Pensar el cambio climático: México ante las amenazas inminentes

Para México, esto significaría re-inventar el país, y ahí está el problema. ¿Está México dispuesto a transformarse?

Imagen: http://www.abc.es/

Es muy preocupante saber que en los últimos cien años el mes de marzo nunca había registrado temperaturas tan altas como ahora (1). La frecuencia y la velocidad con que rompemos récords de temperatura superan cualquiera de los pronósticos que se habían realizado. Por si fuera poco, la irreversibilidad de los impactos asociados al aumento de la temperatura está siendo cada vez más evidentes (2). Actualmente, no existe duda alguna de que el cambio climático es real, de que es consecuencia de las actividades humanas y de que no hemos sido capaces de detenerlo.

El cambio climático está directamente relacionado con la emisión de gases de efecto invernadero provenientes de las actividades humanas. Estos gases se acumulan en la atmósfera creando una barrera que impide que el calor del planeta salga de ella. Si tomamos en cuenta que estos gases tienen una permanencia prolongada en la atmósfera, entonces podemos deducir que los efectos del cambio climático perdurarán por varios siglos, aun cuando las emisiones se reduzcan (3). Ante esta situación crítica, los esfuerzos globales deben enfocarse no solo en reducir las emisiones, sino en fortalecer las capacidades para manejar y adaptarse a lo inevitable.

El reto en México: mitigar y adaptarnos

México, un territorio que goza de una riqueza envidiable de recursos naturales, es considerado también como uno de los países más vulnerables frente al cambio climático. Según datos oficiales, el 15% del territorio mexicano, el 68% de la población y el 71% del PIB se encuentran altamente expuestos al riesgo de los impactos adversos del cambio climático (4). Y, lamentablemente, ninguno de los sectores de la economía y de la población está exento de estos impactos. Sin embargo, los impactos serán más severos en los sectores sociales más vulnerables. La recuperación ante eventos meteorológicos extremos como huracanes e inundaciones ocurre diferencialmente de acuerdo con la resiliencia y el poder adquisitivo. Por ejemplo, el huracán Wilma (categoría 5) golpeó la zona turística de la península de Yucatán, mientras que Stan (categoría 1) impactó las zonas rurales de Chiapas, y aunque el primero registró mayores daños en términos monetarios, la recuperación fue más rápida (5). Resulta entonces urgente modificar la forma en la que se responde a estos eventos, sobre todo considerando que 88 de los 125 municipios más pobres del país son propensos al impacto de inundaciones y huracanes.

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Figura 1. Municipios más vulnerables ante el cambio climático (10)

Frente a este devastador escenario, ¿cómo se está preparando México para afrontar los efectos del cambio climático?

Las acciones en México contra el cambio climático se cristalizaron en 2012 con la publicación de la Ley General de Cambio Climático. A partir de su publicación le han seguido diversos instrumentos de política pública, como la Estrategia Nacional de Cambio Climático y el Programa Especial de Cambio Climático (que incluye compromisos de las catorce secretarías de Estado), y ahora se trabaja en la elaboración de programas y leyes estatales al respecto. Para fortalecer la transversalidad de las políticas, a finales de 2015 se creó el Sistema Nacional de Cambio Climático, el cual agrupa a la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (CICC), al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), al Consejo de Cambio Climático, a las entidades federativas, a asociaciones de autoridades municipales y al Congreso de la Unión, además de que cuenta con una coordinación de evaluación.

Además, para 2030, México se ha comprometido, muy ambiciosamente, a lograr una tasa de deforestación cero y a reducir entre el 25% y el 40% las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el territorio (6). Parece ser, entonces, que México cuenta con una gama suficiente de organismos, políticas, acciones y compromisos para garantizar la seguridad frente al cambio climático. Sin embargo, el éxito de estas políticas depende del nivel de prioridad que se les conceda en la agenda del país, de cuántos recursos económicos se les destinen día con día y, sobre todo, de qué y cuántas acciones concretas se implementen para hacerle frente y a qué velocidad. La tendencia en las discusiones internacionales apunta a que se requiere un cambio drástico en la tendencia de desarrollo. Para México, esto significaría re-inventar el país, y ahí está el problema. ¿Está México dispuesto a transformarse?

