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¿Cuáles son las preguntas clave para la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI?

Por: Danielle E. Barriga Guijarro

Actualmente, cuando se habla de conservación, esta suele referirse a la conservación de la biodiversidad o diversidad biológica, sin embargo, este ensayo busca reflexionar en torno a las limitantes de esta visión y dar luces hacia nuevas formas de conceptualizarla, con la finalidad de generar una propuesta más integral en miras de contribuir al manejo de las áreas naturales protegidas, sitios en los que se concentran los esfuerzos de conservación. Se utiliza el caso del Parque Nacional Lagunas de Montebello para aterrizar la reflexión teórica.

Es posible rastrear la historia de la conservación de los recursos naturales en México hasta la época precolombina, con los jardines botánicos y parques creados a demanda del rey Netzahualcóyotl de Texcoco. Se han identificado diferentes periodos con base en la concepción que se tenía de lo que debía ser la conservación y su importancia, lo que derivó en ciertas políticas y acciones gubernamentales que culminaron con una consolidación tardía a finales de los 90 de las áreas naturales protegidas en el país (Castañeda, 2006a; Challenger, 1998).

Existen elementos importantes a destacar en este proceso relacionados con la valoración que se le daba a los recursos. En su mayoría, estos estaban estrechamente relacionados con el valor monetario que se pudiera obtener y la preocupación por la conservación solía darse en el momento que las consecuencias del modelo de producción extractivista se hacían visibles al poner en riesgo ciertas actividades o cuando se dejaban de satisfacer demandas muy particulares.

En ese sentido, después del Cardenismo, los primeros, y principales esfuerzos por mantener los recursos, se dieron a través del decreto de áreas protegidas, sitios de carácter restrictivo donde pocas actividades eran permitidas. Entre 1930 y 1934, se declararon 39 parques nacionales en el centro del país bajo tres criterios: contar con un gran atractivo paisajístico, tener potencial recreativo y ser importantes en materia ambiental para las ciudades cercanas (Challenger, 1998).

En los años siguientes, la política nacional se centró en el desarrollo industrial del país y las políticas de restricción en el acceso a recursos, particularmente de los bosques, los cuales eran reconocidos como pieza clave en el desarrollo. Reflejo de esto, en 1960 se promulgó una nueva Ley Forestal que pretendía sentar las bases para la gestión y administración de los parques nacionales. Durante este periodo se crearon siete parques nacionales más, entre ellos, el Parque Nacional Lagunas de Montebello. Debido a la poca capacidad de administración con la que contaba el Estado, se reconoció la importancia de contar con aliados en otros sectores de la sociedad civil para compartir la responsabilidad del manejo (Berkes, 2009; Castañeda, 2006b)

Actualmente, el modelo de conservación de áreas naturales se mantiene, siendo estas el principal instrumento de política ambiental en el país. A través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), se busca mantener estos sitios representativos de la biodiversidad, fomentar la cultura de la conservación y el desarrollo sustentable de las comunidades asentadas dentro y fuera (CONANP, 2007). Esto muestra que para el siglo XXI la conservación está centrada a la biodiversidad y no tanto a los recursos (como era el caso de los bosques) y busca dejar de lado el carácter restrictivo que históricamente caracterizaba a éstas áreas.

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Sin embargo, se ha cuestionado la viabilidad de las ANP en dos sentidos: su eficacia y su permanencia. La primera está relacionada con el carácter estático y la incapacidad de incorporar procesos a gran escala y de larga duración a los que responden de forma natural los ecosistemas, así como por la representatividad que realmente poseen en términos de diversidad biológica. La segunda, se debe a la capacidad de respuesta que estos parches aislados tendrían frente a nuevos (y rápidos) fenómenos de escala regional y global como el cambio climático (Víctor Toledo, 2005).

Además, se ha reconocido que la conservación de la biodiversidad no es sólo una cuestión biológica, el acto por sí mismo es un proceso social y político, por lo tanto, se debería evaluar a las instituciones sociales, mecanismos económicos y factores políticos que contribuyen o amenazan a las especies (Alcom, 1994). En ese sentido, se han resaltado otros factores dignos de ser conservados, como es la diversidad cultural de los pueblos indígenas, la cual está estrechamente relacionada con regiones de alto valor biológico (Vm Toledo et al., 2001).

Esta reflexión resalta que la discusión va más allá para qué y quién lleva a cabo la conservación y la amplia a qué se conserva y cómo. Dado el contexto de crisis social, ecológica y económica que se vive, es importante repensar y recontextualizar la conservación desde estos cuatro cuestionamientos para que pueda articularse con otras iniciativas como los movimientos sociales en defensa de la tierra y contar con mayores capacidades de éxito a diferentes escalas espaciales y temporales.

