Otorgan amparo y protección judicial al manglar Tajamar

La viralización en redes sociales del ecocidio del manglar Tajamar provocó la atención de numerosas instituciones para frenar la ambición de las empresas turísticas sobre la biodiversidad de la región. Ahora, de acuerdo con el periódico La Jornada, el tercer tribunal del vigesimoséptimo circuito otorgó un amparo y protección de la justicia federal a grupos […]

La viralización en redes sociales del ecocidio del manglar Tajamar provocó la atención de numerosas instituciones para frenar la ambición de las empresas turísticas sobre la biodiversidad de la región. Ahora, de acuerdo con el periódico La Jornada, el tercer tribunal del vigesimoséptimo circuito otorgó un amparo y protección de la justicia federal a grupos ambientalistas que se opusieron a la construcción del complejo inmobiliario –el cual causó la devastación de 59 hectáreas de manglares–. 

Frente a esto, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos  Naturales –Semarnat– se abstendrá de ejecutar la autorización del impacto ambiental otorgada al Fondo Nacional de Turismo –Fonatur–, prohibiendo la remoción del manglar para llevar a cabo el complejo inmobiliario. Fue así que tanto el Grupo Ecologista del Mayab –Gema–, Centro para la Diversidad Biológica, Centro Mexicano de Derecho Ambiental –Cemda– y Greenpeace México y otras organizaciones ambientales han solicitado que la Semarnat se vea obligado a abstenerse de emitir una nueva autorización y de restaurar la zona afectada. 

Todas estas organizaciones ambientales aclaran que el tribunal fundó su sentencia para prevenir, promover tanto la responsabilidad como el desarrollo sustentable, y asegurar el reconocimiento de derechos colectivos que prevalecen sobre la propiedad privada en torno a la lucha por la protección y el respeto dle medio ambiente. Para ellos, es indispensable la resolución del tribunal para “identificar cómo se debe restaurar o reforestar la porción del manglar afectada.” Las organizaciones ambientalistas motivan a la resolución del tribunal colegiado en Quintana Roo para convertir el precedente ambientalista en una gran trascendencia y un referente para el derecho ambiental en México. 

Para las organizaciones ecologistas, aplaudimos del mismo modo que el tribunal reconozca el interés legítimo de las quejosas al identificar su residencia en Cancún y principalmente destacando el beneficio social que se hizo valer al querer proteger los manglares del malecón Tajamar. Esto es para combatir la autorización de impacto ambiental del proyecto Anteproyecto malecón Cancún, los trabajos de tala y la remoción del manglar con maquinaria pesada, por violar el derecho humano a un ambiente sano. 

El tribunal evidenció que no existe constancia de que la urbnación y edificación del malecón estuviese terminada, por lo que no son actos consumados de forma irreparable, como er la intención de hacer valer el Fonatur: “Con este amparo ya no hay nada que pueda hacer algún desarrollador inmobiliario y al parecer es la última palabra legal. No obstante, la Suprema Corte de Justicia de la Nación todavía no ha resuelto el tema del derecho a un medio ambiente sano que demandaron 113 niños por la devastación ocurrida en Malecón Tajamar.”

 


Manglares: el impacto humano y sus consecuencias

Los bosques de mangle son humedales constituidos por vegetación especialmente adaptadas a entornos de salinidad e inundación

Por: Alexis Domínguez Liévano

En México se tienen graves problemas de deforestación y pérdida de ecosistemas vitales para muchas especies de plantas y animales. La importancia que tienen los ecosistemas naturales está en la riqueza de sus recursos y en los servicios ambientales que ofrecen (Cortina et al., 2007). Parte de esta riqueza nacional la conforman los manglares, esenciales en el desarrollo y el funcionamiento de las zonas costeras (Herrera et al., 2014).

Desgraciadamente, no se le ha dado el seguimiento adecuado a la conservación de estos bosques. México y Brasil presentaron las tasas más elevadas de deforestación en términos absolutos (FAO, 2005). Estos países se encuentran entre los que cuentan con las zonas más extensas de manglares.

