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¿Qué es el SlowFood y por qué necesitas comenzar a aplicarlo a tu estilo de vida?

Carlo Petrini, fundador del movimiento internacional SlowFood, ha recorrido el mundo entero visitando huertos agrícolas con el fin de reivindicar la producción de alimentos “buenos, limpios y justos”. Él comenzó su filosofía de “productos de proximidad y kilómetro cero” en Italia hace más de 20 años, y ahora se ha extendido a más de 170 países.

De acuerdo con él, SlowFood apoya y defiende la economía local, reduce la contaminación en el planeta, mejora las tierras y los cultivos de manera significativa. Por lo que el incentivo a la agricultura urbana, como un fundamento medioambiental hacia el futuro, se establece como símbolo de revolución “contra el maltrato medioambiental y la ignorancia que hoy existe sobre los alimentos que comemos.”

Gracias a esta motivación revolucionaria desde hace 20 años, Petrini se ha dedicado a recrear los huertos en Alemania, EE.UU., África, etcétera, con los cuales dan trabajo a más de 100 000 personas y de comer a más de 1 300 niños. Además que busca la manera de generar consciencia sobre el consumo de carne sostenible, mediante “la contracción por parte de quienes son consumidores y convergencia por parte de quienes consumen poca”. Para él, “[e]n África se consumen 5 kilos de carne al año, nada. Nosotros, los italianos, consumimos casi 100 kilos anuales. Y la salud lo sufre. La OMS ha denunciado que el consumo de carne roja está generando efectos tumorales, hay que tomar nota.”

De modo que esta revolución, como “cosa seria”, se relaciona con la economía y política. Pero ahora la gastronomía actual se habla como “espectáculo desde su aspecto económico y social”. Para él, “[f]alta educación alimentaria en Europa, también la enorme necesidad de defender a los agricultores locales y la cultura alimentaria. Estamos condicionados por una publicidad masiva de la industria alimentaria.” En otras palabras, “el sistema alimentario actual es ‘criminal’” ya que “destruye la biodiversidad, la pequeña producción agrícola, el medioambiente, la monocultura. Se usan de forma exagerada productos químicos y transgénicos.”

Frente a esta situación, Petrini invita a volver a las buenas prácticas de la agricultura local, en donde la política se interese más por la economía local. Como por ejemplo, menciona el sociólogo y gastrónomo, “[e]stamos condicionados por una publicidad masiva de la industria alimentaria. Pero, ¿no somos demasiados para poder abastecernos así? ¿No es más fácil y barato acudir al supermercado? ¿Cómo se puede llevar a cabo este cambio de paradigma?” Al responder estas preguntas, uno se va dando cuenta de los pros y contras de esta situación: “ Los productos industriales de los supermercados son más baratos, pero luego se pagan en medicinas. Los productos de los agricultores quizás sean un poco más caros, pero ayudan a la economía del territorio, a defender la propiedad pública.”

En otras palabras, al ir al super y no comprar los productos nacionales, sino aquellos que llegan de la otra parte del mundo, se está hablando de una insostenibilidad: “Productos llenos de conservantes y colorantes.”, en donde la cadena alimentaria es criminal ya que “produce, produce, produce… mucha cantidad para luego tirarla. Esto es criminal. Esta sensibilidad está creciendo en el mundo.” Concluye Petrini que “los productos industriales de los supermercados son más baratos, pero luego se pagan en medicinas.” Por ello es importante la implementación de huertos urbanos y el consumo de productos locales que fortalezcan la salud y economía de una comunidad. 

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