El planeta es nuestro hogar, cuidemos de él

La Organización Mundial de la Salud informó en 2012 que tan sólo 7 millones de personas murieron a causa de los efectos nocivos a la salud que provoca la contaminación.

De acuerdo con datos del INEGI, hasta el 2010 el país estaba ocupado por 112,336,538 habitantes. Este dato es relevante ya que cada 11 de julio, desde 1989, se celebra el Día Mundial de la Población, fecha en la que se estima la población alcanzó los cinco billones de habitantes. Se sabe que ahora esa cifra ha superado los siete billones. También con el aumento de la población se han aumentado los niveles de contaminación a lo largo del planeta, además de todas las consecuencias que ello acarrea.

La Organización Mundial de la Salud informó en 2012 que tan sólo 7 millones de personas murieron a causa de los efectos nocivos a la salud que provoca la contaminación. Y si hablamos de las consecuencias en el medio ambiente, el panorama no luce mejor. Cada año desaparecen más ecosistemas y especies naturales, debido a la caza indebida, la urbanización, la destrucción de sus hábitats o la misma contaminación.

Entonces ¿qué debemos tener presente y qué debemos hacer? El aumento exponencial de la población, en parte gracias a los avances en diversas áreas que han permitido que la esperanza de vida sea mayor; además las generaciones más jóvenes ahora están más informadas acerca de esos temas como tecnología, cultura, entre otros; sin embargo, existen áreas en las que aún hay huecos que se deben tratar, como el cuidado del medio ambiente o una cultura de desarrollo sostenible.

La importancia de recalcar que el aumento de la población repercute en el medio ambiente es la de puntualizar que si permitimos que la población aumente sin responsabilidad, en el futuro podríamos enfrentarnos a la escasez de agua, alimento, u oxígeno generado por la vegetación, además de que se perderían impresionantes y bellos lugares, que generaciones futuras no conocerían, si no fuera sólo a través de libros o fotos.

Podemos acercarnos o investigar acerca de cómo podemos contribuir con el desarrollo en armonía con el medio ambiente; implementar diversas estrategias, por pequeñas que parezcan pues todo puede ser útil a mediano y largo plazo. Separar los desechos, reciclar lo que tengamos en casa, o buscar alternativas amigables que consuman responsablemente los recursos naturales. Incluso existen organizaciones y fundaciones que nos pueden orientar. Más aún, podemos formar parte de sus diversos programas ya que mucha de esas organizaciones cuentan con ellos, y nos pueden capacitar sobre estos temas. Asimismo, a través de diversas estrategias, podemos restaurar hábitats destruidos o en peligro de desaparecer, que a su vez garantizarán la supervivencia de toda la flora y fauna que dependen de ellos.

Que el aumento de la población no signifique la destrucción del mundo en que vivimos, aprendamos a coexistir con la naturaleza; seamos responsables.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Jóvenes politécnicos emprendedores de nuevas ideas

Los focos ahorradores pueden propiciar daño al medio ambiente a largo plazo si no se desechan de la forma correcta.

Cuatro estudiantes egresados de la carrera técnica en Máquinas con Sistemas Automatizados fueron los pioneros al crear la primera máquina encargada de reciclar focos ahorradores en el país. Los estudiantes cursaban el cuarto semestre cuando dieron inicio a este proyecto que cambiaría sus vidas. Fueron galardonados con el segundo lugar en el “Premio a los Prototipos 2014 del Nivel Medio Superior” del Instituto Politécnico Nacional, en la categoría de Diseño para la Industria.

En un país donde se desechan cerca de 48 millones de estas bombillas, de las cuales 916 mil contienen cinco miligramos de mercurio, esta máquina es un comienzo para que en México mejore la contaminación y que haya más control sobre los desechos.

En México se generan cerca de 86 mil 343 toneladas de basura diariamente proveniente principalmente de edificios, calles y avenidas, parques y jardines y de las viviendas, y se separa sólo el 11% de todos estos residuos. Los principales elementos inorgánicos encontrados en la basura son el vidrio, plástico y aluminio, mismos que contienen los focos ahorradores. Los focos, a pesar de que pueden ser muy útiles gracias a que ayudan al ahorro de electricidad en las casas, también pueden representar un peligro debido a los elementos tóxicos que estos contienen y que al ser desechados se liberan al medio ambiente.

