Las semillas de Monsanto en tierras mayas

La negligencia gubernamental no sólo ha provocado el abandono del territorio forestal, también ha desplazado a las comunidades mayas por colonos extranjeros con maquinarias, venenos agrícolas y semillas transgénicas de Monsanto y Dupont.

Permisos de cultivos transgénicos, esquemas de agricultura industrial intensiva –agricultura por contrato–, deforestación, degradación de suelos y severos daños ambientales, peligro para el sustento de familias de escasos recursos que dependen de la producción de productos del bosque –madera, resinas, guano, pimienta, carbón, miel, etcétera–…  Estas son las principales afectaciones sobre ejidos, comunidades indígenas y la selva misma de la región maya. Los responsables: el gobierno federal. 

De acuerdo con la investigación de Raúl Benet, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM– y doctor en Desarrollo Rural por la UAM Xochimilco y de Ecología por la UNAM, diversas dependencias del gobierno federal ha promovido la siembra de organismos genéticamente modificados, dificultando el manejo sustentable del bosque en la región. De hecho, comenta que:

[L]a lentitud o franca negativa en la liberación de permisos que establezcan claras reglas para el manejo del bosque, aunada a interminables trámites y a todo tipo de trabas burocráticas de diversas dependencias para el aprovechamiento forestal, promueve ilegalidad, fomenta el cambio de uso de suelo forestal a agrícola y ganadero y propicia el abandono del territorio forestal.

Y es que esta negligencia gubernamental no sólo ha provocado el abandono del territorio forestal, también ha desplazado a las comunidades mayas por colonos extranjeros –conocidos como Menonitas– con maquinarias, venenos agrícolas y semillas transgénicas de Monsanto y Dupont. Según los integrantes de las comunidades indígenas en la Península de Yucatán, la agricultura industrial de soya transgénica ha provocado la desaparición de 35 mil hectáreas de selva y miles de apiarios; por ejemplo, entre 2005 y 2015, en Hopelchén se perdieron 59 mil hectáreas de selva a causa de los mismos cultivos industriales. 

Actualmente, la Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Frente a esto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación –SCJN– suspendió la autorización federal de que la Sagarpa pudiera realizar tales siembras, después de que las comunidades indígenas presentaran una inconformidad, y ordenó que se realiza una consulta a las comunidades indígenas sobre la siembra de soya transgénica. Sin embargo, las presiones de funcionarios federales sobre las comunidades indígenas continuaron, principalmente del Delegado de la Sagarpa en Campeche y de personeros de Monsanto, quienes usaron argumentos del Dr. Yuri Peña, promotor de tecnologías transgénicas y coordinador del Consejo Consultivo Científico de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados de la Sagarpa, como: “libérense de los miedos: los europeos, que no son gente tan educada como creemos, sino también ignorantes, tuvieron temor a la palabra transgénico y por eso los rechazaron. Pero ellos tienen mucha lana para pagar cosas orgánicas, nosotros no.”

siembra monsanto en yucatan

Pese a la pérdida de áreas verdes en México –alrededor de 200 mil hectáreas de bosque al año–, el gobierno mexicano continúa apoyando esquemas de agricultura industrial y ganadería extensiva y altamente tecnificada. Inclusive, menciona Benet, esto también ha impactado en otras actividades productivas de tipo orgánico como la apicultura: 

Por la naturaleza de la actividad apícola, en la que las abejas al libar el néctar toman el polen de las flores de las plantas aledañas a su colmena, la miel puede contaminarse con polen proveniente de plantas genéticamente modificadas si es que hay presencia de este tipo de cultivos en la zona en la que se encuentran las colmenas. Este polen transgénico puede desplazarse por decenas de kilómetros bajo determinadas condiciones climáticas y contaminar regiones distantes.

Cabe mencionar que la Península de Yucatán genera alrededor del 40 por ciento de la producción nacional de miel, el cual es prácticamente el 90 por ciento de la cantidad exportada. Por lo que la siembra de Organismos Genéticamente Modificados –OGM– en la región yucateca representa un riesgo significativo para las familias que dependen de esta actividad para su supervivencia. De hecho, el Supremo Tribunal de la Unión Europea del 6 de septiembre de 2011 falló en no comercializar productos de Yucatán que se elaboren a partir de OGM, como la miel que contenga trazas de polen transgénico. 

