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El resultado de una hermosa amistad entre una niña y su becerro huérfano (FOTOS)

 Cuando el escritor francés Anatole France llegó a decir en su época, “Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma estará dormida”, generó una importante reflexión sobre el trato hacia los animales. Es decir que más que verlos como seres vivos que existen en función de las ambiciones humanas, son también seres con derechos y necesidades propias que requieren cuidados y atenciones. 

De alguna manera se les otorgó la capacidad de sentir emociones semejantes a los humanos: se desarrollaron y aceptaron derechos que protegerían a los animales de un trato cruel por parte de los humanos, así como de tratos excesivamente humanos –en el caso específico de los “hijoperros”–; se buscaron herramientas y métodos de entrenamiento éticos  que facilitaran su óptima vivencia dentro de una sociedad humana. Pero sobre todo, se aprendió a cultivar un vínculo de afecto y cuidado que trasciende con los límites entre especies. 

Un ejemplo de este cariño tan particular entre humanos y animales es el de la pequeña de dos años, Kinley Rae, y de su becerro. En el momento en que Lacey Rae Gray, madre de la niña, tomó la decisión de adoptar al becerro, nunca se imaginó que estaba “adoptando a un hermano menor” para su hija. Cuenta Lacey a The Huffington Post, que en el momento en que el becerro se quedó huérfano, aceptó cuidarlo pensando que rescataría a un animal para ser su “mamá”. Lo nombró Molly Moo Moo, y se convirtió en un integrante más de la familia. 

Kinley se acercó a Molly Moo Moo y en ese momento “Ella quería acariciarla. Salir a caminar con ella. Alimentarla. Leerle un libro la primera noche. Era un libro que hace ruidos sobre Dory y Nemo, en donde apretaba los botones y al escuchar los sonidos le hablaba a Molly: ‘Escucha. Es Dory’. Eso lo ha hecho por su cuenta. Pienso que serán mejores amigas, y estoy segura que ya lo son.” Desde entonces Kinley ha estado siempre cerca de Molley, intenta siempre caminar juntos, acariciarla y darle besos en sus orejas o nariz. 

Te compartimos las fotografías que son testigos de este hermoso vínculo entre especies:

 

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