El caso del Parque Nacional Lagunas de Montebello (PNLM) viene a colación como ejemplo de las consecuencias del carácter expiatorio y las posibilidades que trae la conservación actualmente para el sitio en términos sociales y ecológicos. Este parque fue decretado en una época, a decir de Castañeda (2006), de olvido para la conservación y bajo los supuestos de atractivo paisajístico y potencial recreativo. No se tomó en cuenta que pocos años antes, parte de ese mismo territorio nacional había sido legalmente asignado como ejido a algunas familias que llevaban más de cincuenta años asentadas ahí (DOF, 1959; Limón, 2008; Melo G. & Cervantes B., 1986).

La incertidumbre legal que esto generó particularmente con Tziscao, la única comunidad asentad dentro del PNLM, es un conflicto que perdura hasta hoy en día y ha dificultado la apertura por parte de las comunidades al proceso de inclusión y equidad que buscan. De siete años para acá, Tziscao se ha mostrado más receptiva a la colaboración e incluso un grupo de personas ha reconocido la importancia de aliarse con la CONANP para trabajar el tema turístico (entrevista con funcionario de CONANP, 2015; reflexiones del Taller de Capacitación en Ecoturismo, 2015).

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Es posible identificar que quienes están llevado a cabo la conservación en el PNLM son las comunidades y la CONANP, aunque existe un gradiente en cuanto al trabajo conjunto, por lo que el proceso de negociación en cuanto a las acciones continúa. En ese sentido, la búsqueda o para qué conservar, no queda muy clara pero parece apuntar hacia un mantenimiento de los procesos ecológicos que posibilitan la existencia de los seres vivos y la obtención de beneficios económicos para la comunidad.

Sin embargo, siguiendo la propuesta de Toledo et al. (2001), se considera que el qué conservar y para qué debería ampliarse e integrar la cuestión cultural de los pueblos dentro y fuera del polígono, ya que estas cuentan con raíces chuj y tojolabal. Una estrategia pensada desde aquí permitiría revalorar aspectos culturales que durante tanto tiempo han sido negados para los habitantes y quizá les ayudaría a darle un nuevo significado a sus acciones y actividades, conociendo sus raíces y reconectándose con ellas.

Por último, el cómo debería pensarse más allá de los límites del parque, en articulación con iniciativas como la del corredor biológico mesoamericano y quizá más importante, con la ciudad de Comitán, ya que esta se ha identificado como una fuente importante de contaminación para las lagunas. Escalar las líneas de acción hacia esta zona urbana próxima permitiría incluir a otros sectores en la conservación del sitio, mostrando que la importancia de los servicios que brinda el parque no son sólo para los habitantes dentro y en la zona de amortiguamiento, sino para toda la cuenca. Esto deja claro que la conservación debe ser una cuestión integral que involucre diferentes sectores sociales en distintos lugares y considerando las diversas escalas de procesos ecológicos.

Bibliografía

Alcom, J. (1994). Noble savage or noble state?: northern myths and southern realities in biodiversity conservation. Etnoecológica, 3, 7–19.

Berkes, F. (2009). Evolution of co-management: Role of knowledge generation, bridging organizations and social learning. Journal of Environmental Management, 90(5), 1692–1702. http://doi.org/10.1016/j.jenvman.2008.12.001

Castañeda, J. (2006a). Las Áreas Naturales Protegidas de México. De su Origen Precoz a su Consolidación Tardía. Revista Electrónica de Geografia Y Ciencias Sociales, X(218 (13)).

Castañeda, J. (2006b). Las Áreas Naturales Protegidas de México. De su Origen Precoz a su Consolidación Tardía. Scripta Noval Revista Electrónica de Geografía Y Ciencias Sociales, X(218 (13)).

Challenger, A. (1998). Utilización y conservación de los ecosistemas terrestres de México. Pasado, presente y futuro. México: Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, Agrupación Sierra Madre, SC.

CONANP. (2007). Programa Nacional de Áreas Naturales Protegidas. México, D.F.: Comisión Nacioanl de Áreas Naturales Protegidas, Dirección de Evaluación y Seguimiento, Dirección de Comunicación y Cultura para la Conservación.

DOF. (1959). 16-12-1959 Decreto que declar necesaria y de utilidad pública la creación de un Parque Nacional en la región conocida con el nombre de Lagunas de Montebello, ubicada en Independencia y La Trinitaria, Chis. Chiapas.

Limón, F. (2008). La ciudadanía del pueblo chuj en México Una dialéctica negativa de identidades. Alteridades, 18(35), 85–98.

Melo G., C., & Cervantes B., J. (1986). Propuestas para el Programa Integral de Manejo y Desarrollo del Parque Nacional Lagunas de Montebello. Boletin Del Instituto de Geografía, 16.

Toledo, V. (2005). Repensar la conservación : ¿áreas naturales protegidas o estrategia bioregional? Gaceta Ecológica, 77, 67–83.

Toledo, V., Alarcón-Chaires, P., Moguel, P., Olivo, M., Cabrera, A., Leyequien, E., & Rodríquez-Aldabe, A. (2001). El atlas etnoecológico de México y Centroamérica: fundamentos, métodos y resultados. Etnoecológica, 6(8), 7–41. Retrieved from http://ccp.ucr.ac.cr/bvp/pdf/cambiodemografico/atlas_etnologico.pdf

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