Los estudiantes crearon esta máquina con la finalidad de finalizar su proceso de titulación; sin embargo los jóvenes decidieron continuar con este proyecto. La máquina cuenta con 3 etapas todas con el objetivo de lograr la separación de los elementos de los focos. La primera etapa se encarga de separar el vidrio del mercurio gracias a la trituración del vidrio, la segunda se ocupa de desarrollar la división de plásticos, y piezas electrónicas y para concluir se lleva a cabo la separación de todos los elementos para comercializarlos.

El prototipo de este invento procesaba 10 focos por hora, ya que las piezas utilizadas para fabricar esta máquina era recicladas y no había posibilidad de estar a la vanguardia con la tecnología, actualmente la máquina soporta 180 focos por hora gracias al constante interés de los estos jóvenes por seguir mejorando su invento.

Estos jóvenes aseguran a la empresa que les brinde el apoyo para continuar con su innovador proyecto; generar ganancias a largo plazo y crear un cultura de reciclaje en las personas para así fortalecer el conocimiento sobre la importancia de conservar y preservar el medio ambiente, se comprometen a generar fuentes de trabajo a los futuros estudiantes del IPN y capacitar a las familias mexicanas para enseñarles la forma correcta de desechar un foco ahorrador, sin que cause daños a su salud o al medio ambiente.

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La flora en México: una clave indispensable de la biodiversidad mundial

México es uno de los principales países productores de flores en el mundo y desde hace más de 40 años la industria de la floricultura mexicana se considera de las más exitosas.

Siempre le hemos dado distintos usos a las flores tanto como decoraciones, alimentos, regalos y muchos otros más, pero seguramente pocas personas se han preguntado de dónde provienen o cómo es que llegan a nuestro hogar.

México es uno de los principales países productores de flores en el mundo y desde hace más de 40 años la industria de la floricultura mexicana se considera de las más exitosas, con una generación de hasta 188 mil empleos permanentes, para 15 mil familias en 26 Estados de la República Mexicana.

En 2011 la producción florar alcanzó los cinco mil 646 millones de pesos a pesar de que nos son artículos de primera necesidad. En el año 2000 la producción de las flores pasó de 37 mil 338 toneladas en el año a cerca de 95 mil toneladas en 2009, debido a su gran demanda. Gracias a esto el mercado mundial de las flores está valorado en 44 mil millones de dólares americanos anuales.

En México existen cerca de 10 mil productores dedicados al cultivo de flores, además se cuenta con 22 mil hectáreas destinadas para ésta actividad, de las cuales el 52% son para el cultivo ornamental, es decir, 12 mil 884 y el 48% son para la cosmética e industria alimentaria.

De acuerdo con información aportada por asociaciones de floricultores, la producción se lleva a cabo principalmente en los Estados de México, Puebla, Morelos, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí y Baja California.

Las especies de flores que más se cosechan anualmente son:

· Nochebuenas – 12,885 toneladas

· Crisantemo – 12,757 toneladas

· Rosa – 9,479 toneladas

· Clavel 3,772 toneladas

· Gladiola, 3,457 toneladas

El 75% de las flores se producen a cielo abierto, principalmente la gladiola, girasol y el clavel, mientras que el otro 25% se produce en viveros e invernaderos.

Gracias a toda esta producción México ocupa el décimo lugar como país exportador a Estados Unidos y Canadá, principalmente de gladiolas, rosas y claveles.

Lamentablemente la industria de la flor en México no ha logrado una profesionalización y el trabajo de los obreros no es valorado como debería a pesar de ser una actividad intensiva que además de generar empleos y beneficiar a miles de familias genera recursos económicos para el país.

Apoya a los productores locales y consume flores de cosecha nacional.

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¿Cuáles son las preguntas clave para la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI?

Se debería evaluar a las instituciones sociales, mecanismos económicos y factores políticos que contribuyen o amenazan a las especies.

Por: Danielle E. Barriga Guijarro

Actualmente, cuando se habla de conservación, esta suele referirse a la conservación de la biodiversidad o diversidad biológica, sin embargo, este ensayo busca reflexionar en torno a las limitantes de esta visión y dar luces hacia nuevas formas de conceptualizarla, con la finalidad de generar una propuesta más integral en miras de contribuir al manejo de las áreas naturales protegidas, sitios en los que se concentran los esfuerzos de conservación. Se utiliza el caso del Parque Nacional Lagunas de Montebello para aterrizar la reflexión teórica.

