Pensar el cambio climático: México ante las amenazas inminentes

Para México, esto significaría re-inventar el país, y ahí está el problema. ¿Está México dispuesto a transformarse?

Imagen: http://www.abc.es/

Es muy preocupante saber que en los últimos cien años el mes de marzo nunca había registrado temperaturas tan altas como ahora (1). La frecuencia y la velocidad con que rompemos récords de temperatura superan cualquiera de los pronósticos que se habían realizado. Por si fuera poco, la irreversibilidad de los impactos asociados al aumento de la temperatura está siendo cada vez más evidentes (2). Actualmente, no existe duda alguna de que el cambio climático es real, de que es consecuencia de las actividades humanas y de que no hemos sido capaces de detenerlo.

El cambio climático está directamente relacionado con la emisión de gases de efecto invernadero provenientes de las actividades humanas. Estos gases se acumulan en la atmósfera creando una barrera que impide que el calor del planeta salga de ella. Si tomamos en cuenta que estos gases tienen una permanencia prolongada en la atmósfera, entonces podemos deducir que los efectos del cambio climático perdurarán por varios siglos, aun cuando las emisiones se reduzcan (3). Ante esta situación crítica, los esfuerzos globales deben enfocarse no solo en reducir las emisiones, sino en fortalecer las capacidades para manejar y adaptarse a lo inevitable.

El reto en México: mitigar y adaptarnos

México, un territorio que goza de una riqueza envidiable de recursos naturales, es considerado también como uno de los países más vulnerables frente al cambio climático. Según datos oficiales, el 15% del territorio mexicano, el 68% de la población y el 71% del PIB se encuentran altamente expuestos al riesgo de los impactos adversos del cambio climático (4). Y, lamentablemente, ninguno de los sectores de la economía y de la población está exento de estos impactos. Sin embargo, los impactos serán más severos en los sectores sociales más vulnerables. La recuperación ante eventos meteorológicos extremos como huracanes e inundaciones ocurre diferencialmente de acuerdo con la resiliencia y el poder adquisitivo. Por ejemplo, el huracán Wilma (categoría 5) golpeó la zona turística de la península de Yucatán, mientras que Stan (categoría 1) impactó las zonas rurales de Chiapas, y aunque el primero registró mayores daños en términos monetarios, la recuperación fue más rápida (5). Resulta entonces urgente modificar la forma en la que se responde a estos eventos, sobre todo considerando que 88 de los 125 municipios más pobres del país son propensos al impacto de inundaciones y huracanes.

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Figura 1. Municipios más vulnerables ante el cambio climático (10)

Frente a este devastador escenario, ¿cómo se está preparando México para afrontar los efectos del cambio climático?

Las acciones en México contra el cambio climático se cristalizaron en 2012 con la publicación de la Ley General de Cambio Climático. A partir de su publicación le han seguido diversos instrumentos de política pública, como la Estrategia Nacional de Cambio Climático y el Programa Especial de Cambio Climático (que incluye compromisos de las catorce secretarías de Estado), y ahora se trabaja en la elaboración de programas y leyes estatales al respecto. Para fortalecer la transversalidad de las políticas, a finales de 2015 se creó el Sistema Nacional de Cambio Climático, el cual agrupa a la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (CICC), al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), al Consejo de Cambio Climático, a las entidades federativas, a asociaciones de autoridades municipales y al Congreso de la Unión, además de que cuenta con una coordinación de evaluación.

Además, para 2030, México se ha comprometido, muy ambiciosamente, a lograr una tasa de deforestación cero y a reducir entre el 25% y el 40% las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el territorio (6). Parece ser, entonces, que México cuenta con una gama suficiente de organismos, políticas, acciones y compromisos para garantizar la seguridad frente al cambio climático. Sin embargo, el éxito de estas políticas depende del nivel de prioridad que se les conceda en la agenda del país, de cuántos recursos económicos se les destinen día con día y, sobre todo, de qué y cuántas acciones concretas se implementen para hacerle frente y a qué velocidad. La tendencia en las discusiones internacionales apunta a que se requiere un cambio drástico en la tendencia de desarrollo. Para México, esto significaría re-inventar el país, y ahí está el problema. ¿Está México dispuesto a transformarse?