Antes de intentar responder esta pregunta es necesario entender que existen dos frentes que deben ser atacados: por un lado está la mitigación, es decir, la reducción de la emisión de gases para desacelerar el cambio climático; y por el otro, la adaptación, que consiste en ajustarse al inminente cambio y a las consecuencias que este supondrá con el fin de reducir nuestra vulnerabilidad. Prepararnos para reducir nuestra vulnerabilidad es una obligación por demás compleja. En primera instancia, se podría creer que la vulnerabilidad se limita solo a la relación entre las poblaciones, a la infraestructura que está a su alcance y a los efectos climáticos adversos. Pero la vulnerabilidad depende estrechamente de la relación que existe entre los recursos naturales, el territorio, la desigualdad social, el conocimiento del entorno y el poder.

Además, hay un factor fundamental que aumenta la complejidad del problema: lo difícil que es percibirlo. El cambio climático es una amenaza invisible, lo suficientemente lenta como para que nos pase desapercibida, y solo podemos deducir su existencia a partir de números y estadísticas. Estas características lo convierten en el enemigo perfecto. Si no podemos entenderlo, entonces es poco probable que tengamos la voluntad de adoptar medidas suficientemente estrictas para enfrentarlo.

Por lo tanto, el proceso que deberemos vivir para adaptarnos no será un proceso amigable, y muchas de las medidas para lograr esa adaptación podrían generar serios conflictos debido a la confrontación de diversos intereses. Por si fuera poco, lograr la adaptación a nivel nacional es un reto casi imposible, pues se debe atender a escala local. En este sentido, solo se logrará una adaptación si se concentran los esfuerzos en proteger a las comunidades locales, a los ecosistemas y a los recursos naturales. Para garantizarla, la función del Estado debería ser la de implementar políticas públicas enfocadas en fortalecer la toma de decisiones a nivel local, asegurar verdaderas prácticas de diálogo y promover la gestión pública del desarrollo territorial.

Pues resulta que en México estamos haciendo exactamente lo opuesto: numerosas comunidades locales están siendo despojadas de sus recursos naturales; están sujetas a una continua violación a sus derechos; cada vez se autorizan más megaproyectos con gravísimos impactos ambientales asociados; existe un continuo desgaste del tejido social, y, por supuesto, se excluye sistemáticamente a la población en la toma de decisiones (7). Esta absurda dinámica está siendo alimentada por la acostumbrada e irreflexiva visión de que el patrimonio natural representa el obstáculo a vencer para lograr imponer un concepto –equivocado– de desarrollo.

 

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Municipios en los que existen conflictos socioambientales (11).

El mayor número de conflictos socioambientales se ubican en las regiones más marginadas del país, tanto en algunas ciudades como en el campo. En estas regiones, las comunidades urbanas, indígenas y campesinas son los principales actores involucrados (8). Es muy probable entonces que la gravedad de los conflictos socioambientales se incremente, particularmente en regiones de alta vulnerabilidad ante el cambio climático, pues es en esas zonas en las que los recursos naturales serán clave para la adaptación y supervivencia.

Para aumentar la divergencia, en el 79% de los conflictos originados por tierra, territorio y recursos naturales, el actor confrontado son las secretarías (Sagarpa y Semarnat) y los tres niveles de gobierno (5). Además, en el 48% de estos conflictos se genera una respuesta impositiva por parte del Estado. Para comenzar a revertir esta dinámica se requiere de un cambio en el proceso de toma de decisiones que ocurra de abajo hacia arriba. Es decir, las verdaderas políticas públicas para enfrentar el cambio climático deberán surgir de las necesidades y preocupaciones de los mexicanos. En este sentido, la planificación local del territorio es una herramienta que puede ser utilizada para incidir desde abajo para determinar cómo deben ser manejados los recursos clave para el futuro. Esto requiere de democratizar la planificación, y en un país con un tejido social tan desgarrado como México esto representará uno de los más grandes desafíos como nación.

México y el Acuerdo de París

Por otro lado, cada vez son más las naciones preocupadas por enfrentar el inminente cambio climático. Así, a finales de 2015 se redactó el Acuerdo de París al finalizar la 21° Conferencia de las Partes (COP21). Cuando el ministro de asuntos exteriores de Francia, Laurent Fabius, presentó el texto final del Acuerdo, declaró: “es realmente un punto de quiebre para todos nosotros. A partir de ahora tenemos verdaderas bases ecológicas para salvar nuestro planeta con este acuerdo que era necesario para el mundo entero.”