En conclusión, las trabas del gobierno federal frente al manejo forestal sustentable con el fin de promover tecnologías y modelos agropecuarios que perjudiciales tanto al medio ambiente como a las comunidades, sólo ha provocado que la biodiversidad del país se vaya mermando dejándonos sin herencia ni recuerdos. 

siembra monsanto en yucatan
La Jornada


Sofía Gatica, la mujer que desterró a Monsanto de Maldivas argentinas

Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas.

Desde hace más de un siglo, Monsanto se ha relacionado con la destrucción de hábitats naturales y la creciente presencia de enfermedades y mutaciones en habitantes cercanos a estas regiones, principalmente cáncer, desórdenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, entre otros. 

Pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales de detener tanto los productos de Monsanto, tales como Dioxin, Glifosato y PCB, como sus consecuencias devastadoras, las fábricas continúan expandiéndose a lo largo del mundo.

Un ejemplo actualmente, en México, las instituciones gubernamentales Sagarpa y Semarnat se han encargado de promover la siembra de soya transgénica de Monsanto en 253 mil 500 hectáreas en varios estados del país. Tan sólo en la zona maya de este país, Monsanto importa “10 millones de toneladas de grano al año, todo biotecnológico de EE.UU.”, ya que es “necesario darle la oportunidad a agricultores mexicanos de usarlas, en lugar de estarle pagando 50 000 millones de pesos al año a productores norteamericanos.” Esto provoca, en consecuencia, no sólo una pérdida de diversidad nacional de sus productos, también la afectación en la salud de los habitantes que consumen sus alimentos genéticamente modificados. Y si bien en México se ha buscado maneras para prohibir la siembra de productos genéticamente modificados, como la soya, la lucha continúa. 

Son estas luchas las que han marcado una diferencia en la biodiversidad, el cuidado del medio ambiente y la salud pública de la población. Como lo es el caso de Sofía Gatica, la mujer que luchó pública y ampliamente contra los transgénicos de la transnacional agroquímica en tierras argentinas. Ella, al relatar su historia para la revista feminista Pikara Magazine, ha dado plasmado su oposición al glifosato y la ruptura de las mayores construcciones logrando el destierro de Monsanto en Maldivas Argentinas.

Te compartimos su historia que compartió con Pikara Magazine

[…] Aquel atlas de las desgracias cercanas, una especie de orografía arrugada con ira por el paso del tiempo, se transformó en un informe archivado en el Ministerio de Salud del país suramericano. Entre sus páginas, la constatación ciudadana de que las fumigaciones con glifosato (el herbicida más vendido del mundo) provocaban cáncer y leucemia: “Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones. Registramos ratios muy superiores a los normales”.

No había marcha atrás, apenas futuros posibles que construir. Así que las mujeres, bautizadas en 2003 como ‘las Madres de Ituzaingó’, se inmiscuyeron en una carrera de obstáculos en la que no se trataba de ganar o perder sino de aguantar. Lo siguen haciendo 16 años después. Más de 180 meses después han ocurrido muchas cosas, a veces demasiadas, como cuando se contabilizan las muertes, otras históricas, como cuando las crónicas resaltan que una de las transnacionales más poderosas del sector agroquímico inclinó la rodilla.

Fue hace apenas unas semanas, el pasado diciembre, cuando las calles de Malvinas Argentinas, una pequeña localidad de Córdoba, celebraron la salida de Monsanto. La multinacional salía por la puerta de atrás, echando el cerrojo al que estaba llamado a convertirse en uno de sus proyectos más emblemáticos, por tamaño e inversión: “Una de las mayores plantas de acondicionamiento de semillas de maíz no destinadas al consumo del mundo”, tal y como reflejaron en el momento del lanzamiento (junio de 2012, bajo el mandato de Cristina Kirchner) los informes técnicos de la propia compañía, que preveía destinar unos 1.500 millones de dólares (más de 1.400 millones de euros) al proyecto, desembolsos en concepto de investigación y desarrollo aparte.

De los golpes y amenazas

El relato de lo sucedido está sazonado de ambiciones, bloqueos, ganancias, cortes, asambleas, presiones y declaraciones, amenazas verbales y físicas, ilegalidades, alegalidades e incluso leyes redundantemente ilegales. Avances y retrocesos, los de la empresa frente a un amalgama de colectivos de toda Córdoba, entre los que destacan la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida, la Asamblea del Bloqueo a Monsanto y las Madres de Ituzaingó. La vida, dejó escrito Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota, que las llena de sus ruidos y furias. Tres siglos más tarde, Walter Benjamin matizó que está en todo caso contada por los vencedores.

