Otro revés al petróleo: la fundación de Bill Gates deja de invertir en BP

De 2014 a la fecha ha disminuido un 85% sus inversiones en las dañinas compañías petroleras.

En 2011 inició un movimiento contra la quema de hidrocarburos llamado “US Fossil Free” que consiguió que hasta 837 instituciones en el mundo desistieran de invertir en compañías petroleras. Más tarde, en Harvard, un grupo de estudiantes comenzó con un movimiento de divestment, algo así como “desinversión”, para que esta universidad dejase de invertir asimismo en compañías de hidrocarburos.

Antes, en 1991, otros movimientos de divestment consiguieron, por ejemplo, que Harvard dejase de invertir en compañías tabacaleras. Esta ola ha llegado a niveles altos y en esta ocasión The Guardian ha anunciado que la fundación de caridad más grande del mundo ha dejado de invertir en la poderosa compañía petrolera BP, antes de esto había ya dejado de invertir en ExxonMobil.

Todo esto representa un inédito resultado que es parte de estos reclamos globales de divestment en los que figuran la campaña del mismo diario The Guardian llamada Guardian’s Keep it in the Ground campaign. De hecho existe una organización cuyo singular propósito es que los Gate abandonen por completo la inversión en hidrocarburos, llamada Gates Divest Campaign. Al respecto de la noticia Alec Connon, quien forma parte de esta campaña apunta:

Estamos emocionados de que la fundación Gates continúa desinvirtiendo en las acciones ligadas a los fósiles, pero es tiempo de que lo haga completamente. Invertir en las compañías petroleras es completamente incompatible con la misión de la fundación Gates de “asegurar que todos tengan una vida sana y productiva.

Desde 2014 las inversiones de la fundación Gates en fósiles han decaído un 85%. Se trata de un gran mensaje que promueve de algún modo el debate a favor de otro tipo de energías limpias para el planeta.

Bill Gates se ha pronunciado a favor de combatir el cambio climático y de hecho en 2010 donó 300 mil dólares para financiar un proyecto que creará nubes como herramienta para combatirlo. Lo curioso es que también ha apoyado a polémicas empresas como Monsanto para crecer sus cultivos transgénicos en África, una decisión fuertemente criticada por los ambientalistas…

 

 



Oslo se convierte en la ciudad líder en “desinvertir” en las energías fósiles

El movimiento Fossil Free está llegando a muchos lugares del mundo y Oslo ha sido la ciudad que más ha desistido en la inversión en los hidrocarburos.

Desde 2011 se ha propagado en el mundo un movimiento de “desinversión” en los rubros de los hidrocarburos: el Fossil Free. Prominentes empresarios del mundo y algunas empresas se han deslindado, por primera vez en años, de la inversión en los energéticos fósiles. Esta estrategia es la más importante en la lucha contra el cambio climático, pues aunque los esfuerzos individuales son esenciales, en realidad,  si los gobiernos invierten en hidrocarburos y las grandes compañías explotan las reservas enclavadas en los sitios incluso más vírgenes como el Ártico, las consecuencias serían catastróficas. 

Algunas ciudades han estado sumándose a este movimiento de desinversión en los fósiles, con una presencia notable e importante de urbes como San Francisco u Oxford, pero hasta ahora no había habido una capital de un país que encabezara esta tendencia: se trata de Oslo,  Noruega. Como una postura de política pública, recientemente, y luego de una serie de protestas en la ciudad para empujar el divesment, Eirik Lae Solberg, comisionado de finanzas de Oslo, ha anunciado que la ciudad comenzará desinvirtiendo hasta 7 millones de dólares de las pensiones de la comisión de sector. 

El movimiento de divesment en los energéticos fósiles ha permeado a universidades, como el movimiento que se está dando en Harvard para que la institución deje de invertir en los hidrocarburos, y ha logrado que hasta 140 instituciones y personajes relevantes, incluyendo a los Rockefeller dejen de invertir en energía fósil.

En este escenario el fondo nacional del petróleo de Noruega es uno de los más grandes del mundo y proviene de sus recursos propios de hidrocarburos, con unos 850 billones de dólares. Apenas en febrero pasado, el gobierno anunció que dejaría de invertir con este fondo en unas 32 compañías de hidrocarburos para invertir en proyectos ambientales (se considera la desinversión más grande en fósiles hasta ahora). Así, el movimiento del divesment va creciendo y Oslo va a la cabeza trayendo aires esperanzadores para el mundo.



