Pueblos indígenas protegen el 80 por ciento de la biodiversidad del planeta

Los pueblos indígenas siguen dependiendo de los recursos forestales para su supervivencia, especialmente de la caza y recolección de plantas silvestres.

Fotografía principal: agriculturers.com

En su momento, un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona se preguntó sobre las prácticas de las sociedades indígenas contemporáneas sobre usos del bosque y la biodiversidad en un mundo preocupado por los efectos del calentamiento global. Para responder a sus incógnitas, estos estudiantes decidieron convivir durante año y medio con tres grupos nativos en Borneo, la cuenca del Congo y la Amazonia.

Durante este estudio de campo, se encargaron de analizar las rutinas, prácticas sociales y formas de interactuar con el medio ambiente. Fue así que los investigadores se dieron cuenta que, pese a que los pueblos indígenas se están enfrentando a cambios culturales y económicos que han amenazado su relación con el medio ambiente, existen métodos importantes para la conservación de la biodiversidad; como los que te compartimos a continuación: 

– En las políticas de conservación de los bosques tropicales se requiere incorporar la cultura local desde un enfoque biocultural; es decir crear alianzas con los pueblos indígenas, quienes cuentan con las herramientas y conocimientos para enfrentar desafíos en el medio ambiente; 

– Es indispensable informar y promover el reconocimiento de los derechos humanos a las comunidades indígenas; como por ejemplo: el derecho a la libre determinación, a la igualdad de género para su existencia, bienestar y desarrollo integral como pueblo, a pertenecer a uno o varios pueblos indígenas de acuerdo con la identidad, tradición y costumbre de pertenencia a cada pueblo, a que el Estado reconozca plenamente su personalidad jurídica respetando las formas de organización y promoviendo el ejercicio pleno de los derechos contenidos en la Declaración, a mantener, expresar y desarrollar libremente su identidad cultural, a no ser objeto de racismo, discriminación racial, xenofobia ni otras formas conexas de intolerancia, a su propia identidad e integridad cultural y a su patrimonio cultural, a la autonomía o al autogobierno en cuestiones relacionadas con asuntos internos, al aislamiento voluntario viviendo libremente y de acuerdo con sus culturas, a gozar de todos los derechos y garantías reconocidas por la ley laboral nacional y la ley laboral internacional, y finalmente a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado, utilizado o adquirido;

www.cultura.gob.pe
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– Es crucial promover la transmisión del conocimiento ambiental local entre generaciones y así evitar que la gente pierda consciencia de los cambios que ocurren en el ecosistema. 

Actualmente los pueblos nativos protegen en su territorio cerca del 80% de la biodiversidad del planeta, pero son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras. De hecho, los pueblos indígenas siguen dependiendo de los recursos forestales para su supervivencia, especialmente de la caza y recolección de plantas silvestres. 

Se trata de una sabiduría única sobre el medio ambiente que se ha desperdiciado, denigrado y despreciado. Por lo que reconocer las violaciones de Derechos Humanos contra pueblos indígenas, como asesinatos y abusos contra activistas, es apenas el primer paso para cuidar no sólo el patrimonio de estas comunidades, también del bienestar de nuestro planeta y su biodiversidad. ¿Valdría el esfuerzo entonces retomar estas prácticas ancestrales en nuestros estilos de vida modernos? 



¿Cuáles son las preguntas clave para la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI?

Se debería evaluar a las instituciones sociales, mecanismos económicos y factores políticos que contribuyen o amenazan a las especies.

Por: Danielle E. Barriga Guijarro

Actualmente, cuando se habla de conservación, esta suele referirse a la conservación de la biodiversidad o diversidad biológica, sin embargo, este ensayo busca reflexionar en torno a las limitantes de esta visión y dar luces hacia nuevas formas de conceptualizarla, con la finalidad de generar una propuesta más integral en miras de contribuir al manejo de las áreas naturales protegidas, sitios en los que se concentran los esfuerzos de conservación. Se utiliza el caso del Parque Nacional Lagunas de Montebello para aterrizar la reflexión teórica.

Es posible rastrear la historia de la conservación de los recursos naturales en México hasta la época precolombina, con los jardines botánicos y parques creados a demanda del rey Netzahualcóyotl de Texcoco. Se han identificado diferentes periodos con base en la concepción que se tenía de lo que debía ser la conservación y su importancia, lo que derivó en ciertas políticas y acciones gubernamentales que culminaron con una consolidación tardía a finales de los 90 de las áreas naturales protegidas en el país (Castañeda, 2006a; Challenger, 1998).