[…] Un año más tarde, activistas y personas concienciadas organizaron un festival (Primavera sin Monsanto, que continúa celebrándose) en la misma entrada a las instalaciones que ya comenzaban a asomarse. Recibieron el apoyo de parte de la comunidad científica (entre ellos, el médico fallecido Andrés Carrasco) y académica (las universidades de Córdoba, Católica y Río Cuarto rechazaron la instalación de la planta), la artística (músicos como Manu Chao y René Pérez, de Calle 13) e incluso activistas internacionales como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel o la india Vandana Shiva, se han sumado en algún momento a la causa.

Antes, durante y después, recuerda Gatica, un bloqueo de más de tres años, hasta la expulsión de Monsanto. “Ha sido muy difícil porque eran 37 hectáreas y, aunque cerrábamos sucesivas entradas con diez personas en cada puesto, ellos trataban de entrar por cualquier sitio”. Los problemas con los trabajadores de la empresa no tardaron en aparecer: “Al principio impedíamos únicamente la entrada a los camiones, por ejemplo metiéndonos bajo las ruedas, hasta que descubrimos que introducían herramientas incluso escondidas en sus maletines, cuando venían vestidos de traje”, añade esta líder argentina, que en 2012 recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel del Medio Ambiente.

Al mes de bloqueo llegó el primer desalojo, “cuando más de 300 policías nos sacaron a la fuerza a un centenar de personas”. Dos compañeras terminaron presas y Sofía, hospitalizada con un traumatismo craneoencefálico. “Pero nos dimos cuenta de que el pueblo es el que manda”, añade Gatica nada más terminar de extenderse con su parte médico: “Pedí el alta voluntaria y regresé con mis compañeros para quedarme. Poco a poco se sumó mucha gente y se empezaron a construir casas. Jamás pudieron ingresar como hubieran querido, pero soportamos casi cuatro años de frío, sin luz, sin agua, de hambre. Mujeres y hombres de todas las edades, con mucha gente joven”.

[…] “Pronto llegaron las amenazas. Me esperaban a la salida del trabajo, me perseguían y me golpeaban. Me amenazaron de muerte junto a mis hijos. Me han llamado de todo: ‘gringa sucia’, ‘zurda’…”. Las presiones, denuncia, se reforzaban con “los palos de la policía”, con “los grupos de choque de la empresa” y con “órdenes de represión” contra los vecinos. “Hubo una vez que los camiones lograron entrar y entonces decidimos impedir también la salida, salvo que se llevaran todo el material. Los obreros nos acusaron de haberles secuestrado”, añade Gatica entre su dilatada retahíla de reconstrucción de los hechos, presentados sin tapujos como “una guerra, en la que Monsanto contrataba matones y nosotros, para sobrevivir, tuvimos que armarnos: maderas con clavos, zanjas gigantes en la tierra, pinchazos a las ruedas de los camiones…”.

A los extremistas violentos

[…] Y es que, allí donde (en los transgénicos) hay quien ve enfermedades y muerte, otros contemplan “oportunidades de progreso y crecimiento para la comunidad y la provincia, sin riesgo ninguno”, afirma la empresa, que vaticinó 400 puestos de trabajo directos. En otra de sus notificaciones, identifica a Sofía Gatica (y a otras personas) como responsable de “agresiones verbales y físicas” que ponen en riesgo la integridad física y vulneran el derecho de expresión”, en referencia a una charla que empleados de Monsanto impartían en la Universidad Nacional del Litoral. Acciones que fueron calificadas de “vandalismo” y posteriormente denunciadas ante las Fiscalía

1.140 días de bloqueo (el número exacto lo tiene clavado en la memoria Gatica), hasta el 1 de noviembre de 2016, en los que la estrategia de Monsanto ha sido la de denunciar las “violaciones al derecho a trabajar” de sus empleados, recordando en sucesivos avisos que cumplían “con todos los requerimientos legales para la construcción de la planta”, citando, entre otras, diferentes ordenanzas, al Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, el Estudio de Impacto Ambiental (elaborado por ellos mismos) y autoridades gubernamentales varias. Su defensa de que “no hay evidencia científica de que el glifosato sea cancerígeno” es radicalmente diferente al que presentan instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) que, perteneciente la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Naciones Unidas, lo consideró en 2015 como “probablemente cancerígeno para los humanos”. Las conclusiones siguen abiertas y recientemente la OMS, en este caso en una publicación conjunta con la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación), concluyó que era “improbable” que el glifosato presente riesgos carcinogénicos.

