Sesión fotográfica de la ardilla más divertida del mundo

Este tipo de sesiones fotográficas no sólo saca un par de sonrisas, también facilita información valiosa sobre la conducta de esta especie así como de la biodiversidad de esa región.

Vladim Trunov, fotógrafo ruso, ha decidido adentrarse en los bosques de su país para fotografiar su biodiversidad. Y los resultados de dejar una cámara profesional, junto con piñas de pino, han sido extraordinarios, pues de pronto un par de ardillas llegaron a jugar como si estuviesen dispuestas a ser el centro de atención de su foco. 

Este tipo de sesiones fotográficas no sólo saca un par de sonrisas, también facilita información valiosa sobre la conducta de esta especie así como de la biodiversidad de esa región. Es, en otras palabras, fuente de información que simboliza la vida y el medio ambiente. Y de alguna manera, también un incentivo para cuidar al planeta mediante actividades ecológicas; como por ejemplo, reduciendo, reciclando y reusando; evitar tirar basura en la calle o áreas naturales; etcétera. 

A continuación te compartimos las fotografías de Vladim Trunov: 

*Dale click en la galería fotográfica para ampliarla a pantalla completa.

 



4 apps ecológicos que te ayudarán a descubrir la vida salvaje

Si bien el internet y gadgets electrónicos pueden ser considerados como distractores, también pueden usarse de manera adecuada para realizar esta conexión hacia la trascendencia.

En primavera la naturaleza revive y con ella viene la oportunidad de realizar numerosas excursiones a bosques, selvas y zonas habitadas por la biodiversidad del campo. Es sorprendente descubrir numerosas especies de animales y plantas que nos obligan a prestar atención en el camino: ¿cómo se ve?, ¿tiene aroma?, ¿a qué suena?. Es, de alguna manera, un excelente ejercicio para aprender a estar en el aquí y en el ahora, en perfecta unión en el aquí y el ahora.

Si bien el internet y gadgets electrónicos pueden ser considerados como distractores, también pueden usarse de manera adecuada para realizar esta conexión hacia la trascendencia. Mediante apps que ayudan a conocer el entorno, no sólo nos ayudan a mantenernos informados sobre lo que vemos, olemos, oímos, también a tomar consciencia de nuestras emociones en el momento en que surgen. Estas apps son algunas que te ayudarán durante las excursiones:

ArbolApp

Avalada por el Real Jardín Botánico de Madrid, una institución científica de primer orden que se encarga de educar sobre botánica, esta app contiene 143 especies descritas en 122 fichas. Las fichas ofrecen información completa que se enriquece con fotografías, dibujos, mapas de distribución, aspectos culturales de cada especie y datos históricos de sus procedencias.

PlantNet

Creado por un grupo de investigadores franceses, la app funciona tomando una fotografía de la planta comparándola con las de la base de datos de Tela Botánica. Se puede incluir nuestras aportaciones como si fuera Wikipedia, desarrollándose por científicos de instituciones galas como CIRAD, INRA, INRIA o el IRD. Para más información, dale click aquí.

Map of Life

Es una app mundial que localiza las especies de animales y plantas basándose en la geolocalización. Su base de datos es extensa y sucede en cualquier parte del mundo, permitiendo compartir los propios hallazgos con otros usuarios naturalistas y que puede contribuir la monitorización de algunas especies en investigación.

Setas y plantas comestibles

La app muestra las especies que aparecen cada mes del año y ofrece un acceso directo a Google Maps para situar las zonas de recolecta. Si bien se muestras especies comestibles, se advierte que es una colección meramente informativa que debe extremar las precauciones a la hora de ingerir plantas silvestres para evitar toxicidades.

 



Las Cataratas de sangre: ¿Por qué el Antártico se tiñe de rojo?

Blood Falls, o las Cataratas de sangre, tiñen de rojo la blancura de uno de los acantilados de la Antártida, en el Polo Sur. Se trata de una mancha que recuerda al flujo sanguíneo recorriendo las venas sobre una piel blanca de la Naturaleza. El origen de este fenómeno perteneció desconocido desde 19911, cuando unos […]

Blood Falls, o las Cataratas de sangre, tiñen de rojo la blancura de uno de los acantilados de la Antártida, en el Polo Sur. Se trata de una mancha que recuerda al flujo sanguíneo recorriendo las venas sobre una piel blanca de la Naturaleza. El origen de este fenómeno perteneció desconocido desde 19911, cuando unos exploradores lo avistaron por primera vez, hasta ahora: las causantes, parecen ser, unas algas rojas. 

Un grupo de científicos de la Universidad de Alaska Fairbancks realizó una expedición en las profundidades del glaciar Taylor, ubicado al este de la Antártida. Fue así que descubrieron un camino que sigue la salmuera roja a 300 metros debajo del glaciar. El flujo de agua salada está rica en hierra, abriendo paso al interior del glaciar y oxidando la entrada al contacto con el aire. De acuerdo con los registros, el glaciar solía extenderse por la Antártida hace más de un millón de años atrapando un pequeño lago de agua salada , que al contener grandes cantidades de salinidad no pudo congelarse. 