Existen elementos importantes a destacar en este proceso relacionados con la valoración que se le daba a los recursos. En su mayoría, estos estaban estrechamente relacionados con el valor monetario que se pudiera obtener y la preocupación por la conservación solía darse en el momento que las consecuencias del modelo de producción extractivista se hacían visibles al poner en riesgo ciertas actividades o cuando se dejaban de satisfacer demandas muy particulares.

En ese sentido, después del Cardenismo, los primeros, y principales esfuerzos por mantener los recursos, se dieron a través del decreto de áreas protegidas, sitios de carácter restrictivo donde pocas actividades eran permitidas. Entre 1930 y 1934, se declararon 39 parques nacionales en el centro del país bajo tres criterios: contar con un gran atractivo paisajístico, tener potencial recreativo y ser importantes en materia ambiental para las ciudades cercanas (Challenger, 1998).

En los años siguientes, la política nacional se centró en el desarrollo industrial del país y las políticas de restricción en el acceso a recursos, particularmente de los bosques, los cuales eran reconocidos como pieza clave en el desarrollo. Reflejo de esto, en 1960 se promulgó una nueva Ley Forestal que pretendía sentar las bases para la gestión y administración de los parques nacionales. Durante este periodo se crearon siete parques nacionales más, entre ellos, el Parque Nacional Lagunas de Montebello. Debido a la poca capacidad de administración con la que contaba el Estado, se reconoció la importancia de contar con aliados en otros sectores de la sociedad civil para compartir la responsabilidad del manejo (Berkes, 2009; Castañeda, 2006b)

Actualmente, el modelo de conservación de áreas naturales se mantiene, siendo estas el principal instrumento de política ambiental en el país. A través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), se busca mantener estos sitios representativos de la biodiversidad, fomentar la cultura de la conservación y el desarrollo sustentable de las comunidades asentadas dentro y fuera (CONANP, 2007). Esto muestra que para el siglo XXI la conservación está centrada a la biodiversidad y no tanto a los recursos (como era el caso de los bosques) y busca dejar de lado el carácter restrictivo que históricamente caracterizaba a éstas áreas.

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Sin embargo, se ha cuestionado la viabilidad de las ANP en dos sentidos: su eficacia y su permanencia. La primera está relacionada con el carácter estático y la incapacidad de incorporar procesos a gran escala y de larga duración a los que responden de forma natural los ecosistemas, así como por la representatividad que realmente poseen en términos de diversidad biológica. La segunda, se debe a la capacidad de respuesta que estos parches aislados tendrían frente a nuevos (y rápidos) fenómenos de escala regional y global como el cambio climático (Víctor Toledo, 2005).

Además, se ha reconocido que la conservación de la biodiversidad no es sólo una cuestión biológica, el acto por sí mismo es un proceso social y político, por lo tanto, se debería evaluar a las instituciones sociales, mecanismos económicos y factores políticos que contribuyen o amenazan a las especies (Alcom, 1994). En ese sentido, se han resaltado otros factores dignos de ser conservados, como es la diversidad cultural de los pueblos indígenas, la cual está estrechamente relacionada con regiones de alto valor biológico (Vm Toledo et al., 2001).

Esta reflexión resalta que la discusión va más allá para qué y quién lleva a cabo la conservación y la amplia a qué se conserva y cómo. Dado el contexto de crisis social, ecológica y económica que se vive, es importante repensar y recontextualizar la conservación desde estos cuatro cuestionamientos para que pueda articularse con otras iniciativas como los movimientos sociales en defensa de la tierra y contar con mayores capacidades de éxito a diferentes escalas espaciales y temporales.

El caso del Parque Nacional Lagunas de Montebello (PNLM) viene a colación como ejemplo de las consecuencias del carácter expiatorio y las posibilidades que trae la conservación actualmente para el sitio en términos sociales y ecológicos. Este parque fue decretado en una época, a decir de Castañeda (2006), de olvido para la conservación y bajo los supuestos de atractivo paisajístico y potencial recreativo. No se tomó en cuenta que pocos años antes, parte de ese mismo territorio nacional había sido legalmente asignado como ejido a algunas familias que llevaban más de cincuenta años asentadas ahí (DOF, 1959; Limón, 2008; Melo G. & Cervantes B., 1986).

