Conoce al escuadrón de élite que busca detener la destrucción del Amazonas

Pese al riesgo que implica el ambientalismo en América Latina, sus actores y activos sobreviven aún en el corazón de la Amazonía.

“Pero esto es una guerra y las guerras pueden abrirte los ojos para que veas lo que se debe hacer”.

No hay quizá nada más infeccioso y peligroso que el conocimiento. Principalmente en una población que se encuentra en constante riesgo del abuso, chantaje y discriminación por sus orígenes raciales, estilos de vida, creencias, religión, orientación sexual, etcétera. En el momento en que el saber alcanza a estas poblaciones y provocan la toma de consciencia sobre las injusticias que experimentan, las acciones de autodefensa y autocuidado surten efecto. 

Un ejemplo de esta lucha contra la ignorancia es el activismo ambiental, cuyos actores se dedican a generar consciencia a las poblaciones en riesgo –principalmente comunidades indígenas– para defender sus derechos y la biodiversidad del planeta en el que habitan. Sin embargo el ambientalismo se ha vuelto peligroso. Saqueos, secuestros, asesinatos, son sólo algunos de los saldos que enfrentan los activistas ambientales. 

Pese al riesgo que implica el ambientalismo en América Latina, sus actores y activos sobreviven aún en el corazón de la Amazonía. Un ejemplo de esta lucha es un escuadrón considerado como una de las unidades élite de lucha más temidas de América Latina, y que actualmente se encuentra en la vanguardia de la lucha de Brasil para detener la destrucción del Amazonas. El Grupo de Inspección Especializado –GEF, por sus siglas en portugués–. 

No se trata de un escuadrón de fuerzas armadas, sino de fuerzas cargadas de conocimiento: uno de sus miembros trabajó más de una década como activista para una organización sin fines de lucro; otro, estudió oceanografía del Ártico en Alemania; y su comandante, fue profesor de ciencias de preparatoria. Roberto Cabral, el comandante del escuadrón a quien le dispararon en el 2015 mientras perseguía a tiradores que destruían los árboles de la zona, explica para New York Times América Latina, “En el universo de actividades ilegales en la Amazonía hay deforestación, extracción de oro, caza de animales salvajes para su consumo, explotación forestal clandestina y contrabando de animales. Queríamos combatir estas actividades con la mente y el cuerpo en el terreno.”

El GEF suele patrullar en helicópteros, usando imágenes satelitales e inteligencia, para detectar deforestación y minería ilegal. Pero no es suficiente aún, se necesitan refuerzos y todo el apoyo que se pueda obtener: “La deforestación está aumentando nuevamente en la Amazonía brasileña; ascendió al 29 por ciento entre agosto de 2015 y julio de 2016. Casi 809.371 hectáreas de selva fueron destruidas durante ese periodo, según cálculos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales en Brasil.”

Mauricia Brichta, el oceanógrafo especializado en el estudio de las algas árticas en el Instituto Alfred Wegener para la Investigación Polar y Marina en Alemania, asegura que se debe “ver el Amazonas desde arriba para saber cuánto se ha devastado”. Años antes, Britcha era amo de casa en Yakarta y Nueva York, mientras su exesposa trabajaba como diplomática para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. 

 

 

 

 

Para los activistas ambientales, una de las principales razones que han causado el renacimiento de la deforestación en Brasil tiene que ver con esfuerzos para reducir el poder de Ibama: “se trata de un paralelo con los planes del gobierno de Trump de reformar la Agencia de Protección Ambiental. Desde 2013, el presupuesto de Ibama se ha reducido en cerca del 46 por ciento.” Por tanto las fuerzas para luchar contra la tala y minería ilegal deben aumentar, aunque sea teniendo un rifle en las manos. En palabras de uno de los miembros del GEF, exactivista ambiental: “Nunca soñé que tendría un rifle en mis manos para defender la Amazonía. Pero esto es una guerra y las guerras pueden abrirte los ojos para que veas lo que se debe hacer.”

*1) y 2) Lalo de Almeida de New York Times 



Activista Berta Cáceres gana: se suspende proyecto hidroeléctrico que provocó su muerte

Durante dos años se catalogaron de inútiles las muerte tanto de Berta Cáceres como otros ambientalistas latinoamericanos, quienes han luchado contra proyectos que atentan contra los derechos humanos y la biodiversidad del planeta.