 

 

En palabras de uno de los investigadores, Erin Pettit, “aunque suene contraintuitivo, el agua libera el calor a medida de que se congela, y ese calor calienta el hielo más frío que la rodea. El calor y la temperatura de congelación más baja del agua salada hacen posible el movimiento del líquido, por lo que el glaciar Taylor es ahora el glaciar más frío conocido que tiene agua que fluye constantemente.” Esto ha indicado que es un hábitat vivo, que es hogar de bacterias extremadamente resistentes y que han conseguido sobrevivir atrapados durante milenios alimentándose de sulfato, dando como resultado el flujo oxidativo hacia el exterior. 

 



El último rinoceronte blanco del norte busca pareja en Tinder para salvar a su especie

Sudán, que vive en Kenia, ha sido actualmente apodado como “el soltero más codiciado en el mundo” por lo que su equipo en Ol Pejeta Conservancy lo cuida con rigurosidad.

Frente a la extinción de una especie, la creatividad urge aparecer mediante los recursos que existen en la actualidad. Basta con usar una de las principales plataformas de citas en el mundo, Tinder, para intentar salvar al rinoceronte blanco del norte que se encuentra al borde de la extinción. Sudán, que vive en Kenia, ha sido actualmente apodado como “el soltero más codiciado en el mundo” por lo que su equipo en Ol Pejeta Conservancy lo cuida con rigurosidad. 

De acuerdo con Mattieu Plassard, de la agencia de comunicaciones Ogilvy Africa, Sudán cuenta ahora con dos posibles pretendientes restantes. En caso de que el apoyo de internet surta efecto, el acercamiento “va a ser transmitido en 190 países y en 40 idiomas. Es la primera vez que Tinder ha hecho algo como esto.” El objetivo es que Ol Pejeta Conservancy pueda recaudar fondos para un intento de salvar a la especie en peligro usando el método de Fertilización In Vitro –FIV–; en especial desde que Sudán tiene 43 años y no ha logrado aparearse con las dos rinocerontes blancos del norte hembras que quedan. 

Con una descripción de su personalidad y un agregado de “No quiero ser demasiado atrevido, pero el destino de mi especie depende literalmente de mí”, los usuarios de Tinder que deslizan a la derecha serán dirigidos a un sitio en donde el público puede realizar donaciones a favor de Sudán y su misión de reproducirse. 

Para Richard Vigne, director ejecutivo de la conservación, “Tenemos un largo camino por recorrer, un programa de 10, posiblemente 15 años para recuperar esta especie. Estimamos que costará alrededor de nueve a 10 millones de dólares.” Y con las donaciones, procesadas por Virgin Money en Reino Unido y Europa, CrowdRise en EE.UU. y MPesa en Kenia, se podrá financiar la investigación en curso sobre Técnicas de Reproducción Asistida –ART– que se llevan a cabo en institutos de EE.UU., Alemania y Japón. En caso de éxito, se esperará un rebaño de diez rinocerones blancos del norte después de cinco años de tratamiento FIV. 

 



Tesoros en la basura: la fotografía de Chris Jordan

El fotógrafo prepara su primer documental donde explora estéticamente el efecto devastador de la polución en el Pacífico Sur.

¿Dónde estabas la primera vez que viste Los girasoles de Van Gogh, Desnudo bajando una escalera No. 2 de Duchamp o cualquiera que sea tu obra de arte favorita? En contraste, ¿dónde estabas cuando supiste que una enorme mancha de aceite se derramó en el golfo de México, amenazando la vida marina durante milenios por venir? El impacto del arte y de la polución dejan marcas muy distintas en nuestra conciencia, pero ambas apelan a nuestra capacidad de involucrarnos activamente en la vida del planeta y de nuestra sociedad.

El fotógrafo Chris Jordan sabe que el arte y la lucha contra la contaminación no están peladas; todo lo contrario: la belleza es aquello que es evidente en sí misma, y no tiene empacho en mostrar incluso el carácter más perturbador de sus representaciones. Su trabajo ha mostrado desde hace años el lado más perturbador del american way of life a través de elocuentes fotografías de basura, como los enigmáticos espirales de plástico hechos con millones de teléfonos celulares o la recreación de la famosa ola del japonés Hokusai hecha con cientos de kilos de plástico de desecho.

El último proyecto de Jordan se llama Midway Journey y se trata un recorrido fílmico por una pequeña isla del Pacífico donde los albatros se debaten cada día entre la vida y la muerte a causa de la contaminación imperante.