La incertidumbre legal que esto generó particularmente con Tziscao, la única comunidad asentad dentro del PNLM, es un conflicto que perdura hasta hoy en día y ha dificultado la apertura por parte de las comunidades al proceso de inclusión y equidad que buscan. De siete años para acá, Tziscao se ha mostrado más receptiva a la colaboración e incluso un grupo de personas ha reconocido la importancia de aliarse con la CONANP para trabajar el tema turístico (entrevista con funcionario de CONANP, 2015; reflexiones del Taller de Capacitación en Ecoturismo, 2015).

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Es posible identificar que quienes están llevado a cabo la conservación en el PNLM son las comunidades y la CONANP, aunque existe un gradiente en cuanto al trabajo conjunto, por lo que el proceso de negociación en cuanto a las acciones continúa. En ese sentido, la búsqueda o para qué conservar, no queda muy clara pero parece apuntar hacia un mantenimiento de los procesos ecológicos que posibilitan la existencia de los seres vivos y la obtención de beneficios económicos para la comunidad.

Sin embargo, siguiendo la propuesta de Toledo et al. (2001), se considera que el qué conservar y para qué debería ampliarse e integrar la cuestión cultural de los pueblos dentro y fuera del polígono, ya que estas cuentan con raíces chuj y tojolabal. Una estrategia pensada desde aquí permitiría revalorar aspectos culturales que durante tanto tiempo han sido negados para los habitantes y quizá les ayudaría a darle un nuevo significado a sus acciones y actividades, conociendo sus raíces y reconectándose con ellas.

Por último, el cómo debería pensarse más allá de los límites del parque, en articulación con iniciativas como la del corredor biológico mesoamericano y quizá más importante, con la ciudad de Comitán, ya que esta se ha identificado como una fuente importante de contaminación para las lagunas. Escalar las líneas de acción hacia esta zona urbana próxima permitiría incluir a otros sectores en la conservación del sitio, mostrando que la importancia de los servicios que brinda el parque no son sólo para los habitantes dentro y en la zona de amortiguamiento, sino para toda la cuenca. Esto deja claro que la conservación debe ser una cuestión integral que involucre diferentes sectores sociales en distintos lugares y considerando las diversas escalas de procesos ecológicos.

Bibliografía

Alcom, J. (1994). Noble savage or noble state?: northern myths and southern realities in biodiversity conservation. Etnoecológica, 3, 7–19.

Berkes, F. (2009). Evolution of co-management: Role of knowledge generation, bridging organizations and social learning. Journal of Environmental Management, 90(5), 1692–1702. http://doi.org/10.1016/j.jenvman.2008.12.001

Castañeda, J. (2006a). Las Áreas Naturales Protegidas de México. De su Origen Precoz a su Consolidación Tardía. Revista Electrónica de Geografia Y Ciencias Sociales, X(218 (13)).

Castañeda, J. (2006b). Las Áreas Naturales Protegidas de México. De su Origen Precoz a su Consolidación Tardía. Scripta Noval Revista Electrónica de Geografía Y Ciencias Sociales, X(218 (13)).

Challenger, A. (1998). Utilización y conservación de los ecosistemas terrestres de México. Pasado, presente y futuro. México: Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, Agrupación Sierra Madre, SC.

CONANP. (2007). Programa Nacional de Áreas Naturales Protegidas. México, D.F.: Comisión Nacioanl de Áreas Naturales Protegidas, Dirección de Evaluación y Seguimiento, Dirección de Comunicación y Cultura para la Conservación.

DOF. (1959). 16-12-1959 Decreto que declar necesaria y de utilidad pública la creación de un Parque Nacional en la región conocida con el nombre de Lagunas de Montebello, ubicada en Independencia y La Trinitaria, Chis. Chiapas.

Limón, F. (2008). La ciudadanía del pueblo chuj en México Una dialéctica negativa de identidades. Alteridades, 18(35), 85–98.

Melo G., C., & Cervantes B., J. (1986). Propuestas para el Programa Integral de Manejo y Desarrollo del Parque Nacional Lagunas de Montebello. Boletin Del Instituto de Geografía, 16.