Este acuerdo establece que la adaptación debe tener como fin proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas, ni más ni menos (9). Asimismo, establece una meta global que consiste en “aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible”. Para poder lograr esta meta, se reconoce “la importancia de garantizar la integridad de todos los ecosistemas, incluidos los océanos, y la protección de la biodiversidad, reconocida por algunas culturas como la Madre Tierra”.

El pasado 22 de abril, México se sumó a la lista de países firmantes. Sin duda, la firma de este acuerdo marca un precedente, y todas las políticas públicas de México relacionadas con el cambio climático tendrían que ser forzosamente actualizadas con base en los lineamientos del Acuerdo, ya que, a diferencia de esfuerzos globales anteriores, el Acuerdo de París es legalmente vinculante.

Para México, la firma significa establecer un compromiso real con los bienes comunes, poniendo especial énfasis en proteger a las comunidades locales y sus ecosistemas. Es momento de que México comience a adaptarse para un futuro incierto. En el momento en el que el Acuerdo entre en vigor, las políticas extractivas que se ejecutan en el territorio mexicano estarán siendo indiscutiblemente incongruentes con nuestros compromisos.

Nuestros conflictos socioambientales surgen cuando distintas comunidades alzan la voz ante el despojo de la tierra y para conservar la biodiversidad, proteger los ecosistemas, frenar la contaminación, impedir la devastadora actividad minera, exigir igualdad y defender el agua. En el acuerdo de París queda muy claro que los países deben garantizar lo que nuestras comunidades mexicanas ya están defendiendo. Siendo así, el gobierno mexicano ha firmado un Acuerdo con el que automáticamente admite, reconoce y respalda las luchas por el agua, el territorio, el trabajo, los recursos y la vida.

Son las comunidades que viven conectadas con la naturaleza las que siempre han salido a defenderla. Son de ellas de quien debemos aprender a adaptarnos, y a ellas debemos agradecerles haber resistido tanto frente a un modelo equivocado de desarrollo. No cabe duda de que en México las comunidades son quienes están dando ya la verdadera lucha contra el cambio climático.

Fernando Córdova Tapia y Karen Levy Gálvez

[Horizontal.mx]

Referencias:

1. March temperature smashes 100-year global record. The Guardian (liga).

2. Only 7% of the Great Barrier Reef has avoided coral bleachin. Coral Reef Studies (liga). 3. IPCC Fourth Assessment Report: Climate Change (liga). 4. Programa especial de Cambio Climático 2009-2012 (liga). 5. Las dimensiones sociales del Cambio Climático en México (liga).

6. Compromisos de mitigación y adaptación ante el cambio climático para el periodo 2020-2030 (liga).

7. Córdova-Tapia F. 2014. Todos los proyectos generan conflictos ambientales y lo seguirán haciendo (liga).

8. Velázquez Quesada y Martínez-Ortega. 2010. Conflictos sociales y cambio climático en México (liga). 9. Aprobación del Acuerdo de París. Convención Marco Sobre el Cambio Climático (liga).

10. Municipios más vulnerables a los impactos del cambio climático. Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (liga).

11. Toledo et al., 2014. Conflictos socioambientales, resistencias ciudadanas y violencia neoliberal en México (liga).



Productos de higiene que pueden ser tóxicos

Estos químicos entran a nuestro interior a través de nuestro órgano más grande, la piel, ya que todo lo que le aplicamos ella lo absorbe y lo lleva vía sanguínea a todo el organismo, intoxicándolo.

Sin duda en el planeta existen varios elementos químicos, unos naturales y otros que con el paso del tiempo hemos fabricado para beneficio humano.

Hoy en día es impensable realizar ciertas actividades cotidianas sin equipo o productos tales como el jabón de baño, pasta de dientes o el champú, productos que utilizamos varias veces todos los días.

Pero, ¿te has detenido a ver los ingredientes que componen estos artículos? El 90% de los productos de este género que se encuentran en el mercado contienen ingredientes nocivos para nuestra salud.

Estamos expuestos diariamente a más de 200 químicos en diferentes productos tales como cremas, fragancias, pasta de dientes, en juague bucal, champú, acondicionador, jabón, gel para peinar, jabón para baño de burbujas, crema para rasurar, protector solar y todo tipo de cosméticos.