Desde la década de 1980, una de las causas de alteración a gran escala en los manglares de Asia, el Caribe y América Latina ha sido por la acuicultura y la infraestructura turística (FAO, 2005). Este ensayo tiene como objetivo analizar la problemática asociada al impacto antropogénico en los manglares y las consecuencias en los bienes y servicios que proveen estos ecosistemas. Comenzaré por describir la importancia de los manglares en la línea de costa. Después mencionaré la perturbación causada en los manglares.

Los bosques de mangle son humedales constituidos por vegetación especialmente adaptadas a entornos de salinidad e inundación (Herrera et al., 2014), diversificando el espacio y ofreciendo arribo a un gran número de especies de macro-invertebrados (Félix et al., 2011). De esta manera, y para nuestro interés, son fuente y origen de las pesquerías en las ribereñas y de los recursos alimenticios, actúan como zonas de protección y/o amortiguamiento frente a tormentas y huracanes y, estabilizan la línea de costa evitando su erosión, entre otros (León et al., 2001).

Desafortunadamente, no se ha sabido apreciar y gestionar la importancia ecológica, social y económica de los manglares, al estar sometidos a una degradación sistemática y acelerada durante las últimas décadas (Del Alba y Reyes, 1998). Es cada vez más común que los mangles estén sujetos a grandes tensiones por causa del crecimiento acelerado de las actividades turísticas como el de las actividades de acuacultura industrial (Batllori y Febles, 2007). Por otro lado, parte de la pérdida de la flora también se debe a causas naturales. Por ejemplo, en septiembre del año pasado en la Reserva de la Biosfera de Dzilam en Yucatán, se incendiaron 500 hectáreas de vegetación según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), viéndose amenazado el manglar. En Baja California Sur, tan solo en la porción sur de la Ensenada de La Paz, se ha perturbado aproximadamente el 10% de las casi 26,000 ha de manglar (Acosta-Velázquez et al. 2007), debido al desarrollo costero, que involucra el crecimiento urbano como la construcción de infraestructura turística (Mendoza et al. 1984). Esto ha impactado en la reducción u obstrucción del intercambio de agua entre los esteros y lagunas con el mar, teniendo afectaciones en la supervivencia de los manglares, al igual que la provocación de diferentes transformaciones ambientales (Llinas-Gutiérrez et al. 1982).

La gestión integral de los manglares juega un papel fundamental por sencillas razones; si los manglares están en buen estado, nos pueden proveer servicios de elevado valor, que van desde los elementos de seguridad alimentaria y recursos para un crecimiento económico favorable, un desarrollo turismo sustentable y sobre todo, la protección de la línea costera (PNUMA, 2015). Traduciéndose en el mediano plazo, en un manejo y aprovechamiento sustentable de los manglares.

Actualmente en el país, se siguen suscitando casos de cambio de uso de suelo en las costas en busca de un “desarrollo económico” con beneficio de particulares. Un ejemplo es el caso de Tajamar, donde se ha comprometido la flora y fauna del lugar. El proyecto inmobiliario llamado Malecón Tajamar en Cancún, Quintana Roo, fue planeado por la FONATUR desde hace más de 16 años, quien aseguró haber cumplido con los requerimientos ambientales y autorizaciones vigentes previstos por la Ley. Por su parte, la SEMARNAT da la autorización en materia de impacto ambiental en 2005 y el permiso en materia de cambio de uso de suelo en terrenos forestales en 2006. En principio, el permiso dado por la SEMARNAT, autoriza el cambio de uso de suelo de aproximadamente 58 hectáreas. En febrero 2007, se adiciona a la Ley General de Vida Silvestre el Artículo 60 TER, en el que se prohíbe cualquier obra o actividad que afecte al manglar. Esto se decreta con el fin de dar una mayor protección a estos humedales, pero la sorpresa fue que, en marzo de 2008, la SEMARNAT autoriza aumentar 14 hectáreas a las ya establecidas dentro de Tajamar, dando un giro inexplicable. Es entonces cuando se gestionan las prórrogas de vigencia de permisos de cambio de uso de suelo para poder construir por parte de los empresarios involucrados. Para 2015, la ciudadanía manifiesta rechazo por el ecocidio que se está gestando por las autorizaciones de FONATUR y SEMARNAT. Se presenta la denuncia correspondiente ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), por la destrucción y/o desmonte del manglar y pérdida de fauna. Actualmente, diversos jueces han otorgado suspensiones definitivas y provisionales a los amparos presentados por la ciudadanía, lo que significa que no se puede construir en Tajamar hasta que se resuelvan los juicios. La ciudadanía en Cancún sigue defendiendo el manglar.

