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Mineras extranjeras y el crimen organizado: un vínculo que destruye la biodiversidad de México

La minería en México es un problema grave que ha afectado gran parte de la biodiversidad y la supervivencia de varias comunidades en diferentes regiones del país. En más de una ocasión poblaciones indígenas han tenido que abandonar sus tierras pues alguna empresa minera canadiense contaminó la zona volviéndola inhabitable por su toxicidad; y en más de una ocasión, las comunidades indígenas han dado sus vidas para combatir estas injusticias que arremeten en contra de los derechos humanos. Desgraciadamente, y pese a las advertencias a los gobiernos locales, la invasión de estas empresas extranjeras continúan teniendo lugar en varias regiones de México. 

No sería tan arriesgado sospechar el interés económico que podría implicar la presencia de empresas extranjeras en terrenos nacionales. Pues de hecho, según el director y propietario en jefe de la minera McEwan Mining, Rob McEwen, no se trata de una alianza tan sólo con el gobierno mexicano, también con el crimen organizado. 

En el 2015, la minera El Gallo del centésimo hombre más rico de Canadá sufrió un asalto. Ahí, en la zona serrana de Mocorito, Sinaloa, hubo un robo de 198 kilos de oro –un equivalente a 8.4 millones de dólares–, lo cual se convirtió en el hurto de oro más grande de México y el cuarto más importante registrado en la historia en peso. Frentea este evento, McEwen dio una entrevista a la televisora canadiense Business News Network, decretando que: “Los cárteles están activos ahí. Generalmente tenemos una buena relación con ellos. Si queremos ir a explorar a algún lado, les preguntamos y te dicen: ‘No, pero regresen en un par de semanas y terminamos lo que estamos haciendo.'”

Estalló la polémica. Entonces McEwen se retractó y ofreció disculpas por el mantenido que creó la impresión totalmente falsa entre los medios mexicanos y un contacto regular con el crimen organizado en su sociedad. Sin embargo, McEwen dejó en claro algo: “la compleja relación que se ha entablado en México entre las empresas mineras y el crimen organizado. Una relación que tiene varias facetas: la abierta colaboración entre ambos negocios, la conversión de narcotraficantes en empresarios del sector, y la extorsión y el robo de los cárteles a las compañías.”

De acuerdo con la investigación del reportero Luis Hernández Navarro, de La Jornada, “los narcotraficantes y mineros comparten territorios y rutas de traslado de su producción”. La mayoría de los depósitos de mineras se encuentran en regiones productoras de amapola y mariguana, en donde albergan ejércitos privados o guardias de seguridad: “En ocasiones, los mineros mantienen relaciones de entendimiento y colaboración con los sicarios que operan en remotas serranías.”

Es decir que los narcos se encargan de limpiar el terreno para que las empresas extraigan los minerales sin importar las comunidades ni habitantes de las zonas; los empresarios cobran a los trabajadores un impuesto de cooperación para tener derecho a laborar en la mina y a los poblados una cuota por las regalías de las minas. Es así que “el crimen organizado ha encontrado en la minería una próspera actividad económica, ya sea para lavar las ganancias producto de la venta de estupefacientes o como una forma de diversificar sus negocios. Obtienen de paso legitimidad social y política.”

Hernández Navarro enlista ejemplos del abuso de poder entre narcos, empresas mineras extranjeras y el gobierno: Los caballeros templarios en Michoacán enviaban a China barcos completos cargados de hierro, y según sus lavadores que fue detenido habían exportado 1.1 millones de toneladas de mineral de hierro a ese país por medio de tres compañías; Los Zetas en Coahuila explotaron pequeñas minas y lavadoras de carbón –las cuales eran, por sí solas, rutas de paso de cocaína hacia EE.UU.– con una ganancia de 22 millones de dólares; entre otras. 

Frente a esto, Hernández Navarro concluye: 

Pero, más allá de las modalidades que asume la compleja y perversa relación entre narcotráfico y compañías mineras, un hecho resulta fundamental: la terrible afectación que las comunidades campesinas en lo general y las indígenas en lo particular padecen a manos de ambas. Sus tierras, territorios y recursos naturales están siendo salvajemente despojados, devastados y explotados por unos y otros. Con la minería y la narcominería los pueblos originarios son víctimas de una nueva colonización.

 
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