Bebida milenaria mejora la digestión fortaleciendo el microbioma intestinal

Es una alternativa cada vez más frecuente para regular y restaurar la microbiota bacteriana con fines profilácticos y nutricionales.

Al nacer, adquirimos un amalgama de bacterias que nos protegen de patógenos oportunistas, aquellos que afectan a la salud tanto del cuerpo como su fisiología. Los hacemos durante el proceso del parto, la lactancia, algunos alimentos, agua y otras personas. Hasta contener, en nuestro interior, alrededor de 40 mil especies diferentes de bacterias, las cuales tienen la función de defender al sistema inmunológico y regular a los sistemas digestivos y metabólicos. 

Para cuidar al microbioma, es recomendable consumir probióticos. Es una alternativa cada vez más frecuente para regular y restaurar la microbiota bacteriana con fines profilácticos y nutricionales. De hecho, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud–OMS– y la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO–, los probióticos son “microorganismos vivos, no patógenos los cuales administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio saludable sobre la salud del huésped o su fisiología”; cuyos beneficios se enlistan de la siguiente manera: adherencia a las células, disminución de la adherencia a patógenos (como una forma de micro-selección natural, capacidad para formar una flora equilibrada, producción de antagonistas de crecimiento de patógenos (ácidos, peróxido de hidrógeno y bacteriocinas). 

Alimentos como la soya, yogurt, tempeh, leche fermentada, miso, son algunos ejemplos de alimentos probióticos. Sin embargo existe otro alimento, milenario, que fortalece el tracto digestivo mediante una serie de microorganismos benéficos a la salud: el pulque. 

Según estudios realizados por la UAM Cuajimalpa, el pulque posee bacterias que enriquecen el tracto digestivo. El pulque, en términos históricos y microbiológicos, contiene un proceso de fermentación complejo: “ácida, alcohólica, acética y viscosa, que dan lugar al incremento de las poblaciones de bacterias que producen ácido láctico, etanol y muchos compuestos que confieren sabor, además de los oligosacáridos –que promueven la actividad prébiotica–, como la levana, la inulina o la dextrana, que dan a la bebida un aspecto viscoso, explicó el doctor en ingeniería química.” Además que la diversidad de las enzimas de la planta y de los microorganismos involucrados en la síntesis de inulina y fructanas, es implica un óptimo mantenimiento a la microbiota intestinal y una salud adecuada para el sistema digestivo y metabólico. Todos estos nutrientes son específicos para algunas bacterias benéficas. 

En palabras de Agustín López Munguía Canales, del Departamento de Ingeniería Celular y Biocatálisis en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM–, “Tenemos que poner atención en nuestra alimentación, ya que las deficiencias actuales en la dieta, en las que los excesos tienen un papel negativo relevante, nos obligan a reconsiderar el impacto del azúcar en la microbiota humana.”

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¿Cómo estás dispuesto a cambiar la realidad en la que vivimos?

Ser voluntario nos llama a querer cambiar al mundo, no escatimemos en la entrega y las ganas, son pautas que marcan la diferencia.

“De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive.

Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos.”

– Thomas Carlyle.

Todos los días somos testigos de crisis mundiales, nacionales, familiares, individuales. Muchas veces nos cuestionamos ¿cómo es que llegamos a esto? ¿en qué momento dejamos que las cosas se fueran en esta dirección? Todas estas preguntas podrían convertirse en una invitación hacia nosotros mismos de tomar acciones para cambiar esos escenarios; en una invitación a ser agentes de cambio en el mundo, es decir, en nuestras propias vidas.

Dar un paso al frente, estar dispuestos a entregarnos a una causa para realmente influir en la balanza. No hay que perder de vista que todo empieza por uno, querer ser parte de algo más grande. Es ahí donde es más visible el espíritu de los voluntarios quienes cuentan con la intención genuina de hacer algo más por todo lo que les rodea.

Ser voluntario nos llama a querer cambiar al mundo, no escatimemos en la entrega y las ganas, son pautas que marcan la diferencia. Por supuesto, que se debe de pensar de manera estratégica, de modo que las acciones que se realicen sean claras, contundentes y con impacto.

Existe un abanico inmenso de voluntariado. Seleccionar una causa puede ser complicado. Se puede determinar la causa en la que se quiere participar de acuerdo a los talentos que se poseen, de tal modo que se vuelve una experiencia gratificante y de suma relevancia de adquisición de aprendizajes. Teniendo presente que el potencial de cada persona y de cada proyecto con la finalidad de construir una nueva realidad.