Estos químicos entran a nuestro interior a través de nuestro órgano más grande, la piel, ya que todo lo que le aplicamos ella lo absorbe y lo lleva vía sanguínea a todo el organismo, intoxicándolo.

El contacto prolongado nos puede causar alergias, fatiga, pérdida de la memoria y concentración, problemas respiratorios, envejecimiento prematuro, dermatitis y ha generado el aumentado de las tasas de cáncer de mama, hígado y riñón, asma, autismo así como de problemas reproductivos.

Algunos de estos químicos son: Lauril Sulfato de Sodio (SLS) y Lauril Éter Sulfato de Sodio (SLES), Triclosán, Compuestos de Polietilenglicol (PEG), Dietanolamina (DEA), Momoethanolamine (MEA), Trietanolamina (TEA), FD&Colorantes artificiales, Parabenes y Ftalatos.

Por ejemplo, el Aceite para bebé es 100% mineral. Usado comúnmente como ingrediente de petróleo, el aceite mineral cubre la piel como una envoltura plástica. El sistema natural inmunológico de la piel es interrumpida por esta capa plástica, impidiendo que pueda respirar y absorber humedad y nutrición. Siendo la piel el órgano más grande de eliminación del cuerpo, esta capa plástica le impide eliminar las toxinas y puede causar acné y otros desórdenes de la piel. Este proceso retrasa el funcionamiento normal y natural del desarrollo de nuevas células, lo que puede causar que la piel envejezca prematuramente.

El Propilene Glicol (PG) es un solvente, componente activo en el “Antifreeze”. Se utiliza para romper la proteína y estructura celular, que es de lo que está hecha la piel, sin embargo, la encontramos en cosméticos, productos para el cabello, lociones para después de afeitarse, desodorantes, enjuagues bucales y pastas de dientes. El PG puede traer consecuencias de anormalidades en el cerebro, hígado y riñones. El desodorante en barra es el que contiene la mayor concentración de esta sustancia.

El consumidor está desprotegido, no hay advertencia en las etiquetas sobre el peligro de estas sustancias que son utilizadas la mayoría por su bajo costo y que los usuarios terminan pagando con su salud.

Ahora que ya lo sabes, has una mejor elección la próxima vez que vayas de compras, revisa las etiquetas y prefiere los fabricados de manera natural.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más in información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



¿Qué es el SlowFood y por qué necesitas comenzar a aplicarlo a tu estilo de vida?

“La cadena alimentaria es criminal ya que “produce, produce, produce… mucha cantidad para luego tirarla. Esto es criminal.”

Carlo Petrini, fundador del movimiento internacional SlowFood, ha recorrido el mundo entero visitando huertos agrícolas con el fin de reivindicar la producción de alimentos “buenos, limpios y justos”. Él comenzó su filosofía de “productos de proximidad y kilómetro cero” en Italia hace más de 20 años, y ahora se ha extendido a más de 170 países.

De acuerdo con él, SlowFood apoya y defiende la economía local, reduce la contaminación en el planeta, mejora las tierras y los cultivos de manera significativa. Por lo que el incentivo a la agricultura urbana, como un fundamento medioambiental hacia el futuro, se establece como símbolo de revolución “contra el maltrato medioambiental y la ignorancia que hoy existe sobre los alimentos que comemos.”

Gracias a esta motivación revolucionaria desde hace 20 años, Petrini se ha dedicado a recrear los huertos en Alemania, EE.UU., África, etcétera, con los cuales dan trabajo a más de 100 000 personas y de comer a más de 1 300 niños. Además que busca la manera de generar consciencia sobre el consumo de carne sostenible, mediante “la contracción por parte de quienes son consumidores y convergencia por parte de quienes consumen poca”. Para él, “[e]n África se consumen 5 kilos de carne al año, nada. Nosotros, los italianos, consumimos casi 100 kilos anuales. Y la salud lo sufre. La OMS ha denunciado que el consumo de carne roja está generando efectos tumorales, hay que tomar nota.”