El albatros es el símbolo de un vínculo inquebrantable e histórico entre el hombre y la naturaleza desde que el poeta romántico Samuel Taylor Coleridge lo inmortalizara en el poema The Rime of the Ancient Mariner. La reconfiguración de Jordan en el filme parte de la anécdota del poema, donde un marinero le dispara al ave albatros que había acompañado a su barco durante una larga travesía, condenando a este y a toda su tripulación a los más temibles embates del mar, insinuando una maldición eterna. Nuestro planeta podría cobrarnos en los próximos años un precio que nada tiene que ver con la magia y sí con la irresponsabilidad si permitimos que la tierra y el mar sigan contaminándose en la medida actual, como si el albatros conjurara un hechizo irreversible sobre el planeta Tierra. O como Jordan mismo lo dice:

“La belleza es un elixir poderoso. No hay nada como la belleza. Cuando pones juntas la belleza y el dolor, no puedes mirarlo, porque es demasiado triste; y no puedes dejar de mirarlo porque es demasiado hermoso.”

Belleza y dolor se conjuntan precisamente en Midway, una visión descarnada y hermosa sobre nuestra responsabilidad como especie para con el planeta. La película está siendo financiada en parte con las contribuciones via crowdsourcing. Si quieres apoyar a la producción visita la página oficial.

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Agua mala: la falsa medusa de simetría fractálica (FOTOS)

Con cierta frecuencia la Naturaleza se complace en bromear, en jugar ella misma con la realidad que construye para el mundo y otorgarnos ejemplos que, en el caso del ser humano, acaso la única especie capaz de dejar registro y constancia de lo que existe, son capaces de perturbar los sentidos, en una suerte de […]

Con cierta frecuencia la Naturaleza se complace en bromear, en jugar ella misma con la realidad que construye para el mundo y otorgarnos ejemplos que, en el caso del ser humano, acaso la única especie capaz de dejar registro y constancia de lo que existe, son capaces de perturbar los sentidos, en una suerte de arte natural que nos conmociona y nos toma por sorpresa.

En este sentido, la simulación parece ser uno de sus recursos preferidos, desde la mímesis de ciertos mecanismos defensivos de supervivencia, hasta la creación de elementos (como la pirita, el llamado “falso oro”) hasta organismos que simulan ser otros.

Como ejemplo de esto último tenemos al “agua mala”, una especie relativamente conocida que, a la distancia, tiene todo el aspecto de una medusa (de ahí otro de sus nombres: “falsa medusa”), pero la cual, sin embargo, es en realidad una suma de organismos, una colonia de zooides en la que cada individuo ha alcanzado un nivel de especialización tan notable que hace posible la supervivencia colectiva. Su amalgama es tal, que cada uno de estos simplemente no podría vivir por sí mismo.

Quizá por esta misma fragilidad las agua mala (cuya nomenclatura taxónomica es Physalia physalis) desarrollaron un tóxico potente y prácticamente letal para cualquier otro ser vivo que entre en contacto con ellas, concentrado especialmente en sus tentáculos. Su hábitat natural son las aguas cálidas y tropicales de los océanos Pacífico e Índico, aunque también se les encuentra en algunas zonas del Mediterráneo y en la zona atlántica de la Corriente del Golfo. Por estas últimas regiones a esta especie también se le conoce como carabela o fragata portuguesa, apelativo que nació en el siglo XVI por su supuesta semejanza con una embarcación de guerra de la época.

Ahora bien, si el agua mala es, a su modo, naturalmente bella, incluso así es posible operar una suerte de procedimiento sublimador (en el sentido químico pero quizá también alquímico) y extraer la quintaesencia de su poesía visual.

Este fue justamente la labor de Aaron Ansarov, fotógarfo que con su serie Zooids nos presenta diversos ejemplares de agua mala como, quizá, nunca nadie los había visto, una combinación armónica de colores y formas que da como resultado cierta simetría fractálica, patrones que creeríamos solo posibles por medio del trazo celosamente calculado.

El trabajo no fue sencillo. Junto con su esposa, Ansarov llevó a los organismos a su laboratorio fotográfico, donde los manipuló con guantes (no siempre efectivos contra el veneno) para después devolverlos al mar de donde los había tomado prestados.

En cuanto a las reacciones, resultó sorprendente para él mismo que cuando compartió una de sus fotografías en Facebook, sus contactos comenzaron a elaborar incontables teorías al respecto: algunos vieron rostros y otros mariposas, algunos más criaturas fantásticas e inexistentes e incluso hubo quien asignó a la imagen el inesperado parecido con una “vagina alienígena”. “Es el nuevo test de Rorschach”, dice Ansarov, no sin ironía.

Sea como fuere, sin duda los retratos nos recuerdan esa estética consustancial de la naturaleza, presente en casi cualquiera de sus rincones y especímenes, razón más que suficiente para que, siguiendo el ejemplo del fotógrafo, la admiremos y celebremos sin olvidar nunca respetar el curso de su existencia.

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