto ambiental en 2005 y el permiso en materia de cambio de uso de suelo en terrenos forestales en 2006. En principio, el permiso dado por la SEMARNAT, autoriza el cambio de uso de suelo de aproximadamente 58 hectáreas. En febrero 2007, se adiciona a la Ley General de Vida Silvestre el Artículo 60 TER, en el que se prohíbe cualquier obra o actividad que afecte al manglar. Esto se decreta con el fin de dar una mayor protección a estos humedales, pero la sorpresa fue que, en marzo de 2008, la SEMARNAT autoriza aumentar 14 hectáreas a las ya establecidas dentro de Tajamar, dando un giro inexplicable. Es entonces cuando se gestionan las prórrogas de vigencia de permisos de cambio de uso de suelo para poder construir por parte de los empresarios involucrados. Para 2015, la ciudadanía manifiesta rechazo por el ecocidio que se está gestando por las autorizaciones de FONATUR y SEMARNAT. Se presenta la denuncia correspondiente ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), por la destrucción y/o desmonte del manglar y pérdida de fauna. Actualmente, diversos jueces han otorgado suspensiones definitivas y provisionales a los amparos presentados por la ciudadanía, lo que significa que no se puede construir en Tajamar hasta que se resuelvan los juicios. La ciudadanía en Cancún sigue defendiendo el manglar.

De esta manera, queda claro que los intereses particulares y económicos están por encima de la conservación de los recursos naturales. Puntualmente, en el Marco Legal de México, se asientan las bases de la protección de los manglares (Poder Ejecutivo Federal, 2007). A pesar de esto, las políticas públicas que se aplican en el ámbito federal, estatal y municipal han permitido históricamente la destrucción de dichos ecosistemas (López y Ezcurra, 2002).

Se continúa perseverando en la conservación de los ecosistemas. Cada año se suman esfuerzos. Por ejemplo, en 2005 se restauró el manglar en la Laguna de Términos, Campeche, y se implementó una estrategia integral que identifica los factores estresantes que llevan a la degradación y muerte del manglar. Otro caso de restauración con resultados favorables, es la rehabilitación de 30 ha de manglar en la Laguna de Tampamachoco, Tuxpan, Veracruz, afectadas por una planta termoeléctrica que inició el cambio de uso de suelo en 1993. Y así, se encuentran otros casos de estudio, donde los factores determinantes de éxito fueron: el grado de perturbación y/o estado del manglar, las acciones que realiza la comunidad local para su restauración y la metodología utilizada en la zona de recuperación. Así como, el seguimiento u observación del ecosistema después de finalizar el proyecto.

Es necesario que se castigue con lo establecido en la Ley y se tomen las decisiones correctas cuando se comete ecocidio, buscando las labores necesarias para su restauración ecológica. Así pues, es importante un ordenamiento ecológico en la zona costera, mediante un proceso de planeación integral, participativa, transparente y sistemática para una mejor actuación a la hora de gestionar y proteger los manglares. De tal forma que, involucrar a los distintos niveles de gobierno y a la sociedad local, sigue siendo una de las acciones necesarias para sumar esfuerzos en la protección y el cuidado de los ecosistemas costeros.



Otorgan amparo y protección judicial al manglar Tajamar

La viralización en redes sociales del ecocidio del manglar Tajamar provocó la atención de numerosas instituciones para frenar la ambición de las empresas turísticas sobre la biodiversidad de la región. Ahora, de acuerdo con el periódico La Jornada, el tercer tribunal del vigesimoséptimo circuito otorgó un amparo y protección de la justicia federal a grupos […]

La viralización en redes sociales del ecocidio del manglar Tajamar provocó la atención de numerosas instituciones para frenar la ambición de las empresas turísticas sobre la biodiversidad de la región. Ahora, de acuerdo con el periódico La Jornada, el tercer tribunal del vigesimoséptimo circuito otorgó un amparo y protección de la justicia federal a grupos ambientalistas que se opusieron a la construcción del complejo inmobiliario –el cual causó la devastación de 59 hectáreas de manglares–. 

Frente a esto, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos  Naturales –Semarnat– se abstendrá de ejecutar la autorización del impacto ambiental otorgada al Fondo Nacional de Turismo –Fonatur–, prohibiendo la remoción del manglar para llevar a cabo el complejo inmobiliario. Fue así que tanto el Grupo Ecologista del Mayab –Gema–, Centro para la Diversidad Biológica, Centro Mexicano de Derecho Ambiental –Cemda– y Greenpeace México y otras organizaciones ambientales han solicitado que la Semarnat se vea obligado a abstenerse de emitir una nueva autorización y de restaurar la zona afectada. 

