¿Cuánta azúcar hay en la comida salada procesada?

El nombre de “azúcar” aparece bajo varios pseudónimos: fructosa, glucosa, sacarosa, melaza, entre otros.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud –OMS–, el consumo máximo de azúcar agregada por día es de seis cucharaditas. Sin embargo, en numerosos de los productos que se consumen a diario, como bebidas, yogurts, galletas, cereales, cafés de cadenas trasnacionales, contienen cantidades desorbitantes de azúcar; los cuales se relacionan con la dependencia a sustancias, sobrepeso, diabetes, caries, problemas cardiovasculares, entre otros. 

Ahora, según muestran los datos de la BBC, la comida salada también contiene azúcar agregada, y un plato puede incluso superar lo recomendado para todo un día. Por ejemplo, 1 plato de pollo agridulce con arroz puede equivaler a diez cucharaditas de azúcar; 1 taza de sopa de jitomate, seis cucharaditas de azúcar; 2 rebanadas de pan integral, una cucharadita de azúcar. 

Con el fin de regular el consumo excesivo del azúcar, es importante detectarlo a través de las etiquetas nutricionales de los alimentos. Según el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, el nombre de “azúcar” aparece bajo varios pseudónimos: fructosa, glucosa, sacarosa, melaza, entre otros. Si bien en algunos países están modificando las etiquetas de información nutricional, en donde se muestra el azúcar agregada de forma individual y expresada tanto en gramos como en porcentaje en función de una dieta de 2 000 calorías, aún es importante tener en consideración sus nombres alternativos y la cantidad contenida en el alimento. 

El consumo de azúcar agregada se encuentra de alguna manera escondido en alimentos procesados que usualmente no son considerados dulces. 

 

 



¿Cuánta azúcar estás comiendo en tus alimentos? (FOTOS)

De acuerdo con Antonio Rodríguez Estrada, fundador de SinAzúcar.org, el azúcar también se encuentra en productos que, al no leer las etiquetas, consumimos sin darnos cuenta.

Es mundialmente sabido que el consumo excesivo –e incluso, mínimo– del azúcar produce una serie de consecuencias negativas en la salud. Estudios de universidades, los cuales están avalados por la Organización Mundial de la Salud, insisten en reducir al menos una cuarta parte –25 gramos diarios– de azúcar ingerida con el fin de prevenir una serie de enfermedades relacionadas con su consumo; tales como la dependencia, sobrepreso, diabetes, caries, problemas cardiovasculares, etcétera. Pero, ¿es suficiente dejar de ponerle cucharaditas de azúcar al café para cuidarnos física y emocionalmente? 

De acuerdo con Antonio Rodríguez Estrada, fundador de SinAzúcar.org, el azúcar también se encuentra en productos que, al no leer las etiquetas, consumimos sin darnos cuenta. Para él es indispensable difundir imágenes para generar consciencia sobre la cantidad de azúcar que estos alimentos contienen y, de alguna manera, materializar el verdadero consumo de este ingrediente peligrosamente tóxico: “SinAzúcar.org pretende visualizar el azúcar oculto en estos alimentos procesados de una forma simple y gráfica para que puedan ser compartidas fácilmente a través de las redes sociales. Es mi granito de arena para mejorar los hábitos de consumo”.

Dado que una de las principales causas de la epidemia de obesidad es el abuso de los productos industriales, es importante presentarlos en su impactante realidad, sin brillos ni decoraciones que seduzcan al consumidor. En especial los productos que vienen con la imagen de ser saludables, bajos en azúcar o “o%” o inclusive están avalados por sociedades médicas. Tan sólo en el caso de las cafeterías de Starbucks se sirven tazas extragrandes de azúcar en sus bebidas caliente, y se ofrecen cada vez más chai, chocolate y otras alternativas cafetaleras con jarabes para un sabor aún más intenso. Esta simple estrategia aumentó hasta en un 20 por ciento de clientela diaria, pese a que los consumidores ignoran la cantidad de azúcar que beben en su café o bebida. 

