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Ya no hay lugares vírgenes en el planeta, estudio

Imagen: http://keepingupwithkatrina.blogspot.mx/

México, por sí solo, es un país considerado como “megadiverso” al poseer la mayor cantidad y diversidad de animales y plantas. Tan sólo en él habita el 70 por ciento de la diversidad mundial de las especies –en plantas vasculares, mamíferos, reptiles, aves y anfibios–. Lo cual ha provocado que, desde antes de la Colonia, el mexicano haya interpretado numerosos aspectos de la naturaleza como parte de sus distintas cosmovisiones y formas de conocimiento empírico, con el objetivo de comunicar sus ideas acerca del mundo vivo. Desde entonces, el contacto consciente y de respeto con la naturaleza ha sido de real importancia. 

Pero con el paso del tiempo y el desarrollo de la Revolución Industrial, la sociedad ha tenido un impacto negativo sobre la naturaleza. Se considera que desde el siglo XVII, al menos 717 especies animales y 87 especies vegetales se han extinguido; y si se incluyen las extinciones causadas por el ser humano antes de 1600, el número se eleva a más de 2 000 especies extintas; entre ellos se encuentra el dodo –Raphus cuculatus–, la vaca marina de Steller –Hydrodamalis gigas–, la quagga –Equus quagga quagga–, el lobo de Tasmania –Thylacinus cynocephalus– y el alca gigante –Pinguinus impennis–. Y actualmente, más de 17 000 plantas y animales se encuentran más de 17 000 plantas y animales en riesgo de desaparecer. 

Esto ha provocado que algunos especialistas se pregunten de la posibilidad de encontrar, en la actualidad, un santuario natural en la Tierra que no haya sido tocado por las manos de la humanidad? Y de acuerdo con la arqueóloga Nicole Boivin, de la Universidad de Oxford y de Max Planck Institute for the Science of Human History en Alemania, no hay un sólo espacio en el planeta que no haya sido tocado por el humano.

Tras una investigación a lo largo de tres décadas, Boivine encontró que “no hay un espacio en la Tierra que no haya sido afectado por la sociedad y actividad del humano, y probablemente no ha habido un sitio en los últimos siglos.” Para llegar a esta conclusión, Boivine y su equipo de investigadores, analizaron datos de ADN antiguo y microfósiles, entre otros modelos estadísticos. Su conclusión fue: 

El impacto de la humanidad en el planeta no inició con los masivos cambios tecnológicos y sociales de la Revolución Industrial, sino durante miles de años antes del Pleistoceno Tardío, mediante extinciones de especies asociadas con el crecimiento de la población humana de hace 195 000 años. El ejemplo más significativo de esta dramática reducción en la megafauna comenzó hace 50 000 y 10 000 años, lo cual tuvo efectos dramáticos en los ecosistemas en términos de las cosas como la dispersión de semillas.  

http://sandrashakespeare.com/
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Los investigadores creen que los orígenes de la agricultura provocó impactos en la distribución de especies sin precedentes, lo cual no sólo conllevó a la extinción de algunas de ellas, también desarrolló la domesticación de algunos animales como los perros, chivos, borregos, gallos y gallinas, y ganado. Esto quiere decir que, “simplemente al ir colonizando nuevas tierras y domesticando animales de granja que eventualmente se comerían, probablemente se generó un impacto en cada una de las regiones del planeta.”

La evidencia arqueológica ha demostrado que está en nuestra naturaleza alterar a el status quo de la naturaleza, por lo que es importante planificar en función de nuestras herramientas para salvar al planeta de las amenazas ambientales: 

Si queremos mejorar nuestro entendimiento acerca de cómo cuidar el medio ambiente y conservar las especies, quizá podríamos cambiar nuestra perspectiva, pensando cada vez más cómo salvaguardar el aire limpio y agua fresca para futuras generaciones, en vez de intentar regresar al planeta a su condición original. […] Deberíamos enfocarnos en lo positivo que podemos hacer para el bienestar del planeta tal y como es ahora, en vez de tratar de restaurar el antiguo oasis que ahora sólo existe en nuestras imaginaciones. […] La data arqueológica ha demostrado que los humanos son cada vez más capaces de restructurar y transformar dramáticamente los ecosistemas. Ahora la cuestión es acerca de qué tipo de ecosistemas queremos crear en el futuro.

¿Será suficiente para soportar la constante evolución de las sociedades y los ecosistemas? Quizá un proceso de readaptación podría generar una manera de contener los efectos del cambio climático, y para ello implica un esfuerzo de cada uno de los habitantes del planeta. O al menos, su conscientización. 

 
 
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