Todas estas organizaciones ambientales aclaran que el tribunal fundó su sentencia para prevenir, promover tanto la responsabilidad como el desarrollo sustentable, y asegurar el reconocimiento de derechos colectivos que prevalecen sobre la propiedad privada en torno a la lucha por la protección y el respeto dle medio ambiente. Para ellos, es indispensable la resolución del tribunal para “identificar cómo se debe restaurar o reforestar la porción del manglar afectada.” Las organizaciones ambientalistas motivan a la resolución del tribunal colegiado en Quintana Roo para convertir el precedente ambientalista en una gran trascendencia y un referente para el derecho ambiental en México. 

Para las organizaciones ecologistas, aplaudimos del mismo modo que el tribunal reconozca el interés legítimo de las quejosas al identificar su residencia en Cancún y principalmente destacando el beneficio social que se hizo valer al querer proteger los manglares del malecón Tajamar. Esto es para combatir la autorización de impacto ambiental del proyecto Anteproyecto malecón Cancún, los trabajos de tala y la remoción del manglar con maquinaria pesada, por violar el derecho humano a un ambiente sano. 

El tribunal evidenció que no existe constancia de que la urbnación y edificación del malecón estuviese terminada, por lo que no son actos consumados de forma irreparable, como er la intención de hacer valer el Fonatur: “Con este amparo ya no hay nada que pueda hacer algún desarrollador inmobiliario y al parecer es la última palabra legal. No obstante, la Suprema Corte de Justicia de la Nación todavía no ha resuelto el tema del derecho a un medio ambiente sano que demandaron 113 niños por la devastación ocurrida en Malecón Tajamar.”

 


Activistas llevan animales muertos al ayuntamiento y juez suspende la destrucción del manglar Tajamar

Con los cadáveres de dos iguanas y una ardilla en la antesala del Presidente Municipal, Paul Carrillo de Cáceres, los ambientalistas invitaron a realizar acto de conciencia sobre el daño ecológico que implica tanto la destrucción de la vegetación como el relleno con material pétreo en la zona.

Se le acusa a la SEMARNAT de haber autorizado el ecocidio del Malecón Tajamar. Ahora, tras largas protestas, un grupo de activistas responsabilizó al Gobernador Roberto Borge Angulo de haber cometido el atentado contra la naturaleza y diversidad de México. Como respuesta, este grupo de activistas llevó al Ayuntamiento Benito Juárez, en Cancún, algunos de los animales que murieron a causa de la destrucción del manglar.

Con los cadáveres de dos iguanas y una ardilla en la antesala del Presidente Municipal, Paul Carrillo de Cáceres, los ambientalistas invitaron a realizar acto de conciencia sobre el daño ecológico que implica tanto la destrucción de la vegetación como el relleno con material pétreo en la zona.

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De acuerdo con los datos brindados, la destrucción fue autorizada por el Gobierno federal y las autoridades tanto municipales como estatales. Si bien la comunidad local se opuso, la destrucción no sólo fue inmediata, también irreparable. Por ello es urgente que se lleve a cabo una acción para proteger la población vegetal y animal que está sufriendo debido a esta situación.

Como respuesta, Gerardo Vázquez Morales, juez segundo de Distrito en el estado de Quintana Roo, concedió la suspensión provisional para detener cualquier tipo de acto de ejecución de remoción vegetal e invasión petrolera en la zona, “en virtud de la naturaleza del acto reclamado [el desmonte y relleno del manglar], estando en juego derechos de las personas en lo individual así como de una colectividad”.

Actualmente en el malecón habitan especies en peligro de extinción, las cuales se encuentran incluidas en la Norma Oficial Mexicana NOM-059 de la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); como por ejemplo, la rana leopardo, el pelicano café, el cangrejo azul, la iguana rayada, la garza tigre y el cocodrilo Moreletti.

Inclusive, de acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, este lugar ocupa el 0.4 por ciento de la superficie del territorio, ocupando así el cuarto lugar de 125 naciones que poseen un bosque tan rico en diversidad.

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Esto es lo que dice Greenpeace acerca del ecocidio en el manglar de Tajamar

 

 



Esto es lo que dice Greenpeace acerca del ecocidio en el manglar de Tajamar

El fin de semana las autoridades del Gobierno de Quintana Roo destruyeron 57 hectáreas de manglar para dar paso a un proyecto turístico impulsado por Fonatur sin importar el destino de flora y fauna única del lugar.