La muerte de la activista ambiental de origen indígena Berta Cáceres, fue un evento que impactó a numerosas políticas ecológicas y sociales en varios países de Latinoamérica. De hecho su difusión logró evidenciar el alto riesgo en que habitan tanto las comunidades indígenas como el medio ambiente frente a la ambición glotona de grandes –tras–nacionales que invaden y contaminan recursos naturales. Ahora, a dos años de la muerte de la hondureña, el Banco Holandés de Desarrollo –FMO– y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial –FINNFUND– retiraron definitivamente el apoyo al proyecto hidroeléctrico Agua Zarca de la empresa Desarrollo Energéticos Sociedad Anónima –DESA–. 

 

Durante dos años se catalogaron de inútiles las muerte tanto de Berta Cáceres como otros ambientalistas latinoamericanos, quienes han luchado contra proyectos que atentan contra los derechos humanos y la biodiversidad del planeta. Sin embargo, la reciente decisión de suspender el polémico proyecto hidroeléctrico entró en vigor de manera oficial el lunes 10 de julio del 2017, brindando un ápice de esperanza en relación con la reinvindicación, resistencia, resiliencia y perseverancia. Se trata del fin de una historia tráfica que dejó un saldo de varios indígenas y líderes del pueblo Lenca muertos. 

Esta decisión se transmitió a través de un comunicado del Desarrollo Energético Sociedad Anónima –DESA–, notificando la suspensión del proyecto a favor de la reducción de conflictos en la zona del río Gualcarque –occidente de Honduras–; así como la continuación de inversiones sociales en comunidades del occidente para mejorar la infraestructura y calidad de vida. Si bien en el mismo comunicado DESA aclara que “una parte de la comunidad estaba a favor de este proyecto porque ha generado empleos directos en algunas zonas de los departamentos de Santa Bárbara e Intibucá”; la líder ambientalista Berta Cáceres y el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras –Copinh– luchaban contra este proyecto que atentaba contra el patrimonio natural, cultural, económico y hábitat funcional del pueblo lenca. 

 

Desde su muerte –mientras estaba en su casa y varios individuos ingresaron pasada la media noche para atacarla con varios disparos–, el Congreso de EE.UU. impulsa la “Ley Berta Cáceres para la defensa de los derechos humanos en Honduras”. 



¿Por qué es importante que indígena guatemalteco gane el Premio Ambiental Goldman 2017?

En América Latina han sido asesinados 450 activistas ambientales entre el 2010 y 2014, provocando que sea una de las regiones más peligrosas para este tipo de activismo –en especial si sus practicantes son indígenas–.

Rodrigo Tot, agricultor indígena guatemalteco, ha luchado en los últimos años contra una gigante minera y las autoridades de su país para recuperar las tierras que le corresponden a su comunidad. Ahora, a sus 60 años, Tot fue galardonado con el Premio Ambiental Goldman 2017 –después de que los últimos dos ganadores latinoamericanos fueron asesinados durante el último año– por su “intrépido liderazgo de su pueblo y la defensa de su tierra ancestral” pese a los costos implicados, como el asesinato de su hijo hace cinco años. 

Sin embargo, ¿qué implica recibir uno de los premios más prestigiosos sobre el activismo ambiental? Para el pastor evangélico y líder indígena, “Este premio no cambia nada. Me siento contento pero también me siento el mismo líder, la misma persona. Creo que eso sería un estímulo al trabajo que hacemos, pero estoy tranquilo”. Pese a la continuidad de la cotidianidad y sin darse mucho de cuenta, este premio está brindando el reconocimiento público; es decir que facilita la atención de la sociedad en general frente al riesgo en el que viven los activistas ambientales en Latinoamérica.

En esta región han sido asesinados 450 activistas ambientales entre el 2010 y 2014, provocando que sea una de las regiones más peligrosas para este tipo de activismo –en especial si sus practicantes son indígenas–. Los ejemplos más renombrados han sido el caso de la hondureña Berta Cáceres y del mexicano Isidro Baldenegro, quienes fueron galardonados con el mismo premio pero asesinados en sus casas. 