Por ello Rodríguez Estrada decidió fotografiar algunos alimentos más genéricos, tomar una marca de referencia, colocar a su lado el equivalente de azúcar en terrones de azúcar –de 4 gramos– e inmortalizar el momento. Te compartimos algunos ejemplos de su trabajo: 

 

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7 sencillos tips para vivir libre del azúcar

Estos 7 consejos te ayudarán a reducir el consumo de azúcar pese a sus propiedades adictivas.

En las últimas décadas las consecuencias del consumo del azúcar en bebidas de sabor, refrescos, dulces y comida chatarra, se han relacionado con la pandemia de obesidad en el mundo, diabetes, enfermedades cardiovasculares, caries dental e incluso con bajos niveles de fertilidad. Frente a este impacto en la salud se han realizado tanto campañas como medidas políticas para reducir, o al menos regular, el consumo de dichos productos. 

No obstante dejarlo parece difícil de lograr ya que posee propiedades adictivas que alteran numerosas áreas del cerebro. La realidad es que no es imposible, y por ello te compartimos 7 hacks que te ayudarán a librarte de la adicción al azúcar: 

– Comprende qué es el azúcar refinado. Este es un tipo de carbohidrato refinado, una fuente de caloría que el cuerpo usa para convertirla en energía. Desgraciadamente este tipo de carbohidrato es malo, por lo que no sólo se almacena en nuestro vientre, también en otras partes del cuerpo; como por ejemplo, las venas, causando altos niveles de colesterol, los dientes, etcétera. Esto no quiere decir que el cuerpo no necesite de carbohidratos para generar energía: la OMS recomienda que se consuma sólo el 5 por ciento de calorías de “azúcares libres” –los agregados de los productos–, es decir sólo 5 cucharaditas al día. 

– Sustituye bebidas azucaradas y refrescos por agua natural o tés. Los refrescos, leche de sabor, jugos embotellados o bebidas energizantes, poseen alrededor de 16 cucharaditas de azúcar en una sola botella. Esto significa que este tipo de bebidas no contienen ningún valor nutricional en las dietas; sino todo lo contrario, son una fuente importante de calorías “malas”. Además, dado que es un azúcar en forma de líquido, el cerebro no procesa la información para considerarla un alimento; así que se puede consumir sin hacernos sentir satisfechos. 

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– Come fruta, no jugos. La fruta, por sí sola, no amenaza la salud; sin embargo, los azúcares agregados, sí. Dado que las frutas, como las naranjas, manzanas y peras contienen fibras importantes, son saludables para generar un equilibrio importante. Sólo recuerda comer las frutas lentamente hasta el momento en que estemos satisfechos. 

– Revisa en los ingredientes los siguientes nombres: jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar invertida, azúcar malta, molasa, dextrosa, etcétera. Estos nombres rimbombantemente científicos son otra manera de llamar el azúcar refinado. 

– Consume alimentos locales que estén libres de químicos y agregados. Los productos como la mayonesa, salsa catsup –o ketchup–, aderezo para ensaladas, cereales para desayunos, etcétera, son alimentos empaquetados que poseen, escondidos, azúcares añadidos. Considera alternativas como comprar frutas y vegetales que puedes congelar o hacer tus propios aderezos para ensaladas, cereales –avena o granola–. De esta manera te aseguras que tanto tú como tu familia no están consumiendo azúcares añadidos que se escondan en los productos que compraste en el supermercado. 

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– Busca anuncios (in)salubres. Las palabras “saludable”, “natural”, ” grano entero”, no son forzosamente verdaderos. Inclusive los productos que mayor cantidad de azúcar agregada tienen, como los cereales y barras energéticas, son las que se venden como saludables y libre de ingredientes insalubres. 