Antes de la madrugada de este sábado, si pasabas por Tajamar, en Cancún, podrías ver 57 hectáreas de manglar que aún daban la lucha por sobrevivir. Este mangle había logrado sobrevivir gracias a las acciones del movimiento “Salvemos Manglar Tajamar” y hasta de un grupo de niños quienes se organizaron para defenderlo de la codicia de empresarios y autoridades que buscan crear el complejo turístico “Malecón Tajamar”.

Este manglar de miles de años fue devastado con la ayuda de policías municipales, estatales y de toneladas de maquinaria pese a las irregularidades en las que incurrió el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), quienes falsearon información al punto de negar incluso la existencia del mismo manglar. Esta zona destruida con el visto bueno de las autoridades estatales y federales era el hogar de cocodrilos, iguanas, aves y serpientes entre otras especies.

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La pérdida de un manglar no es ni debe ser trivial, hablar del manglar es describir las costas mexicanas, pues México es uno de los países que más extensiones de manglar tiene en el mundo, de acuerdo con Conabio (1). Estos arbustos y árboles retorcidos modelan las desembocaduras de agua dulce al mar, pues entre sus características está soportar la salinidad del agua que se encuentra entre los límites del agua dulce con el agua salada. Allí forman un paisaje único, permitiendo la coexistencia de un sinnúmero de especies que se ven beneficiadas por la protección que esta vegetación otorga.

El manglar provee al ser humano de una gran cantidad de beneficios también llamados servicios ecosistémicos, albergan una gran cantidad de especies que se utilizan para el comercio pesquero, es utilizado como una fuente de energía al servir de leña y además forma una barrera natural contra las inundaciones, por lo que actúa como un muro contra huracanes. También impide la erosión de las zonas costeras, actúa como un filtro natural manteniendo la calidad del agua y es refugio para una gran cantidad de flora y fauna.

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De acuerdo con la FAO, en las últimas dos décadas más de 35 por ciento (2) del manglar se ha perdido en gran parte por su tala indiscriminada y los efectos del cambio climático, sin embargo la destrucción de este bosque con fines inmobiliarios ha sido una de las mayores causas de su extinción en México. No es de sorprendernos que las inundaciones golpeen más frecuentemente en estas zonas afectando, de sobremanera, a quienes menos tienen.

Greenpeace México condena la destrucción del manglar de Tajamar y exige a las autoridades federales y estatales detener estas obras que atentan contra el ecosistema hasta que no se resuelvan y transparenten los procesos y recursos interpuestos por la sociedad civil. Si las obras son suspendidas es posible que el manglar se recupere de forma natural. Con el proyecto depredador de Fonatur no sólo se le ha dado un golpe duro al manglar mexicano, también a muchas plantas y animales que dependen de él, a México, su riqueza natural y a la sociedad.

Para encontrar más información con respecto al trabajo de las organizaciones de la sociedad civil en Tajamar entrar a la web de Salvemos Manglar Tajamar.

*Miguel Rivas es responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace México y actualmente es candidato a Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Twitter del autor: @migrivass

Referencias

1) http://www.biodiversidad.gob.mx/ecosistemas/manglares2013/pdf/minuta_tipos_de_manglar.pdf

2) Status and trends in mangrove area extent worldwide. By Wilkie, M.L. and Fortuna, S. Forest Resources Assessment Working Paper No. 63. Forest Resources Division. FAO, Rome, 2003.

Crédito de las fotos: Salvemos Manglar Tajamar



La campaña de firmas para salvar 580 ha de manglares y selva en Cozumel

Al sur de esta hermosa isla, un complejo podría alterar el equilibrio ecológico de la zona de manera irreversible.

En los últimos años la ciencia ha descubierto con mayor fuerza el enorme y poderoso papel de los manglares. Además de poéticos y misteriosos, con sus multi aves y los reptiles que pueden habitarlos como los cocodrilos; su diversidad biológica es muy importante y son como barreras que protegen a los habitantes y al ecosistema mismo de los huracanes, por ejemplo. Son esenciales en la conservación del equilibrio de las costas.

En México, en Cozumel, la isla más grande del Caribe y uno de los espacios más paradisíacos de la Tierra, pobladores han lanzado una campaña para conseguir presión colectiva en contra de la construcción de Aerogolf, un proyecto de 600 hectáreas al sur de la isla para la construcción de hoteles, mansiones, casas habitacionales, condominios, helipuerto, centros comerciales, lagunas artificiales, campo de golf, un muelle de 83.8 mts., entre otros servicios.