De modo que esta revolución, como “cosa seria”, se relaciona con la economía y política. Pero ahora la gastronomía actual se habla como “espectáculo desde su aspecto económico y social”. Para él, “[f]alta educación alimentaria en Europa, también la enorme necesidad de defender a los agricultores locales y la cultura alimentaria. Estamos condicionados por una publicidad masiva de la industria alimentaria.” En otras palabras, “el sistema alimentario actual es ‘criminal’” ya que “destruye la biodiversidad, la pequeña producción agrícola, el medioambiente, la monocultura. Se usan de forma exagerada productos químicos y transgénicos.”

Frente a esta situación, Petrini invita a volver a las buenas prácticas de la agricultura local, en donde la política se interese más por la economía local. Como por ejemplo, menciona el sociólogo y gastrónomo, “[e]stamos condicionados por una publicidad masiva de la industria alimentaria. Pero, ¿no somos demasiados para poder abastecernos así? ¿No es más fácil y barato acudir al supermercado? ¿Cómo se puede llevar a cabo este cambio de paradigma?” Al responder estas preguntas, uno se va dando cuenta de los pros y contras de esta situación: “ Los productos industriales de los supermercados son más baratos, pero luego se pagan en medicinas. Los productos de los agricultores quizás sean un poco más caros, pero ayudan a la economía del territorio, a defender la propiedad pública.”

En otras palabras, al ir al super y no comprar los productos nacionales, sino aquellos que llegan de la otra parte del mundo, se está hablando de una insostenibilidad: “Productos llenos de conservantes y colorantes.”, en donde la cadena alimentaria es criminal ya que “produce, produce, produce… mucha cantidad para luego tirarla. Esto es criminal. Esta sensibilidad está creciendo en el mundo.” Concluye Petrini que “los productos industriales de los supermercados son más baratos, pero luego se pagan en medicinas.” Por ello es importante la implementación de huertos urbanos y el consumo de productos locales que fortalezcan la salud y economía de una comunidad. 



Biofertilizante para maíz blanco podría convertirse en arma contra EE.UU.

En palabras de Echaide Aquino, “la idea era crear un biofertilizante a base de bacterias con la capacidad de aumentar la asimilación de principales nutrientes hacia la planta, en este caso el maíz blanco.”

Nació como una alternativa a la fertilización química y una medida para reducir el impacto económico, ecológico y salubridad, el biofertilizante para maíz blanco se presentó como un proyecto dedicado a cuidar a las tierras mexicanas.

Para su inventor, Jesús Francisco Echaide Aquino de la Universidad Autónoma de Guadalajara –UAG–, se trata principalmente de un proyecto para reducir el uso de los productos comerciales que tienden a generar contaminación en el cultivo y toxicidad en las tierras fértiles. Mediante el uso de ocho bacterias endófitas –aquellas que habitan en tejidos de las plantas–, el biofertilizante se encarga de aumentar la asimilación de los principales nutrientes del maíz blanco y de regular los químicos que pueden afectar el suelo.

En palabras de Echaide Aquino, “la idea era crear un biofertilizante a base de bacterias con la capacidad de aumentar la asimilación de principales nutrientes hacia la planta, en este caso el maíz blanco.” De modo que al ser orgánico y específico con el cultivo, “esas bacterias por lo regular son propias de la planta, no estamos echando nada extraño.”

Según las pruebas, la calidad del biofertilizante es superior a la del fertilizante tradicional, “pues tenían más vigor y un color más uniforme.” Además que se evidenció una disminución significativa de la plaga del huitlacoche y roya, funcionando como fungicida o biocontrol: “Notamos más salud en nuestro cultivo y el tamaño de las mazorcas era comparable al del fertilizante químico” importados de países como EE.UU. y Europa

Este proyecto ganó el Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2016 en la categoría de Investigación Temprana.



Hallan fósil de un nuevo dinosaurio en desierto mexicano

Es una nueva especie y género de dinosaurio en la región desértica del municipio de Ocampo, el cual medía tan sólo tres metros de longitud y se le conocía popularmentecomo Triceratops.

Fotografía principal: Conacyt

Tras diez años de una rigurosa investigación por parte del Museo del Desierto –Mude– de Coahuila, México, científicos descubrieron un Yehuecauhceratops mudei, un dinosaurio del grupo de los ceratópsidos del Cretácico Tardío. Es una nueva especie y género de dinosaurio en la región desértica del municipio de Ocampo, el cual medía tan sólo tres metros de longitud y se le conocía popularmentecomo Triceratops. 

