“La vuelta al mundo en 80 comidas”, estos son los hábitos alimenticios de algunas regiones del planeta

Aunque existen cinco dietas saludables muy famosas –la del Mediterráneo, la Nórdica, de Okinawa, la asiática tradicional y la de la “paradoja francesa”–, en realidad el tipo de dieta ideal para el cuerpo depende de la región en que se nació.

La poderosa relación entre mente y cuerpo ha trascendido la lógica de teorías New Age, y llegado al dogmatismo de la ciencia. Gracias a ello, se han realizado numerosos estudios científicos que muestran cómo la dieta influye tanto en el óptimo funcionamiento del cuerpo como en la sensación de bienestar emocional. De hecho, se ha llegado a atribuir el Síndrome de fatiga crónica a una alimentación deficiente en nutrientes y alta en carbohidratos malos –basada principalmente en la famosa junk food o comida chatarra–. 

Aunque existen cinco dietas saludables muy famosas –la del Mediterráneo, la Nórdica, de Okinawa, la asiática tradicional y la de la “paradoja francesa”–, en realidad el tipo de dieta ideal para el cuerpo depende de la región en que se nació. Es como si el estómago estuviera acostumbrado, antes de haber nacido, a los alimentos naturales de la región. Por ello es importante consumir productos endémicos de la región; pero entonces, ¿cuáles son las dietas alrededor del mundo? 

El fotógrafo estadounidense Peter Menzel se dedicó a viajar por el mundo estudiando la dieta de las personas alrededor del planeta. Sin importar sus profesiones ni ubicación geográfica, él coleccionó y publicó las dietas en su libro ¿Qué como? La vuelta al mundo en 80 comidas? Fue así que logró registrar los hábitos alimenticios que crean un equilibrio entre las costumbres, cultura y la unión mente-cuerpo que dejan huella en sus vidas. A continuación, te compartimos sus fotografías. 



La ingesta de ciertas bacterias podría mejorar la salud mental

Pacientes han mostrado una disminución de la ansiedad y signos de depresión a partir de la ingesta de bacterias específicas.

Una de las premisas más conocidas en el mundo de la salud es la máxima de Hipócrates “que la salud sea tu mejor medicamento”. Ello basta para comprender que aquello que ingerimos provoca distintos estados en nuestra mente y cuerpo.

En los últimos años ha sido descubierto que nuestro microbioma, millones de microorganismos que viven al interior de nuestro organismo, sobre todo en los intestinos, está más relacionado con la salud de lo que creemos. Naturalmente este microbomia cambia dependiendo el tipo de alimentación que tengamos, y en este sentido, contamos con el poder de influir en él.

Nuevos estudios han comprobado que las bacterias que habitan el organismo influyen en la manera en que la mente trabaja. Sí, la ansiedad o la depresión pueden estar relacionadas con el hábitat de microorganismos que fluyen en tu cuerpo cada día.

De hecho, como apunta este artículo de sciencenews, una de las prescripciones que están mejorando enfermedades mentales como depresión, son tratadas con píldoras de bacterias. También, algunos estudios han probado que animales que han sido inyectados con bacterias de personas con depresión, presentan, posteriormente, signos de depresión. Es decir, el tipo de bacterias que llevamos dentro influye en nuestra salud o enfermedad.

Algunos de los científicos que están estudiando la relación entre el microbioma y la salud mental es Jhon Cryan de la University College Cork en Irlanda, o bien. el psiquiatra Ted Dinan, quien de hecho inventó el término psicobióticos para referirse a la posible medicina que podría emplearse en mejorar la salud mental humana a través de las bacterias.

No resulta descabellado pensar en la importantísima relación que tenemos con el microbioma, más del 90% de la información genética que cargamos en nuestro cuerpo proviene de bacterias, y de hecho, la vida misma viene de la evolución de estos organismos. Somos, de algún modo, ellos…

 



Puedes conocer tu microbioma a través de un “aura” que expides; estudio

Cada vez será más sencillo detectar el tipo de hábitat que guardas ahí adentro, y con él, incluso la dieta que necesitas.