Es posible rastrear la historia de la conservación de los recursos naturales en México hasta la época precolombina, con los jardines botánicos y parques creados a demanda del rey Netzahualcóyotl de Texcoco. Se han identificado diferentes periodos con base en la concepción que se tenía de lo que debía ser la conservación y su importancia, lo que derivó en ciertas políticas y acciones gubernamentales que culminaron con una consolidación tardía a finales de los 90 de las áreas naturales protegidas en el país (Castañeda, 2006a; Challenger, 1998).

Existen elementos importantes a destacar en este proceso relacionados con la valoración que se le daba a los recursos. En su mayoría, estos estaban estrechamente relacionados con el valor monetario que se pudiera obtener y la preocupación por la conservación solía darse en el momento que las consecuencias del modelo de producción extractivista se hacían visibles al poner en riesgo ciertas actividades o cuando se dejaban de satisfacer demandas muy particulares.

En ese sentido, después del Cardenismo, los primeros, y principales esfuerzos por mantener los recursos, se dieron a través del decreto de áreas protegidas, sitios de carácter restrictivo donde pocas actividades eran permitidas. Entre 1930 y 1934, se declararon 39 parques nacionales en el centro del país bajo tres criterios: contar con un gran atractivo paisajístico, tener potencial recreativo y ser importantes en materia ambiental para las ciudades cercanas (Challenger, 1998).

En los años siguientes, la política nacional se centró en el desarrollo industrial del país y las políticas de restricción en el acceso a recursos, particularmente de los bosques, los cuales eran reconocidos como pieza clave en el desarrollo. Reflejo de esto, en 1960 se promulgó una nueva Ley Forestal que pretendía sentar las bases para la gestión y administración de los parques nacionales. Durante este periodo se crearon siete parques nacionales más, entre ellos, el Parque Nacional Lagunas de Montebello. Debido a la poca capacidad de administración con la que contaba el Estado, se reconoció la importancia de contar con aliados en otros sectores de la sociedad civil para compartir la responsabilidad del manejo (Berkes, 2009; Castañeda, 2006b)

Actualmente, el modelo de conservación de áreas naturales se mantiene, siendo estas el principal instrumento de política ambiental en el país. A través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), se busca mantener estos sitios representativos de la biodiversidad, fomentar la cultura de la conservación y el desarrollo sustentable de las comunidades asentadas dentro y fuera (CONANP, 2007). Esto muestra que para el siglo XXI la conservación está centrada a la biodiversidad y no tanto a los recursos (como era el caso de los bosques) y busca dejar de lado el carácter restrictivo que históricamente caracterizaba a éstas áreas.

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Sin embargo, se ha cuestionado la viabilidad de las ANP en dos sentidos: su eficacia y su permanencia. La primera está relacionada con el carácter estático y la incapacidad de incorporar procesos a gran escala y de larga duración a los que responden de forma natural los ecosistemas, así como por la representatividad que realmente poseen en términos de diversidad biológica. La segunda, se debe a la capacidad de respuesta que estos parches aislados tendrían frente a nuevos (y rápidos) fenómenos de escala regional y global como el cambio climático (Víctor Toledo, 2005).

Además, se ha reconocido que la conservación de la biodiversidad no es sólo una cuestión biológica, el acto por sí mismo es un proceso social y político, por lo tanto, se debería evaluar a las instituciones sociales, mecanismos económicos y factores políticos que contribuyen o amenazan a las especies (Alcom, 1994). En ese sentido, se han resaltado otros factores dignos de ser conservados, como es la diversidad cultural de los pueblos indígenas, la cual está estrechamente relacionada con regiones de alto valor biológico (Vm Toledo et al., 2001).

Esta reflexión resalta que la discusión va más allá para qué y quién lleva a cabo la conservación y la amplia a qué se conserva y cómo. Dado el contexto de crisis social, ecológica y económica que se vive, es importante repensar y recontextualizar la conservación desde estos cuatro cuestionamientos para que pueda articularse con otras iniciativas como los movimientos sociales en defensa de la tierra y contar con mayores capacidades de éxito a diferentes escalas espaciales y temporales.