– Está bien caer en la tentación de vez en cuando. Si llega a suceder que bebes un refresco una vez,  comas un pedazo de pastel o un chocolate muy noche, no está mal. Siempre y cuando sea con moderación. Sólo sé honesto contigo mismo. 

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Sobre el azúcar y la salud mental infantil

Diversos estudios han demostrado una importante correlación entre alto consumo de azúcar y trastornos emocionales así como enfermedades físicas.

De acuerdo con una encuesta realizada por el gobierno de Estados Unidos, 1 de cada 10 niños padece de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en ese país, lo cual representa un aumento del 22 por ciento desde 2003 ( datos de una encuesta del gobierno realizada en el 2010) y dos tercios de los niños diagnosticados con TDAH en Estados Unidos, están tomando algún tipo de medicamento farmacológico, cuyos efectos secundarios son, en muchos casos, peores que la enfermedad. En México existen alrededor de 33.5 millones de niñas y niños, de los cuales 10.5 M son menores de 5 años, y 23M se encuentran entre los 5 y los 14 años ( cifras redondeadas). Los estudios reportan que entre el 14 y el 20% de este sector poblacional sufre de trastornos de la salud mental, de los cuales el 7% son severos.De acuerdo con lo dicho en 2014 por María Elena Medina Mora, directora general del Instituto Nacional de Psiquiatría, las enfermedades mentales en nuestro país van en aumento. En términos de lo que pasa con los trastornos mentales en el mundo, México está un poco arriba de la media, pero, según esta investigadora, el problema en México no es tanto cuántos enfermos hay, sino cómo están creciendo estos trastornos en las generaciones jóvenes.

Por supuesto que los trastornos mentales son padecimientos multifactoriales: aspectos psicosociales, socioeconómicos y nutricionales, por sólo mencionar algunos, intervienen en el origen y evolución de dichos trastornos. Sin embargo, vale la pena destacar el papel del consumo de azúcar como factor que contribuye notoriamente a este tipo de alteraciones. Y esto por varios motivos:

– Usualmente hemos considerado al azúcar como una sustancia inofensiva.

– En el caso de los niños se promueve el consumo del azúcar (alimentos endulzados) y se asocia con el afecto: “ para decir te quiero, te doy algo dulce”.

– El consumo de azúcar se ha incrementado continuamente, llegando a niveles muy altos en numerosos países en las últimas décadas.

-Hoy sabemos que el azúcar genera inflamación crónica, incrementa la oxidación y produce efectos importantes e indeseables en la bioquímica cerebral, generando fácilmente comportamientos de consumo compulsivos.

– El azúcar ha sido puesta, en la última década, en el centro de la polémica en torno a las causas de la pandemia del síndrome metabólico, que incluye las patologías crónico degenerativas más frecuentes de la actualidad, a saber: sobrepeso y obesidad, cardiopatías, hipertensión, diabetes, hígado graso, elevación de los niveles de colesterol y de triglicéridos y daño renal, entre otras, pero también ha sido caracterizado como un alimento que genera comportamientos adictivos y alteraciones emocionales.

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– El azúcar por sí sola, genera trastornos cognitivos, así lo afirma, por ejemplo, la Dra. Raquel Burrows, médico cirujano con especialidad en Pediatría y Endocrinología Infantil, académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA) y jefe del Programa Clínico de Obesidad Infantil de dicho instituto. La evidencia científica ha demostrado que la fructosa, comenta la Dra. Burrows, “altera las estructuras cerebrales que tienen que ver con la memoria y el aprendizaje, que están en una zona que se llama hipocampo. Por lo tanto a igualdad de coeficiente intelectual, un niño que consume fructosa [el azúcar se compone de glucosa y fructosa] en forma diaria, no va a rendir igual que un niño que no lo hace” (1).

– El azúcar no sólo es perjudicial por sí misma, sino que desplaza a los alimentos verdaderos , contribuyendo enormemente a una insuficiente ingesta de nutrientes esenciales para la salud.