Sentencias firmes

Los entresijos jurídicos, que acompañaron a la lucha activista, dieron un primer vuelco radical en enero de 2014, cuando la Sala II dela Cámara de Trabajo detuvo la construcción, declarando inconstitucionales los permisos emitidos tanto por la Municipalidad como por la Provincia. Un mes más tarde, la Secretaría de Ambiente provincial también rechazó el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía.

Paradójicamente (o no), la empresa guarda un celoso silencio de estos reveses. Tampoco ha querido manifestarse antes las repetidas apelaciones en las que Pikara Magazine le ha brindado su micrófono. Ha preferido mantenerse al margen también de su salida de Malvinas Argentinas, de la que no existe postura oficial alguna por parte de la compañía, si bien una “alta fuente” de la multinacional admitió a un portal argentino de actualidad y análisis económico que “no se pudo avanzar con la planta y esto también influyó. Pero lo más trascendente fue que el negocio cambió y dejó de ser conveniente para Monsanto”.

Los cambios que anónimamente denuncia Monsanto se refieren a modificaciones legales introducidas por las nuevas políticas agropecuarias, que han disminuido la expansión máxima de la superficie del maíz: “La pauta de procesamiento de la planta estaba en el orden de 3,5 millones de hectáreas pero, en los últimos años, apenas se pasó de los 2,5 millones. Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio”.

Jamás van a admitir que el pueblo los venció. No se fueron por la Justicia”, subraya Gatica, convencida de que fue Cristina Kirchner, la anterior presidenta del país, quien “negoció con la salud del pueblo. Seguramente bajo su mandato no hubiera sido posible nuestra victoria, si bien es cierto el actual Gobierno [de Mauricio Macri] también responde a las corporaciones y no a la gente”.

Una victoria, pero ¿de quién?

Malvinas Argentinas aún está resacosa de celebraciones. Forzosa o voluntariamente, Monsanto se ha ido de la localidad, pero no del país. Falta por escribir qué sucederá a partir de ahora, cuando el municipio adquiera la verdadera dimensión de lo logrado. La transnacional no solamente sigue operando en Argentina, sino que los insumos destinados al fracasado proyecto han sido trasladados a la próxima localidad de Rojas, unos 500 kilómetros al oeste y próxima a Buenos Aires.

Los reveses sufridos por Monsanto en Malvinas Argentinas y el hecho de que siga sin poder modificar la Ley de Semillas (por la que pretenden garantizarse ganancias por los derechos de uso de casi toda la soja, el maíz y el algodón que siembran en el país americana) les sepa seguramente mejor con el balance comercial cosechado en 2016, que la sitúan como dominadora absoluta en el negocio del maíz y en la venta de glifosato. Según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), sus ingresos en este sentido aumentaron con respecto al ejercicio anterior.

Además de las instalaciones de Rojas, Monsanto mantiene otras 36 plantas en el país. La transnacional “desarrolla los planes a largo plazo, por lo que mover su inversión a otro lado tiene su lógica. Seguirá proveyendo a semillas al área de Córdoba. Que no tenga una planta levantada no significa que dejará de tener presencia”, según analizaron expertos en la materia a  un medio uruguayo.

“Es una batalla que vamos a ganar, nos va a costar, pero se la vamos a ganar”, vaticinó Sofía Gatica en octubre de 2012, al poco de saberse las intenciones de Monsanto en Malvinas Argentinas. Muchas “sangres” después (“América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Vamos a luchar dejando nuestras vidas”, respondía la protagonista en una entrevista posterior, publicada por el autor en formato e-book), Sofía Gática, parte de esa Argentina que desterró a Monsanto, lo tiene claro: “Hemos ganado una pequeña batalla porque Monsanto está aislado en distintas partes del país. Vamos a seguir ahí, dándoles batalla y resistiendo”.