El caso del Parque Nacional Lagunas de Montebello (PNLM) viene a colación como ejemplo de las consecuencias del carácter expiatorio y las posibilidades que trae la conservación actualmente para el sitio en términos sociales y ecológicos. Este parque fue decretado en una época, a decir de Castañeda (2006), de olvido para la conservación y bajo los supuestos de atractivo paisajístico y potencial recreativo. No se tomó en cuenta que pocos años antes, parte de ese mismo territorio nacional había sido legalmente asignado como ejido a algunas familias que llevaban más de cincuenta años asentadas ahí (DOF, 1959; Limón, 2008; Melo G. & Cervantes B., 1986).

La incertidumbre legal que esto generó particularmente con Tziscao, la única comunidad asentad dentro del PNLM, es un conflicto que perdura hasta hoy en día y ha dificultado la apertura por parte de las comunidades al proceso de inclusión y equidad que buscan. De siete años para acá, Tziscao se ha mostrado más receptiva a la colaboración e incluso un grupo de personas ha reconocido la importancia de aliarse con la CONANP para trabajar el tema turístico (entrevista con funcionario de CONANP, 2015; reflexiones del Taller de Capacitación en Ecoturismo, 2015).

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Es posible identificar que quienes están llevado a cabo la conservación en el PNLM son las comunidades y la CONANP, aunque existe un gradiente en cuanto al trabajo conjunto, por lo que el proceso de negociación en cuanto a las acciones continúa. En ese sentido, la búsqueda o para qué conservar, no queda muy clara pero parece apuntar hacia un mantenimiento de los procesos ecológicos que posibilitan la existencia de los seres vivos y la obtención de beneficios económicos para la comunidad.

Sin embargo, siguiendo la propuesta de Toledo et al. (2001), se considera que el qué conservar y para qué debería ampliarse e integrar la cuestión cultural de los pueblos dentro y fuera del polígono, ya que estas cuentan con raíces chuj y tojolabal. Una estrategia pensada desde aquí permitiría revalorar aspectos culturales que durante tanto tiempo han sido negados para los habitantes y quizá les ayudaría a darle un nuevo significado a sus acciones y actividades, conociendo sus raíces y reconectándose con ellas.

Por último, el cómo debería pensarse más allá de los límites del parque, en articulación con iniciativas como la del corredor biológico mesoamericano y quizá más importante, con la ciudad de Comitán, ya que esta se ha identificado como una fuente importante de contaminación para las lagunas. Escalar las líneas de acción hacia esta zona urbana próxima permitiría incluir a otros sectores en la conservación del sitio, mostrando que la importancia de los servicios que brinda el parque no son sólo para los habitantes dentro y en la zona de amortiguamiento, sino para toda la cuenca. Esto deja claro que la conservación debe ser una cuestión integral que involucre diferentes sectores sociales en distintos lugares y considerando las diversas escalas de procesos ecológicos.

Bibliografía

Alcom, J. (1994). Noble savage or noble state?: northern myths and southern realities in biodiversity conservation. Etnoecológica, 3, 7–19.

Berkes, F. (2009). Evolution of co-management: Role of knowledge generation, bridging organizations and social learning. Journal of Environmental Management, 90(5), 1692–1702. http://doi.org/10.1016/j.jenvman.2008.12.001

Castañeda, J. (2006a). Las Áreas Naturales Protegidas de México. De su Origen Precoz a su Consolidación Tardía. Revista Electrónica de Geografia Y Ciencias Sociales, X(218 (13)).

Castañeda, J. (2006b). Las Áreas Naturales Protegidas de México. De su Origen Precoz a su Consolidación Tardía. Scripta Noval Revista Electrónica de Geografía Y Ciencias Sociales, X(218 (13)).

Challenger, A. (1998). Utilización y conservación de los ecosistemas terrestres de México. Pasado, presente y futuro. México: Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, Agrupación Sierra Madre, SC.

CONANP. (2007). Programa Nacional de Áreas Naturales Protegidas. México, D.F.: Comisión Nacioanl de Áreas Naturales Protegidas, Dirección de Evaluación y Seguimiento, Dirección de Comunicación y Cultura para la Conservación.