– Existe evidencia sólida de que el alto consumo de azúcar es un factor independiente en la producción de trastornos mentales en niños y adolescentes ( también en adultos).

DIVERSOS ESTUDIOS CONFIRMAN LA CONEXIÓN ENTRE EL CONSUMO DE AZÚCAR Y TRASTORNOS EMOCIONALES EN LOS NIÑOS.

Para el caso de la población infantil, en los años recientes varios estudios han encontrado una asociación entre el consumo del azúcar y diversos disturbios emocionales en los niños.

Mencionemos , en primer lugar, un trabajo realizado analizando información generada en Alemania por un amplio estudio sobre salud infantil y alimentación realizado durante 10 años en dicho país. Durante esos 10 años se recolectó información sobre la alimentación de 3437 de los participantes. Sobre la base de esta información se han realizado numerosos estudios posteriores. Uno de ellos se dedicó a investigar la correlación entre los datos sobre la dieta de los niños y problemas de comportamiento y alteraciones emocionales (reportadas por los padres), tomando en cuenta los datos del último año del estudio. En las conclusiones de este trabajo los autores señalaron que el consumo incrementado de productos con alto contenido de azúcar y una dieta de mala calidad, se asociaba con mayor presencia de alteraciones emocionales en los niños (2).

Vale la pena mencionar otro amplio estudio que también reportó una correlación entre el consumo de azúcar en los niños y alteraciones del comportamiento. Este estudio fue concebido y dirigido por dos investigadores, Adriennne O´Neil y Felice N Jacka, del Centro de Investigación Estratégica en Innovación y Tratamiento Clínico en Salud Mental y Física de la Facultad de Medicina, de la Universidad de Deakin, en Australia (3).

Para la realización del estudio los autores eligieron mediante una amplia búsqueda en bases de datos 1255 resúmenes de artículos sobre el tema y después de sucesivas valoraciones metodológicas 22 artículos fueron seleccionados y revisados sus textos completos. Finalmente sólo 12 cubrieron los criterios adecuados para ser incluidos en el estudio, con una duración que iba de 2 a 4 años y que de conjunto englobaban a 82779 participantes, con edades entre 4.5 y 18 años, de varios países (Alemania, Estados Unidos, Canadá, China , Reino Unido y Noruega).

obesidad infantil

Se encontraron pruebas de una relación significativa, entre patrones dietéticos poco saludables y alteraciones de la salud mental en niños y adolescentes. Los autores comentaron que habían observado una tendencia constante: la existencia de una relación entre una dieta de buena calidad y una mejor salud mental, aunque en algunos casos la correlación opuesta ( mala alimentación/ enfermedad mental) no se veía confirmada.

A pesar de las variaciones que pueden existir de un país a otro, los autores señalan , que una dieta poco saludable es aquella que incluye alta cantidad de grasas saturadas, carbohidratos refinados y alimentos procesados, mientras que una dieta saludable se caracteriza por una alta ingesta de alimentos ricos en nutrientes, incluyendo todo tipo de vegetales y frutas, pescado, y diversos grupos de alimentos comúnmente reconocido por ser saludables.

Este estudio resulta importante por varios motivos:

1)Por primera ves , un amplio estudio de revisión de la literatura internacional demuestra la correlación entre mala calidad de la dieta y alteraciones emocionales endógenas en los niños y adolescentes. Los investigadores señalaron que a la fecha, gran parte de las revisiones sobre los artículos publicados alrededor de este tema, en el caso de los niños, se han centrado en demostrar la correlación entre mala dieta y conductas externas alteradas, particularmente síntomas de déficit de atención e hiperactividad. Sin embargo, la correlación entre la calidad de la dieta y la presencia de alteraciones emocionales internas como depresión, bajo estado de ánimo o ansiedad, casi no ha sido objeto de revisiones amplias. Los autores comentan que hasta donde ellos tienen noticia su estudio es el primero que se ocupa de una revisión sistemática de la literatura respecto de esta temática.