Foto:formato7.com

En los últimos años, el estudio del microbioma humano se ha vuelto muy popular. Se ha comprobado cómo mucho de la salud humana viene de este sub mundo que habita en nosotros, sober todo en el intestino; de hecho el 90% de nuestros genes son de nuestro microbioma.

Más que nunca se conoce cómo un equilibrio de las bacterias (benéficas y maléficas que ahí habitan es fundamental para la salud), incluso médicos están estudiando el tipo de dieta más óptima para cada persona a partir de sus tipos de microbios, y un reciente estudio hecho por la Univesrsidad de Oregón, encabezado por James Meadow, ha encontrado que tu microbioma puede conocerse a partir de a nube de estos que, de hecho, y sin saberlo, expides.

Esperábamos poder detectar el microbioma humano en el aire, pero para nuestra sorpresa constatamos que la mayor parte de los sujetos del estudio podían ser identificados gracias a su nube microbiana. Explicó.

Los resultados fueron publicados en la revista científica online PeerJ. Para el experimento, 11 sujetos fueron ubicados, uno tras otro, en una habitación esterilizada. “En un plazo de entre una hora y media y cuatro horas recabaron y analizaron tanto material que consiguieron atribuir casi sin error cada “nube microbianas” al sujeto que la emitió.”

En la mayoría de los microbios, la parte de la secuencia 16S es la que cambia genéticamente, así que a partir de este método es sencillo identificar qué tipo de microbios son los que más o menos tienes.

Este descubrimiento personifica una manera más accesible que nunca de acceder a esta información, el microbioma, que se revela cada vez más como imprescindible y elemental para tu equilibrio.



La increíble relación entre la salud de tu cerebro y la de tu intestino (Infográfico)

La ciencia nos prueba, cada vez más, que esa división entre mente y cuerpo es ilusoria.

Foto: vive-on.com

Cuando piensas en tu organismo quizá te remites a células flotantes, agua, arterias, venas, sangre, ADN, y toda la magia que sucede allá adentro. Sin embargo, es difícil de creer que tú cargas mayor número de  ADNs de otros seres vivos que el tuyo propio; solo tu intestino está formado por más de 100 billones de microorganismos.

Hasta hace apenas hace unos años, la ciencia ha comenzado a conocer cómo estos microorganismos tiene un papel atónito en tu estado de salud. En tus intestinos se desarrollan tanto buenas como malas bacterias, y esta lucha repercute en muchas más implicaciones de las que crees.

Está comprobado cómo la salud allá dentro de tus intestinos está vinculada con enfermedades inesperadas como el Parkinson, la salud emocional; estos diminutos organismos en realidad parecieran ser parte de una mente unida en todo tu sistema; son por así decirlo, reguladores importantes de todo tu cuerpo.

Hoy retomamos un persuasivo y sintético infográfico de bimuno que explora la relación entre tu salud cerebral con la intestinal; pasando por un recorrido práctico por algunos sistemas de tu organismo que están también relacionados estrechamente con la tu sistema digestivo.

Traducimos algunos de los puntos más importantes:

Buenas VS malas bacterias

Las buenas:

Clostridium butrycom: produce importantes ácidos grasos, desinflama el sistema digestivo.

Bifidobaceria: regula las respuestas inmunológicas, produce vitaminas.

Lactobacillus: protegen contra los cancerígenos.

Las Malas:

Clostridium difficile: son los más dañinos siguiendo el curso de los antibióticos.

Campylobacter: la infección ocurre casi siempre al consumir comida contaminada que está poco cocida.

Enteroccocus Faecalis: ocurre casi siempre luego de una intervención quirúrgica.

Los beneficios de un sistema digestivo sano:

-Estimula el proceso en el sistema digestivo

-Ayuda a absorber los nutrientes

-Ayuda a fortalecer los tractos intestinales

-Se cree que mantiene el sistema nervioso sano

Cómo afecta al cerebro:

-El cerebro y el intestino están conectados directamente por el nervio vago.

-Los microbios interactúan directamente con el sistema nervioso; el cuál se comunica directamente con el cerebro.

-El sistema digestivo produce hormonas y componentes neuroactivos que viajan por la sangre.

Para beneficiar a ambos, cerebro e intestinos, que son uno, puedes hacer yoga, correr o descansar bien.