De esta manera, queda claro que los intereses particulares y económicos están por encima de la conservación de los recursos naturales. Puntualmente, en el Marco Legal de México, se asientan las bases de la protección de los manglares (Poder Ejecutivo Federal, 2007). A pesar de esto, las políticas públicas que se aplican en el ámbito federal, estatal y municipal han permitido históricamente la destrucción de dichos ecosistemas (López y Ezcurra, 2002).

Se continúa perseverando en la conservación de los ecosistemas. Cada año se suman esfuerzos. Por ejemplo, en 2005 se restauró el manglar en la Laguna de Términos, Campeche, y se implementó una estrategia integral que identifica los factores estresantes que llevan a la degradación y muerte del manglar. Otro caso de restauración con resultados favorables, es la rehabilitación de 30 ha de manglar en la Laguna de Tampamachoco, Tuxpan, Veracruz, afectadas por una planta termoeléctrica que inició el cambio de uso de suelo en 1993. Y así, se encuentran otros casos de estudio, donde los factores determinantes de éxito fueron: el grado de perturbación y/o estado del manglar, las acciones que realiza la comunidad local para su restauración y la metodología utilizada en la zona de recuperación. Así como, el seguimiento u observación del ecosistema después de finalizar el proyecto.

Es necesario que se castigue con lo establecido en la Ley y se tomen las decisiones correctas cuando se comete ecocidio, buscando las labores necesarias para su restauración ecológica. Así pues, es importante un ordenamiento ecológico en la zona costera, mediante un proceso de planeación integral, participativa, transparente y sistemática para una mejor actuación a la hora de gestionar y proteger los manglares. De tal forma que, involucrar a los distintos niveles de gobierno y a la sociedad local, sigue siendo una de las acciones necesarias para sumar esfuerzos en la protección y el cuidado de los ecosistemas costeros.



Ecocidio en Tajamar para construir una basílica de la diócesis de Cancún-Chetumal

Antes de que las excavadoras hicieran su trabajo, el obispo mexicano de Cancún, Pedro Pablo Elizondo, celebraba su próximo proyecto espiritual.

A principios del 2016, los mexicanos nos indignamos con el ecocidio en el malecón de Tajamar, en Cancún. La biodiversidad de la región se vio fuertemente afectada por la deforestación, lo cual desató una serie de manifestaciones y la sentencia del juez a favor de frenar la destrucción de la naturaleza.

Sin embargo, Tajamar sigue en lucha. Ahora, cocodrilos, iguanas y garzas fueron exiliadas o aplastadas para construir una nueva basílica en el balneario de Cancún. De acuerdo con el periódico local Maya Politikon, más de 57 hectáreas de un ancestral manglar se vio devastado con el uso de grúas, excavadoras y camiones. De belleza natural a masa hedionda de plantas destruidas y mínima cantidad de reptiles arrastrándose por la zona.

Hace más de diez años, el expresidente Vicente Fox prometió parte de ese terreno a la diócesis de Cancún-Chetumal. Y en enero del 2016, los planos arquitectónicos de una basílica con la cruz más alta de Latinoamérica, comenzaron a materializarse.

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Antes de que las excavadoras hicieran su trabajo, el obispo mexicano de Cancún, Pedro Pablo Elizondo, celebraba su próximo proyecto espiritual. Sin embargo, “[a]hora está todo en silencio otra vez por causa de los ambientalistas, que han interpuesto una demanda”. ¿Qué pasa entonces con las palabras del papa Francisco que predica en su Encíclica Laudato acerca de la necesidad de proteger la naturaleza, o que todos los manglares fueron declarados en 2007 por México como áreas protegidas?