Las opciones de voluntariado en el sector forestal son diversas, lo cual nos permite involucrarnos con diferentes causas. Por ejemplo, en Reforestamos México A.C. hay una oferta muy interesante ya que tienen diferentes planes para que personas con diferentes perfiles se puedan unir a la causa.

Sus proyectos están alineados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (OSD) para contribuir a la estrategia global, especializándose en el aseguramiento de los bosques para su desarrollo. Dependiendo de los perfiles y del avance de los proyectos se hacen las convocatorias, por lo cual las posibilidades de participación son muy altas. El objetivo es encontrar talento para acercar los bosques a las ciudades y viceversa; desde la analogía filosófica, hasta lo más tangible: la experiencia de las personas que viven tanto en los bosques como en las ciudades.

Como organización, trabajan para transformar la realidad económica, social y ambiental de la gente que vive en los bosques. El reto es: demostrar que los bosques son sinónimo de riqueza y bienestar. Razón que ilustra el gran empuje del voluntariado que promueve Reforestamos México, el talento al servicio de los bosques logrará que se transformen para ser competitivos, multiplicando su riqueza y conservando su biodiversidad.

Con esta propuesta podemos replantearnos la primera pregunta: ¿Cómo estás dispuesto a cambiar la realidad en la que vivimos?

Autora: Mariana Sordo Moro

Coordinación de Personal

Reforestamos México, A.C.



Sistema Trappist-1: los siete planetas descubiertos por la NASA (VIDEO)

Esta es la primera vez que astrónomos logran identificar un sistema solar similar al nuestro con siete planetas.

En una conferencia de prensa, la NASA reveló el pasado miércoles 22 de febrero el descubrimiento de nuevos siete planetas, del tamaño de la Tierra, orbitando alrededor de una estrella. Este nuevo sistema se encuentra a tan sólo 40 años luz de nosotros, lo cual facilitaría tanto su exploración como investigación. Por el momento, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de EE.UU. intuye que tres de los planetas recién descubiertos cuentan con características similares a nuestro planeta, haciéndolos habitables para vida humana. 

Esta es la primera vez que astrónomos logran identificar un sistema solar similar al nuestro con siete planetas. Por ejemplo, los planetas cuentan con un tamaño y condiciones atmosféricas –oxígeno, metano, ozono y dióxido de carbono– similares a los nuestros, facilitando incluso una superficie acuífera en cada uno de ellos.  

El autor de esta investigación, llamada TRAPPIST, Michael Gillon, ha considerado que este descubrimiento es una pieza clave para el rompecabezas del universo, en donde los ambientes habitables eran pensados como sueños fallidos. Pero parece ser que este sistema, el cual está asociado con el de Acuario a tan sólo 235 billones de kilómetros del nuestro, cuenta con planetas terrestres como la Tierra y una estrella solar más pequeña y ligera que nuestro Sol. De hecho, las órbitas de los planetas más cercanos a la estrella son de aproximadamente 1.5 y 2.4 días, mientras que el del sexto planeta, 12 días. Se cree que el último planeta tiene una órbita de 20 días. 

 Al nuevo sistema solar se le nombró “Sistema Trappist”, en honor al telescopio Transiting Planets and Planetesimals Small Telescope en Chile que ayudó a encontrar a tres de los siete planetas en mayo del 2016. Con el apoyo de otros telescopios del telescopio de la NASA Spitzer y el European Southern Observatory’s Very Large Telescope, se consiguió descubrir los otros planetas del sistema. Y fue a partir de este año que los investigadores notaron que uno de los planetas cuenta con la presencia de agua, facilitando la sospecha que los demás tienen condiciones similares. 

 

 



¿Cómo mejorar el aprendizaje? Consejos de la neurociencia para lograrlo

De acuerdo con un reciente estudio de Nature Neuroscience, se requiere un poco de manipulación de los neurotransmisores, forzado por la práctica, para fortalecer el aprendizaje en el día a día.

El aprendizaje, junto con la atención y la memoria, ayuda al ser humano a desarrollar numerosas herramientas para la supervivencia y la cotidianidad. Y de acuerdo con un reciente estudio de Nature Neuroscience, se requiere un poco de manipulación de los neurotransmisores, forzado por la práctica, para fortalecer el aprendizaje en el día a día. 