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¿El parkinson se origina en los intestinos?

Andrés Sierra nos cuenta cómo la evidencia sugiere que la salud intestinal y el equilibrio de nuestras bacterias intestinales juegan un rol importante, sino esencial, en el desarrollo de patologías neurológicas.

La enfermedad de Parkinson, es un padecimiento en el cual se ven afectadas las áreas del cerebro que gobiernan el movimiento y el equilibrio, ( la sustancia negra), pero puede afectar también otras áreas. Tradicionalmente se pensaba que la enfermedad se originaba en esa misma zona. La alteración de las células productoras de dopamina, que se expresa en trastornos del equilibrio y en temblores, eran considerados como la causa de la enfermedad.   

La evidencia reciente sugiere que  la salud intestinal y el equilibrio de nuestras bacterias intestinales juegan un rol importante, sino esencial, en el desarrollo de patologías neurológicas.  Diversos trabajos de investigación desarrollados en la última década,  muestran no solo que la enfermedad de Parkinson puede estar asociada con  la alteración de las bacterias intestinales, sino además, y en contra de la teoría oficial, que dicha enfermedad inicia en los intestinos. 

 

 

LA HIPÓTESIS DEL DR BRAAK. 

En 2003, el neuro anatomista Heiko Braak, de la Universidad J. F. Goethe , de Frankfurt,  formuló una hipótesis que ponía totalmente en tela de juicio a la teoría clásica sobre el Parkinson, propuso que ¡el Parkinson comenzaba fuera del cerebro¡, y sólo lenta y progresivamente se extendía, merced a un proceso degenerativo, hasta el tejido cerebral. El deterioro del tejido cerebral, sería en verdad una etapa final de un proceso iniciado muchos años antes a nivel del sistema nervioso intestinal. 

Heiko Braak, no es un advenedizo: en 1991 propuso una clasificación del desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, dividiéndola en 6 etapas de acuerdo con un mapeo cerebral del proceso degenerativo que la caracteriza ( formación de agregados de proteínas beta amiloideas), que hoy en día se usa mundialmente para medir la progresión de la enfermedad. Así que de nuevo su trabajo lo llevaba a investigar la progresión celular de un proceso neurodegenerativo, en este caso el Parkinson. 

Sus descubrimientos , como cualquier verdadera innovación, modificaron para siempre nuestra comprensión de la enfermedad y sorprendieron al gremio médico. El Dr Braak estableció un parámetro para medir la progresión del Parkinson basado en la presencia de lesiones características de la enfermedad: conglomerados de unas proteínas llamadas alfa-snucleinas, en el tejido nervioso cerebral. Basado en autopsias de pacientes, Braak pudo constatar que las lesiones del Parkinson aparecían muy tempranamente a nivel del sistema nervioso  intestinal, inclusive en pacientes que no presentaban lesiones a nivel del tejido cerebral,lo cual se corresponde con la presencia temprana  de estreñimiento y malestares gastrointestinales en estos pacientes, sobretodo el estreñimiento. El Dr Braak, también asoció con esta correlación intestino-cerebro, el deterioro temprano en los pacientes con Parkinson de una región cerebral conocida como núcleo motor dorsal del vago, nervio que se conecta con el sistema gastrointestinal y contribuye en gran medida a regular su funcionamiento. 

Basado en este conjunto de evidencias , el Dr. Braak  propuso que el Parkinson se origina en el tejido nervioso intestinal y vía el nervio vago se extiende poco a poco hasta afectar  el núcleo motor dorsal y otras estructuras cerebrales.  

 

En 2010, un equipo de médicos franceses confirmaron, estudiando biopsias de tejido intestinal de pacientes con Parkinson, la presencia de lesiones idénticas a las cerebrales a nivel de las células nerviosas intestinales. Por su parte, el afamado investigador del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la  Universidad de Columbia, el Dr Michael D. Gershon, quien acuñó el término de “El Segundo Cerebro” , título de su polémico libro publicado en 1999, considera que las lesiones parkinsonianas  a nivel intestinal aparecen  años antes de que se vea afectado el cerebro y de que aparezcan los primeros síntomas motores ( temblores, pérdida de equilibrio, etc.) . 