DOF. (1959). 16-12-1959 Decreto que declar necesaria y de utilidad pública la creación de un Parque Nacional en la región conocida con el nombre de Lagunas de Montebello, ubicada en Independencia y La Trinitaria, Chis. Chiapas.

Limón, F. (2008). La ciudadanía del pueblo chuj en México Una dialéctica negativa de identidades. Alteridades, 18(35), 85–98.

Melo G., C., & Cervantes B., J. (1986). Propuestas para el Programa Integral de Manejo y Desarrollo del Parque Nacional Lagunas de Montebello. Boletin Del Instituto de Geografía, 16.

Toledo, V. (2005). Repensar la conservación : ¿áreas naturales protegidas o estrategia bioregional? Gaceta Ecológica, 77, 67–83.

Toledo, V., Alarcón-Chaires, P., Moguel, P., Olivo, M., Cabrera, A., Leyequien, E., & Rodríquez-Aldabe, A. (2001). El atlas etnoecológico de México y Centroamérica: fundamentos, métodos y resultados. Etnoecológica, 6(8), 7–41. Retrieved from http://ccp.ucr.ac.cr/bvp/pdf/cambiodemografico/atlas_etnologico.pdf



Pueblos indígenas protegen el 80 por ciento de la biodiversidad del planeta

Los pueblos indígenas siguen dependiendo de los recursos forestales para su supervivencia, especialmente de la caza y recolección de plantas silvestres.

Fotografía principal: agriculturers.com

En su momento, un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona se preguntó sobre las prácticas de las sociedades indígenas contemporáneas sobre usos del bosque y la biodiversidad en un mundo preocupado por los efectos del calentamiento global. Para responder a sus incógnitas, estos estudiantes decidieron convivir durante año y medio con tres grupos nativos en Borneo, la cuenca del Congo y la Amazonia.

Durante este estudio de campo, se encargaron de analizar las rutinas, prácticas sociales y formas de interactuar con el medio ambiente. Fue así que los investigadores se dieron cuenta que, pese a que los pueblos indígenas se están enfrentando a cambios culturales y económicos que han amenazado su relación con el medio ambiente, existen métodos importantes para la conservación de la biodiversidad; como los que te compartimos a continuación: 

– En las políticas de conservación de los bosques tropicales se requiere incorporar la cultura local desde un enfoque biocultural; es decir crear alianzas con los pueblos indígenas, quienes cuentan con las herramientas y conocimientos para enfrentar desafíos en el medio ambiente; 

– Es indispensable informar y promover el reconocimiento de los derechos humanos a las comunidades indígenas; como por ejemplo: el derecho a la libre determinación, a la igualdad de género para su existencia, bienestar y desarrollo integral como pueblo, a pertenecer a uno o varios pueblos indígenas de acuerdo con la identidad, tradición y costumbre de pertenencia a cada pueblo, a que el Estado reconozca plenamente su personalidad jurídica respetando las formas de organización y promoviendo el ejercicio pleno de los derechos contenidos en la Declaración, a mantener, expresar y desarrollar libremente su identidad cultural, a no ser objeto de racismo, discriminación racial, xenofobia ni otras formas conexas de intolerancia, a su propia identidad e integridad cultural y a su patrimonio cultural, a la autonomía o al autogobierno en cuestiones relacionadas con asuntos internos, al aislamiento voluntario viviendo libremente y de acuerdo con sus culturas, a gozar de todos los derechos y garantías reconocidas por la ley laboral nacional y la ley laboral internacional, y finalmente a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado, utilizado o adquirido;

www.cultura.gob.pe
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– Es crucial promover la transmisión del conocimiento ambiental local entre generaciones y así evitar que la gente pierda consciencia de los cambios que ocurren en el ecosistema. 

Actualmente los pueblos nativos protegen en su territorio cerca del 80% de la biodiversidad del planeta, pero son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras. De hecho, los pueblos indígenas siguen dependiendo de los recursos forestales para su supervivencia, especialmente de la caza y recolección de plantas silvestres. 