Para los investigadores, el comprender el efecto del sobreaprendizaje sobre el desarrollo de un nuevo recurso, fue un proceso vital para un mejor entendimiento del cerebro. Para lograrlo dividieron en dos grupos a los voluntarios. 

El primero fue expuesto a ejercicios de aprendizaje sobre un tema, al haber mejoría en la habilidad en práctica tomaban un descanso de 30 minutos y regresaban para más ejercicios de aprendizaje sobre otro tema. Al día siguiente realizaban una post-prueba, en donde los individuos tenían buenos resultados en último tema practicado y pésimos en el primero. Estos resultados fueron como si el grupo no hubiese sido entrenado en nada.  En palabras de Takeo Watanabe, profesor de Ciencias Cognitivas, Lingüísticas y Psicológicas en Brown University, en EE.UU., y autor del estudio, “Cuando uno deja de entrenar inmediatamente después de haber adquirido una habilidad nueva, el área del cerebro asociada con esta habilidad aún es plástico”. Es decir, débil. El cerebro es flexible y se adapta en función del aprendizaje de nuevas herramientas; por lo que si uno se detiene justo después de haber adquirido una de ellas, el cerebro está en un estado plástico, en un estado “preparado-para-el-aprendizaje”, y absorberá la información del segundo conocimiento –y no del primero–. 

El segundo grupo practicó el tema por más tiempo y más repeticiones, un descanso de 30 minutos y un nuevo tema que aprender. Al día siguiente, en el post-test, los individuos obtuvieron mejores resultados en aquellos temas que pasaron un poco más de 20 minutos extras en practicar, sin que un tema pudiese interferir con el otro. 

De modo que aunque el primer grupo no “sobreaprendió”, tuvo un mejor resultado en el último tema; el segundo mostró un una mejoría global con un lapso mayor de práctica y aprendizaje. Para comprender las causas, Watanabe y sus colegas realizaron fMRI, escanografías del cerebro mediante el registro de oxígeno; es decir que requirieron ver las áreas cerebrales que se activaban usando más oxígeno, carbono y nitrógeno –traducido en la presencia de neurotransmisores– permitiendo deducir cuáles químicos incrementan en niveles durante el proceso de aprendizaje.

Fue así que repitiendo el experimento con la máquina MRS, con dos cambios principales –uno, que los dos grupos estarían entrenando la misma cantidad de veces sin el segundo entrenamiento; dos, antes y durante tanto del entrenamiento como la prueba se estaría escaneando la actividad cerebral. El resultado fue sorprendente: si uno no “sobreaprende”, el cerebro consigue niveles altos de glutamato-dominante –el cual facilita al cerebro a entrar en modo plástico o “preparado-para-el-aprendizaje”–; pero si se sobre carga de información, los niveles de glutamato disminuyen y los de GABA incrementan –encargado de estabilizar el cerebro–. Para Watanabe, “Si se sobreaprende la habilidad, el estado del cerebro cambia muy rápido de ser plástico a estable”, lo cual significa que el cerebro tiene más tiempo de “congelar” la habilidad previniendo de olvidarla. 

Es decir que para aprender un tema es recomendable “sobreaprender” –repetir y repetir– la base para comprender así lo complejo. Si bien se dice que hay un riesgo del olvido con el paso del tiempo, la realidad es que existen numerosas técnicas para mantener el conocimiento en un periodo a largo plazo; como por ejemplo, dar tiempo a que suceda el aprendizaje sin necesidad de mezclar los temas. 



TOP: 6 alimentos que no sabías que eran probióticos

El alimento probiótico más reconocido es el yogur fresco, pues ayuda a mejorar los síntomas y problemas de defensas, periodos de lactancia así como a reforzar el sistema inmunitario.

En nuestro intestino existen una serie de microorganismos que ejercen una serie de efectos beneficiosos para el aparato digestivo. Esta clase de microorganismos es posible conseguirlos a través de alimentos que permiten mantenerlos activos en el intestino para contribuir el equilibrio de la microbiota intestinal y potenciar el sistema inmune. 

El alimento probiótico más reconocido es el yogur fresco, pues ayuda a mejorar los síntomas y problemas de defensas, periodos de lactancia así como a reforzar el sistema inmunitario. De hecho el consumo reiterado del yogur probiótico en cantidades relativamente abundantes posee un efecto terapéutico contra Helicobacter pylori, infecciones en el tracto digestivo e inflamación.