 

¿ CÓMO SE DIFUNDE EL DAÑO DEL TEJIDO NERVIOSO DESDE LOS INTESTINOS HASTA EL CEREBRO? 

 El DR Braak postuló la hipótesis de que el factor de progresión-difusión de la enfermedad podría ser un virus difícil de detectar. Las investigaciones posteriores apuntan mas bien hacia la propia alfa-snucleina.  

Esta proteína puede formar cadenas que terminan por generar fibrosis y degeneración del tejido afectado. En las lesiones cerebrales del Parkinson se forman cuerpos de Lewy, que son agregados de proteínas constituidas mayoritariamente por la alfa-snucleína. Numerosos investigadores concuerdan en que la fibrosis generada por dicha proteína es un factor común a todos los tipos de Parkinson.  

La función normal de la proteína alfa-snucleína es desconocida, pero su presencia patológica en las lesiones del tejido nervioso intestinal y cerebral de los pacientes con Parkinson está bien establecida. 

Los investigadores creen que el proceso degenerativo consiste en la replicación de pequeñas cadenas de dicha proteína, proceso de replicación que sale de control y se repite, formando poco apoco largas e irrompibles redes de fibras que lesionan el tejido nervioso. 

 

¿POR QUÉ SE ORIGINA LA REPRODUCCIÓN PATOLÓGICA DE LA ALFA-SNUCLEÍNA?  

El Dr. Nussbaun, de la Universidad de California,  señala que puede haber , de un lado, una susceptibilidad genética, de suerte que algunas personas   produzcan dicha proteína en exceso; por otro lado, la presencia de las lesiones a nivel intestinal , habla sin lugar a dudas de la intervención de un factor medioambiental: puede ser un factor químico, o algo que genere inflamación, o un conjunto de bacterias o de microorganismos que proliferen en los intestinos y generen toxinas. La susceptibilidad genética, aunada a un factor que actúa a nivel intestinal, sería suficiente para romper los mecanismos celulares que mantienen bajo control la agregación de la proteína alfa-snucleina. 

En 2009, el premio nobel de medicina 1997, Stanley Prusiner, laureado por su descubrimiento de los “priones” ( proteínas neurotóxicas), señaló que la alfa-snucleina podría ser un prión. 

 

ALGUNOS MODELOS ANIMALES APORTAN MÁS INFORMACIÓN. 

Los pesticidas son un factor ambiental que ha sido asociado con el Parkinson; en particular, el insecticida “rotenona” se ha utilizado para generar lesiones neurológicas semejantes a las del Parkinson en animales. Recientemente, investigadores de la Universidad de Pitsburg , llevaron a cabo un experimento exponiendo ratones durante 6 semanas a una dosis baja de rotenona, insuficiente para generar daño a nivel cerebral. Los investigadores pudieron constatar que los animales se mantenían saludables, salvo por la aparición de disturbios gastrointestinales, acompañados de la formación de agregados de alfa-snucleína en el tejido nervioso intestinal. Se trataba, sostienen los investigadores, de lesiones muy similares a las que se detectan en el tejido nervioso  intestinal de los pacientes afectados de Parkinson. 

Por otro lado, un equipo de investigadores , encabezados por el Dr Robert Nussbaum, ha realizado experimentos con ratones genéticamente modificados para desarrollar agregados de la proteína alfa-snucleína. En los experimentos , estos animales presentan, a los 3 meses de vida, lesiones del tejido nervioso intestinal, y desarrollan las lesiones cerebrales después de las lesiones nerviosas intestinales. Según el Dr. Nussbaum, su trabajo “no demuestra que el Parkinson comience fuera del cerebro pero sí aporta evidencia adicional en ese sentido”. 

 

NUEVAS EVIDENCIAS SEÑALAN EL PAPEL DE LAS BACTERIAS INTESTINALES. 