Para ello, serían deforestadas 583.8 hectáreas de selva y manglar, advierte una nueva campaña en change.org que ha sido ya firmada por más de 5 mil personas. La misma advierte también que en esta zona existen mantos acuíferos que serían inevitablemente contaminados con la construcción.

En México antes han funcionado numerosas campañas ecologócias. Es sorprendente como  a las autoridades, finalmente, una población organizada en causas específicas sí puede influirle, como muestra en estos ejemplos contundentes.

En la zona (Caribe) hasta ahora, ha sido también varado un megaproyecto en la paradisiaca isla de Hol box gracias a la organización de sus habitantes.

Para revisar la petición para frenar el cambio de uso de suelo que permita la construcción de Aerogolf en Cozumel, puedes hacerlo acá. Esta va dirigida al Presidente Municipal de Cozumel, Freddy Efrén Marrufo, así como a los representantes de Semarnat, Profepa y Conagua en Quintana Roo.

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd



¡Adiós manglares! ¡Hola legislación!

En este artículo se nos devela el enmarañado mundo de las leyes mexicanas y se explica puntualmente por qué finalmente están perjudicando a los manglares.

Actualmente y desde hace tiempo escuchamos en diferentes medios acerca del cambio climático y de sus repercusiones negativas. De tal forma que hemos empezado a dirigir ciertas acciones para tratar de atender este problema: invertimos en investigación para escribir papers que nos ayuden a escapar de este leviatán, optamos por volvernos vegetarianos, enviamos a los líderes a las reuniones mundiales para negociar una solución o simplemente no hacemos nada. No obstante – dentro de este mainstream- los recursos naturales siguen desapareciendo lentamente. Esto nos lleva a pensar que la megadiversidad de este mundo no es compatible con la especie humana, o dicho de una manera menos antropocéntrica, la especie humana no está hecha para este mundo. Ya hace tiempo que Garrett Hardin puso a discusión la tragedia de los comunes: “muchos individuos actuando racionalmente para su propio interés pueden, en última instancia, destruir un recurso compartido y limitado, incluso cuando es evidente que esto perjudica a todos a largo plazo”.

México, uno de los pocos países megadiversos de este planeta, tiene que enfrentar un problema muy grande: instrumentar políticas públicas para la protección de sus recursos naturales, a la par de brindar trabajo, salud y educación a sesenta millones de personas (la mitad de su población) que viven en pobreza extrema. El reto que tiene por delante no es menor. Desde esta perspectiva y teniendo en cuenta todos los convenios, tratados, protocolos, etc. que hemos firmado para notificarle al mundo que estamos alineados en este camino que lleva a la sustentabilidad, hemos olvidado los lastres que nos impiden  subir a la carreta que lleva a ese utópico paraíso llamado “Un Mundo Sustentable”. ¿Quiénes tenemos mayor responsabilidad sobre el problema? ¿ricos o pobres? ¿vegetarianos o  carnívoros? ¿conservadores o agnósticos?

Responder estas preguntas no ayudará mucho, lo importante en este momento es evaluar nuestras acciones actuales e identificar cuáles son nuestros errores. Para tal efecto este artículo analiza el caso de los manglares en México y su marco regulatorio que intenta protegerlos en un acto fallido.

La Ley General de Cambio Climático (LGCC), la cual se ha convertido en la bandera que ondeamos en todas las reuniones sobre cambio climático, estipula en su artículo 26: “En la formulación de la política nacional de cambio climático se observarán los principios de conservación de los ecosistemas y su biodiversidad, dando prioridad a los manglares […]”. Ademas, también tenemos la NOM-022 SEMARNAT que estipula: “[…] el manglar deberá preservarse como comunidad vegetal. En la evaluación de las solicitudes en materia de cambio de uso de suelo, la autorización de aprovechamiento de la vida silvestre e impacto ambiental se deberá garantizar en todos los casos la integridad del mismo […]”.

No satisfechos con nuestro prolífico trabajo legal también tenemos la Ley Federal de Responsabilidad Ambiental, la Ley General de Vida Silvestre, la NOM-059-SEMARNAT (para especies en riesgo), la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, Ordenamientos Territoriales, Manifestaciones de Impacto Ambiental, Normas Oficiales, Reglamentos, etc. (Todas escritas con mayúscula al principio, porque al parecer esto le da mayor oportunidad de que se respete). Y así perennemente me sigue sorprendiendo la capacidad de los juristas mexicanos para manufacturar más y más leyes en materia ambiental para los diputados. Mientras tanto los manglares allá en la costa se los sigue llevando la… elevación del mar.