Antes de intentar responder esta pregunta es necesario entender que existen dos frentes que deben ser atacados: por un lado está la mitigación, es decir, la reducción de la emisión de gases para desacelerar el cambio climático; y por el otro, la adaptación, que consiste en ajustarse al inminente cambio y a las consecuencias que este supondrá con el fin de reducir nuestra vulnerabilidad. Prepararnos para reducir nuestra vulnerabilidad es una obligación por demás compleja. En primera instancia, se podría creer que la vulnerabilidad se limita solo a la relación entre las poblaciones, a la infraestructura que está a su alcance y a los efectos climáticos adversos. Pero la vulnerabilidad depende estrechamente de la relación que existe entre los recursos naturales, el territorio, la desigualdad social, el conocimiento del entorno y el poder.

Además, hay un factor fundamental que aumenta la complejidad del problema: lo difícil que es percibirlo. El cambio climático es una amenaza invisible, lo suficientemente lenta como para que nos pase desapercibida, y solo podemos deducir su existencia a partir de números y estadísticas. Estas características lo convierten en el enemigo perfecto. Si no podemos entenderlo, entonces es poco probable que tengamos la voluntad de adoptar medidas suficientemente estrictas para enfrentarlo.

Por lo tanto, el proceso que deberemos vivir para adaptarnos no será un proceso amigable, y muchas de las medidas para lograr esa adaptación podrían generar serios conflictos debido a la confrontación de diversos intereses. Por si fuera poco, lograr la adaptación a nivel nacional es un reto casi imposible, pues se debe atender a escala local. En este sentido, solo se logrará una adaptación si se concentran los esfuerzos en proteger a las comunidades locales, a los ecosistemas y a los recursos naturales. Para garantizarla, la función del Estado debería ser la de implementar políticas públicas enfocadas en fortalecer la toma de decisiones a nivel local, asegurar verdaderas prácticas de diálogo y promover la gestión pública del desarrollo territorial.

Pues resulta que en México estamos haciendo exactamente lo opuesto: numerosas comunidades locales están siendo despojadas de sus recursos naturales; están sujetas a una continua violación a sus derechos; cada vez se autorizan más megaproyectos con gravísimos impactos ambientales asociados; existe un continuo desgaste del tejido social, y, por supuesto, se excluye sistemáticamente a la población en la toma de decisiones (7). Esta absurda dinámica está siendo alimentada por la acostumbrada e irreflexiva visión de que el patrimonio natural representa el obstáculo a vencer para lograr imponer un concepto –equivocado– de desarrollo.

 

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Municipios en los que existen conflictos socioambientales (11).

El mayor número de conflictos socioambientales se ubican en las regiones más marginadas del país, tanto en algunas ciudades como en el campo. En estas regiones, las comunidades urbanas, indígenas y campesinas son los principales actores involucrados (8). Es muy probable entonces que la gravedad de los conflictos socioambientales se incremente, particularmente en regiones de alta vulnerabilidad ante el cambio climático, pues es en esas zonas en las que los recursos naturales serán clave para la adaptación y supervivencia.

Para aumentar la divergencia, en el 79% de los conflictos originados por tierra, territorio y recursos naturales, el actor confrontado son las secretarías (Sagarpa y Semarnat) y los tres niveles de gobierno (5). Además, en el 48% de estos conflictos se genera una respuesta impositiva por parte del Estado. Para comenzar a revertir esta dinámica se requiere de un cambio en el proceso de toma de decisiones que ocurra de abajo hacia arriba. Es decir, las verdaderas políticas públicas para enfrentar el cambio climático deberán surgir de las necesidades y preocupaciones de los mexicanos. En este sentido, la planificación local del territorio es una herramienta que puede ser utilizada para incidir desde abajo para determinar cómo deben ser manejados los recursos clave para el futuro. Esto requiere de democratizar la planificación, y en un país con un tejido social tan desgarrado como México esto representará uno de los más grandes desafíos como nación.

México y el Acuerdo de París

Por otro lado, cada vez son más las naciones preocupadas por enfrentar el inminente cambio climático. Así, a finales de 2015 se redactó el Acuerdo de París al finalizar la 21° Conferencia de las Partes (COP21). Cuando el ministro de asuntos exteriores de Francia, Laurent Fabius, presentó el texto final del Acuerdo, declaró: “es realmente un punto de quiebre para todos nosotros. A partir de ahora tenemos verdaderas bases ecológicas para salvar nuestro planeta con este acuerdo que era necesario para el mundo entero.”