En un  estudio encabezado por el Dr Filip Scheperjans, del Hospital Central Universitario de Helsinki, en colaboración con investigadores de la Universidad de la misma ciudad, se comparó el patrón de los microbios intestinales de pacientes con Parkinson con el de personas sanas. Los investigadores reportaron dos datos de importancia:  

  1. A diferencia de las personas sanas monitoreadas en el estudio, los pacientes de Parkinson , casi sin excepción , presentan cantidades muchísimo menores en sus intestinos de una familia de bacterias, a saber:  Prevotellaceae 
  1. Por otro lado, los investigadores encontraron que cuanto mayor cantidad de bacterias de la familia Enterobacteriaceae  presentaban los pacientes , más severos eran el deterioro de la marcha y el equilibrio. 

No se sabe si la ausencia de las bacterias de la familia Prevotellaceae contribuye de alguna forma al desarrollo de la enfermedad. Se desconoce cómo influyen  en la severidad de los síntomas las Enterobacteriaceae.  En  todo caso, es muy probable que exista un vínculo entre el Parkinson y  cambios negativos en nuestras bacterias intestinales. 

 

LAS EXPERIENCIAS DEL DR BORODY. 

En una clínica en Sydney, Australia, el gastroenterólogo Thomas Borody, aportó accidentalmente más evidencias entorno a esta correlación entre las bacterias intestinales y el Parkinson. 

Un  paciente, aquejado de Parkinson durante 4 años, acudió al Dr Borody a causa de un estreñimiento tenaz. Se le diagnosticó una infección intestinal asociada con la bacteria Clostridium difficile y se le sometió a un tratamiento con antibióticos. Para sorpresa del médico y del paciente, se produjo al mismo tiempo que una mejoría del tránsito intestinal una notoria regresión de los síntomas del Parkinson. Posteriormente el Dr Borody tuvo la oportunidad de implementar esta misma estrategia de tratamiento con otros 7 pacientes aquejados de Parkinson. Observó mejoría de los síntomas del Parkinson en 6 de los 7 pacientes.  

 

¿CÚAL ES PUES EL PANORAMA ACTUAL DEL ORIGEN DEL PARKINSON?. 

.La evidencia a favor de un origen intestinal de la enfermedad resulta abrumadora.  

.Los mecanismos a través de los cuales se desarrolla desde el tejido nervioso intestinal hasta el cerebro, son desconocidos. 

.La causa del origen de la enfermedad a nivel intestinal no está clara, pero los desequilibrios de nuestras bacterias intestinales y la hiperpermeabilidad intestinal pueden estar asociados de forma esencial. 

.Estos nuevos descubrimientos permitirían una detección muy temprana del padecimiento y, por ende , un tratamiento mucho más eficaz. 

. Digamos , por último, que todo lo anterior apuntala la tesis de algunos destacados investigadores, como el Dr Seignalet, quienes abogan por el retorno a un régimen ancestral para poder mantener intestinos saludables. 

 

EL CEREBRO INTESTINAL Y LA ALIMENTACIÓN MODERNA. 

 El “Cerebro Intestinal”, está conformado por unos 400 millones de neuronas, más que en ningún otro órgano , excepto nuestro cerebro central; una cantidad semejante a las neuronas que conforman la médula espinal. Este complejo nervioso se encarga de coordinar las funciones digestivas, tiene actividad propia y también se coordina con nuestro cerebro; se extiende a todo lo largo del tubo digestivo. Fue la solución natural a la necesidad de regular la complejidad de las funciones digestivas. Está protegido del contacto directo con los alimentos y demás sustancias provenientes del exterior, gracias a la barrera intestinal. Con este nombre se identifica no sólo una capa celular que separa física y bioquímicamente el contenido de los intestinos respecto de  las paredes de dicho órgano, sino también se reconocen como parte de dicha barrera elementos como la mucosa intestinal, actividades inmunológicas, diversas barreras químicas y la flora intestinal.  

En una palabra: nuestros intestinos tienen la habilidad de recibir los alimentos ( elementos provenientes del medio externo y por ende potencialmente nocivos), extraer de ellos las sustancias y energías necesarias para la vida y expulsar los desechos inútiles y/o tóxicos.  