La dueña de las semillas

Monsanto ya no es sólo una empresa. Atrás quedaron sus inicios, allá por el arranque del siglo XX, en los que producía sacarina para Coca-Cola. Ahora es una transnacional con pies, dedos, garras, manos y tentáculos en casi cada esquina del globo, aunque sus principales mercados son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. La producción de semillas transgénicas y el herbicida glisofato comercializado bajo la marca Roundup son dos de sus principales negocios, que la convierten prácticamente en dueña de la agricultura mundial.

Sobre todo tras su reciente fusión con Bayern, otra de las agroquímicas más grandes del mundo. “Con la transacción se fusionan dos negocios diferentes pero altamente complementarios. El negocio conjunto sacará partido del liderazgo de Monsanto en el ámbito de semillas y (…) por una parte, y del amplio abanico de productos de protección de cultivos de Bayern (…)  por la otra”, decía la compañía.

La sospecha siempre está detrás de cualquier acción de Monsanto, tanto por los temores hacia los organismos modificados genéticamente (OMG), como por las investigaciones que han sufrido varios de sus productos (la controversia sobre el glisofato es muy alta y ha sido prohibido su uso en varios territorios), las condenas por soborno en Indonesia, la venta de productos tóxicos o por el oligopolio que ejerce sobre la alimentación.

Y las resistencias también se multiplican. El pasado mes de octubre La Haya acogió en el Tribunal Internacional Monsanto, una “iniciativa de la sociedad civil para que Monsanto se responsabilice por violaciones a derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio”, a la que la transnacional respondió. La sentencia estará en abril de 2017.

 
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Comunidades indígenas luchan contra la siembra de soya transgénicas en Campeche y Yucatán

Las autoridades federales violan flagrantemente los principios de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Imagen principal: comunitariapress.wordpress.com

En 2012, Monsanto pidió autorizaciones para la siembra de soya transgénica en terrenos mexicanos, principalmente en los municipios campechanos de Champotón, Hecelchakán, Hopelchén, Tenabo, Calkiní, Escárcega, Carmen y Palizada. Frente a esto, los representantes de las comunidades y organizaciones mayas de Campeche presentaron al Juez Segundo de Distrito un oficio consignado sobre las irregularidades que se han dado en el proceso desde principios de la sentencia que amparó a las comunidades mayas. 

Pese a que la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –SCJN– falló a favor de las comunidades indígenas mayas de Yucatán y Campeche de suspender el permiso por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Social, Pesca y Alimentación –SAGARPA–, las autoridades federales violaron el derecho a la consulta previa, libre, informada y culturalmente adecuada a las comunidades mayas de Yucatán y Campeche. 

Las comunidades y las organizaciones indígenas comentaron que las irregularidades en el proceso de consulta:

La falta de garantías de seguridad durante las sesiones del 30 de junio al 1 de julio en Hopelchén y Tenabo, “en las que se permitió la entrada a la sesión de más de 100 agricultores no indígenas favorables a la siembra de soya genéticamente modificada”;

la falta de imparcialidad de las autoridades encargadas de realizar la consulta, como la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados –CIBIOGEM–;

y la ilegalidad del proceso efectuado en la comunidad de Vicente Guerrero, en donde CIBIOGEM realizó varias reuniones deliberativas sin la presencia de las autoridades tradicionales ni de la mayoría de la población sobre la siembra de soya transgénica a pesar de que no está permitida.

De hecho, la Misión de Observación de la Consulta Indígena Maya, desde mediados de julio han notado diversas irregularidades hacia comunidades indígenas de la península de Yucatán. Las autoridades federales violan flagrantemente los principios de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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Por esta razón, en palabras del Colectivo Apícola de los Chenes y Ma OGM, las comunidades indígenas solicitan que: 

[E]l Juez tiene la obligación inmediata de iniciar el procedimiento de inejecución de sentencia, requerir información a las autoridades encargadas de realizar la consulta, entre otras las distintas videograbaciones que han sido tomadas por los representantes de CIBIOGEM, y en su caso, establecer las sanciones correspondientes para las autoridades responsables encargadas tanto de verificar que no se siembre la soya transgénica, como de efectuar el proceso de consulta en los términos señalados por la Corte.

Los productos de OGM y Monsanto están relacionados con numerosos problemas ambientales, enfermedades y mutaciones. Estos organismos son principalmente químicos que han impactado en la salud de las personas que los consumen, resultando en enfermedades como el cáncer, desordenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, malformaciones –microcefaleas asociadas con el virus de Zika–; y en destrucciones de hábitats naturales. 