Toledo, V. (2005). Repensar la conservación : ¿áreas naturales protegidas o estrategia bioregional? Gaceta Ecológica, 77, 67–83.

Toledo, V., Alarcón-Chaires, P., Moguel, P., Olivo, M., Cabrera, A., Leyequien, E., & Rodríquez-Aldabe, A. (2001). El atlas etnoecológico de México y Centroamérica: fundamentos, métodos y resultados. Etnoecológica, 6(8), 7–41. Retrieved from http://ccp.ucr.ac.cr/bvp/pdf/cambiodemografico/atlas_etnologico.pdf



Ya no hay lugares vírgenes en el planeta, estudio

Tras una investigación a lo largo de tres décadas, Boivine encontró que “no hay un espacio en la Tierra que no haya sido afectado por la sociedad y actividad del humano, y probablemente no ha habido un sitio en los últimos siglos.”

Imagen: http://keepingupwithkatrina.blogspot.mx/

México, por sí solo, es un país considerado como “megadiverso” al poseer la mayor cantidad y diversidad de animales y plantas. Tan sólo en él habita el 70 por ciento de la diversidad mundial de las especies –en plantas vasculares, mamíferos, reptiles, aves y anfibios–. Lo cual ha provocado que, desde antes de la Colonia, el mexicano haya interpretado numerosos aspectos de la naturaleza como parte de sus distintas cosmovisiones y formas de conocimiento empírico, con el objetivo de comunicar sus ideas acerca del mundo vivo. Desde entonces, el contacto consciente y de respeto con la naturaleza ha sido de real importancia. 

Pero con el paso del tiempo y el desarrollo de la Revolución Industrial, la sociedad ha tenido un impacto negativo sobre la naturaleza. Se considera que desde el siglo XVII, al menos 717 especies animales y 87 especies vegetales se han extinguido; y si se incluyen las extinciones causadas por el ser humano antes de 1600, el número se eleva a más de 2 000 especies extintas; entre ellos se encuentra el dodo –Raphus cuculatus–, la vaca marina de Steller –Hydrodamalis gigas–, la quagga –Equus quagga quagga–, el lobo de Tasmania –Thylacinus cynocephalus– y el alca gigante –Pinguinus impennis–. Y actualmente, más de 17 000 plantas y animales se encuentran más de 17 000 plantas y animales en riesgo de desaparecer. 

Esto ha provocado que algunos especialistas se pregunten de la posibilidad de encontrar, en la actualidad, un santuario natural en la Tierra que no haya sido tocado por las manos de la humanidad? Y de acuerdo con la arqueóloga Nicole Boivin, de la Universidad de Oxford y de Max Planck Institute for the Science of Human History en Alemania, no hay un sólo espacio en el planeta que no haya sido tocado por el humano.

Tras una investigación a lo largo de tres décadas, Boivine encontró que “no hay un espacio en la Tierra que no haya sido afectado por la sociedad y actividad del humano, y probablemente no ha habido un sitio en los últimos siglos.” Para llegar a esta conclusión, Boivine y su equipo de investigadores, analizaron datos de ADN antiguo y microfósiles, entre otros modelos estadísticos. Su conclusión fue: 

El impacto de la humanidad en el planeta no inició con los masivos cambios tecnológicos y sociales de la Revolución Industrial, sino durante miles de años antes del Pleistoceno Tardío, mediante extinciones de especies asociadas con el crecimiento de la población humana de hace 195 000 años. El ejemplo más significativo de esta dramática reducción en la megafauna comenzó hace 50 000 y 10 000 años, lo cual tuvo efectos dramáticos en los ecosistemas en términos de las cosas como la dispersión de semillas.  

http://sandrashakespeare.com/
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Los investigadores creen que los orígenes de la agricultura provocó impactos en la distribución de especies sin precedentes, lo cual no sólo conllevó a la extinción de algunas de ellas, también desarrolló la domesticación de algunos animales como los perros, chivos, borregos, gallos y gallinas, y ganado. Esto quiere decir que, “simplemente al ir colonizando nuevas tierras y domesticando animales de granja que eventualmente se comerían, probablemente se generó un impacto en cada una de las regiones del planeta.”