El problema de la dieta moderna es que introducimos sistemáticamente en nuestros intestinos objetos ingeribles ( comestibles) que no son alimentos, es decir, que   contienen sustancia muy ajenas a la naturaleza de nuestras enzimas , mucosas y funciones digestivas. El resultado a largo plazo es el deterioro de  la barrera intestinal, la alteración de los procesos digestivos y de la flora intestinal, y el desarrollo de  procesos inflamatorios y toxémicos crónicos que pueden, entre otros efectos, lesionar al cerebro intestinal. 

Siendo este el panorama, podemos sin temor a equivocarnos , amplificar estas novedosas hipótesis sobre el origen intestinal del Parkinson, y sugerir una alimentación más saludable y natural ( más cercana a nuestra propia naturaleza) como parte de la prevención/tratamiento del daño crónico-degenerativo de nuestro cerebro intestinal. 

¿ A qué me refiero en particular? 

A evitar el consumo cotidiano de numerosas sustancias antifisiológicas, más o menos deletéreas según la cantidad y la regularidad con que se consumen y la resistencia genética de quien las consume. Menciono algunas de las más comunes: 

. Azúcar refinada en todas sus presentaciones. 

. Harinas y cereales refinados en todas las formas. 

.Alimentos que contengan gluten: trigo y todos sus derivados, avena, cebada, centeno. 

. Alto consumo de productos lácteos. 

.Sal refinada ( de mesa). 

. Aceites industrializados y alimentos fritos a alta temperatura.( Deberíamos consumir sólo aceites obtenidos a baja temperatura y sin químicos, los llamados aceites de primera presión en frío.) 

. Grasas hidrogenadas, presentes en las margarinas y todos los productos industrializados chatarra. 

.Pesticidas y agroquímicos, así como otros químicos presentes en los alimentos y el agua potable. 

. Aditivos alimentarios. 

. Falta de consumo de frutas , verduras y de fibra. 

Es muy probable que en un futuro no muy lejano se establezca de manera sólida una rama de la medicina que bien pudiera llamarse gastro-psico-neurología. Las investigaciones sobre el eje cerebro-intestinal apenas han comenzado y ya los descubrimientos realizados modifican radicalmente diversas concepciones, antes muy sólidas, sobre nuestra salud psicológica, neurológica e intestinal. Más aún: el eje cerebro intestinal involucra procesos que determinan el equilibrio de los grandes sistemas y procesos reguladores de nuestro organismo: metabolismo, sistema inmunológico, endócrino y nervioso. La comprensión más profunda del eje cerebro-intestinal promete el desarrollo de nuevos tratamientos para muy diversas enfermedades y una mejor comprensión de la homeostasis de nuestro organismo. Pero además, y esto no es tomado en cuenta por la investigación a nivel internacional, ofrece una sólida base científica a la teoría/práctica milenaria de la Medicina basada en la Alimentación.  



El fascinante microbioma humano (qué es y por qué es importante que lo sepas)

La medicina moderna ha promovido el terror a los virus y las bacterias, pero la verdad es que nuestra vida depende completamente de ellas

La medicina moderna, sobre todo en la era del SIDA, el ántrax, el Ébola y demás, ha promovido el terror a los virus y las bacterias, pero la verdad es que nuestra vida depende completamente de ellas. Tenemos 10 veces más microbios en nuestro organismo que células. Se trata de billones de seres vivos que han convivido con nuestro cuerpo a lo largo de la evolución y que son fundamentales para la vida y la salud humana. De hecho, no hay modo de que los humanos podamos vivir saludablemente si no es en simbiosis con las bacterias benéficas. Dicho equilibrio recibe el nombre de eubiótica. 

A pesar de ser tantos, estos huéspedes no ocupan mucho espacio pues son mucho más pequeños que nuestras células. Los encontramos alojados en la piel, en todas la mucosas y sobre todo en el tubo intestinal humano, con una clara preponderancia en el intestino grueso.  

Adquirimos las bacterias a partir del nacimiento: durante el parto, en particular durante el proceso de la lactancia gracias al contacto con la piel y la leche maternas, y  a lo largo de la vida millones de bacterias entran a nuestro tubo digestivo por contacto con los alimentos, el agua y otras personas. 

Se considera que nos habitan más de 40 mil especies diferentes de bacterias, agrupadas principalmente en dos géneros: Firmicutes y Bacteroidetes.  Hoy sabemos que cada individuo cuenta con un microbioma característico. 