Este acuerdo establece que la adaptación debe tener como fin proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas, ni más ni menos (9). Asimismo, establece una meta global que consiste en “aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible”. Para poder lograr esta meta, se reconoce “la importancia de garantizar la integridad de todos los ecosistemas, incluidos los océanos, y la protección de la biodiversidad, reconocida por algunas culturas como la Madre Tierra”.

El pasado 22 de abril, México se sumó a la lista de países firmantes. Sin duda, la firma de este acuerdo marca un precedente, y todas las políticas públicas de México relacionadas con el cambio climático tendrían que ser forzosamente actualizadas con base en los lineamientos del Acuerdo, ya que, a diferencia de esfuerzos globales anteriores, el Acuerdo de París es legalmente vinculante.

Para México, la firma significa establecer un compromiso real con los bienes comunes, poniendo especial énfasis en proteger a las comunidades locales y sus ecosistemas. Es momento de que México comience a adaptarse para un futuro incierto. En el momento en el que el Acuerdo entre en vigor, las políticas extractivas que se ejecutan en el territorio mexicano estarán siendo indiscutiblemente incongruentes con nuestros compromisos.

Nuestros conflictos socioambientales surgen cuando distintas comunidades alzan la voz ante el despojo de la tierra y para conservar la biodiversidad, proteger los ecosistemas, frenar la contaminación, impedir la devastadora actividad minera, exigir igualdad y defender el agua. En el acuerdo de París queda muy claro que los países deben garantizar lo que nuestras comunidades mexicanas ya están defendiendo. Siendo así, el gobierno mexicano ha firmado un Acuerdo con el que automáticamente admite, reconoce y respalda las luchas por el agua, el territorio, el trabajo, los recursos y la vida.

Son las comunidades que viven conectadas con la naturaleza las que siempre han salido a defenderla. Son de ellas de quien debemos aprender a adaptarnos, y a ellas debemos agradecerles haber resistido tanto frente a un modelo equivocado de desarrollo. No cabe duda de que en México las comunidades son quienes están dando ya la verdadera lucha contra el cambio climático.

Fernando Córdova Tapia y Karen Levy Gálvez

[Horizontal.mx]

Referencias:

1. March temperature smashes 100-year global record. The Guardian (liga).

2. Only 7% of the Great Barrier Reef has avoided coral bleachin. Coral Reef Studies (liga). 3. IPCC Fourth Assessment Report: Climate Change (liga). 4. Programa especial de Cambio Climático 2009-2012 (liga). 5. Las dimensiones sociales del Cambio Climático en México (liga).

6. Compromisos de mitigación y adaptación ante el cambio climático para el periodo 2020-2030 (liga).

7. Córdova-Tapia F. 2014. Todos los proyectos generan conflictos ambientales y lo seguirán haciendo (liga).

8. Velázquez Quesada y Martínez-Ortega. 2010. Conflictos sociales y cambio climático en México (liga). 9. Aprobación del Acuerdo de París. Convención Marco Sobre el Cambio Climático (liga).

10. Municipios más vulnerables a los impactos del cambio climático. Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (liga).

11. Toledo et al., 2014. Conflictos socioambientales, resistencias ciudadanas y violencia neoliberal en México (liga).



Comunidades menonitas deforestan más de 1 440 hectáreas de selva en Quintana Roo, Campeche y Yucatán

Esta no es la primera vez que se realiza una denuncia penal en contra de los menonitas asentados al sur de México: en 2010, fue en Campeche; en 2013 y 2017, en Quintana Roo.

De acuerdo con la data brindada por la Comisión Nacional Forestal –Conafor–, el casi 90 por ciento de la deforestación del país sucede en zonas selváticas, principalmente en los estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Chiapas. Entre las principales causas de la deforestación en México se encuentra el cambio de uso de suelo en zonas forestales, con el objetivo de dedicarlo a actividades agrícolas, habitaciones o de infraestructura de comunicaciones y servicios. Recientemente, por ejemplo, se anunció que En Bacalar, Quintana Roo, se han apreciado huellas de deforestación: alrededor de 1 440 hectáreas devastadas de la selva mexicana. 

Una parte de la comunidad menonita se ha señalado como responsable de dicha deforestación, los cuales, según la Profepa, realizaron la devastación ambiental sin poseer los permisos correspondientes para cambiar el uso de suelo. Frente a esto, la Profepa presentó una denuncia penal ante la Procuraduría General de la República –PGR– contra integrantes de la comunidad que se encuentran en el municipio de Bacalar, como San Fernando, El Bajío y Paraíso. 