¿Necesitamos más leyes para proteger nuestros recursos? ¿Dónde está nuestro error? Pienso que no hacen falta más leyes, al contrario, tenemos que reducir el número de leyes para evitar que se traslapen. El error se encuentra en que la regulación de los recursos naturales está dirigida a preservar a las especies y/o ecosistemas. No obstante, hace falta regular el uso del suelo donde se encuentran estas especies. El mejor de los ejemplos para explicar esto son los manglares. Están “protegidos” por infinidad de leyes nacionales e internacionales pero el suelo donde coexisten estas especies está regulado principalmente por la Ley General de Bienes Nacionales (LGBN), la cual en su artículo 119 menciona: “[…] En el caso de lagos, lagunas, esteros o depósitos naturales de agua marina que se comuniquen directa o indirectamente con el mar, la faja de veinte metros de zona federal marítimo terrestre se contará a partir del punto a donde llegue el mayor embalse anual o límite de la pleamar, en los términos que determine el reglamento […]”

De esta manera, nuestros manglares que gustan de vivir en las lagunas y esteros de México, pasan a habitar sobre algo llamado “zona federal marítimo terrestre”. ¿Qué implicaciones tiene esto? El principal problema es que la zona federal marítimo terrestre (zofemat) es un instrumento jurídico que sirve para regular el uso del suelo y cuasi-privatizar las zonas costeras de México. El artículo 119 (LGBN) prescribe: “Todos los habitantes de la República pueden usar los bienes de uso común, sin más restricciones que las establecidas por las leyes y reglamentos administrativos. Para aprovechamientos especiales sobre los bienes de uso común, se requiere concesión, autorización o permiso otorgados con las condiciones y requisitos que establezcan las leyes.”

La pregunta que surge es ¿cuáles son estos “aprovechamientos especiales”? Para esto aparece la Ley Federal de Derechos (LFD) que, en su artículo 232, menciona cuatro (¡únicamente cuatro!) usos que se le pueden dar a la zona federal marítimo terrestre:

General (lucrativo)

Protección (no toques nada)

Ornato (adorna sin impactar al ambiente)

Acuacultura

Para todos estos usos tienes que pagar, el monto depende de los ingresos económicos que tenga la región costera donde deseas obtener la concesión. Desde aquí podemos notar que “el suelo” donde viven los manglares puede ser destinado para la acuacultura (la principal actividad por la que se pierden manglares en todo el mundo). Además, resulta absurdo que tengas que pagar al gobierno si deseas proteger los manglares, en todo caso el gobierno te tendría que pagar a ti por prestar un servicio que él está obligado a realizar por todas las leyes que ha decretado. Otra objeción radica en no contemplar los usos y costumbres que los pueblos indígenas dan a ciertos sitios en las zonas costeras, como un uso religioso.

El artículo 233 (LFD) contempla otorgar concesiones gratuitas pero únicamente a asociaciones civiles (legalmente constituidas) que realicen acciones de conservación/restauración. El problema de este artículo es que está alejado de la realidad que se vive en las costas mexicanas. Lo más frecuente es encontrar zonas de manglar colindando con comunidades de pescadores que usufructúan las lagunas costeras. También es frecuente encontrar que los manglares están dentro de un territorio ejidal. Otras veces, encontramos que los manglares colindan con comunidades que ni están constituidas por una cooperativa pesquera ni tampoco por un ejido, ni tienen un título de propiedad, es decir que viven en irregularidad total.

Estas son las condiciones de las comunidades costeras en nuestro México. ¿Son las comunidades las que tienen que ajustarse a lo que dicta la ley? o ¿Son las leyes las que deben adecuarse a la realidad social? Mientras nuestros diputados y funcionarios públicos responden a estas preguntas, nuestras comunidades costeras siguen en espera de una oportunidad para coadyuvar en la conservación de los manglares y ayudarnos a entrar lentamente al camino que lleva a un México más incluyente.

Twitter del autor: @Erick_ARS

Erick Alberto Rodríguez trabaja para el departamento de Políticas Públicas de Pronatura Sur A.C. y es Coordinador del Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales sede México.

Una colaboración de la Red Ambiental Mexicana.

 

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