Estudiantes están boicoteando a Harvard para que deje de apoyar los hidrocarburos

Un pequeño grupo de estudiantes inició una demanda y ha crecido un movimiento para que las autoridades de la universidad paren de invertir en los nocivos hidrocarburos.

En todas partes se habla sobre el calentamiento global y la inminente necesidad de combatirlo. En este escenario, se sabe que la quema de hidrocarburos es el principal motivo de este fenómeno, sin embargo, las políticas de muchos países continúan alentando la explotación de hidrocarburos (recordemos los escalofriantes planes de explotación que ya comenzaron en la Artico). 

Las principales universidades en el mundo han convertido en edificios más verdes sus instalaciones y están desarrollado planes de estudios más amables con el medio ambiente. Sin embargo, si profundizamos, se trata de una incongruencia porque algunas de las universidades más poderosas del mundo continúan invirtiendo en empresas dedicadas a la explotación de los hidrocarburos. 

Harvard es un caso que embona en el anterior ejemplo. Esta universidad tiene uno de los endowment más altos del mundo (un fondo, muchas veces auspiciado por ex alumnos), que incluso llega a sobrepasar el PIB de algunos países con unos US$36.400 millones anuales. Mucho de este fondo va para fondear actividades de las industrias de hidrocarburos. 

Por lo anterior, un grupo de siete estudiantes ha iniciado un movimiento en la Universidad con una demanda para que la casa de estudios deje de invertir en estas áreas que comprometen el futuro de la humanidad. Hasta el momento la carta ha sido firmada hasta por 200 profesores y miembros de las facultades. Entre sus acciones están la desobediencia civil en el campus tomando, por ejemplo, los edificios donde se encuentran las autoridades educativas. 

Este movimiento es parte de otro que inició en 2011 en algunas universidades de Estados Unidos y luego se extendió hasta a 500 campañas a nivel mundial con el nombre de “US Fossil Free”, que ha alcanzado que al menos unas 837 instituciones o personas se deslinden de la inversión en hidrocarburos. 

La respuesta de Harvard hasta ahora ha sido negativa en cambiar estas inversiones y ha asegurado que prefiere modificar el esquema de los hidrocarburos con otro tipo de estrategias como la inversión en investigación, educación y el acoplamiento verde de sus instalaciones. Incluso, la Universidad ha intentado que la corte desestime la demanda interpuesta por los alumnos, aunque hasta ahora el juez en Massachusetts se negó a tomar una decisión final.

Talia Rothstein, una de las siete estudiantes que presentaron la demanda, y de descendencia mexicana, ha declarado a medios de comunicación que “La universidad de Harvard está respaldando este modelo de industria, que está extrayendo y quemando combustibles fósiles a niveles que descuidan de manera extrema el futuro del planeta y quienes viven en este planeta ahora”. 

En otras décadas movimientos de “divestment” habían logrado que Harvard dejara de invertir en el apartheid, así como en empresas tabacaleras en 1990. Aunque hasta hoy las autoridades de la Universidad han desestimado el movimiento, este puede cobrar una fuerza importante en la lucha por la congruencia de las instituciones más poderosas del mundo en su lucha contra el cambio climático.



¿Qué es el “arroz dorado” y cuáles son las polémicas sobre su consumo?

¿Es posible que no todos los GMO sean negativos para la tierra y los que se alimentan de ella? ¿O es posible que el “arroz dorado” sea solamente un caballo de Troya para ganar aceptación del público en un acalorado debate alimentario?

En un largo reporte del New York Times, Amy Harmon relata el sabotaje al que activistas filipinos sometieron un campo de cultivo de “arroz dorado”, una variedad genéticamente modificada que fue diseñada para producir beta caroteno, la fuente de vitamina A por excelencia y que sus productores han planteado como una alternativa económica para alimentar a los países del tercer mundo.

¿Por qué entonces, genera tantas suspicacias? Al igual que otros cultivos genéticamente modificados (GMO), el arroz dorado está siendo probado en cuanto a toxinas y probabilidad de afectar a otras especies endémicas de cultivos, especialmente en Filipinas, donde su cultivo está siendo analizado por el gobierno.

A diferencia de otros GMOs, el arroz dorado no fue registrado como marca de ninguna compañía, como ocurre con las variedades de GMO producidas por Monsanto; aunque esta variedad de arroz haya sido creada por el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (una organización no lucrativa), el líder del proyecto es Gerard Barry, quien consolidó su carrera científica a las órdenes de Monsanto.

