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El hombre tortuga y las mareas del futuro (II de II)

Narrativa: Jesús Vergara-Huerta

Ilustración de portada: Otan Chulel

Fotografías: Karen Vega, Andrea Solis y Otan Chulel

Edición: César Alan Ruiz Galicia

“¿Porqué el gobierno abandona estos proyectos?”… La pregunta de Roberto es retórica, la privatización es la política de estado y desplazar los centros tortugueros facilitaría la entrada de la industria hotelera y turística. El maestro lo matiza pero lo describe con precisión, “Cierto, aparecen empleos, aparecen hoteles, restaurantes, pero a costa de eliminar el medio ambiente”.

Acapulco es un caso emblemático para los conservadores. Ahí las tortugas ya no llegan, a pesar de ser una zona donde se veían prácticamente todas las especies que salen a desovar por la región (laud, carey, prieta, verde, ). El turismo desplazó a las tortugas y a otras muchas especies, Robertito incluso asegura que hace algunos años se veían grandes cantidades de delfines y ballenas en su pasos migratorios, pero ya no se acercan más. No hace falta explicar porqué, la respuesta la dan las propias tortugas.

“Aquí hemos detectado que en las zonas que cuidamos, sale más tortuga. Es decir, hay zonas que no alcanzo a cubrir por los limitados recursos y son zonas que ya sé que me van a ganar los depredadores, es competir con 20 o 30 saqueadores de tortuga, así que ya no voy. Pero en la zona que más vigilo es la que más tortuga tiene. Ellos se preguntan por qué pasa esto, pero no es una casualidad, ellas saben que aquí las vamos a cuidar y por eso vienen”.

Continúa señalando que hoy se tiene que ir más allá del “yo no las daño”, se requiere compromiso en cada una de nuestras actividades cotidianas, eso es ser conciente. Reconocer que cada paso, cada bocado, cada elección se sitúa en un momento histórico que es a la vez una línea roja que divide el futuro en devastación o continuidad.

En esta región el mar es bravo, las olas se levantan y lanzan un llamado que es a la vez lamento y advertencia. Pero aún así produce una calma espiritual innegable. “Cuando venía de la ciudad al campo (es decir, a la playa) sentía total tranquilidad. Cuando regresaba a la ciudad me sentía en otro mundo, muchos ruidos, mucha gente, muchas compras, mucho movimiento de recursos y más trabajo. Aquí hay trabajo, muchas cosas por hacer, pero la tranquilidad lo convierten en otra cosa. He ido a las ciudades e incluso se me dificulta caminar, desplazarme, comunicarme, cuando en las zonas tranquilas es otra forma de vida”.

De nuevo, es importante situarnos en esta historia, para saber actuar en estos tiempos es importante aceptar nuestro papel. Quizá lo más perverso del sistema dominante es que nos ha convertido a todos en ecocidas, sobre todo a las personas citadinas. Los conflictos que se viven aquí son consecuencia de nuestra forma de vivir en las ciudades, son nuestros hábitos y la enajenación que produce el modo de vida urbano lo que degrada en última instancia los últimos relictos naturales, así que le pregunto su opinión sobre este tema; “Hemos visto como cuando se acercan a este espacio hay un cambio significativo en esas personas, no necesitan venir mucho. Esperamos que eso no se pierda, que siga viniendo gente, ya sea por unas horas pero que siga viniendo. A veces con una visita de un sólo día hacen más que algunas personas locales en meses. Ha sido gratificante encontrarnos y sobre todo ha sido favorable para las tortugas”.

Mientras platico con Roberto, hago un cálculo rápido según los datos que me da y ahora sé que ha llevado más de un millón doscientas mil tortugas al mar, así que pienso que las lecciones que nos da el maestro también son enseñanzas de esas pequeñas acorazadas. Mientras describe este desolador panorama, lleno del egoísmo decadente que caracteriza nuestras formas de relacionarnos cuando aceptamos los valores del sistema de consumo, las tortugas dan ejemplo de comunidad; “Por el contrario las tortugas se apoyan entre sí, se ha documentado que en algunas especies hay individuos que actúan como nodrizas. Esas tortugas no vienen a poner huevos, se encargan de acompañar a sitios seguros a las tortuguitas recién nacidas”.