En palabras de Ignacio Millán, subprocurador de Recursos Naturales de Profepa, “Al haber deforestado las superficies, y por selva, se tipifica como un delito de carácter penal; hasta el momento no han exhibido ningún tipo de autorización.” De este modo que aún se pueda salvar la zona para ayudar a reducir hasta 20 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero –GEI–. 

Esta no es la primera vez que se realiza una denuncia penal en contra de los menonitas asentados al sur de México: en 2010, fue en Campeche; en 2013 y 2017, en Quintana Roo. Estas comunidades utilizan estas tierras para cultivar maíz, soya, entre otros productos, para así venderlos en las regiones locales. 

 

Desde el 2010, la Conafor estableció un esquema, la REDDPLUS, que reduciría la deforestación en distintas zonas de México. Se asumían como “responsables del cambio climático por su manejo forestal, tema que podría convertirse en una forma de cumplir obligaciones ecológicas, y al mismo tiempo impulsar el desarrollo económico.” Por esta razón, cuando numerosas comunidades de diferentes ejidos –salvo la de la comunidad de Salamanca– han deforestado sin permiso de las autoridades, la Conafor ha implementado actividades de planeación, conservación, manejo forestal para preparar tanto a la sociedad como a organismos gubernamentales, realizar arreglos legales y políticas necesarias para fortalecer los esfuerzos en materia de coordinación del cambio climático.

 



Escucha la sinfonía de la vida de un árbol (VIDEO)

La pregunta que surge de este instrumento es la historia que un árbol, ¿qué tiene que contarnos después de años, quizá siglos, de vivencia?

Las artes y la naturaleza son partes indispensables en la vida del ser humano; pues son dos elementos que llegan hasta la profundidad de las dendritas de nuestras neuronas cerebrales. Sin embargo pocas son las ocasiones que al juntarlos, se alcanza un nivel de interconexión que facilita la comprensión de la unidad histórica entre ambos. Un ejemplo de estas contadas ocasiones es la creación del artista Bartholomäus Traubeck, quien desarrolló una pieza que captura el paso del tiempo y lo traslada a un territorio musical: una tornamesa que lee las líneas y texturas de los anillos del os árboles. 

La pregunta que surge de este instrumento es la historia que un árbol, ¿qué tiene que contarnos después de años, quizá siglos, de vivencia? La edad de los árboles se descubre al interior de sus troncos en forma de anillos, las cuales se forman y se acumulan pasando los años de vida: fuerte y hermoso, con surcos y deformaciones que ostenta la resiliencia “de años flacos y años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas” (Hermann Hesse).

El resultado, además de conmovedor, es una sinfonía de la vida, implacable, coherente, hermoso, cuyo compositor es la naturaleza misma. Conócelo: 

 



El sorprendente vuelo de una ballena jorobada jugando en el mar

En el video se vislumbra una ballena adulta de aproximadamente 40 toneladas que va saltando sobre el agua, hasta en una ocasión que su salto parecía un vuelo onírico.

Es difícil asimilar a grandes y feroces animales buscando momentos de diversión; sin embargo, el mundo animal está cargado de sabiduría, perfección y alegría. Un ejemplo de ello es el video que el marinero Craig Crapehart que grabó y publicó al ver cómo un par de ballenas jorobadas saltaban y se divertían en el mar. 

En el video se vislumbra una ballena adulta de aproximadamente 40 toneladas que va saltando sobre el agua, hasta en una ocasión que su salto parecía un vuelo onírico. Capehart escribió en la plataforma de videos YouTube: “Un evento muy raro, de hecho. Parece que nunca antes se ha hecho una grabación de una ballena jorobada adulta saltando completament fuera del agua”. Estas ballenas habitan en el mar de Mbotyi en Pondoland, Provincia del Cabo Oriental , Sudáfrica –antes Transkei–. 
Te compartimos el video del épico momento: 
 


Importancia de una cultura ambiental para el desarrollo de obras marítimas y de protección costera

En la zona costera y marítima también se construyen obras tales como puertos marítimos y obras de protección costera; sin embargo, esta zona es muy dinámica, y por tanto los impactos generados suelen ser en gran medida negativos.