Existen otros alimentos probióticos que también pueden brindar una serie de beneficios a tu flora intestinal. Te los compartimos:

  • Kombucha u hongo chino. Es una bebida endulzada china compuesta de una colonia de bacterias. Ayuda a prevenir artritis y otras enfermedades. 2015-04-06-Kombucha-12
  • Kéfir. Es un producto similar al yogur búlgaro originario de la región Caucásica en Rusia. 
    Kefir
    Kefir
  • El chucrut es una comida típica de Alemania, Alsacia, Polonia y Rusia que se prepara haciendo fermentar las hojas del coliflor en agua con sal. raw-vegan-fermented-cabbage-sauerkraut
  • El kimchi es un plato típico de Corea. Se usa la col china, pimiento rojo, ajos o cebollas tiernas. Es un alimento fermentado salado y picante que puede estar sazonado con ajo o jengibre. Kimchi-007
  • Sopa de miso. Es una receta japonesa típicamente hecha con soya. Contiene alrededor de 160 cepas de bacterias. sopa-de-miso
  • Pulque. Es una bebida mexicana espesa y de color blanco, el cual se obtiene de la fermentación del jugo de maguey. pulque


Probióticos y salud cerebro-emocional

¿ Es posible que nuestras bacterias intestinales puedan afectar nuestro estado de ánimo?. La investigación actual sobre el tema resulta cada ves más asombrosa y contribuye a arrojar nueva luz sobre la famosa sentencia hipocrática “QUE TU ALIMENTO SEA TU MEDICINA”.

La depresión y la ansiedad son los dos trastornos psicoemocionales más frecuentes en la actualidad y alcanzan ya proporciones epidémicas. La investigación reciente sobre el papel de las bacterias intestinales en los estados de ánimo ofrece una alternativa práctica y eficaz para enfrentar este fenómeno: los probióticos pueden usarse a titulo preventivo y/o terapéutico , y no generan los  efectos secundarios nocivos que tienen los fármacos ansiolíticos y antidepresivos.

Citemos, como ejemplo, un trabajo publicado en el 2013 por investigadores de la UCLA, en el cual se demostró que el consumo de lactofermentos , 2  veces por día, durante 4 semanas, modificaba favorablemente la actividad de regiones  cerebrales que  controlan el procesamiento de las sensaciones y las  emociones. El estudio fue encabezado por el Dr. Emeran Meyer, médico gastroenterólogo, reconocido mundialmente como una autoridad en la investigación sobre los vínculos entre los probióticos, el cerebro intestinal y la salud humana en general. (El lector interesado puede consultar sus trabajos en : www.gutmicrobiotaforhealth.com). 

Los investigadores dividieron en 3 subgrupos a 36 mujeres saludables: 12 consumieron yogurt 2 veces al día por 4 semanas, 11 consumieron leche y las 13 restantes no tomaron leche, ni yogurt.

Antes del estudio todas las participantes fueron sometidas a un test que utilizando imágenes del cerebro obtenidas mediante resonancia magnética, mide la respuesta inmediata consiente y preconsciente a estímulos emocionales. Durante las 4 semanas las mujeres que consumían yogurt y leche fueron monitoreadas mediante dicho test en repetidas ocasiones. También se aplicaron otros test para medir la respuesta cerebral al estímulo emocional y para medir la actividad cerebral durante las horas de sueño. 

Después de las 4 semanas quienes ingerían   yogurt, mostraron cambios significativos en su actividad cerebral. Su respuesta a las pruebas mejoró y la actividad en las regiones cerebrales asociadas con la respuesta emocional cambió para bien de manera dramática, la interconectividad en el cerebro medio se incrementó ( lo cual podría explicar la mejor respuesta a las pruebas). Los investigadores calificaron estos cambios como “ robustos” y “amplios” refiriéndose a que fueron grandes y se presentaron en numerosas áreas del cerebro. También se observó una modulación de la actividad cerebral en áreas asociadas con la respuesta a los estímulos emocionales.