¿Es este antecedente suficientemente fuerte para desacreditar al arroz dorado como fuente de vitamina A, cuya carencia provoca ceguera en aproximadamente un millón de niños en el mundo cada año? Precisamente por este supuesto potencial, el biólogo filipino Michael Purugganam ha defendido públicamente este GMO, afirmando que “los genes insertados [en el arroz dorado] para hacer la vitamina [A] no son de cualquier material raro, sino que también se encuentran en el calabacín, las zanahorias y los melones.”

A decir del doctor Purugganam, en Occidente los GMO se están satanizando innecesariamente a causa de “una falta de entendimiento de cuán desesperada es la situación en los países en desarrollo.” Sin embargo, otras voces como la del activista hindú Vandana Shiva afirman que el arroz dorado es un “caballo de Troya”, cuyo verdadero propósito es ganar apoyo público para la causa de los GMO, cuyo principal beneficiario serían las corporaciones multinacionales y no los granjeros pobres del tercer mundo.

La fundación Bill y Melinda Gates son fuertes promotores del arroz dorado, e impulsan actualmente su introducción en el África subsahariana.

[The New York Times]



Bill Gates abre las puertas de África para Monsanto

El magnate informático y accionista de Monsanto llevará los cultivos genéticamente modificados a nuevas fronteras.

La fundación Bill & Melinda Gates planea establecer un laboratorio de biotecnología en Nigeria, que podría comenzar a operar en diciembre de 2013. Amparado en la filantropía, Bill Gates en realidad está asegurándose una importante participación de mercado al aliarse con Monsanto para llevar cultivos modificados genéticamente (GMO) al África.

La estrategia colonizadora de la fundación es sutil pero efectiva: actualmente África se encuentra dividida por enfrentamientos militares y civiles en regiones como Egipto o el Touareg, pero alguien tiene que alimentar a ambos bandos.

Generar cultivos modificados genéticamente, hechos a la medida de las variedades endémicas de África, no sólo asegurará la eventual pérdida de biodiversidad (como ocurre en el continente americano desde hace años), sino que endeudará a los más pobres del mundo con un monopolio como Monsanto.

Como suele ocurrir, el personal de relaciones públicas se encargará de adornar y sopesar el peligro de los GMOs a la luz de algunas imágenes de mujeres africanas empoderadas, de niños corriendo y felizmente y campesinos cultivando la tierra; pero los GMO seguirán siendo un suicidio alimentario, y su consumo, un peligro para la salud.

[TechRights]



¿México autorizó la comercialización de maíz transgénico de Monsanto?

En las últimas horas ha circulado un comunicado de prensa de la Secretaría de Agricultura de México en el que supuestamente se autoriza la comercialización de semillas transgénicas a Monsanto: todo indica que el documento, sin embargo, es falso.

monsanto

El día de ayer se dio a conocer un comunicado de prensa falso a nombre de Monsanto, creado por el grupo de activistas Sin Maíz No Hay Vida. En dicho comunicado se afirma que la compañía recibió del gobierno mexicano la autorización para sembrar 250 mil hectáreas con maíz genéticamente modificado en el norte de México.

Más allá de ello, el comunicado enumera una serie de iniciativas falsas que Monsanto llevaría a cabo en México, como la conformación de un “archivo” llamado Bóveda Nacional de Maíz, donde las variedades de maíz endémicas serían preservadas. Además de ello, el comunicado falso afirma una serie de programas culturales que la gente de relaciones públicas de la verdadera Monsanto calificaron de “no realizables” e “hiperbólicas.”

Robert T. Fraley, encargado de tecnología e investigación de Monsanto a nivel mundial, afirmó que “Monsanto está comprometida con ayudar a los agricultores comerciales a transformar sus tierras en el producto económicamente más sustentable que sea posible”, afirmando que sólo los “ecologistas priorizan la biodiversidad sobre los problemas del mundo real.”

A pesar de que la pérdida de biodiversidad por causa humana nos pone frente a un panorama bioético como nunca antes en la historia, lo cierto es que las tácticas de desinformación de “Sin maíz no hay vida”, aunque simbólicas, se inscriben en un contexto donde el gobierno mexicano en realidad analiza autorizar la siembra de cultivos genéticamente modificados en el campo. Iniciativas similares se desarrollan en otros países y más recientemente en África, apoyados por la fundación no lucrativa de Bill Gates –pues se sabe que las ONG no proporcionan tantos dividendos como los GMOs.

[Disinfo]

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