De acuerdo con la FAO, “activistas inquietos por la liberación de OMG en la biosfera han destruido parcelas experimentales al menos en cuatro continentes”. Y pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales para detener las consecuencias devastadoras, los productos de Monsanto continúan fabricándose y expandiéndose por el mundo; tales como Dioxin, Glifosato, PCB, entre los más conocidos.

 

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OMS niega la toxicidad de glifosato de Monsanto

De acuerdo con David Eastmond, toxicólogo de la Universidad de California, es importante diferenciar entre “peligro” y “riesgo”.

Monsanto, esta empresa agroquímica y biotecnológica, se ha relacionado con numerosas consecuencias negativas tanto para el medio ambiente como la salud de la población humana y animal en general. De hecho, de acuerdo con varias investigaciones, los habitantes cercanos a los campos con herbicidas de Monsanto, son actualmente víctimas de:

  • Diferentes tipos de cáncer,
  • desordenes cutáneos,
  • supresión inmune,
  • anemia,
  • diabetes,
  • problemas de hígado.

El problema de las semillas transgénicas de Monsanto, es la tolerancia al herbicida glifosato, el cual produce sustancias tóxicas resistentes al ataque de ciertos insectos. Pese a que la Organización Mundial de la Salud –OMS–, categorizó el glifosato como una sustancia cancerígena que se dispersa en los cultivos, ecosistemas y cuerpos de agua superficiales y subterráneos, ahora pone sobre la mesa la duda acerca de su toxicidad  para la población. 

Mientras que un reporte de la OMS, las Naciones Unidas y elUS Environmental Protection Agency, el glifosato no implica un riesgo cancerígeno, otro reporte de la OMS y el International Agency for Research on Cancer, concluyó que el glifosato es probablemente cancerígeno. En otras palabras, no hay claridad en este tema, pese a que los estudios de la IARC muestran que este químico es una de las principales causas de cáncer en condiciones de la vida real –como al comer cereal elaborado con maíz transgénico–. 

De acuerdo con David Eastmond, toxicólogo de la Universidad de California, es importante diferenciar entre “peligro” y “riesgo”. Para él,

[s]e trata como los tiburones: si están nadando en un acuario, representan un peligro pero poco riesgo; pero si están en mar abierto, representan tanto un peligro como riesgo.  

Y para la IARC, el tiburón es tiene dientes filosos y una quijada poderosa, y no importa si se está en la playa o el acuario: “El problema con usar productos peligrosos es que no hay una relación inmediata con el mundo real.” Para el mundo real, las agencias regulatorias determinan “riesgo” a la hora de encontrar grandes niveles de glifosato en los trabajadores de granjas y consumidores al grado de desarrollar cáncer. 

Frente a los resultados contradictorios, Eastmond concluye que los resultados son diversos porque no siempre se trata de dos fronteras: blanco y negro. Esto produce una serie de juicios al respecto, principalmente desde la IARC y las agencias regulatorias llegaron a diferentes conclusiones sobre la peligrosidad y el riesgo que implica el glifosato. ¿A quién se deberá prestar atención?

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Y pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales para detener las consecuencias devastadoras, los productos de Monsanto continúan fabricándose y expandiéndose por el mundo

Monsanto, nombre que se ha relacionado con numerosos problemas ambientales, enfermedades y mutaciones, es una empresa estadounidense que se especializa en biotecnología agrícola. Desde 1901, sus productos, principalmente sus químicos y alimentos genéticamente modificados, han impactado tanto en el medio ambiente como en el bienestar humano y animal.

Entre los productos de Monsanto con mayor polémica e impacto ambiental en el mundo es el plástico con base en fibras sintéticas y poliuretano, pues estudios han demostrado que es un factor desencadenante de enfermedades como el cáncer y de destrucciones de hábitats naturales. Inclusive, de acuerdo con varias investigaciones, los habitantes cercanos a los campos con herbicidas de Monsanto, son actualmente víctimas de diferentes tipos de cáncer, desordenes cutáneos, supresión inmune, anemia, diabetes, problemas de hígado, etcétera.   

Y pese a los esfuerzos de varias organizaciones no gubernamentales para detener las consecuencias devastadoras, los productos de Monsanto continúan fabricándose y expandiéndose por el mundo; tales como Dioxin, Glifosato, PCB, entre los más conocidos.