Todos estos cambios ocurrieron sólo en el grupo que consumió yogurt, por lo cual -comentaron los investigadores- pueden atribuirse a los cambios generados en las bacterias intestinales por  la ingesta de yogurt. Los investigadores reportaron que esta es la primera ves que tal cosa se demuestra para humanos confirmando los resultados obtenidos en numerosos estudios realizados con roedores y añaden que la investigación por venir, podría confirmar otros beneficios asociados con la  mejora de las bacterias intestinales,  observados el los estudios con animales, como:

  • modulación de la sensibilidad al dolor,
  • modulación de la respuesta al estrés,
  • modulación del estado de ánimo,
  • reducción de la ansiedad.

Así mismo señalan que apenas comenzamos a comprender los mecanismos de interacción entre nuestro cerebro y la salud intestinal, en especial el equilibrio de las bacterias intestinales.(1).

En otro estudio, llevado a cabo por el Dr Phil Burnet y su equipo de colaboradores,  del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford, la utilización de una fibra rica en galactooligosacáridos (BIMUNO), produjo una disminución en los niveles de cortisol, una disminución en los síntomas de ansiedad entre quienes consumieron el producto, así como también una mayor capacidad de tolerancia al estrés. 

Según estos autores la investigación actual aporta fuertes evidencias sobre un vínculo estrecho entre las bacterias intestinales y el funcionamiento cerebral: las bacterias intestinales influyen profundamente en la respuesta neuroendócrina al estrés y modulan  procesos cerebrales de respuesta a información que se asocia fuertemente con la depresión y la ansiedad. La escases de estudios con humanos llevó a los autores al desarrollo del presente estudio: observar el efecto de la ingesta de prebióticos ( fibra soluble que nutre a  las bacterias intestinales)  en la respuesta al estrés y a la información entre individuos sanos. Lo más impresionante de este estudio, señalado por los autores en sus conclusiones, es que el consumo de prebióticos que mejoran el estado de nuestras bacterias intestinales, genera en los consumidores un cambio en el procesamiento de la información según el cual estos ¡priorizan el registro de la  información positiva vs la negativa¡ (en un test realizado frente a una computadora)(2).

Los datos se acumulan día a día. Los estudios con humanos son recientes y escasos, pero las evidencias reunidas en los estudios con animales demuestran que las  bacterias intestinales influyen sin lugar a dudas en la bioquímica cerebral y en los patrones de comportamiento. 

EL CEREBRO INTESTINAL.

Desde hace una década, aproximadamente, se retomó la investigación sobre lo que se ha dado en llamar “el segundo cerebro” o “ cerebro intestinal”. Se trata del conjunto de neuronas que revisten el tubo gastrointestinal, y que se encargan de regular el complejo conjunto de funciones necesarias para una buena digestión. El cerebro intestinal comprende unas 400 mil neuronas, más que cualquier otro órgano periférico y sintetiza gran cantidad de sustancias neuromediadoras. Se ha demostrado la existencia de una estrecha interacción entre el “ cerebro intestinal “ y nuestro sistema nervioso. La investigación reciente también ha demostrado que las bacterias intestinales influyen profundamente en el funcionamiento del cerebro intestinal, pero también sobre  sistema nervioso central a través de mecanismos que involucran aspectos neurológicos, neuroendócrinos, neuroinmunológicos, bioquímicos y otros. En una palabra, esta investigación ha descubierto – o redescubre, podríamos decir- una importante ventana para el desarrollo de la medicina: la interacción entre el sistema nervioso central y la salud intestinal,  y sus  implicaciones para el normal funcionamiento de todo nuestro organismo. Al interior de esta novel investigación, mucho interés ha despertado la correlación entre salud intestinal y salud emocional, entendida como un sistema de interacción bidireccional , así como también, el papel del equilibrio de nuestras bacterias intestinales en este mecanismo ( interconexión cerebro-intestinos) básico para la homeostasis de nuestro organismo.

Lo más prometedor de estos trabajos, en cuanto al estudio de las bacterias intestinales se refiere, es el descubrimiento de su influencia en la intercomunicación intestinos-cerebro y la comprensión de las vías por las cuales nuestras bacterias intestinales pueden generara efectos en la fisiología intestinal con impactos enormes en nuestra salud global, pues involucran la salud del sistema inmunológico -recordemos , por ejemplo, que el 80% de la actividad inmunológica ocurre a nivel intestinal- la absorción y síntesis de nutrientes, procesos metabólicos,  mecanismos nueroendócrinos de respuesta inflamatoria, la función de órganos vitales como el hígado, etc. Pero no sólo, poco a poco se a demostrado que las bacterias intestinales influyen en la salud cerebral al punto de que pueden determinar  en nuestros estados de ánimo y en nuestro comportamiento.