 

Como sus colegas, Tot inició su lucha hace 43 años para exigir al Estado guatemalteco que devolviera los títulos de propiedad tanto a él como a otros 63 campesinos. Estas tierras, en las montañas del municipio de El Estor, son ricas en oro y níquel, convirtiéndose en zonas importantes para empresas mineras; además de poseer numerosos recursos naturales, como diez nacimientos de agua, que abastecen a varias zonas de alrededor. Para Tot y cada uno de los pobladores que han luchado por su derecho de propiedad, están buscando la equidad en derechos humanos como comunidad indígena y conservación de su medio ambiente. Por esta razón, el galardonado explica que necesita “mayor certeza jurídica sobre la propiedad de sus tierras para seguir luchando por ellas. Estamos pidiendo que nos legalicen. Nosotros ya lo pagamos, tenemos los recibos, tenemos las actas y el derecho. Nosotros ahí estamos y la tenemos que defender hasta donde se pueda.”

 

Desgraciadamente, la lucha entre mineras y miembros de la comunidad indígena de Tot, no han sido los únicos episodios violentos: “A los 18 años, durante la Guerra Civil –1960-1996–, el ejército guatemalteco lo obligó a formar parte de los patrulleros civiles, paramilitares que ayudaban al ejército en labores de control a población civil. […] Hubo muchos desaparecidos y no logro olvidar que el líder de Agua Caliente ‘Lote 9’ de aquella época fue asesinado por su lucha por la tierra.” Pese a ello, la experiencia ha servido para organizar a la población y bloquear los numerosos intentos de las empresas mineras que son apoyadas por las autoridades policiales para ingresar a las comunidades. 

Frente a eso, el 18 de marzo del 2017, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –CIDH– aceptó una demanda presentada por Tot, en la cual se denuncia que el estado de Guatemala violó los derechos de dominio colectivo sobre las tierras, recursos naturales, libre determinación y autogobierno de los pueblos indígenas al negarles la entrega de sus títulos de propiedad de sus tierras. Y pese al riesgo que implica su trabajo e incluso ganar este premio mundialmente reconocido, el activismo de Tot promueve el respaldo comunitario, el enfrentamiento contra el miedo y la coacción, el respeto por los derechos humanos hacia su comunidad y la conservación de sus tierras: “Jamás me olvidaré de la perdida de mi hijo, pero yo sigo luchando […], ya no estamos en los años 80, cuando desaparecían a un líder y todo quedaba silencio. Hoy no; cuando desaparecen a un líder, se levantan diez más y esa es la ventaja que tenemos”.



Noam Chomsky: “Los pueblos indígenas están salvando al planeta de un desastre ambiental” (VIDEO)

México, Bolivia y Ecuador, son ejemplos de esta “especie de ironía en la que, de todas las fuerzas líderes en todo el mundo, la que realmente está previniendo un desastre son las comunidades indígenas.”

Noam Chomsky, personaje predominante en la rama de la filosofía, lingüística, psicología y psiquiatría, ha realizado desde la década de los 50 numerosos análisis de eventos políticos que impactan en nuestra sociedad. Ahora su atención se enfocó en la crítica situación de los activistas ambientales –principalmente indígenas– en América Latina. ¿Acaso esta región del mundo se liberó por fin de la dominación imperial de EE.UU.?

Para retomar el tema, Chomsky utiliza como ejemplo la esperanzadora lucha de los activistas indígenas a favor del medio ambiente en los últimos 15 años. El filósofo menciona que pese a la alta tasa de criminalidad en contra de los activistas ambientales en América Latina –en especial si son de orígenes idnígenas–, hay un futuro esperanzador para los países que conforman esta región. Para él, las comunidades locales son la clave para prevenir desastres ambientales que países como EE.UU. y Canadá se encargan de propiciar. Y es que, pese a ser considerados “grupos ‘primitivos’, están haciendo un camino hacia el futuro. Y eso es un camino hacia delante para todo el mundo.” 

México, Bolivia y Ecuador, son ejemplos de esta “especie de ironía en la que, de todas las fuerzas líderes en todo el mundo, la que realmente está previniendo un desastre son las comunidades indígenas y locales forestales. Es decir, cada persona que no vive debajo de una roca, sabe que el planeta está enfrentando una catástrofe ambiental en potencia, y no en un futuro lejano. En todo el mundo, son estos grupos quienes están mitigando el cambio climático, mediante planes de manejo de sus recursos naturales, conocimientos ancestrales, y no menos importante a través de la defensa de su territorio: “son estas comunidades las que combaten a las empresas extranjeras que extraen y vacían sus suelos de los recursos naturales latinoamericanos: minerales, aceite de palma, agua, tierras. 