2) Al tratarse de una amplia revisión de la literatura internacional, el estudio resume la situación prevalente en diversos países e incluye una extensa muestra poblacional.

3) El estudio demuestra, con sólidas bases, la correlación entre una dieta de baja calidad y alteraciones emocionales internas en los niños y adolescentes, como depresión, ansiedad y bajo estado de ánimo.

4.) Al reunir diferentes trabajos, esta investigación contribuye también a ofrecer un panorama de los conocimientos actuales sobre la manera como una dieta de mala calidad puede afectar el estado emocional. Los autores mencionan los siguientes mecanismos:

Deficiencia de nutrientes que ha sido asociada con alteraciones de la salud mental: la deficiencia de zinc, ácido fólico y magnesio ha sido asociada con depresión, mientras que la deficiencia de omega 3 se ha correlacionado con ansiedad.

– Una dieta de mala calidad incrementa la inflamación silenciosa, lo cual a su ves se ha asociado con deterioro de la salud mental,

– Una dieta de baja calidad se asocia con oxidación , misma que también se ha correlacionado con propensión a problemas emocionales,

– La oxidación y la inflamación crónicas promovidas por una mala dieta , generan disturbios del sistema inmunológico, lo cual también se asocia con alteraciones del estado de ánimo y depresión,

– En estudios con animales se ha demostrado que una dieta rica en grasas saturadas y azúcar se ha correlacionado con la alteración de la síntesis de proteínas que son importantes para el desarrollo cerebral y/o para el desempeño de diversas funciones cerebrales, una reducción de la plasticidad neurológica, alteraciones cognitivas, y deterioro de la memoria y el aprendizaje.

Mencionemos, por ultimo , otro amplio estudio, en el cual se demostró la correlación entre una dieta de mala calidad y el déficit de atención en los niños.

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El síndrome de déficit de atención e hiperactividad, se caracteriza por incapacidad para centrar la atención, comportamiento impulsivo e hiperactividad y constituye el desorden de salud mental más común en los infantes hoy en día.

Este estudio , realizado por un grupo de investigadores de Alemania y de Austria, incluyó 9428 niños y adolescentes alemanes, se basó en los datos recabados por un amplio estudio alemán sobre la salud y los hábitos de vida de la población infantil en Alemania.

En las conclusiones de su artículo los investigadores mencionaron que: una pobre calidad nutricional en la dieta (elevado consumo de grasa saturada y de azúcar), una alta ingesta calórica y una elevada exposición a la televisión , parecen estar directamente asociadas con una mayor presencia de síntomas de déficit de atención e hiperactividad y que esta correlación es más marcada en las adolecentes. Además encontraron que los infantes con mayor prevalencia de dicho padecimiento tienden a tener menos actividades deportivas.

En referencia a la alimentación el estudio reportó algunas precisiones muy interesantes:

1. Una estrecha correlación positiva entre el consumo de bebidas comerciales (la principal fuente de azúcar en la dieta moderna) y síntomas de déficit de atención e hiperactividad.

2. Encontraron una asociación clara entre mayor consumo de grasa saturada y de azúcar con el síndrome de déficit de atención e hiperactividad, pero no se presentaba dicha correlación con alta ingesta de alimentos saludables, lo cual explica la asociación entre la obesidad y dicho síndrome.

3. Esta correlación ( obesidad/ síndrome de déficit de atención e hiperactividad) era más notoria en el caso de las niñas, lo cual puede ser debido a que son sometidas a mayor presión familiar y social para que bajen de peso, lo cual a su ves puede agravar los desequilibrios emocionales y mentales.

En las conclusiones de su estudio, los autores señalan que el consumo de una dieta de mala calidad y la exposición a la televisión y a los juegos digitales tienen una correlación directa con mayor presencia de déficit de atención e hiperactividad, con independencia de otras variables como sexo, edad, peso, estatus económico y tabaquismo secundario (4).