Autor: Ricardo Moreno

Cualquier obra de infraestructura que el ser humano construye para su beneficio genera un impacto sobre el medio ambiente, sin embargo este impacto no siempre resulta ser positivo. En la zona costera y marítima también se construyen obras tales como puertos marítimos y obras de protección costera; sin embargo, esta zona es muy dinámica, y por tanto los impactos generados suelen ser en gran medida negativos, pues muchas veces lejos de dar solución a los problemas que se quieren resolver, al modificarse los procesos naturales que allí acontecen, se afectan de manera negativa los ecosistemas costeros perjudicando el ecosistema costero entero.

A pesar de que las obras costeras y portuarias tengan un óptimo diseño ingenieril, en algunos casos no siempre funcionan como fueron previstas, y esto se debe principalmente al mal enfoque que se les da, pues en su mayoría se diseñan y planean considerando solo la parte ingenieril, sin tomar en cuenta que el sistema costero es un sistema complejo en el cual intervienen también factores oceanográficos, ambientales, sociales, culturales, políticos y económicos.

En este ensayo se mencionan algunos de los principales problemas a los que se enfrentan los ingenieros para desarrollar proyectos marítimos y costeros, y a su vez los problemas ambientales que este tipo de obras conlleva. Se recalca también la importancia en que aquellos que desarrollan o están involucrados en este tipo de proyectos tengan una cultura ambiental en su formación para que de esta esta manera se basen en una gestión integral de zonas costeras y así tener un desarrollo de infraestructura costera más amigable con los sistemas costeros y marítimos.

Las obras marítimas como puertos, muelles, infraestructura pesquera, se utilizan como detonante económico ya sea a escala local, regional o nacional. Además, las obras de protección costera se utilizan generalmente para proteger las zonas de maniobras y obras interiores de los puertos, para evitar la erosión costera, contra inundaciones costeras, proteger contra aumento del nivel del mar, evitar el azolve de bocas de lagunas, encauzar corrientes costeras, interrupción del transporte litoral, ganancia de terrenos al mar y para proteger zonas de maniobras en el interior de un puerto por mencionar algunos. Para cualquiera de este tipo de obras es importante entender que la zona costera es un sistema natural único donde coinciden tres sistemas ambientales, la tierra, el agua y el aire, por lo que se dice que son sistemas muy complejos y dinámicos ya que intervienen gran cantidad de procesos (Carter, 1991 y Martínez, 2009).

Desafortunadamente no siempre se tiene presente la complejidad de los sistemas costeros, pues muchas veces la solución no es integral ya que comúnmente la alternativa propuesta considera solo la parte técnica, y solo de manera muy superficial los demás factores como el medio ambiente, la sociedad, la política, la cultura, los cuales también son importantes. La formación de recursos en este ámbito es una respuesta posible para atender la problemática. En México, la formación de recursos se da frecuentemente de manera disciplinaria. Por ejemplo, los ingenieros para diseñar obras no se les enseña adecuadamente la relevancia del medio ambiente y las consecuencias de modificarlo, por lo que no están conscientes de la verdadera problemática que trae consigo este tipo de obras.

En México, las personas que se preparan para ser ingenieros civiles llevan sólo de manera superficial el tema ambiental dentro de las obras de infraestructura. Existe desde mi parecer, un menosprecio por los posibles impactos y las consecuencias generadas que conlleva toda obra de infraestructura portuaria y costera. Por eso es importante generar una cultura ambiental dentro de la formación de las diferentes disciplinas que tienen relación con el desarrollo costero pues de esta manera podremos dar soluciones más integrales a los proyectos de infraestructura costera y portuaria.

Otro factor importante que influye en el buen planteamiento de los proyectos de obras marítimas y costeras es la información que se utiliza. Son varias las razones por las cuales la información utilizada para llevar a cabo los proyectos no siempre es la más adecuada. Por un lado, el tiempo para llevar a cabo los estudios es crucial, pues para este tipo de proyectos que involucran la zona costera se recomienda hacer campañas de medición por periodos largos y en varias temporadas, para poder tener datos objetivos y cuantitativos, sin embargo muchas veces estas campañas no se llevan a cabo como deberían, ya sea por falta de recursos o por falta de tiempo, lo cual incide de manera significativa en los estudios que son base para los proyectos. Por otra parte la carencia de información y bases de datos útiles para soportar los resultados también es muy escasa en nuestro país. En resumen, los estudios de impacto ambiental no se hacen como deberían y obviamente los resultados a largo plazo no son los esperados.