De acuerdo con Margarita Campuzano, portavoz del Centro Mexicano de Derecho Ambiental –CEMDA–, el papa Francisco ha centrado su atención en México y las regiones indígenas ahogadas en sangre: “Espero que también será informado sobre esta propuesta basílica”, y así se pueda revertir la continuación de este ecocidio. Mientras que para el obispo Elizondo, la futura basílica de color arena como las playas blancas de Cancún, será “la única atracción turística de Cancún”. ¿Será que el obispo no habrá tenido la oportunidad de conocer la biodiversidad ni la diversión que este paraíso ofrece a los turistas que llegan anualmente?



Miles piden arrebatar a México la sede de la Diversidad Biológica por Tajamar

Que el país sea la sede del evento más importante de la biodiversidad en el mundo, luego de la atroz devastación del manglar, resulta, cuando menos, cínico.

Foto: revistahorizontal.com

Cuando los gobiernos conceden permisos privilegiando los intereses de las corporaciones por sobre el medio ambiente y las personas, las repercusiones políticas debieran ser a lago plazo. Y eso es precisamente lo que está intentando la sociedad civil organizada en torno a la devastación del manglar Tajamar en México.

El gobierno del municipio de Cancún, en mancuerna con las autoridades federales a través de SEMARNAT, otorgaron los permisos para la devastación de más de 50 hectáreas de manglar. El proyecto se llama “Malecón Tajamar”, y la acción civil con protestas en el sitio y miles de firmas en contra en plataformas digitales, consiguieron la suspensión, al menos temporal, del proyecto.

Esta semana, para seguir con esta serie de protestas, los Supercívicos entregaron más de 125 mil firmas en la sede de la ONU en México para evitar que en diciembre de este año, el país, y de hecho, Cancún (lugar donde ocurrió la devastación) sea la sede de  la Conferencia de las Partes (COP13) de la Convención sobre la Diversidad Biológica (el evento más importante del mundo por la biodiversidad), por la paradoja que implica.

Dados los hechos, ni el gobierno del estado de Quintana Roo que encabeza Roberto Borge Angulo, ni el gobierno de México son aptos para ser anfitriones del evento más relevante a nivel internacional para la defensa de la biodiversidad, y la sede debe ser otra. Los hechos lo demostraron: no tienen ningún interés en la protección de los derechos humanos, incluyendo a contar con un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado, ni en cumplir con los compromisos internacionales en la materia. Se lee en la petición dirigida al Secretario Ejecutivo de la Convención sobre Diversidad Biológica, ONU Braulio Ferreira de Souza.

Si te suena, puedes unirte aquí a la petición.

 



Mientras tajan Tajamar…

En el caso del manglar de Tajamar, la Semarnat ha asumido el extraño papel de defensora de la destrucción ambiental.

Con el paso de estos huracanes Gilberto (1988) y Wilma (2005), Cancún perdió –y probablemente nunca vuelva a recuperar– mucho de lo que era: Wilma arrasó con más de 12 kilómetros de sus playas, las cuales pasaron de ser un manto blanco y suave a uno rocoso y escarpado. Para compensar esta pérdida ha sido necesaria una constante extracción de arena del fondo del mar en la isla de Cozumel, con el respectivo impacto a la estabilidad costera y a las comunidades coralinas que esta actividad conlleva. Cada año se ha incrementado la importación de más y más arena, porque la erosión de las playas no se ha detenido y difícilmente lo hará.

Detrás de estas “soluciones” está la misma lógica de combatir la obesidad comprando una talla de pantalón más grande. Lo único que podría evitar que continúe la erosión sería un aumento en la cobertura vegetal de las zonas costeras, principalmente con la presencia de manglar. Cada metro cuadrado que se tala en este ecosistema supone un aumento en la vulnerabilidad de las playas ante los eventos climáticos extremos.