Chomsky responde a la pregunta dando a entender que América Latina se liberó de EE.UU. y Canadá porque estos dos últimos países ya no tienen derechos ni obligaciones de dominar a toda una región que se rige por sí sola y que ha empezado a tomar decisiones propias aislando a estos imperios capitalistas.

A continuación te compartimos esta entrevista para On Dangerous Ground, en donde Chomsky explica a profundidad su punto de vista: 

 

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Un recuento de activistas ambientales asesinados en América Latina



Un recuento de activistas ambientales asesinados en América Latina

Ejemplos sobran: el asesinato de Berta Cáceres y de otros activistas indígenas, la represión al pueblo mapuche o a tierras wixárikas, el abuso de poder en contra de regiones poblanas, chiapanecas y oaxaqueñas…

Amenazas, abuso físico y psicológico, destrucción del medio ambiente, muerte. Es el saldo que implica el activismo ambiental en América Latina, principalmente en los últimos 30 años en que la ambición ha buscado maneras de apoderarse de la biodiversidad del planeta. Ejemplos sobran: el asesinato de Berta Cáceres y de otros activistas indígenas, la represión al pueblo mapuche o a tierras wixárikas, el abuso de poder en contra de regiones poblanas, chiapanecas y oaxaqueñas…

Apenas este 20 de enero, la noticia del asesinato de Isidro Baldenegro, activista indígena de 51 años de edad quien fue galardonado en 2005 con el Premio Ambiental Goldman por su defensa de los bosques de la Sierra Tarahumara, resonó en numerosos noticieros. Él, junto con otros doce activistas, estaba en defensa del territorio ancestral tarahumara, al norte de México. Frente a esto, Isela González, directora de Alianza Sierra Madre, la red de defensa de territorios indígenas de la Sierra Tarahumara, declaró que “Isidro es el primer muerto del año; uno más de estos, sólo que [su muerte] es de alto impacto porque tenía visibilidad nacional e internacional”.

Antes de Baldenegro, existía ya una larga lista de activistas asesinados. Tan sólo en la región ancestral tarahumara han asesinado a doce en los últimos 30 años; de los cuales, cuatro de ellos, el último año. Es decir que en 2016 fueron asesinados los activistas Victor Carrillo, Elpidio Torres y Valentín Carrillo; mientras que Isidro Baldenegro fue el primero del 2017 en perder la vida. En palabras de Isela González: “Va un es del año y ya hay una víctima relacionada con la defensa del territorio.”

De acuerdo con las autoridades, Baldenegro llegó a la comunidad de Coloradas de la Virgen el jueves 12 de enero para ayudar al traslado de una tía a una valoración médica en la comunidad de Baborigame –a unas cinco horas de camino–. Durante el traslado, Baldenegro fue balaceado seis veces por Romero R.M, quien se relacionó con una familia armada del crimen organizado y ésta, a su vez, con un cacique que pretendió despojar del bosque a la comunidad. Además, uno de los hermanos de Romero R.M. fue señalado como uno de los asesinos del activista Victor Carrillo en 2016.

Si bien este es un ejemplo que llamó la atención de la Red Nacional de Organismos Civiles “Todos los Derechos para Todas y Todos” y de la Delegación de la Unión Europea –UE– y las embajadas de los Estados miembros en México, en especial para pedir a las autoridades a identificar y juzgar a los responsables ya que se trata de un asesinato de caso “grave y emblemático de la vulnerabilidad” hacia los defensores de la naturaleza y los derechos humanos, existe una larga víctimas cuyo caso no ha sido renombrado y, por tanto, no se les ha hecho justicia. 

Berta Caceres, greenpeace mx, justicia para berta caceres
www.latribuna.hn

La quintaesencia de esta situación es la de Berta Cáceres, una de las activistas hondureñas que obtuvo el mayor impacto en el medio. Ella luchó en contra del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, en el río Gualcarque, en Honduras; sin embargo, hubo un obstáculo que no pudo superar: su asesinato el 2 de marzo del 2016. Antes de ello, Cáceres recibió el Premio Goldman, uno de los máximos reconocimientos por la defensa del medio ambiente, y ahí sentenció: “¡Despertemos humanidad, ya no hay tiempo!”