Las consecuencias de no llevar a cabo un buen proyecto de obras marítimas y costeras se ve reflejado en gran medida en el medio ambiente, ya que la construcción de este tipo de obras puede alterar los procesos naturales de transporte litoral, se generan cambios de salinidad de las aguas estuarinas, se incrementa la contaminación y en general se afectan las características de los ecosistemas naturales. Estos impactos, sumados a los de orige natural como son, tsunamis, ciclones, lluvia y los efectos del cambio climático, son una amenaza ya que pueden incrementar la vulnerabilidad de las poblaciones, biodiversidad, infraestructura, actividades económicas, y servicios públicos cercanos (Vergara, 2007).

Pero no basta con dar una solución integral a las problemáticas que enfrenta la zona costera, pues aunque exista tal solución, no siempre se lleva a cabo por diferentes razones. Una de ellas es debido a lo que se explica en la tragedia de los comunes de Hardin (1968), pues muchas veces los intereses personales de aquellos que quieren llevar cabo este tipo de proyectos son para obtener un beneficio propio lejos del bien común, por lo que poco les importa los daños ocasionados al medio ambiente o a las personas locales, las cuales lamentablemente no siempre resultan beneficiadas por este tipo de proyectos. De aquí la importancia de que aquellos involucrados en el desarrollo de este tipo de obras tengan una cultura ambiental que les permita dar la una solución integral para este tipo de proyectos.

Todo lo anterior nos hace pensar que es mejor no construir obras en la zona costera a menos que se haga un exhaustivo análisis, lo cual pareciera que es pedir mucho. Sin embargo, fundamentando los proyectos por medio de diversos estudios interdisciplinarios y basados en una gestión integral de zonas costeras como la expuesta por Pérez-Careiyo et al. (2016) o considerando manuales de manejo costero como los de Olsen et al. (1999) o Heileman (2006) lo cual permita prever los impactos positivos y negativos de este tipo de obras, es posible llevar a cabo proyectos amigables con el medio ambiente. Nuestra sociedad necesita de este tipo de obras para el progreso, siempre y cuando se respete el medio ambiente, ya que de seguir como hasta ahora, no tardaremos en acabar con nuestro planeta en menos tiempo del que se espera.



Los cuervos poseen una inteligencia superior a un niño de 4 años, estudio

Esto sugiere que los cuervos “toman decisiones para un futuro más allá de su contexto sensorial del momento”

Los animales, a diferencia de los humanos, no poseen raciocinio, la capacidad de razonar a través del lenguaje verbal. Sin embargo gozan de inteligencia asociada con una fuerza innata de supervivencia, la cual puede en ocasiones sorprender a los humanos por lo maravillosa que es la naturaleza. Este es el caso de los cuervos, que de acuerdo con un estudio publicado en Science, tienen una habilidad de planificación superior a la de un niño de cuatro años de edad, orangutanes y chimpancés. 

Si bien a estos pájaros se les conoce principalmente por su habilidad de esconder sus alimentos para consumirlos después, ahora los científicos observaron que esta especie es capaz de tomar herramientas para eventualmente utilizarlas y realizar trueques con humanos para recibir futuras recompensas. Incluso, agregan los investigadores de Lund University, en Suecia, desarrollan ejercicios de autocontrol, pues para recibir una mejor y mayor recompensa son capaces de esperar hasta el día siguiente.

Esto sugiere que los cuervos “toman decisiones para un futuro más allá de su contexto sensorial del momento”; es decir, gozan de la habilidad de planificar a futuro en la vida en general. Tan sólo en términos de trueque, los cuervos “tienen un mejor desempeño que los orangutanes, bonobos y particularmente los chimpancés.” En palabras de los investigadores: 

 

 

 

La habilidad de flexibilizar el plan por eventos fuera de su amplitud sensorial de ese momento es la esencia del ser humano y es crucial para la vida diaria de la sociedad. Los estudios con simios han formado la creencia de que esta es una habilidad evolutiva de un linaje homínido. Los córvidos, por otro lado, evidencian su capacidad de planificación en la dosificación de comida, sin embargo esto sólo fue una sugerencia a un reflejo adaptativo muy específico. Aquí mostramos que los cuervos planifican para eventos que no se relacionan con esconder comida, usar herramientas ni hacer trueques, en un periodo superior a la 17 horas. Aquí mostramos que ejercen el autocontrol y consideran una distancia temporal para eventos futuros. Su desempeño se asemeja a lo que se ha visto en simios y sugiere que la capacidad para planificar evolució independientemente en córvidos, los cual vislumbra nuevos caminos en el estudio de la evolución cognitiva. 

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