Para Héctor Rivera Sylva, jefe investigador del Departamento de Paleontología del Mude, se trata de un descubrimiento que implicó el reconocimiento de la región norte del país: “Una región muy alejada que pocos investigadores van allá.” Empezó en el municipio de Sierra Mojada y terminaron en el municipio de Ocampo; esto con el objetivo de encontrar nuevos sitios paleontológicos de dinosaurios en regiones más al norte del estado. Como resultado, se encontraron restos de diversas especies animales, como un cocodrilo y otros restos fósiles. 

En palabras de Sylva, “En un punto en particular había unos huesos que estaban aflorando, que se veían como los demás; uno de los colaboradores los juntó, eran pocos fragmentos de hueso y no le dimos mucha importancia en ese momento, porque había otros más completos en ese y otros lugares.” Pero con el paso del tiempo, “cuando volvimos al laboratorio ncontramos que los que habíamos hallado el año anterior y los huesos que colectamos ese año formaban uno mucho más grande; concluimos que ahí no sólo había fragmentos, sino algo más.” Se encontraron huesos completos, como “la escápula, el fémur, fragmentos craneales, de la mandíbula y fragmentos de la gola”. 

Este hallazgo es un resultado trascendental para la región de Norteamérica, ya que se ha liberado una enorme cantidad de información sobre el Cretácico Tardío de hace 65 millones de años. Es, en otras palabras, una contribución científica para entender el pasado y la evolución del medio ambiente en México –a diferencia de los que hay en EE.UU. y Canadá–. Para más información, dale click aquí. 

 

 


¿En qué lugar se posiciona México como consumidor de alimentos orgánicos?

Pese a que en México se produzca una de las principales cantidades de alimentos orgánicos en el mundo no es uno de sus principales consumidores.

Los productos orgánicos, aquellos que se producen bajo una serie de procedimientos libres de sintéticos, pesticidas, herbicidas y fertilizantes artificiales, se han convertido en un trending topic de la alimentación. Empezó en 1940 como un movimiento de agricultura orgánica como respuesta a la industrialización de la producción agrícola que se le llamó como “Revolución verde”; y continuó como una industria fuertemente regulada para la rotación de cultivo en el suelo para fortalecer la riqueza del suelo y sus alimentos. 

En México la comida orgánica ha ganado cierta popularidad, principalmente en zonas metropolitanas y en medios sociales que buscan un bienestar general mediante la alimentación. De hecho, los productos orgánicos, tanto en supermercados como restaurantes, se presentan con mayor prestigio gracias a sus beneficios para la salud y el medio ambiente. Y es realmente gracias a esta creciente fama que alrededor de 500 000 hectáreas y más de 240 000 trabajadores mexicanos se consagran exclusivamente a producir este tipo industria agrícola. 

Actualmente México se ha posicionado en los principales 20 países con mayor venta de productos orgánicos, facilitando un incremento de exportación hasta el 70 por ciento en los últimos cinco años. Lugares como EE.UU., Japón y Europa reciben alimentos orgánicos mexicanos como tortillas, mole, café y tequila, los cuales se convierten en una oportunidad ideal para emprendedores y PYMES. 

Curiosamente, pese a que en México se produzca una de las principales cantidades de alimentos orgánicos en el mundo no es uno de sus principales consumidores.

Según un estudio realizado por el Research Institute of Organic Agriculture –FiBL–, las tendencias agrícolas señalan que la comida orgánica se consumen principalmente en: 

 

– EE.UU.

– Alemania

– Francia

– China

Los principales productores son: 

– India

– Etiopía

– México

Las principales granjas orgánicas son: 

– Australia

– Argentina

– EE.UU.

Estos datos, además de señalar las tendencias agrícolas orgánicas en el mundo, también insinúan características importantes sobre la dinámica internacional a nivel económico, político y social. Por ejemplo estos datos permiten reflexionar sobre las causas que hacen que un país productor no pueda costear –por tanto, consumir– alimentos orgánicos, viviendo que sus agricultores sufran de pobreza extrema y hambruna. Quizá sea tiempo de comenzar a cuestionarse el sistema agropecuario de los alimentos orgánicos dentro de un planeta cuya necesidad de alimentos y salubridad es cada vez más demandante. 

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