BREVE RESEÑA HISTÓRICA 

Diversos sistemas médicos tradicionales y alternativos han señalado milenariamente la importancia de la salud intestinal para  la longevidad y la salud humanas. La comprensión más detallada de la complejidad y la importancia del microbioma humano, especialmente de los microorganismos que habitan en nuestros intestinos, ha permitido enriquecer dicha concepción tradicional.  

En 1908 el profesor Elie Metchnikoff recibió el premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la inmunidad. También dirigió su atención al tema de la longevidad y el proceso de envejecimiento. Metchnikoff acuñó el término “ortobiosis” para referirse a la higiene vital. Dentro de sus investigaciones prestó especial importancia a lo que entonces denominó “flora intestinal”. Metchnikoff estaba convencido de que la extrema longevidad de algunos pobladores tradicionales de Europa central se debía al consumo regular de lactofermentos , que ayudan a mantener un microbioma  intestinal saludable. Fue el pionero de la investigación científica sobre las bacterias ácidas. Sin embargo esta área de sus investigaciones cayó en el olvido, y sólo recientemente las ciencias biomédicas han redescubierto en la investigación del microbioma humano un vastísimo campo de interés y han comenzado a comprender la estrecha colaboración entre nuestro sistema inmune y nuestras bacterias intestinales. 

LA IMPORTANCIA DE NUESTRAS BACTERIAS 

El término microbioma se refiere al número total de microorganismos y su material genético y se usa en contraposición al término microbiota, que es la población microbiana presente en los diferentes ecosistemas del cuerpo.  

Son numerosas las funciones del microbioma, y cada vez más sorprendentes los avances de la investigación científica en este campo. Veamos algunos datos interesantes al respecto.  

DIGESTIÓN Y METABOLISMO

  • Regulan los procesos digestivos y metabólicos pues generan vitaminas del complejo B como la B3 (niacina), B6 (piridoxina), el ácido fólico, la vitamina K y la biotina; también producen enzimas digestivas: lactasa, enzima que digiere el azúcar de la leche, proteasas que digieren proteínas, amilasas que digieren almidones y lipasas, que digieren grasas. La presencia en el tubo intestinal del ácido láctico generado por las bacterias benéficas mejora la absorción y utilización de minerales como el calcio, el hierro y el fósforo. 
  • Ayudan a generar azúcares y grasas, digiriendo azucares complejos aportados por la dieta (que nosotros no podemos digerir), lo cual contribuye con un 10% del total de nuestros requerimientos energéticos. 

FUNCIONES DEFENSIVAS 

  • Constituyen una barrera defensiva de primer orden que posee capacidades bacteriostáticas, antitóxicas y anticancerígenas. Producen sustancias bacteriostáticas como acidolina, acidolfina, lactocidina y bacteriocina, que son activas contra una amplia gama de bacterias patógenas como las Salmonella, el Estafilococo aureus o el cólera y muchas más; también combaten virus y levaduras invasoras y además fortalecen a nuestro sistema inmunológico. Sintetizan proteínas bacteriostáticas con un rango de acción más estrecho que los antibióticos, pero son más letales y no tienen efectos secundarios nocivos. Son la primera barrera defensiva contra las infecciones. Resulta esencial un tratamiento de reconstrucción de la flora intestinal en casos de infecciones de vías respiratorias, gastrointestinales, vaginales y de vías urinarias. 
  • Compiten con los microorganismos patógenos por los nutrientes y así los mantienen bajo control. Ocupan los lugares donde pudieran fijarse los patógenos. 
  • Alteran los niveles de pH y de oxígeno haciéndolos desfavorables a los patógenos. 
  • Producen peróxido de hidrógeno, un potente desinfectante (para lo cual requieren de un buen aporte de ácido fólico y riboflavina). 
  • Producen antibióticos naturales.
  • Disminuyen el colesterol alto.
  • Desactivan contaminantes y sustancias tóxicas y generan sustancias anticancerígenas. 
  • Modulan el envejecimiento. 
  • Promueven el movimiento intestinal al producir ácido láctico y, una vez muertas, conforman un porcentaje importante del peso de las heces fecales (hasta el 30%). Optimizan las funciones del tubo digestivo. 
  • Ayudan a reabsorber estrógeno de la bilis, por lo cual pueden ser útiles en casos de  menopausia y osteoporosis.  
  • Son útiles para pacientes que llevan tratamientos con antibióticos (durante y después de su ingesta), para evitar infecciones de repetición y destrucción de la flora intestinal.   
  • Generan el ácido láctico (L+) que mantiene en balance el pH del tubo intestinal y del aparato reproductor femenino.  