La evidencia arqueológica ha demostrado que está en nuestra naturaleza alterar a el status quo de la naturaleza, por lo que es importante planificar en función de nuestras herramientas para salvar al planeta de las amenazas ambientales: 

Si queremos mejorar nuestro entendimiento acerca de cómo cuidar el medio ambiente y conservar las especies, quizá podríamos cambiar nuestra perspectiva, pensando cada vez más cómo salvaguardar el aire limpio y agua fresca para futuras generaciones, en vez de intentar regresar al planeta a su condición original. […] Deberíamos enfocarnos en lo positivo que podemos hacer para el bienestar del planeta tal y como es ahora, en vez de tratar de restaurar el antiguo oasis que ahora sólo existe en nuestras imaginaciones. […] La data arqueológica ha demostrado que los humanos son cada vez más capaces de restructurar y transformar dramáticamente los ecosistemas. Ahora la cuestión es acerca de qué tipo de ecosistemas queremos crear en el futuro.

¿Será suficiente para soportar la constante evolución de las sociedades y los ecosistemas? Quizá un proceso de readaptación podría generar una manera de contener los efectos del cambio climático, y para ello implica un esfuerzo de cada uno de los habitantes del planeta. O al menos, su conscientización. 

 
 


Este exitoso corto nos hace reflexionar sobre la “cosificación” de la naturaleza

La Abuela Grillo se ha convertido en un inspirador referente de una sociedad que busca la rentabilidad en todo lo existente.

Las comunidades indígenas del mundo son quizá las mayores víctimas de la mentalidad expansionista de Occidente. La visión de encontrar en la naturaleza, no una parte del todo, sino un producto de venta, ha hecho que las condiciones ambientales sean hoy alarmantes.

En cambio, culturas milenarias que guardaban una relación más íntima con el entorno (la preciosa ilación de las cosas,  y no necesariamente la posesión de ellas) han logrado, en algunos casos, sobrevivir al tiempo y aún viven en muchos países bajo sus preceptos, y en una perenne lucha porque se respeten sus recursos naturales tal y como ellos lo hacen. 

Un exitoso cortometraje, sobre todo en internet, hecho en mancuerna por creativos peruanos y daneses, retoma un cuento mítico de la literatura prehispánica boliviana, un relato indígena Ayoreo: la Abuela Grillo. 

En el corto se hace, de alguna manera, una alusión a la guerra de la defensa del agua de Cochabamba en 2000, pues se pretendía privatizar este recurso. En esta pieza una viejita indígena llora y sus lágrimas son embotelladas como un producto de venta; un mensaje poderoso que invita a pensar en cómo la sociedad contemporánea, más aún con la globalización, parece convencida de que todo se trata de un producto para generar dinero. En este caso, un burdo y paradójico ejemplo de la voracidad que recolecta las lágrimas de una persona que siente la tristeza de un sistema que cosifica lo que encuentra a su paso.

Se trata además de una linda pieza artística que te devolverá algo de la sabiduría indígena en pocos minutos. 

 

Abuela Grillo from Denis Chapon on Vimeo.



Rarámuris denuncian incremento de amenazas a sus recursos naturales por empresas privadas

Aunque han alcanzado algunas victorias legales para defender sus territorios, al menos en nueve comunidades hay acoso y permisos de explotación de recursos

Los grupos indígenas en México fueron marginados desde la conquista española. Muchos de ellos perecieron, pero otros han conservado sus cosmogonías hasta hoy, y algunos, sus tierras. Aunque se conoce dónde viven los grupos indígenas de este país, numerosos grupos carecen del reconocimiento legal que lo acredite.

En la sierra Tarahumara viven, desde hace unos 15 mil años, los rarámuris. Este ecosistema boscoso y a la vez árido, apenas provee a los habitantes de fuentes para autoconsumo. De esta forma, sus tierras son su único medio de vida. Pero este paraje está impregnado de majestuosidad y belleza: entre las barrancas se avistan paisajes épicos y llenos de limpieza; por ello, algunas empresas buscan hacer negocios forestales o turísticos en la zona.

Recientemente líderes de las comunidades y municipios de Choreáchi, Coloradas de la Virgen y Mala Noche en Guadalupe y Calvo; Huitósachi, Bacajípare y Mogotavo en Urique; Repechique en Bocoyna y Teweríchi en Carichí, denunciaron la exclusión de las etnias de la sierra Tarahumara en los proyectos privados que promueve el gobierno estatal de César Duarte.