Se trata de una sabiduría única sobre el medio ambiente que se ha desperdiciado, denigrado y despreciado. Por lo que reconocer las violaciones de Derechos Humanos contra pueblos indígenas, como asesinatos y abusos contra activistas, es apenas el primer paso para cuidar no sólo el patrimonio de estas comunidades, también del bienestar de nuestro planeta y su biodiversidad. ¿Valdría el esfuerzo entonces retomar estas prácticas ancestrales en nuestros estilos de vida modernos? 



¿México no cumple con objetivos de energía y ambiente de la Alianza Norteamericana?

Es indispensable que muchos de los compromisos contenidos en el Plan de Acción en proyectos energéticos y ambientales cuenten con metas temporales señaladas y se creen rutas de implementación alineadas con los compromisos nacionales

El pasado 29 de junio, en el marco de la Cumbre de Líderes de América del Norte, México, Canadá y Estados Unidos suscribieron el Plan de Acción de la Alianza Norteamericana sobre Clima, Energía y Ambiente. Éste suma esfuerzos a los objetivos de acuerdos bilaterales previos en la materia y posiciona a la acción climática y la transición energética como prioridades en la agenda de la región. No obstante que ello fortalece la alianza de los tres países y abre un área de oportunidad en la lucha conjunta contra el cambio climático, también representa gran reto debido al rezago de nuestro país en el cumplimiento de sus metas en la materia.

Específicamente, las acciones del Plan están dirigidas a cinco objetivos. El primero tiene como fin fomentar la energía limpia y segura, por lo que establece la meta regional de generar el 50% de la electricidad por fuentes limpias para 2025, lo que representa un 37% adicional con relación a la situación actual. La Ley General de Cambio Climático (LGCC), así como la Ley de Transición Energética (LTE), señalan que México deberá generar el 35% de su electricidad por medio de energías limpias para 2024. Al respecto, la definición de energías limpias incluida en la Ley de la Industria Eléctrica permite la participación de otras tecnologías con posibles impactos negativos en el medio ambiente, la salud y la seguridad.

En este tema resulta preocupante que, de acuerdo con el comunicado, cumplir con la meta dependa de figuras como la energía nuclear o la captura y secuestro de carbono, cuando previo a la publicación de la reforma energética y sus leyes secundarias, el país estaba obligado a cumplir sus compromisos nacionales mediante energías renovables. Así, a pesar de que el recién publicado Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) 2016-2030 indica que el 20% de la electricidad en México ya se produce con energías limpias, ello incluye el uso de energía nuclear, grandes hidroeléctricas y cogeneración eficiente, mientras que la suma de la generación eólica y solar no supera los cinco puntos porcentuales. Por ello, frente a la incertidumbre generada por el uso de estas tecnologías debe aplicarse el principio precautorio, resultando más urgente que México aproveche su gran riqueza natural y el amplio potencial que tiene de generar electricidad por medio de fuentes de energía verdaderamente limpias, que ya se encuentran disponibles a bajo costo y son actualmente más competitivas que los combustibles fósiles.

Lo anterior, sumado a que Canadá se encuentre frente a la dependencia de sus ingresos públicos al petróleo y gas, aunado a fuertes cabildeos internos a favor de los combustibles fósiles, resulta en que el cumplimiento de esta meta regional sea respaldado principalmente por los esfuerzos estadounidenses.

Al tiempo que se crea un piso parejo de oportunidades para las energías renovables en el país y se atienden los principales retos para su expansión, tales como su intermitencia, su almacenamiento y la interconexión de las redes, de la mano deben ampliarse los esfuerzos por promover la eficiencia energética y reducir la demanda de energía. Entre otras medidas, debe acelerase la reducción de los subsidios a combustibles fósiles, procurando siempre la protección de los grupos más vulnerables y en cumplimiento de los acuerdos en el marco del G20.

Es de resaltar que el Plan promueve la colaboración con comunidades locales, indígenas y líderes en la toma de decisiones, especialmente en el despliegue de alternativas energéticas en comunidades remotas. En este sentido, nuestro país debe avanzar hacia una transición energética sustentable y a largo plazo, que a su vez promueva la inclusión social y la erradicación de la pobreza, todo ello en un marco de respeto a los derechos humanos que garantice el acceso a información, la participación y la consulta de las comunidades involucradas, con el fin de construir políticas públicas informadas, consensadas e incluyentes con mayores beneficios a la sociedad.