Otro ejemplo es la encarcelamiento del activista indígena mexicano de Ildefonso Zamora por su movimiento pacífico en contra de la tala ilegal. En palabras de la directora para las Américas de AI, Erika Guevara-Rosas, “A Ildefonso Zamora lo están castigando por denunciar los daños que se están causando al territorio y al entorno de su comunidad. Nunca debió haber sido encarcelado y debe ser puesto en libertad inmediata e incondicionalmente. Proteger el medio ambiente y defender los derechos humanos no son delitos“. Zamora fue, en otras palabras, inculpado con acusaciones sobre testimonios falsos: “el fiscal registró las declaraciones de testigos presenciales que describieron los hechos usando exactamente las mismas palabras que si las estuvieran leyendo de un guión, no se preservó la escena del crimen y no se manejaron debidamente las pruebas.”

Finalmente pero no menos importante, el caso de grupo de activistas mexicanos que fueron detenidos en Nicaragua en el 2016, es un ejemplo vívido de esta situación. Bajo el nombre de Caravana para el buen vivir, estos chicos se dedicaron a recorrer México y América del Sur a favor de la incidencia en educación ambiental. Se encargaban de brindar información fe de digna sobre el uso adecuado y ecosustentable de las tierras que trabajan así como de sus derechos frente a empresarios que intentan abusar de la ignorancia e inocencia de las comunidades. Desgraciadamente el conocimiento adecuado es un factor que resulta en un conflicto de intereses para los empresarios y, por tanto, algunos miembros del gobierno de cualquier país. Por esta razón es más fácil “eliminar” a la fuente de información, a “los revoltosos”, que respetar a la biodiversidad que habita en los terrenos indígenas. 

Y si bien algunos de los chicos fueron liberados, la realidad es que el activismo en América Latina no debería, en primer lugar, impactar en los derechos humanos y seguridad de los mismos personajes conscientes de la importancia del medio ambiente; y en segundo lugar, no se cuenta con las garantías institucionales para proteger a la biodiversidad, a los habitantes que viven de ella y a los defensores de los dos primeros. 



La deforestación en tiempo real: un mapa que protege los bosques del mundo

Global Forest Watch es un sitio web que rastrea la deforestación del planeta en tiempo real, un esfuerzo activista que combina tecnología de punta con ecología para proteger las zonas más vulnerables del planeta.

Muchas veces, cuando los gobiernos se percatan de la deforestación a causa de la tala ilegal es demasiado tarde, el bosque en esa zona ya no existe. Por esta razón el World Resources Institute (WRI) creó un sitio web que rastrea —en tiempo real— la deforestación del planeta, con la esperanza de poder trabajar con gobiernos para prevenirla. Así Global Forest Watch (GFW) se ha convertido en la más relevante herramienta para los eco-activistas del mundo, permitiéndoles saber exactamente qué bosques peligran. El sitio web fue lanzado el 20 de febrero de 2014.

El concepto del que parte GFW, es un mapa publicado el año pasado por Matt Hansen, un geógrafo de la Universidad de Maryland, quién creó el primer mapa Landsat de la deforestación global el año pasado. Después de ver el mapa el WRI y Google (con otros 40 socios) decidieron unirse al esfuerzo de Matt para crear un mapa interactivo y comprensible al alcance de todas las personas. El video resume su esfuerzo:

Andrew Steer, CEO del World Resources Institute explica: “Los trabajos, alimentos, y agua limpia de más de medio billón de personas dependen de [los bosques]. Más de la mitad de toda la diversidad terrestre habita en ellos”.

El sitio web también funciona como un suerte de red social ya que permite que los usuarios suban información, compartan historias y avisen a otros sobre actividades que podrían llevar a la deforestación —o al contrario, sobre esfuerzos de conservación.

En los últimos 13 años, cada minuto se han talado zonas boscosas que equivalen a 50 canchas de fútbol —una cifra que sin duda a la mayoría de las personas les costará visualizar. Afortunadamente, este mapa interactivo nos permite ver exactamente qué zonas peligran y advierte a los gobiernos y activistas cuando deben actuar.

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