Entre los proyectos que se busca imponer, no sin antes enfrentar algunas batallas legales promovidas por los rarámuris, está un megaproyecto turístico de Barrancas del Cobre y el aeropuerto de Creel, que de hecho fue detenido aunque llevaba un avance de 80% de construcción, una situación inédita en la zona. Los indígenas alcanzaron estas pequeñas victorias legales con ayuda de la asociación La Consultoría Técnica Comunitaria (CONTEC).

Lorenzo Moreno Pajarito, primer gobernador rarámuri del municipio de Urique denunció lo siguiente en una mesa de diálogo con algunos senadores mexicanos como Javier Corral y Alejandro Encinas: 

Durante más de 40 años hemos luchado por el reconocimiento de nuestro territorio y la protección de nuestros recursos naturales ante diversos tribunales con acciones jurídicas, administrativas y penales. En todos y cada uno de los juicios hemos presentado pruebas de despojo que hemos sufrido por parte de caciques, mestizos, madereros, empresarios y políticos. Todos y cada uno de ellos han sido protegidos por los gobiernos en turno, ya sea por complicidad u omisión.

Pareciera que las culturas ancestrales en el mundo están gestando nuevas batallas, por la vía legal, para pelear los derechos de sus tierras. Mientras los políticos conciben el despojo de tierras como daños colaterales ineludibles a sus proyectos, la afectación de los indígenas es, para el mundo, la pérdida de un patrimonio cosmogónico que bien podría salvar a Occidente de su propia soberbia, que ha causado una crisis ecológica.

 



Un genocidio silencioso: los suicidios en una tribu brasileña

Cada semana un miembro joven de la tribu Guarani-Kaiowá se suicida. Investigadores creen que se debe a la pérdida de sus tierras, arrebatadas para su explotación comercial.

Por décadas, la tribu brasileña guarani-kaiowá ha sido obligada a abandonar sus tierras para que estas sean explotadas por agricultores. Aislados en una reserva, sus 31 mil miembros experimentan lo que algunos llaman un “genocidio silencioso”.Un miembro de esta comunidad se suicida casi cada semana.

Recientemente Survival International publicó cifras alarmantes: “La tribu tiene una tasa de suicidio 34 veces más alta que el promedio nacional,  como consecuencia de la pérdida de sus tierras ancestrales y los ataques constantes de grupos armados”.

Los suicidios se dan principalmente entre los jóvenes (en promedio tienen entre 15 y 29 años de edad, sin embargo, el más joven registró tan solo 9 años). Esta es la primera generación que ha crecido dentro de la reserva. Generalmente estas se encuentran en tierras peligrosas e infértiles, cerca de las carreteras o en las zonas sobrepobladas en donde la desnutrición, el alcoholismo y la insalubridad son comunes.

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Los guarani-kaiowá ya han perdido el lazo espiritual que tenían con sus tierras. Cuando los agricultores tomaron el territorio para cultivos, alteraron la estructura social de la comunidad. Antiguamente, cuando había una disputa entre las familias, una de ellas emigraba, pero hoy en día se ven obligadas a convivir, resultando en un alto índice de violencia dentro de las reservaciones.

Desde 1990 el gobierno reconoce la problemática de los suicidios, sin embargo, las precauciones han sido insuficientes para asegurar la supervivencia de los guaraníes.

Rosalino Ortiz, miembro de la tribu, explica que “la gente se suicida porque no tenemos tierras. En los viejos tiempos éramos libres, ya no somos libres. Nuestros jóvenes ven a su alrededor y piensan que no hay nada y se preguntan cómo podrán vivir. Se sientan y piensan, olvidan, se pierden a sí mismos y luego se suicidan”.

EL director de Survival International, Stephen Corry, declaró: “Los guaraníes no son un caso aislado —alrededor del mundo los pueblos indígenas tienen tasas de suicidio mucho más altas que la mayor parte de la población. El supuesto “progreso” destruye a los pueblos indígenas”.

La comunidad guaraní está decidida a pelear por sus tierras:

Observatorio

Seguimiento a los asuntos ambientales y de ecología más urgentes de México.

Biblioteca Ecoosfera

Una compilación de lecturas (libros, ensayos, etc) disponibles en PDF sobre temas como sustentabilidad, medioambiente y salud.

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