La interacción de nuestras bacterias con el sistema inmunológico genera varios procesos de los cuales depende la correcta actividad de nuestra defensa inmune a lo largo de las mucosas intestinales. Recordemos que ahí tiene lugar 80% de la actividad de nuestro sistema inmunológico. La alteración de esta actividad de defensa a lo largo del tubo intestinal se asocia con diversas patologías, sobre todo con algunas enfermedades autoinmunes. 

Diversos factores comunes de la vida moderna contribuyen a desequilibrar a nuestras bacterias intestinales: 

  • Estrés. 
  • Lactancia artificial. 
  • Uso recurrente de antibióticos.
  • Consumo regular de azúcar refinado. 
  • Falta de consumo de frutas y de verduras,. 
  • Diversos fármacos: esteroides, antiinflamatorios, anticonceptivos, laxantes, etcétera. 
  • Consumo excesivo de bebidas alcohólicas. 
  • Cloro presente en el agua potable.
  • Alto consumo de grasa en la dieta. 

¿ CÓMO PODEMOS FORTALECER A LAS BACTERIAS INTESTINALES? 

Por un lado consumiendo alimentos prebióticos, así llamados porque proporcionan azúcares complejos que contribuyen a la nutrición de las bacterias intestinales (consumo regular de frutas y de verduras), y por el otro lado ingiriendo los famosos alimentos probióticos, que son aquellos que aportan bacterias benéficas vivas que colonizan nuestros intestinos, como por ejemplo los productos lácteos fermentados como el yogurt o la leche de búlgaros, también los famosos tibicos, el kombucha y el mexicanísimo pulque (con moderación). 

La alteración del microbioma intestinal se asocia con múltiples enfermedades y cada día se relaciona con otras más. Como ya dije las infecciones más frecuentes pueden tener ahí su causa, así como también algunos tipos de alergias y diversas enfermedades autoinmunes, diversas alteraciones del tubo digestivo y del metabolismo como la obesidad, la diabetes, la elevación del colesterol y algunas alteraciones del hígado, problemas de la piel, algunos tipos de cáncer e inclusive procesos degenerativos del sistema nervioso (recientemente se ha asociado el Parkinson y el Alzheimer con alteraciones de las bacterias intestinales). Por su importancia en la síntesis y absorción de diversos nutrientes un desequilibrio de nuestro microbioma puede intervenir en patologías relacionadas con falta de los mismos, como por ejemplo la osteoporosis. El desequilibrio de la población bacteriana intestinal genera endotoxinas y conlleva elevados niveles de oxidación, contribuye a la acumulación de grasa abdominal (mayor riesgo de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular) y promueve la inflamación crónica, verdadero asesino de la modernidad. 

 

Como puede apreciarlo el lector con esta breve aproximación al tema, la investigación reciente sobre la interacción bioquímica (lo cual incluye el intercambio de información genética) entre nuestras bacterias y nuestras células es algo que está revolucionando la comprensión de numerosas patologías y de nuestra salud. Una evidencia contundente de  esto la aporta el hecho (imposible en la naturaleza) de que mamíferos criados en un medio estéril se desarrollan atrofiados: su pared intestinal es anómala y su movimiento intestinal también, el corazón, el hígado y los pulmones presentan bajo peso, el metabolismo se muestra reducido, el sistema inmunológico permanece inmaduro, la temperatura corporal es baja y el trabajo del corazón también.   

Hoy podemos, sin temor a equivocarnos, afirmar que SON IMPOSIBLES LA VIDA Y LA SALUD HUMANAS SIN LA SIMBIOSIS EQUILIBRADA CON LAS BACTERIAS.

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