En las últimas décadas hemos asistido a un aumento galopante de los trastornos emocionales y del comportamiento en los niños. Está clarísimo que una alimentación de mala calidad, en la cual destaca el alto consumo de azúcar, juega un papel importante en dicho incremento. Así que antes de aceptar la medicación psiquiátrica para tratar estos trastornos en sus hijos, es aconsejable intentar un tratamiento basado en mejorar los hábitos de alimentación y de vida de nuestros niños y muy particularmente, retirar el azúcar de su dieta.

BIBLIOGRAFÍA.

1. http://www.uchile.cl/noticias/112531/ninos-sin-azucar-adios-al-consumo-dulce 2. Ann Nutr Metab. 2012 Jun 1;60(4):247-256, Food Intake, Diet Quality and Behavioral Problems in Children: Results from the GINI-plus/LISA-plus Studies, Kohlboeck G, Sausenthaler S, Standl M, Koletzko S, Bauer CP, von Berg A, Berdel D, Krämer U, Schaaf B, Lehmann I, Herbarth O,Heinrich J.

3. Am J Public Health. 2014 October; Relationship Between

Diet and Mental Health in Children and Adolescents: A Systematic Review Adrienne O’Neil, Shae E. Quirk, , Siobhan Housden, Sharon L. Brennan, Lana J. Williams, Julie A. Pasco, Michael BerkPhD, and Felice N. Jacka.

4. PLoS One. 2012; 7(11),Published online 2012 Nov 14. Association of Symptoms of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder with Physical Activity, Media Time, and Food Intake in Children and Adolescents, Andreas W. A. van Egmond-Fröhlich,1 Daniel Weghuber,2 and Martina de Zwaan.



Esto le sucede a tu cuerpo cuando comes un poco de azúcar

El consumo de azúcar condiciona la calidad de nuestras neuronas y, en consecuencia, de nuestra salud general y conducta.

El azúcar refinado, aquel que se encuentra en nuestras bebidas favoritas, zumos artificiales, cereales, pan industrial e inclusive caldo de verduras, se ha asociado a amargas consecuencias para la salud; como por ejemplo el Síndrome Metabólico –SM–, el cual resulta en cardiopatías, sobrepeso, obesidad, diabetes II, algunos tipos de cáncer, deterioro renal, hígado graso, disfunción endotetial, inflamación silenciosa, estrés oxidativo, enfermedad renal, poliquistosis ovárica, etcétera. En, en otras palabras, un endulzante que capaz de impactar significativamente en nuestra salud física y emocional. 

No es la primera vez que artículos prestan atención a los efectos negativos del azúcar sobre la salud. La mayoría de ellos se enfocan en cómo el consumo “moderado” de azúcar –alrededor de tres latas de refresco azucarado al día– se relaciona con una serie de enfermedades físicas y trastornos emocionales. Pero hay algunos, unos pocos realmente, que explican cómo consumir un poco de azúcar refinado provoca una serie de daños en la salud.  

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Por ejemplo, según la investigación de Wayne Potts, profesor de Biología de la Universidad de Utah –EE.UU.–, una dieta con un 25 por ciento de azúcar añadida –alrededor de 12,5 por ciento de dextrosa o glucosa, y 12,5 por ciento de fructosa– es perjudicial para la salud. Estas pequeñas dosis de azúcar producen una serie de alteraciones metabólicas que resultan en una muerte prematura y problemas reproductivos. 

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Otro ejemplo es un estudio en la Universidad Técnica de Munich, en Alemania, en donde descubrieron que el cerebro lleva el azúcar consumido al flujo sanguíneo. Por lo que no sólo las neuronas son responsables de absorber todo el azúcar, también las células gliales –las cuales se encargan de la formación de todas las neuronas–. Es decir que el consumo de azúcar condiciona la calidad de nuestras neuronas y, en consecuencia, de nuestra salud general y conducta.