Según el especialista en autismo y salud intestinal, Derrick MacFabe: “Las bacterias que viven en nuestro tracto gastrointestinal pueden cambiar  quienes y qué somos, desde la susceptibilidad o la resistencia  a determinadas enfermedades, hasta nuestro cerebro, comportamiento e inclusive nuestra personalidad.”. Sabemos, insiste el mismo autor,  que nuestras bacterias superan 10:1 en número a nuestras células, que de diversas maneras influyen en la bioquímica cerebral y que representan una enorme masa de información genética en interacción constante con los genes de nuestras células. Hay quienes proponen, a la luz de los nuevos conocimientos, señala el  Dr.MacFabe, del departamento de Neurociencias y Psiquiatría de la Universidad de Oeste de Ontario, Canadá,  que en un proceso de simbiosis evolutiva aprendimos a provechar la presencia de las bacterias intestinales no sólo por sus beneficios para nuestros procesos digestivos, metabólicos e inmunológicos sino también por su influencia sobre nuestro sistema nervioso central y nuestro comportamiento. La alteración de la alimentación moderna, el abuso en la medicación de antibióticos, el estrés y las sustancias deletéreas con que hemos inundado nuestro medio ambiente generan cambios profundos de nuestras bacterias intestinales y pueden de esta manera predisponernos a enfermedades diversas y cambios neuroemocionales desventajosos (3). 

QUE TU ALIMENTO SEA TU MEDICINA.

A luz de este conocimiento adquiere renovada importancia la tesis hipocrática arriba citada: el papel esencial de nuestra alimentación en el cuidado de nuestra salud.

Son numerosas las áreas de la investigación en curso, misma que poco a poco va develando una complejísima interacción entre los procesos digestivos, la salud intestinal, nerviosa, inmunológica, cerebral y emocional, por mencionar sólo los ejes principales que se entrecruzan en esta investigación. Y de nuevo  nuestra alimentación es la gran olvidada en todos estos trabajos, con la salvedad de algunos pocos autores.

Se insiste en el equilibrio de las bacterias intestinales y en las diversas vías por las cuales dicho equilibrio influye en este sistema, pero no se extrae la conclusión lógica evidente: la dieta moderna resulta sumamente agresiva para las bacterias intestinales y para todo el tubo digestivo, lo cual permite comprender el origen de muchas patologías, la masificación de diversas enfermedades crónico degenerativas típicas del mundo moderno ( desde la depresión hasta la obesidad) y ofrece una explicación plausible para comprender la causa de patologías incomprendidas por la medicina moderna como las enfermedades autoinmunes.

CONSEJOS PRÁCTICOS.

Una dieta rica en frutas y verduras, evitar el abuso en el consumo de azúcar y harinas refinadas, así como también   de grasas saturadas, resulta esencial para el equilibrio de las bacterias intestinales. Destaquemos  el uso frecuente de antibióticos como  factor  sumamente agresivo para dicho equilibrio. Si usted ha tomado antibióticos con frecuencia, debe buscar otra forma de resolver el problema que lo aqueja y utilizar , por lo menos durante 6 a 12 meses, diferentes medidas para regenerar el equilibrio de sus bacterias intestinales.

Además de lo que ya mencioné, el consumo de alimentos fermentado, como el yogurt,  los tibicos,  el kombucha,  el tepache, o el pulque ( con moderación), son muy benéficos; también el uso de suplementos probióticos (que proporcionan bacterias).

 

1. Gastroenterology. 2013 Jun;144(7):1394-401, 1401.e1-4.Consumption of fermented milk product with probiotic modulates brain activity.Tillisch K1, Labus J, Kilpatrick L, Jiang Z, Stains J, Ebrat B, Guyonnet D, Legrain-Raspaud S, Trotin B, Naliboff B, Mayer EA.

2. (Psychopharmacology (Berl). 2014 Dec 3. Prebiotic intake reduces the waking cortisol response and alters emotional bias in healthy volunteers.Schmidt K1, Cowen PJ, Harmer CJ, Tzortzis G, Errington S, Burnet PW.) 

3. ( Macfabe D., Autism: metabolism,mitocondria, and microbiome, Glob adv Health Med, 2013 Nov; 2(6):52-66.)

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