Como un llamado de consciencia, el fotógrafo Mathieu Asselin logró documentar la historia controversial de Monsanto: sus fotografías han capturado durante cinco años los paisajes destrozados por la toxicidad de esta empresa. En su proyecto Monsanto: A Photographic Investigation, el autor expone lugares como Anniston (Alabama, Estados Unidos), Sauget (Illinois, EE.UU.) y Argentina, así como anuncios antiguos, memorias y recortes de periódicos denunciando sus venenos: 

La parte más escalofriante es que, aún en la actualidad, no tenemos todavía una idea clara acerca de cómo los problemas de salud de la población van a evolucionar, y mucho menos se conocen los efectos que tendrán en las generaciones del futuro. Y este es un patrón que en las etapas tempranas se han repetido con los OGM. Es simplemente que no sabemos cuáles serán las consecuencias de la manipulación genética a largo plazo o a mediano plazo. […] Pero Monsanto va un paso antes al modificar genéticamente las semillas como el maíz, el algodón, la caña, alfalfa, soya, para que sean resistentes al Roundup (cultivos tolerantes al glifosato) llamado Roundup Ready Seeds. Las consecuencias en humanos se han mostrado en lugares como Argentina, donde gran parte de la población que vive cerca de estos cultivos rociados con estos herbicidas han desarrollado diferentes tipos de problemas de salud, entre ellos malformaciones de los recién nacidos similares a los niños en Vietnam contaminados con Dioxin (el químico más poderoso que ha sido creado por el hombre, y el componente principal del Agent Orange). […] Como pueden ver, muchos de los productos de Monsanto se construyeron en lo que llamé una cascada de fracasos exitosos. La comercialización de estas fallas ha tenido una estrategia exitosa de trabajo para esta empresa estadounidense. 

Primeras semillas de OGM de Monsanto, 1996 Poca River, West Virginia Poca River, West Virginia 2012 Poca River Basin, 2012 Lee Roy Muck, sobreviviente de cáncer Amber Beller sosteniendo fotografías de su madre, quien fue víctima de cáncer como un númer anormal de otros habitantes en Poca River Antigua fábrica de Monsanto, 1936 Heather Bowser, nació con deformaciones ante la exposición prenatal del Agent Orange de Monsanto



Detectan polen transgénico en miel de la península de Yucatán

De acuerdo con las investigadoras, Maricarmen Quirasco Baruch y Amanda Gálvez Mariscal, las abejas de la región colectan el polen de los cultivos GM, transportándolo al panal y afectando la calidad de miel en el mercado orgánico.

De acuerdo con un estudio de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la miel de abeja que se produce en la península de Yucatán, contiene polen de soya genéticamente modificada. Situación que ha generado rechazo en el mercado internacional.

De acuerdo con las investigadoras, Maricarmen Quirasco Baruch y Amanda Gálvez Mariscal, las abejas de la región colectan el polen de los cultivos GM, transportándolo al panal y afectando la calidad de miel en el mercado orgánico:

La presencia de soya transgénica no representa ningún problema de salud o ecológico, pero los apicultores nacionales sufren menoscabo económico, pues ya no pueden comercializar su mercancía como orgánica. Esto es terrible, porque es el tercer producto agropecuario que se exporta a Europa y con ello se boicotea el mercado mexicano.

El estudio explica que el problema se generó por dos principales situaciones: la primera, cuando el gobierno mexicano autorizó la siembra de más de 47 mil hectáreas de soya en la península, considerando que la planta era autopolinizable (provocando polen transgénico en la miel); y la segunda, que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) demandó que el producto con residuos de polen transgénicos, debería recibir una aprobación regulatoria antes de ser comercializada.

En consecuencia, la venta de la miel mexicana en países del continente americano es considerablemente menor al mismo producto de los países europeos, como Alemania. Es por ello que es necesario el cambio de las condiciones para la producción de miel con el fin de que sea considerada pura o libre de agentes genéticamente modificados.

De hecho, comentan las investigadoras, se ha detectado una cantidad significativa de polen de maíz en las mieles, agravando tanto la producción como la comercialización del producto endulzante: “Cualquier liberación de maíz GM en la zona traería peores consecuencias en la comercialización de la miel. Además, podemos asegurar que hay cada vez más soya y ese polen sí es transgénico.”

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