Más en Ecoosfera: Sobre como las cadenas comerciales de café inundan tu bebida con azúcar (empezando por Starbucks)

Matthias Tschöp, líder de la investigación, explica que este descubrimiento indica que los procesos conductuales y metabólicos no están sólo regulados por las neuronas, también por otros elementos –como los astrocitos en las células gliales– que se encargan de regular enfermedades como la diabetes, obesidad y trastornos alimenticios.

Pero… si los astrocitos no reciben las dosis adecuadas de insulina –hormona producida por el páncreas para que el cuerpo pueda usar o guardar glucosa de los carbohidratos de la comida–, se vuelven ineficientes a la hora de transportar glucosa al cerebro, particularmente en el hipotálamo para mandar señales de estar satisfechos. Esto provoca antojos de junk food munchies cada vez más frecuentes e intensos; en especial de productos azucarados como refrescos, jarabe de maíz, galletas o pan industrial, dulces artificiales, helado comercial, crema de avellanas y chocolate, etcétera. 

Una manera de reducir el consumo de azúcar refinada son sus deliciosas alternativas naturales: 

– Néctar de agave, 

– jarabe de arce,

– miel, 

– eritritol,

– pasas –para los postres–,

– stevia, 

– azúcar de coco, 

– jarabe de arroz integral, 

– extracto de malta de cebada. 



Consumir azúcar provoca los mismos efectos de la cocaína, estudio

Esta investigación apoya la teoría de que los alimentos altos en azúcar y grasa estimulan al cerebro de la misma manera que las drogas

En los últimos años, numerosos estudios han observado una peligrosa relación entre el consumo excesivo de azúcar y numerosas enfermedades crónico degenerativas a nivel mundial. Principalmente cuando la suma de factores como la vida sedentaria, el estrés y la ingesta excesiva de alimentos chatarra, contribuyen a la merma sanitaria causada por el hiperconsumo de este ingrediente blanquecino. 

Entre las enfermedades asociadas con el consumo excesivo de azúcar se encuentra el Síndrome Metabólico –SM–, el cual contiene en sí mismo cardiopatías, sobrepeso y obesidad, diabetes II, algunos tipos de cáncer y deterioro renal; así como problemas en el hígado graso, disfunción endotelial, inflamación silenciosa, estrés oxidativo, enfermedades renal, poliquistosis ovárica, entre otras. 

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Sin embargo, de acuerdo con un estudio realizado el 2013 en Connecticut College, en EE.UU., el consumo del azúcar también tiene un impacto en las funciones neuronales similar al de la cocaína y morfina. Este equipo de investigadores observó tanto la conducta como la respuesta neuronal de un grupo de ratas a la hora de elegir entre galletas Oreos, ricas en grasa y azúcar, y pasteles de arroz. El resultado demostró que la presencia de la proteína c-Fos –marcador de la activación neuronal que controla la sensación de placer– es significativamente más alta al consumir Oreos que cocaína o morfina. 

Joseph Schroeder, director del programa de neurociencias del comportamiento de Connecticut College, explicó que esta investigación apoya la teoría de que los alimentos altos en azúcar y grasa estimulan al cerebro de la misma manera que las drogas: “Esto podría explicar por qué algunas personas no pueden resistirse a este tipo de comidas aunque sepan que son nocivas o tóxicas para su salud.” Inclusive, este tipo de alimentos pueden ser mucho más peligros desde que son más accesibles y costeables para el público en general. 

Al realizar tomografías PET en humanos, las cuales te compartimos a continuación, se descubrió cómo el azúcar y la cocaína reactivan las mismas regiones del cerebro.

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Se notará que en el funcionamiento normal del cerebro, predomina una activación rojiza –la dopamina–, asociada con la sensación de recompensa. Esta zona rojiza se activa mientras se consume un platillo realmente bueno. Sin embargo, cuando se trata del cerebro de un individuo adicto, la dopamina se eleva sólo en anticipación de la recompensa; y esta reacción ocurre tanto con las drogas como con el azúcar. 

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[Connecticut College]

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