Destaca en el Plan la inclusión de un segundo objetivo referente a la reducción de las emisiones de contaminantes climáticos de vida corta, incluido el carbono negro, que van desde la creación y actualización de inventarios hasta el desarrollo de planes de acción en la materia. Al respecto, México fue el primer país en incluir compromisos de mitigación de carbono negro en su contribución determinada a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés). No obstante, es necesario que el gobierno haga públicas las medidas por medio de las cuales dará cumplimiento a dichas metas, así como su ruta de implementación, atendiendo principalmente los sectores que más contribuyen a sus emisiones, como el transporte.

El tercer objetivo promueve un transporte más limpio y eficiente, por lo que el Plan subraya la necesidad del uso de combustibles más limpios y estándares de emisiones vehiculares más estrictos, áreas en las que el país tiene un retraso significativo. Por ello, entre las medidas urgentes para cumplir con este compromiso en México resalta la distribución de diesel de ultra bajo azufre (UBA), que debió darse desde 2009. Al respecto, se requiere un proyecto de Norma sobre calidad de combustibles (NOM-0016-CRE) más ambicioso, que genere las condiciones necesarias para contar con la infraestructura y el marco legal adecuados para el abastecimiento de Diésel UBA en todo el país a partir de enero del 2017. Al mismo tiempo, la introducción de mejores tecnologías en el transporte homologadas con Estados Unidos y Canadá, depende de la actualización de la NOM-044 que regula las emisiones de contaminantes de los vehículos pesados, actualmente detenida y sin aprobación del Comité correspondiente. Dicha homologación también resulta necesaria en cuanto a los estándares de vehículos ligeros, lo que reduciría los impactos negativos en calidad del aire y la salud.

En cuanto a su último objetivo que busca un liderazgo regional y global en la lucha contra el cambio climático, se celebra la reafirmación del compromiso de ratificar el Acuerdo de París, aprobado en la vigésima primera Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, procurando su más pronta entrada en vigor, así como la implementación y el aumento de la ambición de las NDC, promoviendo la completa implementación del marco de transparencia creado en París. De ahí la importancia de que México construya de manera participativa una cartera de acciones y proyectos por medio de los cuales dé cumplimiento a las metas contenidas en su contribución nacional, alineadas con compromisos de mitigación y adaptación a largo plazo, incluyendo los contenidos en la LGCC. Al respecto, hay dos temas ausentes en el Plan que deben promoverse: por un lado, una mayor transparencia y rendición de cuentas en el flujo, uso e impacto del financiamiento climático internacional en la región; y otro es la promoción de los gobiernos subnacionales y el amplio potencial que tienen en la consecución de las metas del Plan.

Alineado con el primer objetivo del Plan, se busca aumentar la participación en la Misión Innovación, diseñada durante la COP21 para aumentar el presupuesto destinado a energías limpias en todo el mundo, duplicándolo en los siguientes cinco años. En ese sentido, México debe orientar sus recursos públicos, incluyendo los obtenidos por medio del impuesto al carbono, hacia una transición energética sustentable y a largo plazo por medio de medidas efectivas de mitigación con la inversión en energías renovables y el impulso a la eficiencia energética, todo ello en un marco de transparencia y rendición de cuentas.

En materia de adaptación, el Plan plantea fortalecer la seguridad y resiliencia de las redes eléctricas. Al respecto, México debe alinear sus acciones con los compromisos de adaptación señalados en su NDC en cuanto al fortalecimiento de infraestructura estratégica. Al respecto, las acciones del país deben ser de carácter preventivo y no reactivo, lo que necesariamente requiere de una mayor inversión de recursos públicos en la adaptación, por ejemplo, en el Fondo de Prevención de Desastres Naturales y en otras acciones de prevención como sistemas de alerta temprana y reducción de riesgos.

Al respecto, es indispensable que muchos de los compromisos contenidos en el Plan de Acción cuenten con metas temporales señaladas y se creen rutas de implementación alineadas con los compromisos nacionales y la NDC, con el fin de cumplir con el objetivo general del Acuerdo de París. En conclusión, sin la atención a estos retos, la contribución real de México para alcanzar el fin de Plan de Acción será limitada y el país no podrá cumplir con las metas de mitigación y adaptación comprometidas para el 2030.

Ana Mendívil, Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. (CEMDA).

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