El turismo busca sol y arena, sí, pero sin manglares no hay arena, y sin ella no hay turismo. Los recientes acontecimientos en Tajamar hacen evidente que, a pesar de más de dos décadas de deterioro por razones ambientales, ni la industria hotelera ni las autoridades han entendido por qué se debe conservar el manglar. Tajamar es el nombre de un complejo turístico impulsado por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) cuya construcción implica la pérdida de 57 hectáreas de manglar en la laguna Nichupté. Tanto en México como en el ámbito internacional, los manglares son considerados uno de los entornos naturales de mayor importancia ambiental, económica y social. El manglar es el ecosistema más productivo del planeta: refugio y centro de crianza para una gran cantidad de especies, barrera natural contra huracanes, amortiguador de la fuerza de las inundaciones, filtro para mantener la calidad del agua. En México, una norma oficial (la NOM-022-SEMARNAT-2003) y un artículo (el 60 TER) de la Ley General de Vida Silvestre protegen el ecosistema del manglar. Estas disposiciones son claras respecto a la prohibición de actividades humanas que afecten de manera directa o indirecta a los manglares. Una norma adicional (la NOM-059-SEMARNAT-2010) resguarda bajo la categoría de “amenazadas” a las cuatro especies de árbol de manglar presentes en el Caribe mexicano.

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A pesar de que la protección legal del manglar es una de las más estrictas en México, las autoridades ambientales han fallado en contener su deforestación. De acuerdo con el Instituto de Ecología y Cambio Climático (INECC), de seguir con la actual tasa de destrucción, México habrá perdido entre el 40 y el 50% de la cobertura de manglar para el año 2025. El deterioro ha sido tan grave y tan deliberado que en 2011 la Auditoría Superior de la Federación reprobó el trabajo de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en materia de manglares debido a la falta de una estrategia específica y coordinada para lograr su conservación. La deforestación de Tajamar hace evidente la enorme gravedad de estas fallas institucionales.

Hasta el momento, Fonatur no ha dicho nada sobre dicha destrucción. En su lugar, fue la misma Semarnat la que, por medio de un comunicado, se encargó de justificarla. El argumento de la Semarnat se basa en dos puntos: que el proyecto de Tajamar cuenta con todos los permisos, y que el artículo 60 TER entró en vigor en 2007, dos años después de la autorización del proyecto en 2005. El comunicado, sin embargo, omite mencionar a la ley NOM-022-SEMARNAT-2003, la cual ya estaba vigente en el momento de la autorización. Esta norma establece las especificaciones para la preservación, conservación, aprovechamiento sustentable y restauración de los ecosistemas de manglar y establece que “toda obra de canalización, interrupción de flujo o desvío de agua que ponga en riesgo la dinámica e integridad ecológica de los humedales costeros quedará prohibida”. Asimismo, señala que “la infraestructura turística ubicada dentro de un humedal costero debe ser de bajo impacto, con materiales locales, de preferencia sobre palafitos que no alteren el flujo superficial del agua”.

La situación plantea dos grandes interrogantes: 1) ¿Es de veras legal la autorización de la manifestación de impacto ambiental y el cambio de uso de suelo del proyecto turístico de Tajamar? 2) ¿Por qué una institución evaluadora como la Semarnat se comporta en este caso como defensora y hasta promotora de la deforestación?

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La premura por destruir el manglar de Tajamar se debe a que la vigencia de los permisos para el proyecto (cambio de uso suelo y autorización en materia de impacto ambiental) vence en febrero del presente año. Si se diera el vencimiento y el manglar del terreno siguiera en pie, entonces sería legalmente imposible obtener nuevos permisos. Ahora bien, los permisos que ahora existen aplican únicamente para el plan maestro de Tajamar, que integra 44 lotes en 49 hectáreas de humedal costero. Esto no significa que se haya medido y evaluado el impacto ambiental particular de cada lote. En el futuro, esos proyectos tendrán que estar sujetos a las “incómodas” evaluaciones en materia ambiental. La estrategia de Fonatur es, por tanto, acelerar la destrucción total del ecosistema para que los inversionistas no tengan que enfrentarse a molestos ciudadanos-ecologistas que defiendan su derecho a un medio ambiente sano. Por si fuera poco, la ciudad de Cancún será la sede de la próxima Conferencia de las Partes (COP13) de la Convención sobre la Diversidad Biológica de la ONU. El ecocidio de Tajamar pone en evidencia que la conservación de la biodiversidad no es el objetivo de las autoridades ambientales mexicanas. Para que exista una verdadera congruencia, la sede debería ser replanteada.