Así también funciona este campamento, por medio del apoyo mutuo. Robertito y la familia que le acompaña (su esposa, sus tres hijas, su hierno y en ocasiones su hermano) apelan al intercambio para agradecer a las pocas personas que en ocasiones le ayudan. “Si al campamento llega algo de apoyo, se los damos a esas personas, palas, carretillas, impermeables”, objetos que funcionan para fortalecer el proyecto por medio del trueque.

Apoyar a “los tortugos” (como burlonamente les llaman, aquellos habitantes del pueblo que son incapaces de entender el poder y la magia que aquí se gestan) es una labor que conlleva riesgos, porque aunque hasta ahora hay una política de respeto para la primer persona (protector o saqueador) que llega a un nido, en ocasiones las personas que apoyan a Robertito son desconocidos por los habitantes de la playa. Por otro lado, al no tener el apoyo suficiente su labor requiere de mucho ingenio, ya que incluso tiene que regular la temperatura con un sistema propio para simular lluvias en diferentes épocas.

Según lo que me explica la situación en Oaxaca es diferente, ahí se transformó de fondo a una buena cantidad de población que antes vivía al depredar a las tortugas y que hoy se dedican a cuidarlas, pero en esta zona del país no sucede lo mismo. Incluso hay estadísticas alarmantes, uno de los pocos estudios que analizaron la situación de las tortugas en la zona, arroja resultados desesperanzadores; al ritmo actual de explotación que se da en estas playas, las poblaciones de tortugas van a desaparecer en 20 años. Si no se encuentran respuestas inmediatas este campamento está condenado a desaparecer.

En los 22 años de trabajo, aquí se han movido las conciencias de casi 200 mil personas. No sólo hacen la labor de divulgación en el campamento, también han llevado la plática a escuelas, desde preescolar hasta universidad, en periodos vacacionales hay muchos visitantes, y además la han replicado en muchos espacios y proyectos. Aún así la respuesta sigue siendo baja. Pienso que en cierta forma somos como las tortugas, supongo que de las miles de personas que vienen a este campamento, sólo unas pocas habrán de sortear todos los obstáculos que impiden que miremos de forma profunda, que abracemos ese inmenso océano que es la vida.

Y es que algo pasa que no todas las personas alcanzamos a entender lo que expresa Roberto cuando le pregunto justo lo que para él es la vida. “La vida es un regalo, que si no se valora se convierte en otra cosa. Aparentemente estás vivo pero es otra cosa”. ¿Qué es entonces la vida si no se le abraza como ese regalo, que cosa es esa que se escapa a las palabras? He preguntado a varias personas lo mismo ¿Qué es la vida? y ni los científicos de mirada más reduccionista limitan la respuesta a los mecanismos fisicoquímicos de la materia que confronta al caos, nadie me habla de los procesos celulares o las dinámicas epigenéticas de los organismos, lo que contestan al plantear esta cuestión responde al campo de las emociones.

Tiene sentido que tratemos de resolver desde esas sensaciones los grandes misterios que nos dieron forma; el origen de nuestro Universo, el paso de lo inerte a lo vivo y la emergencia de la conciencia. De esas mareas venimos, hoy la vida se aferra a cualquier espacio pero proviene de esas profundidades. Somos resultado de esos tres procesos altamente improbables, los cuales demuestran que el curso de la historia puede dar giros inesperados y tornar la oscuridad en una luminosa fuerza. Mi esperanza está ahí, en la imagen futura donde nuestro propio sentido de autodeterminación hallará las respuestas a los problemas que hoy nos agobian. Ese día en que seremos tantos rompiendo los muros que nos contienen, que sentiremos el salvaje oleaje como un melodioso llamado.

Más información sobre el campamento y formas de apoyar:

El campamento requiere del apoyo de todas las personas que se sientan convocadas. Además de acercarse y colaborar en la liberación de tortugas, el apoyo puede darse de múltiples formas, desde apoyos económicos hasta en equipo y material para el campamento. En particular, a Roberto le interesa adquirir equipo electrónico para continuar con la labor de investigación y facilitar el monitoreo en su área de trabajo. Una computadora y un drone con un sistema de visión nocturna integrado, facilitarían mucho la labor, además de que ya no pondrían en riesgo a quienes deben recorrer kilómetros de distancia en la búsqueda de tortugas. Si gustan apoyar al campamento, agendar visitas o llevar grupos de apoyo pueden pueden ponerse en contacto directo con el Campo Tortuguero Las Playas (ctlasplayas@gmail.com) o hacer depósitos a la cuenta de Banco Azteca: 81871354372639.

 

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