La batalla legal iniciada por la sociedad civil de Cancún ha logrado por ahora la suspensión provisional del proyecto –no solo han concentrado sus esfuerzos en exponer las ilegalidades, sino que han velado por la protección del terreno noche tras noche.[1] Lo que Tajamar ha dejado claro es que este tipo de planes son incompatibles con las necesidades de un turismo sustentable para la región. A consecuencia del impacto ambiental de los últimos años, Cancún dejó de ser la playa de arenas blancas que la convertía en el principal destino turístico de México. En la búsqueda de un nuevo paraíso, el modelo de turismo depredador se esparce hoy como una epidemia a lo largo la Riviera Maya[2] sin comprender que el único resultado será continuar la destrucción.

 

Twitter del autor: @FerCordovaTapia

Notas [1] Se han lanzado tres campañas de recolección de firmas a favor de la conservación de Tajamar y su ecosistema de manglar: * Que se detenga el desmonte a la zona del Manglar en el Malecón Tajamar para la construcción de condominios. * Retiren a México la sede para la COP13: la ONU no debe dar respaldo a un gobierno ecocida. * La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad exige que se revoquen los permisos de la obra. [2] Si la actual situación de Cancún no despierta la conciencia crítica, entonces la costa de Quintana Roo está condenada a convertirse en un gran Tajamar desde Mahahual-Xcalak, pasando por la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an, Tulum, Playa del Carmen, Punta Nizuc, hasta Holbox.
— Fernando Córdova Tapia es coordinador académico del Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM y del Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (GAMIA-UCCS).


Activistas llevan animales muertos al ayuntamiento y juez suspende la destrucción del manglar Tajamar

Con los cadáveres de dos iguanas y una ardilla en la antesala del Presidente Municipal, Paul Carrillo de Cáceres, los ambientalistas invitaron a realizar acto de conciencia sobre el daño ecológico que implica tanto la destrucción de la vegetación como el relleno con material pétreo en la zona.

Se le acusa a la SEMARNAT de haber autorizado el ecocidio del Malecón Tajamar. Ahora, tras largas protestas, un grupo de activistas responsabilizó al Gobernador Roberto Borge Angulo de haber cometido el atentado contra la naturaleza y diversidad de México. Como respuesta, este grupo de activistas llevó al Ayuntamiento Benito Juárez, en Cancún, algunos de los animales que murieron a causa de la destrucción del manglar.

Con los cadáveres de dos iguanas y una ardilla en la antesala del Presidente Municipal, Paul Carrillo de Cáceres, los ambientalistas invitaron a realizar acto de conciencia sobre el daño ecológico que implica tanto la destrucción de la vegetación como el relleno con material pétreo en la zona.

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De acuerdo con los datos brindados, la destrucción fue autorizada por el Gobierno federal y las autoridades tanto municipales como estatales. Si bien la comunidad local se opuso, la destrucción no sólo fue inmediata, también irreparable. Por ello es urgente que se lleve a cabo una acción para proteger la población vegetal y animal que está sufriendo debido a esta situación.

Como respuesta, Gerardo Vázquez Morales, juez segundo de Distrito en el estado de Quintana Roo, concedió la suspensión provisional para detener cualquier tipo de acto de ejecución de remoción vegetal e invasión petrolera en la zona, “en virtud de la naturaleza del acto reclamado [el desmonte y relleno del manglar], estando en juego derechos de las personas en lo individual así como de una colectividad”.

Actualmente en el malecón habitan especies en peligro de extinción, las cuales se encuentran incluidas en la Norma Oficial Mexicana NOM-059 de la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); como por ejemplo, la rana leopardo, el pelicano café, el cangrejo azul, la iguana rayada, la garza tigre y el cocodrilo Moreletti.

Inclusive, de acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, este lugar ocupa el 0.4 por ciento de la superficie del territorio, ocupando así el cuarto lugar de 125 naciones que poseen un bosque tan rico en diversidad.

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